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VIENTO Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 20 sept. 2012 6:59 por Semanario Voces
 

Ahora, mientras escribo esta nota, es martes de madrugada. Afuera, el viento sopla enloquecido y hace que la lluvia se estrelle como pedradas contra las ventanas. En la calle no se ve a nadie y vuelan por el aire ramas y alguna que otra chapa.

No estamos acostumbrados. Para los montevideanos, el viento es un amigo esperado en los atardeceres de verano y a lo sumo una molestia en los días de invierno. Los uruguayos, en general, no pensamos en la naturaleza como un factor del que puedan depender la vida o muerte. Aunque vivimos bajo casi constante alerta meteorológica, hemos terminado por no hacerle caso y confiamos en que nuestro clima, pese a ser húmedo, ventoso e imprevisible, “no mata a nadie”.

¿No mata a nadie?

Hace segundos interrumpí la escritura y me quedé rumiando esa frase. ¿Será verdad? Bueno, tal vez el clima no mata a nadie que esté en un edificio hecho de ladrillos, hierro y cemento. Pero, ¿qué pasa con los miles de personas que viven en asentamientos, en casas improvisadas, hechas con chapa, madera y cartón? ¿Qué pasa con los cientos de personas que viven en la calle? ¿Qué pasa con los niños y los adultos que esta noche no tienen abrigo o no han comido lo suficiente?

Lo pienso ahora, inquieto por el ruido del viento, por la vibración de los vidrios y los golpazos de toda puerta o ventana que haya quedado mal cerrada. Lo pienso desde la seguridad de un apartamento sólido y con buenos cerramientos. ¿Qué pasa esta noche con los miles de personas que carecen de lo necesario para estar abrigados, secos y seguros?

No sé cuándo comenzó a haber “cantegriles” en Montevideo. A mediados de los años sesenta fui a vivir a Villa Española y ya había ahí, a menos de una cuadra de mi casa, un enorme cantegril hecho de chapa y cartón. El cantegril reproducía algunos de los “tics” y prejuicios del vecindario “integrado” que lo rodeaba. Así, la mayor parte de los ranchos tenía alrededor un terreno cercado con palos, alambres y piolas, una señal inconfundible de “propiedad”, puesta por quienes no eran dueños de nada. Dentro de cada terreno cercado se podían ver, “estacionados”, el caballo y el carro. Hasta donde recuerdo, buena parte de los pobladores del cantegril, al menos de ese en particular, provenían del Interior del país. Eran gente de campo, corrida.hacia la ciudad por la miseria.

Pasaron casi cincuenta años desde esa época. Durante ese tiempo, gobernaron los colorados, los blancos, nuevamente los colorados, los militares, los colorados, los blancos y ahora, desde hace ya casi dos períodos, el Frente Amplio. Pasaron cincuenta inviernos y cincuenta veranos. Pasaron gobiernos y generaciones, fríos y calores, sequías e inundaciones. Hubo tiempos prósperos y tiempos misérrimos. Y sigue habiendo “cantes”, aunque ahora los llamemos “asentamientos”.

Quiero ser justo. Sé de algunos asentamientos históricos que han sido “regularizados” durante éste y el anterior período de gobierno. Donde había mugre, olor y añejos ranchos precarios, hoy hay casitas de material, calles y plazas. Algunos habitantes de los asentamientos viven hoy en las casitas de material. Otros no. ¿A dónde fueron esos otros? ¿Viven entre la mugre, la miseria y el olor en otro lugar? Sería bueno saberlo.

También es cierto que otros asentamientos muy viejos, y otros no tan viejos, permanecen en sus sitios e incluso crecen

Hay tantos temas importantes de los qué hablar. La crisis europea, la renuncia de los cirujanos, los conflictos con Argentina, el remate de los aviones de Pluna, bla bla bla…Pero el viento sopla como nunca, y, como siempre que pasa algo extremo, uno distingue lo esencial de lo que no lo es. A pocas cuadras de mi casa (y de la tuya, lector), hay niños corriendo riesgo de muerte, pasando frío y miedo.

¿Cómo es posible que todos los discursos, el poder, los millones de dólares para políticas sociales y las gárgaras con los derechos humanos no hayan servido hasta hoy para hacer que ningún niño en el territorio nacional duerma sin un techo seguro sobre su cabeza?

Es una pregunta simple. Muy primaria. Pero sin respuesta.   

  

 

     

 

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