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Ya no vamos tan bien Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 21 mar. 2016 8:54 por Semanario Voces

Tras la pausa veraniega, retorno a Voces con mi columna mensual. La última fue publicada el jueves 3 de diciembre y la titulé “Los temas de un mal año”. Viene al caso, en la retomada del contacto con los lectores de Voces, pasar revista a lo sucedido desde entonces.

Fuera de nuestro país, lo más relevante para nosotros fue el comienzo de la normalización de Argentina, es decir su retorno al mundo. Inicialmente el efecto ha tenido un saldo positivo, como pudimos comprobar en la reciente temporada turística. Los argentinos “se soltaron” no sólo porque están caros (de hecho el dólar apenas ha tocado los niveles máximos del gobierno K y se siguió acumulando inflación) sino porque esperan estar mucho mejor en el futuro.

También destaco el mantenimiento de un bajo precio del petróleo como elemento positivo que nos viene desde fuera. Al mantener sin cambios los precios de los combustibles, el gobierno decidió apropiarse del excedente resultante y no trasladarlo a productores y consumidores. La razón es fiscal y es entendible, dado el estado de las finanzas públicas.

Precisamente en el ámbito de las finanzas públicas se ha confirmado la tendencia creciente del déficit, que transcurrido el primer mes del año se ha acercado al 4% del PIB en los últimos 12 meses (más de US$ 2.000 millones). En realidad, si no fuera porque se incluyó –incorrectamente- entre los ingresos, al ahorro producido por el repago anticipado de la deuda de ANCAP con PDVSA (0,3% del PIB), ya estaríamos bien arriba de los cuatro puntos referidos.

Esa situación fiscal es consecuencia de la inercia que tiene el gasto público, mayoritariamente indexado y creciente en términos reales, frente a una recaudación impositiva que se ha venido frenando, en la DGI y especialmente en el BPS, de la mano de un nivel de actividad económica planchado desde finales de 2014.

A finales de mes se habrá de conocer la estimación del PIB del año pasado, que de acuerdo con las expectativas relevadas en diferentes encuestas apunta a mostrar una variación algo mayor al 1% del PIB entre promedios anuales, lo mismo que ocurre con las proyecciones para el año en curso y el próximo. Es decir, claramente por debajo de lo asumido en el escenario que sirvió de base para la confección del presupuesto quinquenal.

Aquel presupuesto fue producido sobre la base de supuestos optimistas y esto es cada vez más evidente y debería llevar al equipo del MEF a reformular las proyecciones al menos en la próxima instancia de rendición de cuentas, como sugirió hace unos días en ADM el presidente del BCU. El problema es que esa reformulación debería corregir las perspectivas de la recaudación impositiva hacia abajo y si no se quiere aumentar aún más el déficit, también debería hacerse lo mismo con el presupuesto de gastos e inversiones, salvo que se busque aumentar los impuestos.

De hecho los impuestos ya han estado subiendo, los más recientes, el IRAE mediante la no realización del ajuste por inflación y los impuestos implícitos en los precios que nos cobran las empresas estatales, que tras el aumento de enero (y la no rebaja de ANCAP) acumularán mayores excedentes que contribuirán a las finanzas públicas de un modo u otro.

Algo de lo referido tendrá que ocurrir, porque de lo contrario seguirá subiendo la deuda pública con pasos de gigante y correrá riesgo (no inmediato, pues las calificadoras reaccionan despacio) el grado de inversión, del que habló el presidente Vázquez en la primera cadena nacional del año (digo primera porque parece que se volverán rutinarias). A propósito, ¿a quién fue dirigido ese mensaje? Claramente a la izquierda, fuerza política y sindicatos, que son quienes pueden torcer el rumbo que el presidente y el ministro de economía promueven.

Para ser justo, no quiero dejar de referir algunas fortalezas que tenemos y que el presidente Bergara hizo bien en recordar la semana pasada en ADM: primero, la cuenta corriente de la balanza de pagos está registrando una tendencia a reducir su déficit (de la mano de un creciente ahorro del sector privado, mientras que el público como vimos acrecienta su desahorro) el que de todos modos es menor que la magnitud de la inversión extranjera directa; segundo, el sistema financiero no es hoy parte del problema (de hecho es parte de la solución pues le suben impuestos y encajes); y tercero, la deuda pública está altamente denominada en pesos, por lo que no sube tanto en términos del PIB cuando sube el precio del dólar.

También se refirió el presidente en la cadena a los salarios y a la inflación. Sobre los salarios expresó que se mantendrán las pautas anunciadas el año pasado. Pautas que mantienen la indexación al IPC y aseguran (por lo menos) el mantenimiento del salario real. Esto, en tiempos de muy menguado crecimiento económico implica menos empleos, como de hecho viene sucediendo desde comienzos del año pasado. Me refiero, claro, al mantenimiento del salario real de los que conserven su empleo, porque los que lo pierden, lo ven reducido considerablemente.

En cuanto a la inflación el presidente reiteró la intención de luchar frontalmente contra ella, pero dos días más tarde se informó que la variación del IPC superó el umbral del 10% en los 12 meses finalizados en febrero. También en ADM, el presidente del BCU reconoció que pasará bastante tiempo antes de que la inflación vuelva al rango objetivo, de entre 3% y 7%, donde estuvo por última vez en diciembre de 2010.

Como tantas veces que la inflación preocupó, la reacción fue apretar la política monetaria y más nada. Receta conocida: suben tasas de las Letras del BCU, suben encajes, quizá se ajuste la meta de política monetaria tras el próximo COPOM… y baja el dólar. Y más nada, al menos nada efectivo, porque para la tribuna se habló de los remarques abusivos de precios y cosas por el estilo. Por el estilo K.

En materia de reformas estructurales, el gobierno está bien encaminado hacia una mayor apertura en los términos que se da la apertura hoy día en el mundo y ha apuntado a Chile como cabecera de puente para ello, y a la Unión Europea, con el Mercosur. Por otro lado, también se ha acercado a la OCDE, cuyos estándares nos vendría muy bien adoptar. Se ha avanzado algo en algunos procesos referidos a infraestructura en vialidad y nada en materia de enseñanza pública.

Precisamente la OCDE volvió a diagnosticar este mes que se requieren reformas y avances en infraestructura, enseñanza e integración al mundo. Otro diagnóstico (y van…) de lo que ya todos sabemos, con el auspicio de las cabezas más sensatas del gobierno. ¿Otro mensaje para la interna? Para bien de todos, cabe esperar que esta vez tengan más suerte que con el TISA.

No se puede dejar en el tintero, en una reseña de lo sucedido en el verano, el tema de la capitalización de ANCAP, donde lo que se hizo fue aprobar una transferencia del gobierno a la empresa, de modo de mejorar su balance tras las sucesivas pérdidas acumuladas en los últimos ejercicios, principalmente debido a diferencias de cambio, por el impacto del aumento del dólar en los pasivos de la empresa, denominados en moneda extranjera. La transferencia se realizó mediante la condonación de una deuda de ANCAP con el gobierno central. Ese acto en sí fue técnicamente un “juego de suma cero” para las cuentas fiscales globales, algo que queda dentro del sector público y por lo tanto sin consecuencias fiscales. Los déficits se habían generado y registrado antes, no en el acto de la capitalización. Fue una de las tantas confusiones en que incurrieron legisladores y comentaristas en el marco del tratamiento del proyecto de ley respectivo. Como les ocurrió, por ejemplo, al confundir pasivo con patrimonio e información fiscal con información contable. En fin… es lo que hay.

 


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