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20 AÑOS PUEDE SER MUCHO por Jose Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2011 13:55 por Semanario Voces
 

 

 

El jueves 3 de noviembre, cerrando los festejos de veinte años de labor editorial,  Fin de Siglo reunió en espléndido ágape a quienes aportaron y aportan a su vida y crecimiento. Salón repleto. Consagrados/ desconocidos/ inexistentes/ comentaristas/ libreros/ periodistas/ y pájaros sueltos. Reinas y princesas. Algún caballero de corbata. Algún anciano venerable, mirada maliciosa/ lengua puñal, e intrépidos visigodos que, rumbo a la cima, saltan por sobre fosos, tumbas, lenguaje y parapetos. Mesas largas. Encuentro de gente de las antípodas. Rubio licor/ música de orquesta/ ruidaje festivo. Charlas/ bocas llenas/ gritadas salutaciones a distancia. Quintales de simpatía. Un par de horas: medida justa. De repente se pidió silencio. Canalda leyó algo. Como recitando ante un espejo. Grave o llano. Énfasis con entusiasmo cada dos por tres. No nació para actor –aunque a veces se crea Laurence Olivier o De Niro haciendo de Al Capone-. Dio datos. Crónica y rendición de cuentas: creo (estoy más sordo que un gobierno). Indicó cifras. Calló; y aplaudimos todos: quienes oyeron y los demás.

El evento mostró, pitucamente el caracú de la entidad que lo organizó. Una consistente empresa de programado entrevero, basada en ecuánime amplitud y no barreras provenientes del pasado o de callos ideológicos.

 

Una hazaña persistente.

Como Banda Oriental que, celebrada unánimemente, acaba de cumplir sus primeros cincuenta años de ejecutoria; como Arca; como Trilce; como todo esfuerzo nacional dedicado a producir cultura.

Mas: ¡nada de comparaciones, por favor! Ni siquiera con la sidra leve, espumante, dulce, sírvase bien fría, litro y medio a $ 30, también bautizada  Fin de Siglo. ¿Por qué ese nombre casi apocalíptico? ¿Editor y procesador de manzanas habrán temido no llegar al XXI? ¿Configuran secreta unidad?...

Me estoy desviando de ruta. ¡A lo principal! Caí en banquina expositiva.

 Bien. Mal.

 

Decía: una hazaña persistente; y fenomenal.

Más de 500 obras publicadas: un edificio de por lo menos cinco pisos de papel y letras. Éxitos y fracasos. 40 mil ejemplares de Locura uruguaya, de Gustavo Ekroth). Dos docenas de títulos por año –“sin contar mexicanos”, como decía Billy the Kid-, y me refiero a los borradores que, releídos y ponderados, no llegan a la imprenta.

Leer a como dé lugar. Montañas de páginas. Toneladas de limo. Tedio al acecho. . Cepo psico-somático-intelectual. Embudo operativo. El Jefe decide, único, lo que lanzar al mercado.  ¡Aguante man, que usted lo eligió! Aunque, verdad sea dicha, nunca lo oí quejarse.

A suerte y verdad; que aquí, en esto, nadie regala nada, y una cosa es hacerte la terapia, escribiendo obsesiones y fruslerías, y otra, convertir eso en motor de una empresa rentable.

 

Hazaña de amplitud y tolerancia. Necesidad de discutir y esclarecer. De desvelar. De entrecruzar puntos de vista. De desmistificar. Búsqueda de la verdad, en las luces y las sombras. De saber más y mejor.

Hazaña de novedades, información y debate.

Hazaña de levantar continuamente las tablas del piso. Un último ejemplo: Las pesadillas de Fidel, de Luis Nieto.

 

Edmundo Canalda fue, es y será tupamaro. Cayó muy joven en prisión –a esa edad en que uno no ha intimado lo suficiente con mujeres, trabajo y dinero, carreteando en pista antes de levantar vuelo-. Maduró adentro. Salió entero. Con cabal inteligencia de  entorno y futuro. Estudioso. Alerta. Baqueano. Ojos bien abiertos.

Comprometido con su historial, nada lo ata.

 

Dirigió Mate Amargo –y doy fe del religioso respeto por la opinión ajena: publicó mis artículos, sin chistar, aunque le revolvieran las tripas a más no poder-.

Dirigió la Panamericana con idéntica tesitura.

Armó Fin de Siglo: y ya sabemos con qué talante.

Dirige en el Espectador el programa dominical Dos mil treinta, convocando a lo más graneado de la intelectualidad uruguaya y al paso, recogiendo la opinión de todos, sobre todo, abriendo puertas y ventanas al pensamiento que importa, esté o no en vidriera, ventilando problemas en el Globo de Brick Bradford, desechando tópicos que tan sólo son palabras, soñando futuros, poniendo de continuo la fresa en el nervio (¿sado masoquismo?), acuciando en profundidad al entrevistado, no aflojando ni esto su espíritu crítico.

 

Proeza a lo Cid Campeador. De una y sin afloje.

 

Olfato de sabueso.

Piensa y hace pensar.

Revuelve y entrevera, alisa y encrespa.

Parece estar en otra; pero no.

Lucha y no deja de luchar.

 

Aunque no lo sepa, él es la hazaña en cuestión.

 

Un loco en permanente intervalo lúcido.

Llegado el caso, Alicia lo vuelve a la realidad.

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