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Arriesgada apuesta lúdica

publicado a la‎(s)‎ 10 may. 2010 20:41 por Victor Garcia | Semanario Voces

Hay que decirlo de entrada: debe aplaudirse la apuesta de Pablo Stoll por el riesgo, al llevar a cabo una empresa lúdica y a contramano de toda convención en un país aferrado al conservadurismo como el nuestro. Hiroshima es el primer largo personal de quien, junto a Juan Pablo Rebella, correalizó las dos películas más elogiadas del cine nacional, 25 Watts y Whisky. Sobreponerse a la inesperada muerte del amigo y colega y echarse a andar solo por el sendero del cine ya era en sí mismo un desafío. Para sortearlo, Stoll eligió un camino catártico, aferrándose a una propuesta de características llamativas. Una de ellas es que el protagonista de Hiroshima sea su propio hermano. Hace seis años Juan trabajaba de noche en una panadería, y durante el día su vida permanecía casi desconocida para la familia, dedicada a su vez al propio ajetreo cotidiano. Eso es, en parte, el film de Stoll: un día en la vida del hermano. Un segundo dato llamativo es que quienes aquí intervienen no son actores, sino los propios parientes y amigos de Juan, que al igual que él terminan interpretándose a sí mismos. Pero más excitante aún es que Hiroshima sea una película muda, con intertítulos a la manera del viejo cine de inicios del siglo pasado. Si a primera vista el dato puede parecer un capricho del cineasta, resulta claro también que el desafío responde a las características de Juan, un joven que en la vida real habla lo necesario y parece ser bastante introvertido.

     En la presentación del film en el Festival de Punta del Este el realizador aclaró que “esto es un juego, una película hecha para mi familia y mis amigos”. Se nota, y ahí radica su mayor debilidad: habrá que ver si un film casero, como a primera vista parece Hiroshima, logra “pegar” en el público y convertirse en un hecho artístico per se. Una nota crítica no es el espacio adecuado para dirimir la vieja cuestión de para quién hace un artista su obra, si para él o para el resto de la comunidad, pero de todas formas la duda queda planteada. Incluso el propio Stoll la debe haber tenido en cuenta, dado lo restringido de la exhibición de Hiroshima: una sola sala (Casablanca), un solo horario (22 horas), sólo los viernes, sábados y domingos.

     

Esa limitada comercialización nada tiene que ver con el resultado del film. En él todo
parece un juego que va y viene entre realidad y ficción, donde se apela a saludables dosis de ironía. Eso permite a Stoll no caer en el narcisismo, porque Hiroshima no es la obra de un cineasta empeñado en demostrar lo bien que filma. Al revés: su bizarría es tal que cuando muestra sus virtudes en un largo e inicial plano-secuencia, lo único que quizás consiga sea espantar varios espectadores desprevenidos. Sin embargo, la película no es tan casera como a primera vista parece sino muy elaborada, tal como lo demuestra la importancia de su banda sonora en contraposición al perenne silencio de Juan. O el rol de la cámara, que acompaña en forma pasiva el deambular del protagonista, como si fuera testigo mudo de un testigo mudo, hasta que Juan interviene por primera vez en la realidad (el partido de fútbol) y la cámara también termina jugando su propio match. Allí hay reconocibles dosis de talento, más allá de que globalmente Hiroshima no se eleva a niveles de real importancia, y significa un paso atrás del realizador respecto a su obra anterior. Más bien el film semeja un precario puente entre dos Stoll: el que fue con Rebella y el que quizás será de ahora en adelante, en solitario. Habrá que aguardar su próxima tarea sin caer en juicios definitivos. El futuro espera a Pablo, nosotros también.

>> por Amilcar Nochetti





Hiroshima

Uruguay, 2009 


Dirección y libreto: Pablo Stoll


Fotografía: Arauco Hernández Holz 


Banda sonora: Genuflexos, Relaciones Sexuales,

Dante Inferno, Perdonalos Garrido, Psiconautas,

Estado de Fetidez, Los Ases del Beat, Supersónicos


Con: Juan A. Stoll, familiares y amigos 


Estreno: 16 de abril


Calificación: Aceptable

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