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BALANCE CINE 2011: LOS INTÉRPRETES. POR AMILCAR NOCHETTI

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2011 13:38 por Semanario Voces
 

 

 

ELLAS. Media docena de actrices se despegaron del resto de sus colegas en 2011. La lista la encabeza Lubna Azabal, actriz belga de origen marroquí, que en el drama canadiense Incendies compone a una libanesa que carga un trágico pasado de culpa y dolor, sólo al morir revelado a sus hijos. Esa mujer bravía y fiera tuvo una gran competidora en la danesa Trine Dyrholm, que luego de una fama adolescente como cantante abandonó las escalas musicales por la actuación, y este año reveló dosis inusuales de dramatismo componiendo un par de aguerridas mujeres al borde del ataque de nervios: la médica, madre de uno de los chicos protagonistas de En un mundo mejor, y la mujer a quien dos adolescentes roban su hijo en Aguas turbulentas. En Inglaterra la eterna secundaria Lesley Manville tuvo oportunidad de redondear una pequeña proeza al adueñarse del drama colectivo Un año más: la ex esposa de Gary Oldman compone aquí a una cuarentona infeliz y alcohólica, siempre próxima al desborde pero sin caer nunca en él, un ser tan complejo como querible.

     Cada tanto Hollywood depara sorpresas, y a nivel de actrices este año tuvimos un retorno, una comprobación y un descubrimiento. El retorno fue el de Nicole Kidman, que en El laberinto se maquilló para desmejorarse sin piedad y de esa forma poder comunicar un enorme dolor cerrado a los demás, el de una madre que perdió a su único hijo en un estúpido accidente callejero y no sabe cómo afrontar el dilema del no-ser. La comprobación fue la del innegable talento que posee Michelle Williams, protagonista femenina del drama de pareja Blue Valentine, donde la actriz se muestra austera, conmovedora y sincera para ilustrar mejor el derrumbe de una pareja disfuncional. Y el descubrimiento resultó Jennifer Lawrence, que debió ganar el Oscar por Lazos de sangre, como adolescente que carga con el peso de sostener un hogar atípico, donde el padre es una ausencia y la madre una autista, en medio de una cerrada comunidad del agreste Missouri. En las antípodas de ese rol, la joven también se hizo notar en el drama La doble vida de Walter y como Mystique en X-Men: primera generación.

      Junto a esas magníficas labores, se situaron otras notabilidades destacables: Josiane Balasko, portera de ceño duro y corazón sensible en El encanto del erizo; Annette Bening, mujer que no supera la angustia de haber dado en adopción a su bebita en Amor de madres; Florencia Colucci, uruguaya debutante que comunicó horror y espanto ante lo desconocido en La casa muda; Melissa Désormeaux-Poulin, joven dueña de una madura intensidad buscando la verdad sobre su fallecida madre en Incendies; Katie Jarvis, magnífico debut como chica conflictuada en Fish Tank; Mirjana Karanovic, ex musa de Kusturica, profunda y sincera en su rol de madre con un terrible pasado en Sarajevo, mi amor; María Onetto, poseedora de gran economía de recursos para su ama de casa insatisfecha en Rompecabezas; Natalie Portman, bailarina psicótica en la discutida visión balletística de El cisne negro; Beatriz Spelzini, debatiéndose entre el nerviosismo y la desesperación en el thriller El gato desaparece; Hailee Steinfeld, otro debut talentoso en el western Temple de acero, opacando a colegas mayores como Jeff Bridges, Matt Damon y Josh Brolin; y Naomi Watts por partida triple: hija de Annette Bening en Amor de madres, espía de la CIA en Poder que mata y mujer insatisfecha e indecisa en Conocerás al hombre de tus sueños.

 

ELLOS. Los dos campeones del año convivieron en un mismo film. En El discurso del rey se sacaron chispas los memorables Colin Firth y Geoffrey Rush, el primero en el difícil rol del tartamudo monarca británico Jorge VI, el segundo como su carismático foniatra: juntos dieron una verdadera lección de sobriedad y maestría dramática. Pero no estuvieron solos, porque Ryan Gosling es uno de los mejores talentos jóvenes que tiene Hollywood, y se lució en dos papeles opuestos: el marido de Michelle Williams en el drama de pareja Blue Valentine y el Don Juan que termina cayendo en sus propias redes en la comedia Loco y estúpido amor. Paul Giamatti fue el verdadero puntal para que El mundo según Barney parezca mejor de lo que en realidad es: el actor vuelca todo su ingenio para construir un personaje complejo, rico en matices emocionales, dueño de una densidad tal, que permite que brillen incluso los pasajes más obvios de la frondosa historia. Y en el último fin de semana dos franceses dieron la nota. El venerable Michel Piccoli sostiene de principio a fin la deliciosa sátira Habemus Papa, como cardenal que al ser electo pontífice sufre un ataque de pánico y deja patas arriba al Vaticano entero. En registro de comedia, pero de tono más sentimental, se mueve el pantagruélico Gérard Depardieu en Mis tardes con Margueritte, donde compone con enorme nobleza y bonhomía a un iletrado que toma contacto con las bellezas de la vida gracias a las lecturas que le proporciona una anciana, con la que entabla amistad en una plaza.

     Acompañando esa media docena de talentos hay otras figuras con similar lustre: Javier Bardem como el enfermo terminal de Biutiful, lo mejor de un film que fracasó en toda la línea; Jim Carrey y Ewan McGregor, saludablemente zafados e incorrectos en la eficaz comedia Una pareja despareja; Xavier Dolan, una completa revelación canadiense de 19 años, histérico protagonista de Yo maté a mi madre, film que también dirigió y escribió; Aaron Eckhart, que brilló junto a Nicole Kidman en El laberinto como marido desanimado pero con fervorosas ganas de tramitar su dolor de la manera más adecuada posible; Jorge Esmoris, que bailó con la más fea incorporando al Padre de la Patria en Artigas: la Redota y salió indemne de la difícil tarea; Arturo Puig y Guillermo Francella, hermanos peleados entre sí en Los Marziano; Thore Lindhardt y Mads Mikkelsen, intensos guerrilleros daneses contra el nazismo en Flammen y Citronen; Edward Norton, que mezcló cinismo y fanatismo religioso para su oscuro personaje de La revelación; y Ryan Reynolds, que en Enterrado abandonó su perfil de comediante y acometió la dura tarea de protagonizar un film solo dentro de un féretro.

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     Párrafo final merecen tres adolescentes y una polémica. Los jóvenes son una chica y dos varones. Ella es la francesa Garance Le Guillermic (14 años), la simpática Paloma de El encanto del erizo, que hastiada de los adultos decide suicidarse el día de su cumpleaños. Al otro lado del espectro se ubican los daneses William Johnk Nielsen y Markus Rygaard (15 años), adolescentes protagonistas de En un mundo mejor, roles difíciles que los chicos encararon con sobriedad y bienvenida profundidad dramática. En ellos y en Garance se vislumbra un futuro promisorio. La polémica, en cambio, surgió hace unos días con el intento de Fox por promover al Oscar a Andy Serkis, que en Planeta de los simios: revolución da vida al chimpancé César mediante el método de captura de movimientos. Más allá de la sofisticada tecnología puesta al servicio del actor, no puede negarse su notable expresividad gestual y corporal, con la cual otorga una inteligencia superior a su personaje, justificando así la verdadera clave de la historia. Con o sin Oscar, Serkis también merece un lugar en este balance anual.                     

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