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Biblioteca de Pensamiento Crítico El buen sirviente y el reemplazo Por Isabel Sans

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2012 12:29 por Semanario Voces
 

 

 

Uno de los principales líderes del movimiento independentista indio y primer ministro de la nación en los primeros años de la independencia, Jawaharlal Nehru (1889-1964)

pasó años en prisión. Allí escribió “Hacia la libertad”[1], su autobiografía, en que se refiere entre otros a los avatares de la desobediencia civil y la no violencia, a las internas partidarias y a la oposición al poder imperial. En estos fragmentos comenta los mecanismos de adhesión de ciertos actores locales al estilo británico.

 

Es curioso como muchos en nuestra intelligentsia, hasta el fin del siglo XIX, aceptaron, conciente o inconcientemente, la ideología imperial británica. … La historia, la economía y otros temas enseñados en escuelas y colegios se escribían enteramente del punto de vista británico imperial, y enfatizaban las numerosas fallas en nuestro pasado y presente y las virtudes y elevado destino de los británicos.

Nosotros aceptamos hasta cierto punto esta versión distorsionada y, aún cuando la resistíamos instintivamente, éramos influenciados por ella. …

Gradualmente comenzamos a sospechar y a examinar críticamente las afirmaciones británicas acerca de nuestra condición pasada y presente, pero aún pensábamos y trabajábamos en el marco de la ideología británica. Si algo era malo, se le llamaba “in-británico”; si un británico en India se portaba mal, la falta era suya, no del sistema. … Nuestro desafío a la versión británica de la historia, la economía, y la administración en India creció, pero seguimos funcionando en la órbita de su ideología. …

No es sorprendente que la intelligentsia india en el siglo XIX haya sucumbido a la ideología británica, lo que es sorprendente es que alguna gente continúe sufriendo esa ilusión aún después de los eventos y cambios removedores del siglo XX.

En el siglo XIX las clases gobernantes británicas eran los aristócratas del mundo, con un largo respaldo de riqueza, éxito y poder. … Empezaron a creerse –como tantas razas y naciones han hecho– los elegidos de dios, y a ver su imperio como el reino del cielo en la tierra.

Si su posición era reconocida y su superioridad no era desafiada, eran amables y serviciales siempre y cuando eso no les hiciera daño. Pero la oposición a ellos se convirtió en la oposición al orden divino, y por lo tanto en un pecado mortal que debía ser suprimido.

Si esta era la actitud general de los británicos hacia el resto del mundo, era aún más pronunciada en India. … Su plena convicción de estar siempre en lo correcto, de haber soportado con dignidad la carga de su destino racial, y la fe en su propio estilo de imperialismo, implicó el desprecio y la rabia por los no creyentes y pecadores que desafiaban los fundamentos de la verdadera fe. Había algo de convicción religiosa en esta actitud. Como los inquisidores de la antigüedad, estaban predestinados a salvarnos sin importar nuestros deseos en la materia. …

El progreso en India se volvió sinónimo a la adaptación del país al esquema imperial, y a la conformación de indios elegidos de acuerdo al modelo británico. Cuanto de mejor grado aceptáramos los ideales y objetivos británicos, mejor estaríamos preparados para el “auto-gobierno”. La libertad sería nuestra tan pronto como demostráramos y garantizáramos que solo la usaríamos de acuerdo a los deseos británicos (p269-272).

Durante muchas generaciones los británicos trataron a la India como una especie de enorme casa de campo (al viejo estilo inglés) que ellos poseyeran. Ellos eran la alta burguesía dueña de la casa y ocupaban las partes deseables de ella, en tanto que los indios eran relegados al lugar de los sirvientes, la despensa y la cocina. Como en cualquier verdadera casa de campo, había una jerarquía fija en esas regiones inferiores –mayordomo, ama de llaves, cocinero, valet, mucama, lacayo, etc. – y se mantenía estricta precedencia entre ellos.

Pero entre las regiones superior e inferior de la casa había, social y políticamente, una barrera impenetrable. El hecho de que el gobierno británico hubiera impuesto esta disposición sobre nosotros no es sorprendente, lo que sí es sorprendente es que nosotros, o la mayor parte de nosotros, la aceptáramos como el orden natural e inevitable de nuestras vidas y como nuestro destino. Desarrollamos la mentalidad de un buen sirviente.

A veces éramos tratados con un raro honor: éramos invitados con una taza de té en el recibidor. Nuestra mayor ambición era ser respetables y ser promovidos individualmente a las regiones superiores. Más importante que cualquier victoria de las armas o la diplomacia era este triunfo psicológico de los británicos en India.

Los tiempos han cambiado, y el estilo de civilización de casa de campo no se acepta de buen grado ahora, ni en Inglaterra ni en India. Pero todavía queda gente entre nosotros que desea mantenerse en el lugar de los sirvientes y se enorgullece de llevar galones dorados y libreas en el servicio.

Otros, como los liberales, aceptan la casa de campo en su totalidad, admiran su arquitectura y el edificio en su conjunto, pero esperan reemplazar a los propietarios, uno por uno, por sí mismos. Llaman a esto indianización. Para ellos el problema es cambiar el color de la administración, o al menos tener una nueva administración. Nunca piensan en términos de un nuevo Estado.

Para ellos la independencia política quiere decir que todo continúa como antes, solo que con un matiz más oscuro. Pueden solo concebir un futuro en que ellos, o gente como ellos, tendrá el rol principal y tomará el lugar de los altos oficiales ingleses; en que hay los mismos tipos de servicios, departamentos de gobierno, legislación, comercio, industria– con el servicio civil indio como su trabajo; los príncipes en sus palacios, ocasionalmente apareciendo con trajes de fantasía o de carnaval con todas sus joyas brillando para impresionar a los demás; terratenientes pidiendo protección especial, y mientras abusando de sus arrendatarios; los prestamistas, con sus bolsas de dinero, abusando tanto del terrateniente como del arrendatario; el abogado con sus honorarios; y dios en su cielo.

En esencia su perspectiva se basa en el mantenimiento del status quo, y los cambios que desean pueden casi ser llamados cambios personales. Y procuran lograr esos cambios por medio de una infiltración lenta en la voluntad de los británicos. Todo el fundamento de su política y economía descansa en la continuación y estabilidad del imperio británico.

Miran a este imperio como inamovible, al menos por tiempo considerable, se adaptan a él y aceptan no solo su ideología política y económica, sino también, en buena medida, sus estándares morales, que han sido todos enmarcados para asegurar la continuación de la dominación británica (p264-266).

 

 

[1] Nehru, Jawarharlal. Towards Freedom. Boston: Beacon Paperback 1958 [1941].

 



 

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