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Biblioteca de Pensamiento Crítico Poética del oprimido, espectadores,protagonistas Por Isabel Sans

publicado a la‎(s)‎ 16 nov. 2012 13:03 por Semanario Voces
 

 

La obra del brasilero Augusto Boal (1931-2009, nominado para Premio Nobel de la Paz 2008) es producto de una vida de trabajo con la materia viva de textos, escenarios, y miles de actores y no actores en todos los continentes. “Teatro del Oprimido y otras poéticas políticas” [1] fue escrito entre los años de intensa actividad artística de 1962 en São Paulo y el comienzo del exilio en el Buenos Aires de 1973. Es un libro polémico que invita a subirse al escenario.

 

 

La discusión sobre las relaciones entre teatro y política es tan vieja como el teatro… o como la política. Desde Aristóteles y desde mucho antes ya se manejaban los mismos temas y argumentos que todavía hoy se discuten. Por un lado se afirma que el arte es pura contemplación, y por otro que, por el contrario, el arte presenta siempre una visión del mundo en transformación y por lo tanto es inevitablemente político, al presentar los medios de realizar esa transformación, o de demorarla.

¿Debe el arte educar, informar, organizar, influenciar, incitar, actuar, o debe ser simplemente un objeto de placer y de gozo? El poeta Aristófanes pensaba que “el comediógrafo no solo ofrece placer sino que debe ser también un profesor de moral y un consejero político”. Eratóstenes pensaba lo contrario, afirmando que “la función del poeta es encantar los espíritus de sus oyentes, nunca instruirlos”. … 

Aristóteles propone la independencia de la poesía (lírica, épica y dramática) en relación a la política. … No obstante sus afirmaciones, Aristóteles construyó el primer sistema poderosísimo poético-político de intimidación del espectador, de eliminación de las tendencias “ilegales” en el público espectador.

Este sistema es ampliamente utilizado hasta el día de hoy, no solamente en el teatro convencional sino también en los dramones en serie de la TV y las películas del far west: cine, teatro y TV, aristotélicamente unidos para reprimir al pueblo. Felizmente, el teatro aristotélico no es la única manera de hacer teatro. (p17-18) …

En las películas del far west la capacidad de usar el revólver, la pericia de quebrar un plato en el aire con un solo tiro o la fuerza para noquear a 10 enemigos con pocos golpes, crea la más profunda empatía entre esos cow boys y los niños de las matinés infantiles. … La empatía funciona igual si hay una colisión de intereses entre el universo ficticio y el universo real de los espectadores. Por eso existe censura: para impedir que un universo indeseable se yuxtaponga al universo de los espectadores.

Una historia de amor, por más simple que sea, puede ser el vehículo de valores de otro universo que no es el del espectador. Estoy convencido de que Hollywood causa mucho más daño a nuestros países con las películas inocentes que con las que tratan directamente temas más o menos políticos. Las historias de amor idiotas del tipo Love Story son más peligrosas, dado que su penetración ideológica es subliminal: el héroe romántico trabaja incansablemente para poder merecer el amor de su amada, el mal patrón se regenera y pasa a ser bueno (pero continúa siendo patrón), etc.

El más reciente éxito de la TV yanqui, Sesame Street[2] es una muestra evidente de la “solidaridad” norteamericana en relación a nuestros pobres países subdesarrollados: quieren ayudar a educarnos y nos prestan sus métodos educativos… Pero ¿cómo educan? MOSTRANDO UN UNIVERSO EN QUE LOS NIÑOS APRENDEN. ¿Qué aprenden?

Claro, las letras, las palabras, etc. Aprendizaje hecho a base de historietas en que se muestran niños aprendiendo a usar el dinero, a economizar dinero en sus cofrecitos y se explican las diferencias entre un cofre casero y un banco, etc. Asuntos y temas escogidos entre los valores de una sociedad capitalista competitiva. Los pequeños e indefensos espectadores son expuestos a ese mundo, ¡competitivo, organizado, coherente y coercitivo! Así nos educan. ¡Por ósmosis! (p130-131). …

Todo teatro es necesariamente político, porque políticas son todas las actividades del hombre, y el teatro es una de ellas. Quienes pretenden separar el teatro de la política pretenden conducirnos al error, y esa es una actitud política. ... El teatro es un arma. Un arma muy eficiente. Por eso, es necesario luchar por él.

Por eso, las clases dominantes permanentemente intentan apropiarse del teatro y utilizarlo como instrumento de dominación. Al hacerlo, modifican el propio concepto de lo que es el teatro. Pero el teatro puede igualmente ser un arma de liberación. Para eso es necesario crear las formas teatrales correspondientes. …

Teatro era el pueblo cantando libremente al aire libre: el pueblo era el creador y el destinatario del espectáculo teatral, que se podía entonces llamar “canto ditirámbico”. Era una fiesta en que podían todos libremente participar.

Vino la aristocracia y estableció divisiones: algunas personas irían al escenario y solo ellas podrían representar, en tanto que todas las otras permanecerían sentadas, receptivas, pasivas: estas serían los espectadores, la masa, el pueblo. Y para que el espectáculo pudiese reflejar eficientemente la ideología dominante, la aristocracia estableció una nueva división: algunos actores serían los protagonistas (aristócratas) y los demás serían el coro, de una forma o de otra simbolizando la masa. …

Vino después la burguesía y transformó estos protagonistas: dejaron de ser objetos de valores morales, superestructurales, y pasaron a ser sujetos multidimensionales, individuos excepcionales, igualmente apartados del pueblo, como nuevos aristócratas. …

Faltaba lo que está actualmente ocurriendo en tantos países de América Latina: la destrucción de las barreras creadas por las clases dominantes. Primero se destruyó la barrera entre actores y espectadores: todos deben representar, todos deben protagonizar las necesarias transformaciones de la sociedad. … Después se destruyó la barrera entre los protagonistas y el coro: todos deben ser, al mismo tiempo, coro y protagonistas. … Así tiene que ser la Poética del Oprimido: la conquista de los medios de producción teatral.  (p13-14)

 

 

 

 



[1] Teatro do Oprimido e outras poéticas políticas. 1983 [1974]. Rio de Janeiro: Civilização brasileira. 4ª edição.

[2] Plaza Sésamo, Los Muppets.

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