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Cambios en los márgenes del sistema educativo Por Javier Lasida

publicado a la‎(s)‎ 7 jul. 2013 16:35 por Semanario Voces
 

El debate

El Liceo Jubilar es el más visible de varios centros  que están logrando buenos resultados, en contraste con los del conjunto del sistema educativo que son malos, en especial pero no solamente en la secundaria. Lo hacen desde diversas identidades y con distintas modalidades. Por ejemplo en otra experiencia que también funciona desde hace años, en este caso en la zona del Paso de la Arena, a cargo del IDH, una ONG de larga trayectoria, allí el liceo se integra con una “casa joven” que funciona en la otra media jornada. 

Estas dos experiencias y algunas otras de  las que vienen desarrollándose desde hace más tiempo, cuentan con evaluaciones sistemáticas que muestran que son eficaces para los niños y adolescentes con los que trabajan.  Se las objeta porque seleccionan a los alumnos.  Es necesario analizarlo caso a caso; por ejemplo para el Jubilar se cuestiona que no acepte, por razones de edad, a quienes repitieron más de dos años, lo que no ocurre en los centros estatales. La objeción amerita varias respuestas. Primero, en los centros estatales también existen mecanismos de selección, pero no transparentes. Segundo, la población similar a la del Jubilar ingresa, pero abandona al poco tiempo y se ha estudiado que son muchos menos los que egresan, a situación equivalentes en el punto de partida. Tercero, no hay fundamentos para sostener que las fuertes diferencias en retención y repetición a favor del Jubilar se deban a que ponen límite en la extraedad. Cuarto, tal vez sería interesante estudiar la aplicación de este tipo de restricciones para los centros estatales, que de hecho tienen otras alternativas de educación media para los mayores de quince años.  

En quinto lugar y tal vez lo más importante, estudios sistemáticos, como el realizado por Ana Balsa y Alejandro Cid muestran, de acuerdo a los estándares más exigentes y reconocidos de evaluación de impacto, que los estudiantes del Jubilar logran significativamente mejores resultados que otros  adolescentes de características y situación similar que no pudieron ingresar (controlándose la selección al azar de los que sí lo hicieron). Lo importante,  para ésta y varias otras experiencias similares, más que la comparación con lo que hacen el conjunto de los liceos estatales, es valorar que estos resultados del Jubilar logran un objetivo de política pública, de política educativa. La discusión no debería centrarse en de quien es la propiedad del centro, lo que importa es la calidad y el impacto del servicio dado a los adolescentes o a los niños.  Hay mucha evidencia que ni la calidad es privilegio de los privados, ni la equidad es una virtud sólo de los centros estatales, entre otras razones porque en términos de política educativa, equidad y calidad tienen sentido sólo en conjunto.

Los costos de estas experiencias son similares a los estatales y hay estudios que muestran que servicios similares de ONG son menos onerosos y mucho más eficientes (evaluando costo por resultado verificado), que los estatales. En todo caso, no estamos hablando de eficacia lograda en base a incremento de recursos. Existen otras condiciones que son diferentes, por ejemplo y especialmente el apoyo de los padres o de algún adulto. Es bueno reconocer que el Jubilar o el IDH logran el compromiso de las mismas familias con las que otros centros no llegan siquiera a establecer un vínculo. En buena medida puede decirse que no es que van a estos centros porque las familias o algún adulto los apoya sino que por el contrario, que son estos centros, desde la entrevista inicial, los que logran el apoyo de un adulto referente para el educando. La investigación educativa muestra que el papel de estos adultos es decisivo y Uruguay hoy tiene fuertes dispositivos para respaldarla y facilitarla, como la Asignación Familiar. Si los adolescentes que asisten a los liceos estatales no tienen algún adulto que los respalde esto no debería ser una seudo explicación del fracaso, sino un desafío y una tarea.  Lo mismo debería analizarse para otras condiciones que se aducen son distintas o que favorecen a estas iniciativas.

Algunas de las objeciones a estas experiencias  genera dudas sobre la óptica desde la cual se las hace. ¿El propósito es evaluarlas con rigurosidad, aprender lo que puedan aportar o es descalificarlas? Una parte pequeña pero muy activa de los militantes en el sector educativo entienden que toda la educación debería ser estatal, tal como se expresó en las Conclusiones finales del Primer Congreso Nacional de Educación, que postulaba estatizar a las instituciones privadas existentes en el país. Otra buena parte de los líderes de opinión sobre educación es más cauta, pero no mucho menos estatista: para los uruguayos educación pública es igual a moña azul sobre túnica blanca, por supuesto que en una escuela estatal, que en esta visión es lo mismo que pública. 

Cambios en la periferia

Ampliando la perspectiva y mirando a la educación en su conjunto, parecería que el sistema está cambiando en su periferia. Hay amplio consenso en que  especialmente la educación pre terciaria está una situación de deterioro crítico de la calidad y aún más de la equidad, que no es previsible siquiera que vaya a comenzar a modificarse, por lo menos en los próximos dos años (y, dada la situación, eso es mucho tiempo).  En este contexto desalentador algunos no se resignan.  Y se pueden observar múltiples microexperiencias, llevadas adelante en contra de la corriente, con muchas dificultades y escasos apoyos, que logran buenos o mejores resultados que los generales, especialmente con los niños y adolescentes de los sectores excluidos, para quienes el problema es más crítico.

No son todas privadas, también hay varias interesantes entre los centros estatales. Y algunas, como la ya referida del IDH, combinan lo privado y lo estatal, en ese caso a través del INAU y de Secundaria, que la reconocen y la apoyan con recursos y con varias flexibilizaciones en el currículo y el funcionamiento.  Los logros de los pocos centros que puede apoyar el Promejora también forman parte de esta rebeldía callada de un número creciente de docentes a hacer todos los días una tarea que les resulta frustrante porque no logra los objetivos esperados.

Los organismos grandes, pesados, centralizados, en los que prima ampliamente la fuerza inercial sobre cualquier otra, tienen la formidable resistencia a los cambios que ha mostrado la ANEP.  Cuando se constata y se sufre su ineficacia, pero fracasan una tras otra diversas  iniciativas, de distintas autoridades para llevar adelante transformaciones generales, entonces ocurre que comienzan a desarrollarse iniciativas de cambio en los márgenes del sistema,  que no se proponen cambiarlo todo , sino lograr la eficacia a nivel local, acotado, que parece inalcanzable para el conjunto del sistema.

En este conjunto diverso de iniciativas educativas hoy radica uno de los fenómenos más dinámicos,  más prometedor de la realidad educativa. Además de discutirlos, tenemos el desafío de evaluarlos, de aprender de ellos y en la medida que cumplen lo que prometen de apoyarlos e incentivarlos.  Claro, está el problema que una buena parte de ellos no son de propiedad estatal.

 

 

 

 

 

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