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CINE DE TESIS: DOBLECES ENTRE REALIDAD Y FALSEDAD. Por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 25 sept. 2011 14:23 por Semanario Voces
 

 

 

Copia certificada

(Copie Conforme), Francia/Italia, 2010. Dirección y libreto: Abbas Kiarostami. Fotografía: Luca Bigazzi. Música: Francesco A. Maggi, Miriam Pavese. Con Juliette Binoche, William Shimell. Estreno: 16 de setiembre. Calificación: Aceptable.

 

     En los años 60 diversos cineastas se abocaron a lo que podría llamarse un cine “de tesis”, confeccionando películas cuyo propósito era plantear una discusión artística, moral o filosófica, e instalando la reflexión en el ánimo y la mente del espectador. El cineasta iraní Abbas Kiarostami resucita esa vieja usanza en Copia certificada y debo admitir que me gustaba mucha la idea, porque siempre es bueno ver cine que nos haga pensar, sobre todo en la actualidad, donde ese tipo de propuesta escasea. El cine de entretenimiento, mientras tanto, falla cada vez más, ya que día a día nos entretiene menos y nos estupidiza más.

     En su nueva película Kiarostami presenta a una madre soltera (Juliette Binoche) que inicia una relación con un intelectual (William Shimell) que estudia la semiótica del arte en el área de la representación de la realidad y la validez de las copias. Con semejante punto de partida, el cineasta utiliza en la primera mitad del film una densa retórica, mediante la cual elabora un discurso basado en la creación y la autoría, en la realidad y su representación, y en la legitimidad artística de la reelaboración de un material preexistente. Es un discurso complejo, de tono intelectual y muy discutible. Provoca reflexiones bastante removedoras: al fin y al cabo la falsificación de un cuadro no tiene por qué ser menos valiosa que el original, ¿o acaso el original no es también una falsificación de la realidad? Y esto no sucede sólo en pintura, sino en toda expresión artística. Shakespeare es un genio de la literatura pero ninguna de sus obras es original: casi todas están basadas en materiales inferiores. Hitchcock fabricaba sus films en base a novelas de cuarta. La Venus de Milo (universalmente reconocida como obra maestra) es copia romana de un original ateniense destruido en una guerra. Y así podrían citarse otros mil ejemplos.

     Para Kiarostami la copia puede parecer más bella que el original, ya que el arte es subjetivo, por lo que resulta imposible saber si la belleza se encuentra en la obra, en la mente del autor o en la mirada del espectador. Por eso el David de la Piazza della Signoria es más visto que el original de Miguel Ángel, que dormita en un museo. Los dos personajes centrales discuten sobre estos tópicos durante la primera mitad del film, pero que esto sea cine de tesis no debería significar que el libreto reproduzca un debate mantenido entre dos personas. Allí radica la falla inicial de una película de planteo removedor y resultado errático. Si estamos viendo cine, la forma de argumentar los puntos de vista tendría que ser más cinematográfica que la de una mera conversación. No puedo parar de pensar en el resultado que Bergman obtenía de sus films “de tesis”: eran imagen viva, además de discurso intelectual. Eran cine. La primera mitad de Copia certificada resulta artificial, porque inventa dos personajes sólo para convertirlos en emisarios de formas opuestas de ver una misma cuestión, a través de una serie infinita de disquisiciones más cercanas a una Historia del Arte que al cine.

     Pero exactamente en la mitad de la película todo podría haber cambiado, mediante una secuencia de palpitante misterio en una cafetería. Lo que hasta ese momento parecía una pareja en formación, imperceptiblemente termina por transformarse en una pareja en descomposición. El espectador asiste asombrado a una suerte de desdoblamiento de la realidad, y esos dos seres que se conocieron unas horas antes, parece que llevaran ahora quince años juntos. Nunca sabremos qué ha pasado en la realidad: si lo visto hasta entonces era un flashback, si ésta es una pareja nueva protagonizada por los mismos actores, si hay una tercera realidad alternativa. ¿Lo sabrá Kiarostami?: misterio. Lo que queda claro es el desgaste espiritual de esos dos seres agónicos, copia en negativo de sus originales, e igualmente válidos en el discurso intelectual del realizador.

     Esa secuencia es un centro neurálgico, porque posibilitaba una apertura en abanico del componente conceptual del film y proponía un nuevo punto de partida. Pero una vez planteada, Kiarostami no la desarrolla ni la explora, sino que sigue dando vueltas sobre lo mismo durante el resto del metraje. El efecto mágico obtenido en la cafetería se diluye y todo se torna repetitivo y forzado: la nueva idea surgida de esa secuencia está tan mal hilvanada con la tesis inicial del original y la copia, que las reflexiones sobre la duplicidad de la realidad amenazan con convertirse (por capricho del autor más que por necesidad conceptual) en un estudio del hastío de la pareja. Por allí surge el parentesco de este Kiarostami con Antonioni, ensalzado por muchos, y a mi entender otro hándicap de un film que no necesitaba del maestro italiano para perder el rumbo y fracasar.

     Claro que éste es un fracaso de Kiarostami, no de cualquiera. Nadie niega que el iraní sepa de cine o tenga talento, y en su propuesta hay mucho más contenido que lo que habitualmente se ve en las pantallas montevideanas. Las posibilidades del tema eran infinitas, sobre todo después de la secuencia de la cafetería, en que la ficción comenzaba a alimentarse de sí misma. El juego de espejos estaba servido, y Kiarostami de a ratos parece recordar que está haciendo cine, y no una tesis doctoral. Por eso saca de la galera muchos planos que no tienen desperdicio, utilizando cuanto vidrio y espejo tiene a la mano: algunos simplemente reflejan, otros capturan dentro a los personajes, y en un alarde de sutil inteligencia inventa uno memorable, donde el reflejo de Binoche en un espejo, en medio de un almacén de antigüedades, la termina convirtiendo en una propia obra artística de colección. Pero media docena de espléndidos planos, una secuencia mágica y una idea inicial provocativa no hacen una gran película. Lo que posibilitan es un nuevo alarde intelectual de un cineasta con talento pero desmesuradamente “inflado” por ciertos festivales. Y los que dicen que éste es un Kiarostami diferente deberían rever el concepto. El de Copia certificada es el mismo Kiarostami, el hombre preocupado por un discurso de corte elitista sobre los dobleces entre realidad y falsedad,  tema fundamental de películas anteriores como Primer plano (su mejor film), Y la vida continúa, A través de los olivos, El sabor de la cereza y la insoportable, pedantesca Cinco. Quizás se europeizó y cambió las formas, quizás Juliette Binoche aporta a Copia certificada un toque comercial que no existía en el anterior cine del iraní, pero Kiarostami y su propuesta siguen siendo los mismos, y no me terminan de convencer.           

    

            

                    

 

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