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Colección de incertidumbres Por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 19 jul. 2012 10:10 por Semanario Voces

 

 

 
Verdad y demostración

Mientras veía La colección, la obra de Pinter que, dirigida por Alberto Zimberg, va en la Sala Dos del Circular, venían recuerdos de otro tipo de creaciones con alguna similitud en lo formal: la novela de Guillermo Martínez Crímenes imperceptibles y su traducción al cine un tanto fallida como Los crímenes de Oxford, dirigida por encargo por Álex de la Iglesia; algunos cuentos de Borges, como La muerte y la brújula; o el cuento de Akutagawa En el bosque, también llevado al celuloide por Kurosawa como Rashomon. En la novela de Martínez y su versión fílmica sucede un homicidio, luego una serie, y el punto es tratar de reconstruirlos, y las interpretaciones de esos hechos varían, a veces radicalmente, según cambian los móviles o aparecen nuevos datos. Algo similar pasa en La muerte y la brújula de Borges, al punto que quien reconstruye, para darle sentido, una serie de crímenes, se vuelve víctima de su propio deseo de encontrar sentido al primer homicidio. Quizá sea más conocida la película de Kurosawa sobre el cuento de Akutagawa, donde varios testimonios incongruentes dan cuenta de una muerte, haciendo imposible encontrar la “verdad”.

“Hay una diferencia entre la verdad y la parte de verdad que puede demostrarse” dice Seldom, uno de los matemáticos protagonistas de Crímenes imperceptibles, “ése es en realidad un corolario de Tarski sobre el teorema de Gödel […] Por supuesto, los jueces, los forenses, los arqueólogos, sabían esto mucho antes que los matemáticos. Pensemos en cualquier crimen con sólo dos  posibles sospechosos. Cualquiera de ellos sabe toda la verdad que interesa: yo fui o yo no fui. Pero la justicia no puede acceder directamente a esa verdad y tiene que recorrer un penoso camino indirecto para reunir pruebas: interrogatorios, coartadas, huellas digitales… Demasiadas veces las evidencias que se encuentran no alcanzan para probar ni la culpabilidad de uno ni la inocencia del otro. En el fondo, lo que demostró Gödel en 1930 con su teorema de incompletitud es que exactamente lo mismo ocurre en la matemática”.

 

“¿Pasó, o no pasó?”

En la colección no hay un hecho se sangre, pero sí es posible que haya ocurrido un adulterio, por supuesto que los únicos que realmente saben si esto pasó son los protagonistas del mismo, Stella y Bill. La obra comienza con el obsesionado intento de James, esposo de Stella, de encontrarse con Bill para recriminarle su acción, confesada por Stella. En el medio quedará Harry, suponemos que pareja de Bill, quien junto con el público se enterará del supuesto adulterio. En realidad el punto en cuestión uno lo sospecha, pero tienen que transcurrir varias escenas antes de confirmarlo, para luego encontrarse con que nunca terminamos de confirmar nada. Bill a veces acepta el relato del adulterio tal como lo cuenta Stella según James, por otros modifica detalles, mientras que otros momentos directamente niega los hechos, apenas sugiere que lo “imaginaron”

Lo aséptico de la blanca escenografía combinada con las luces azules tiene su punto culminante con el “estéril” gato de Stella, hay algo como sin vida en la pulcritud en que viven los personajes en esta versión de Zimberg, potenciada por la música digital, por momentos cercana a la llamada “funcional”. La continuidad de los espacios en una sola escenografía parece acentuar esa esterilidad homogénea en que viven los personajes, y también acentúa cierta simetría, que en definitiva quita importancia al hecho en sí, a cualquier hecho en sí, mientras se mantenga ese orden neutralizado de avatares más carnales, más cotidianos. Poco a poco el hecho entonces queda en segundo plano, y entran a jugar, levemente sugeridos en los diálogos, envidias profesionales, cuestiones de “status”, etcétera. En definitiva el hecho podría ser una mancha en la reputación de Bill y Harry, uno supone importantes diseñadores y productores del mundo de la moda, mientras que Stella y James apenas tienen una boutique, según se sugiere en un momento en la obra. Harry rebaja a, o recuerda la bajeza de, según el punto de vista, su propio compañero para salvar el orden pulcro en que se mueven, comparándolo, como a toda esa gente de barrio, muy simpática si se queda en donde debe pero muy “desagradable” cuando sale de su contexto, a una babosa, por más que, como Bill, sean brillantes. El clasismo de ese mundo de la moda, por momentos puede recordar al de la película El hombre de al lado de Gastón Duprat & Mariano Cohn. En nuestro medio, uno que no conoce el mundo de la moda, ese clasismo lo puede ver en las tardes de la tele, en las mañanas de AM de prestigiosas radios, o en algunas notas de la prensa grande.

Lo único que no logra completar la unidad en esta versión de Zimberg es el trabajo del elenco. Quizá uno haya quedado demasiado condicionado por el trabajo de Anthony Fletcher con Traición del mismo Pinter, y pida en un espacio reducido un trabajo de baja intensidad de los actores, más “natural” por llamarlo de alguna manera. De todas formas esa no es la característica de Zimberg, que sin embargo dentro de una convención determinada por la que opta suele lograr resultados unitarios, homogéneos, muy eficaces para comunicar lo que él desea. La presencia, el andar de Paola Venditto, con su por momentos abigarrado vestuario, aporta la sensualidad que necesita su personaje. En particular realiza una gran labor Sebastián Serantes como Bill, ambigüedad, sensualidad e ironía son algunos de los aportes con que Serantes acertadamente carga al personaje justamente más ambiguo de la obra, y lo hace con pequeños movimientos, con pausas y gestos que comunican bastante más que las palabras. El resto del elenco no siempre se ajusta para terminar de redondear un trabajo que logre esa unidad estética tan característica de los trabajos de Zimberg.

 

 

La colección. Autor: Harold Pinter. Dirección, traducción y versión: Alberto Zimberg. Elenco: Paola Venditto, Sebastián Serantes, Gustavo Bianchi, Oliver Luzardo.

 

Funciones: viernes y sábado 21:00, domingos 19.30. Teatro Circular (Rondeau 1388). Tel.: 2901 5952. Entradas: $ 170 (viernes) y $ 200 (sábados y domingos).

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