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Con Anthony Fletcher por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 13 dic. 2013 2:25 por Semanario Voces


 

“Hay muy pocas cosas que se traten de cómo es hoy en día ser montevideano”

 

El año que viene se van a cumplir veinte años de la primera vez que Anthony Fletcher visitara nuestra ciudad. En 1994 llegó para dirigir una versión de La tempestad de William Shakespeare y de El montaplatos de Harold Pinter. Pero Anthony llegó “sin hablar ni una palabra en español”. Aquellas versiones eran en inglés, con un grupo que desde “la rubia Albión” traía el Anglo para hacer versiones de espectáculos en la lengua de Shakespeare.

 

Fletcher hizo amigos, aprendió el idioma, entabló una relación, y siguió viniendo a Montevideo, hasta que en el 2009 pudo montar una versión de su obra Pelea de osos, que tradujera junto a Ana Pañella, quien también la protagonizara. El trabajo de Fletcher llamó la atención de El Galpón primero (dirigió Traición de Pinter en el 2010) y de la Comedia Nacional después (en 2012 se encargó de la versión de Harper, de Simon Stephens). Así llegamos a un 2013 que lo encontró al frente de cuatro espectáculos: Invierno de Jon Fosse, Molly de Brian Friel, Ellos de creación colectiva y dramaturgia del propio Fletcher y El otro lado de Ariel Dorfman. Sobre cómo han sido los procesos de estos espectáculos, y sobre su visión acerca de nuestra escena y nuestra ciudad conversamos con el director en su casa ubicada en el centro del Barrio Sur.

 

 

En el 2009 cuando hablamos por primera vez estabas unos meses acá y otros en Inglaterra, pero este año te instalaste acá.

 

Fue así: en 2010 viajé para hacer Traición, y en 2012 vine para hacer Harper, después estuve tres o cuatro meses en Inglaterra y volví hace un año más o menos y estuve todo el año acá, trabajando. En los últimos dos años pasé mucho más tiempo acá que en Inglaterra.

 

En Traición lograste trabajar en un registro con los actores muy natural ¿Cómo fue el trabajo?

 

Creo que había una ventaja con esos actores y es que al menos Pablo (Dive) y Claudia (Trecu) nunca fueron muy protagónicos en los trabajos de la institución, entonces estaban muy abiertos a hacer cualquier cosa. No tenían mucha resistencia y estaban entusiasmados en hacer un proceso nuevo y también en tener roles que eran importantes. Pasa mucho en esta ciudad que se dice “tal actor es así” y punto, se etiqueta, y yo entonces dudaba, por ejemplo, de si Pablo podía hacer a un inglés adinerado, pero entrábamos y jugábamos y rindió.

 

Traición tenía algo que ya estaba en Pelea de osos, que es trabajar sobre el límite entre la mentira y la verdad, mucha gente salía de la obra sin estar segura de que había pasado realmente.

 

Si, la ambigüedad es muy interesante, porque las preguntas son más interesantes que las respuestas, un poco es eso. La obra genera esa interacción con el público, desarrolla ese vínculo y hay que ubicarlo y sacarlo. Yo no quiero ir a ver algo que ya se sabe como es, yo quiero ir a ver algo que me provoque a pensar y reflexionar.

 

Algunos espectadores se van algo frustrados de este tipo de espectáculos porque sí buscan algo más digerido.

 

Si, en eso Montevideo es una ciudad rara porque de un lado tenemos público que tiene interés por esas búsquedas pero como es una ciudad no tan grande, ese público es limitado, ese núcleo puede ir a ver la obra, pero los demás todavía como que no entran tanto en el juego. Creo que pasó algo de eso con Harper, no sé si el público entró tanto en el juego de la obra.

 

En Harper había muchas referencias a la situación social y cultural de Inglaterra, cosmopolitismo, diversidad étnica y cultural.

 

Ese texto no lo elegí yo, fue Mario Ferreira quien me lo ofreció, pero era algo que me interesaba mucho. Yo fui a ver la versión original de Harper entonces cuando apareció esa posibilidad me interesó mucho hacerla, y hacerla acá. Y tiene que ver también con Ellos, por ese choque cultural en donde Montevideo está al borde de lo que es una ciudad moderna, y no, y había reacciones fuertes en Harper, hubo gente que salió enojada, diciendo que era una obra nazi, que no lo es.

 

Para nada

 

Pero ves que hay una cosa como de una sociedad que está en un proceso, como toda sociedad, de enfrentarse con el intercambio de culturas, hay algo como desfasado ahí en comparación con los países europeos. Y los temas que Stephens está explorando ahí, el racismo, las culturas distintas que se integran, es algo que ustedes no han tenido que enfrentar por años, desde 1900 o algo así, y ahora creo que está pasando, fue lo que también trabajamos en Ellos y ¿cómo reacciona la sociedad uruguaya a eso? Es muy interesante.

 

Una cosa interesante que sucedía en Harper es que los jóvenes estaban más preocupados por la moral que los adultos.

 

Si, Stephens es un autor fuerte, y como muy moral, es el tipo de escritor que cuenta historias que son terribles, pero abajo de eso hay una investigación muy fuerte de donde está el nivel moral.

 

 

“en La Sala de Las Piedras hubo muy buena onda con la gente y estuvo lindísimo, y con un autor que todos en Inglaterra dicen “¡No se puede hacer! ¡Fosse es muy difícil!” y sin embargo en Las Piedras estuvo buenísimo, con un público no habituado al teatro”

 

 

En Fosse, en obras como Sonata de Otoño y El hijo, hay una búsqueda de un principio moral, un rastreo de la culpa que parece perseguir a los personajes, algo bastante nórdico, al manos que recuerda a Bergman, Strindberg, incluso a un provocador como Lars Von Trier (Fletcher nos remite a Kierkegaard). Vos hiciste Invierno de este autor, que en Montevideo no deja de ser un autor extraño.

 

En Inglaterra no les gusta nada, Stephens tradujo una obra que se hizo en allá y anduvo mal, se hicieron tres obras de Fosse en Inglaterra y siempre le ha ido mal, no gusta nada. A mi lo que me gusta de Fosse, más allá de los temas, es la forma de escribir, escribe como la gente realmente habla, es muy difícil hacerlo, pero son conversaciones “hiperreales” digo yo, con frases que no terminan, diálogos que se entrecortan, y así es cómo nos comunicamos realmente, y capturar eso, incorporarlo al hilo de una historia que se está contando es muy difícil y es un placer trabajar con eso, y un desafío también. Y realmente Invierno es como muy graciosa, porque todos dicen que Fosse es muy depresivo, pero Invierno es una obra que hace reír mucho, y para mi es muy particular porque estos personajes muy locos reflejan este momento muy particular, donde las reglas no son muy fijas. ¿Donde está la moral? En ese vacío estamos perdidos, sin saber qué está mal, qué está bien y él entra en ese terreno y es muy interesante.

 

¿Y acá hay público para Fosse? ¿Cómo les fue?

 

Hicimos tres tipos de funciones, primero con Margarita Musto hicimos  una mini gira, fuimos a Libertad, a Las Piedras, y eso fue fascinante, porque iba gente que nunca va al teatro y se engancharon, eso fue en octubre y noviembre pasado. Muy lindo proceso, en La Sala de Las Piedras hubo muy buena onda con la gente y estuvo lindísimo, y con un autor que todos en Inglaterra dicen “¡No se puede hacer! ¡Fosse es muy difícil!” y sin embargo en Las Piedras estuvo buenísimo, con un público no habituado al teatro. Después la hicimos en el Circular, y estuvo muy bien, y por último en la sala Bosch.

 

 

 

“hablando con los peruanos y otros inmigrantes me decían que los uruguayos no son, una palabra que aprendí hablando con ellos, “acogedores”, no son así”

 

 

Lo primero interesante de Ellos es que habla de las dificultades de integración de los inmigrantes, siendo vos inmigrante. ¿Cómo has sentido la integración al medio teatral montevideano?

 

Yo no puedo decir que me integré mal, estoy trabajando bastante. Es un medio raro, y en ese sentido ha sido interesante estar trabajando acá un año, es realmente estar trabajando en el medio en lugar de ser un visitante como estuve antes. Y este año todos me llamaron para hacer algo, pero el año que viene ya no voy a hacer nada, eso no tiene que ver conmigo, ni de donde soy, es que es así el medio.

Otra cosa que me llamó la atención, todas las personas del medio fueron a ver Molly, pero muy pocas fueron a ver Ellos, ¿Y porqué es eso? No entiendo cual es la lógica, ahí no se, ¿estás integrado? ¿No estás integrado

 

¿Y en general en la ciudad como te has sentido? ¿Te dicen gringo?

 

Si, si... realmente es interesante, y de ahí surge mi idea de hacer Ellos, caminando y viendo africanos, asiáticos me preguntaba ¿de donde son? ¿Qué están haciendo? Y siento que es difícil la sociedad montevideana, no integra totalmente a los extranjeros, hay bastante resistencia. Es difícil acusar, quizás sea siempre así ser inmigrante en cualquier lugar, puede que sea solo eso, pero hablando con los peruanos y otros inmigrantes me decían que los uruguayos no son, una palabra que aprendí hablando con ellos, “acogedores”, no son así. Ustedes no están acostumbrados a tener extranjeros, entonces hay una resistencia. No es violenta la resistencia, pero existe.

 

Con los inmigrantes latinoamericanos, y en especial los de origen andino, hay muchísimos prejuicios, y eso se ve en la obra.

 

Si, si, y fue muy interesante el proceso de los actores, porque yo entendí que para que funcionara la obra los actores tenían que entrar y descubrir ellos mismos esa realidad. Entonces la investigación fue casi toda de parte de los actores, y al principio muchos decían “no sé si hay tantos inmigrantes, no se si ese tema existe” y después de hacer el trabajo se dieron cuenta que sí. Fueron los actores quienes fueron armando las historias, contando cosas, entonces es bien claro que esa tensión existe en la sociedad, si vas a buscarla, sino la vas a buscar no la vas a ver.

Y hablamos en el proceso con organizaciones como Cotidiano Mujer, entre otras, y ahí fuimos integrando de todo. En Inglaterra hemos hecho todo ese proceso y seguimos haciéndolo, con los inmigrantes de India, del Caribe, de Pakistán, y ha sido un proceso largo, complicado. Y la idea es plantear que eso también está pasando acá, uno puede darse cuenta o no, pero está pasando. Lo fascinante para mí al final era la reacción del público, era impresionante, fue exitosa la obra, estuvo todo el año en cartel, fue mucho público a verla, y eso es interesante porque creo que hay un hambre como de saber y de sentir de estas cosas. No se si el teatro uruguayo se interesa mucho por esas historias.

 

Aparte nosotros tenemos una tradición teatral que incorporó hasta el lenguaje de los inmigrantes a principios del siglo XX. Y sin embargo ahora es como que eso no se viera.

 

Y es fascinante, nosotros hablamos del texto Babilona (de Armando Discépolo), que yo no conozco tanto, pero dije, “esta obra (Ellos) no puede ser naturalista, porque no hay actores peruanos, no hay actores negros” y si quiero contar la historia de esos personajes con actores uruguayos no puede ser naturalista.

 

A diferencia de otros trabajos aquí los actores presentaban a los personajes de manera más exterior, incluso el que las historias se fragmentaran en escenas muy breves hacía que nunca pudiera realmente el actor involucrarse con el personaje.

 

Si, muy brechtiano, eso fue a partir de esa realidad. Yo también quería hacer el proceso de investigar una forma de escribir teatro como cine, eso era parte del proyecto también, y por eso las escenas cortas, y ver cómo funciona. Y realmente con algunos actores no se pudo, decían que había mucha cosa, que la gente no iba a seguir que el personaje de Martín Castro era un nigeriano, pero funcionó, y eso es fascinante, y esa es una de las razones por las que estoy acá, porque me da la oportunidad de hacer algo así.

 

 

“Montevideo es una ciudad en que a veces hay más obras en cartel que en una ciudad como París, pero ¿cómo funciona eso? ¿Es para la gente que vive en el centro y en Pocitos o es para todos?”

 

 

Molly salió de gira por los barrios ¿Cómo les fue con esa gira?

 

Yo leí una entrevista a Roberto Suárez, a quien respeto mucho como persona y como artista, en que decía que no hay que salir por los barrios, que hay que traer a la gente a los teatros. Yo creo que en esta sociedad es muy importante que las instituciones hagan el esfuerzo por salir de un medio que es demasiado cómodo, demasiado chico, en que todo el mundo se conoce, y tomar el riesgo de ir a lugares en que no se sabe como se va a reaccionar. Y sobre todo la Comedia con obras difíciles, una obra como Molly que generaba miedo dentro de la Comedia porque se decía que era demasiado larga, demasiado difícil, que la gente se iba a aburrir, y no, ¡justamente las cosas difíciles son las que hay que llevar! Sobre todo la Comedia que tiene la capacidad de hacerlo bien, y era como sorprendente y lindísimo. A veces había demasiado público. Creamos la obra para que la vieran solo 50 o 60 personas, y fuimos a lugares en donde había doscientas personas, ¡gente que estaban esperando una hora! (risas) y funcionaba. Y eso hay que hacerlo, si bien hay una parte de la izquierda que habla de la impotencia del arte, yo creo en que sí genera cosas el arte, y hablé con personas que no iban al teatro y se arrimaban y decían ¡muy bien! Y creo que la Comedia lo tiene que hacer mucho más, tiene que ir a los barrios, tiene que ir e involucrar a la gente.

Porque, por otra parte, el teatro es muy fuerte acá, pero también muy pobre. El rol del teatro en la sociedad es algo que hay que investigar. Montevideo es una ciudad en que a veces hay más obras en cartel que en una ciudad como París, pero ¿cómo funciona eso? ¿Es para la gente que vive en el centro y en Pocitos o es para todos? Y eso implica niveles de educación distintos, eso es interesante investigarlo.

 

Pasemos a El otro lado, que es una obra complicada, Dorfman nació en Argentina pero es chileno, que por el golpe de Pinochet se exilia en EE.UU. Y escribe en inglés, en particular esta obra se escribió para que se estrenara en Japón, la pregunta ¿de donde es? involucra directamente al autor y a la obra más allá del tema.

 

Si, esa fue otra vez fue una propuesta del Galpón, me interesaba hacer algo que no fuera de un británico. Y no sé que pienso de Dorfmann. Vive en EE.UU, es profesor de una Universidad, tiene una vida muy linda, pero también es como un luchador de la izquierda supuestamente. Tiene como muchas contradicciones, y vemos eso en la obra, la obra no es contundente, tiene como hilos que se van a todos lados, no siempre tienen sentido, para mi la obra es como una montaña rusa, entrás, vas, no sabes donde vas a llegar.

 

A mi me pareció que podía cambiar mucho la percepción según la platea, si el humor llega al público podía resultar algo muy divertido, pero el día que me tocó verla fue más bien dramático el ambiente.

 

Si, en otras noches hubo mucha risa, en toda la parte de la frontera y el pasaporte para cruzar la casa la gente se reía mucho, pero no sé. Y no sé si hay tanto público para obras que son reflexiones sobre la realidad de lo que pasó en América Latina, creo que hay un poco de resistencia a eso, pero no sé.

 

La reflexión sobre el pasado reciente de parte de los dramaturgos más jóvenes es algo más bien de estos últimos años, gente de la generación de Gabriel Calderón o Santiago Sanguinetti ha empezado a tocar esos temas hace no mucho más de tres años.

 

Guillermo Calderón en Chile también, Lola Arias en Argentina, creo que hay una generación ahora que surge que no estuvo tan directamente involucrada que miran al pasado para preguntarse ¿donde estamos? Porque hay que mirar al pasado para contestar eso. Pero es como raro, porque yo tengo la sensación de que las problemáticas más actuales no se investigan tanto. Para mi era muy interesante hacer Ellos y plantear “estas son las realidades de hoy que hay que abordar políticamente”, y el medio no se interesa tanto. Yo respeto mucho lo que hacen Gabriel y Santi, pero al mismo tiempo es otra forma de no mirar lo que está pasando hoy.

 

Tampoco vemos en las tablas la fractura social de la que se dice que es nuestra gran problemática hoy día.

 

Hay muy pocas cosas que se traten de cómo es hoy en día ser montevideano, sobre todo no del medio teatral, y eso me sorprende un poco. Y hay un problema que es similar al de Ellos, faltan actores que vengan de esos lugares para representarlo de forma más o menos natural. Hay gente que no tiene ni idea de cómo es vivir en las afueras, ni idea.

 

Justamente la obra más efectiva que se acerca a la temática de los “planchas” y que hace años está en cartel, Rescatate, está escrita por Gustavo Bouzas que es de Villa Española, de un barrio de las afueras, y conoce cómo son los personajes de su obra. Y va mucha gente a ver Rescatate.

 

¿Ese público también va a ver cosas de la Comedia o de El Galpón? ¿Es el mismo público?

 

No, no, es otro público, pero la obra tiene ocho años en cartel.

 

Eso demuestra que esa gente va al teatro, los teatros tienen que descubrir la forma para que vayan, no están haciendo cosas que le interesen a ese público.

 

¿En que trabajas cuando vas a Inglaterra? ¿Seguís escribiendo para TV?

 

No, tengo vínculos con varios directores, escribo cosas, hay un par de cortos que se hicieron el año pasado que ganaron algunos premios. Realmente la vida de ser guionista es particular, puedes estar 25 años bajo tierra y después subes un día y estás allá arriba. Y sigo por ese camino, salió una película mía el año pasado, una versión de La tempestad de Shakespeare, mezcla de documental y drama, hecha en un barrio de Londres con chicos de entre 16 y 22 años y está girando en varios festivales. Tengo esa carrera en paralelo.


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