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Con Sebastián Barrios Por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 17 abr. 2012 6:35 por Semanario Voces
 

“si el espectador no se identifica de alguna manera con lo que sucede, o si lo que hacés es violentar al pedo al tipo que pagó una entrada, no vuelve más”

 

 

El instrumento es el nuevo espectáculo de Sebastián Barrios, un joven actor, director y dramaturgo que se ha venido destacando en la creación de espectáculos cercanos a una estética realista, en algunos casos poniendo sobre el escenario a los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad. Con la excusa de su última obra conversamos con él sobre sus últimos trabajos y sobre su concepción del teatro.

 

 

 

En tus últimas obras, El instrumento, El capricho de mi madre, Migajas (reescritura de El desalojo de Florencio Sánchez), también en Huérfanos, aunque allí los personajes eran más bien arquetípicos, da la sensación de que estás por un camino que intenta reflejar la realidad, que intentás poner personajes reconocibles en el escenario ¿Es así?

 

En realidad tiene que ver con la concepción de uno del teatro y qué es lo que uno espera que suceda en el teatro. Creo que independientemente de los caminos que se elijan para contar una historia, siempre el espectador se va a identificar en la medida de que lo que vea lo pueda “leer”. Muchas veces pasa que vas a ver un espectáculo y en realidad al director no le interesó nada realista, hizo una puesta muy rebuscada y el espectador se sienta y en diez minutos se aburrió, porque no encuentra nada que lo pueda relacionar con su propia historia. Por un lado tiene que ver con eso y por otro lado ha tenido que ver con un camino paralelo que he venido transitando que tiene que ver con la dirección de actores. Creo que también el realismo permite ver determinados contenidos que a mi me interesan, el actor como un ser orgánico, como un creador, creo que esos contenidos se ven más claros en la medida que uno trabaja, al menos en mi caso, la poética realista.

 

En Huérfanos, que giró por el interior antes de llegar a El Galpón, había un trabajo en donde el actor creaba no solo a su personaje sino al espectáculo en sí.

 

Era bien puntual porque tenía que ver con creación y puesta en escena, el premio del MEC y había que pensar además, como habíamos elegido hacer la gira por localidades muy chiquitas, en un teatro que tuviera algo más de popular, más cercano. La historia había nacido a partir de improvisaciones, de noticias de distintas localidades y estaba destinada a ese público puntual. Además ese espectáculo lo dirigía Bernardo Trías, no yo, y fue una gira increíble, la gente se conmovía mucho. Por ejemplo en Achar, un pueblito a unos pocos kilómetros de San Gregorio de Polanco, llegamos y había terrible tormenta eléctrica, la íbamos a hacer en un club donde no había nadie. Y se nos ocurrió salir con parlantes, invitar a todos los vecinos, fuimos a las casas y llenamos el club con niños, se hizo una función para niños, yo dije “Dios mío” (risas). Porque en los niños no tienen censura, sino les gusta se siente, y Huérfanos no es una obra para niños, pero disfrutaron a morir, todo el tiempo intervenían, luego que terminó nos invitaron a comer y los gurises nos rodeaban, fascinados con la historias y los personajes.

 

Migajas tiene cosas en común con El instrumento, de ambiente, con algunos personajes casi marginales.

 

Migajas surge como un trabajo de reescritura y resignificación de una obra de Sánchez en el año del centenario de su muerte. Y en la medida que empezás a trabajar para montarlo te empezás a dar cuenta de las carencias que tiene el texto y creció un montón en el proceso. Creo que igual tienen diferencias, en El instrumento se trabajó mucho más en el vocabulario, en Migajas no, y era por una elección, tenía que ver  de qué manera podía hacer hablar a esos personajes sin caer en la caricatura, en su momento creo que no supe de qué manera. Igual en El instrumento traté de que no hubiera un exceso, pero creo que logré acercar mucho más el vocabulario a esa realidad, sin intelectualizarlo, que muchas veces pasa.

Sí son temas que me preocupan mucho, el tema de la educación, a todo nivel. Me doy cuenta a veces que se desconocen las realidades, hay críticos que entendieron que el gurí (el protagonista de El instrumento) se drogaba, cuando en realidad la droga es la mediación psiquiátrica, o sea, se desconoce la realidad de muchos niños y adolescentes de nuestro país que realmente no la pasan bien. Yo trabajé como docente de teatro en un proyecto lúdico terapéutico en una zona de contexto crítico con chicos con patología psiquiatrita y veía que en realidad no se hacia nada por los guachos, que lo que interesaba era el negocio que giraba en torno a ellos. Cuando uno empieza a ver que en realidad la institución es un depósito la cosa se complica, porque además están jugando con la miseria de mucha gente.

 

En El instrumento aparece la movilidad social hacia abajo por decirlo de alguna manera, se ve la fragilidad de una familia de clase media que se tiene que mudar y no se termina de adaptar a su nuevo entorno.

 

Yo tenía el texto, que es un límite, para mi el texto es la puntita del iceberg, todo lo demás es el laburo del actor. Mi poca experiencia me demostró que siempre que pensé en una puesta me fue horrible, porque es pretender que el actor llegue a un lugar que es el mío, y yo como director no tengo que imponer, hay que respetar el lugar del actor y entender que es un creador, que es un ida y vuelta, y que hay cosas que el actor me va a dar que yo no las vi, y hay que estar abierto a que esto suceda. Por ejemplo lo de la simultaneidad de espacios que se da en la obra surge de las condiciones de trabajo, de lo pequeño de la sala. Y me pareció interesante porque creo que la puesta muestra que independientemente de la formación que puede tener uno, de las cosas que uno va adquiriendo en su vida, de las mayores posibilidades que tuvieron algunos, que es lo que los diferencia, todos los personajes hacen más o menos lo mismo en su vida, en su casa, las personas no son tan distintas en realidad.

 

Rescatate lleva mucho público a las salas desde hace años, Snorkel se repuso hace poco y llenó la sala todo el año pasado, El instrumento está llenando también. Las tres están en cartel y tienen algunas cosas en común, por ejemplo el que aparecen personajes marginales, el intentar reflejar algún aspecto de nuestra realidad ¿Qué te parece eso?

 

Y además son obras muy distintas ¿no? Cuando aparece la llamada dramaturgia emergente surgieron muchas propuestas, algunas que siguen y otras que no. Y pasaba que en esas primeras experiencias, y me incluyo, se quería poner todo en escena, y transgredir. Hubo toda una movida más como experimental, y creo que si el espectador no se identifica de alguna manera con lo que sucede, o si lo que hacés es violentar al pedo al tipo que pagó una entrada, no vuelve más. También pasaba que por muchos años el teatro se preocupó por contar historias de otros lugares, ahora se están contando historias que tienen que ver con nosotros y creo que eso está acercando mucho más al espectador al teatro.

 

El instrumento. Texto y dirección: Sebastián Barrios. Elenco: Alicia Alfonso, Cristian Amacoria, Lucía David De Lima, Silvia García, Nadina González Miranda, Gisella Marsiglia y Elizabeth Vignoli.

 

Funciones: sábados 21:00, domingos 19:30. Sala Cero del Teatro El Galpón. Entradas: $ 200.

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