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Denevianas por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 14 may. 2011 14:32 por Semanario Voces


“no darse cuenta de lo que está pasando alrededor tuyo es un acto inmoral”

 

Tiene tres obras en cartel (Las conquistas de Norman de Alan Ayckbourn, Busco al hombre de mi vida, marido ya tuve de Daniel Di Segni y Cómo evitar enamorarse de un boludo de Marcelo Puglia), en días van a ser cuatro (con el estreno de El hábito del arte de Alan Bennett), y en meses seguramente cinco, desde que la Comedia Nacional presente El inquilino. Sin duda Jorge Denevi es uno de los directores más activos de nuestra ciudad. La obra que resultó de excusa para el encuentro fue Las conquistas de Norman, una obra que apunta para comedia, pero que si uno de verdad presta atención a las peripecias de los personajes es trágica, pero que además “dice” mucho desde lo formal, hasta las formas tienen un mensaje, que por supuesto no tiene nada que ver con un manual de Afanasiev. Pero los mensajes importantes aquí son los de Denevi, así que con algunos de estos los dejamos.

 

 

La primera vez que dirigiste una obra de Ayckbourn fue a principios de los ochenta ¿no?

 

Si, se llamaba Bedroom Farce, nosotros le pusimos Dormitorios, después hice Pantuflas, Cómo lo hace la otra mitad… hice siete en total antes de estas tres, o sea que llevo diez obras de Ayckbourn, mi fidelidad al autor no es comparable con mi fidelidad hacia mis esposas (risas).

 

El año pasado en tu obra autobiográfica Tardes enteras en el cine mencionás muchos dramaturgos y escritores, más que nada de habla inglesa como referentes, pero no aparece Ayckbourn. Quien sí está, y me llamó mucho la atención la evocación constante al poema Aullido es Allen Ginsgerg ¿Ayckbourn apareció después?

 

El tema de Aullido es que yo nací al arte con varias cosas, pero violentamente nací con la generación beatnik, no con la generación hippie, que para mi es una estafa que hizo el sistema sobre la generación beatnik, la manera que trató de mediatizarla, de que no continuara, y lo logró, con la burda farsa del hippismo. Farsa que continúa hasta hoy, a mí a veces me dicen, y no saben cuanto me hieren cuando lo hacen, “Ahh… sos de la generación hippie”. Siempre eso de amor y paz, como digo en mi obra,  me pareció una brutal ridiculez. Pero la generación beatnik tenía otros postulados, y ahí estaba Allen Ginsberg, y el que me pegó más en el momento fue Jack Kerouac, y toda esa gente para mi fue un despertar artístico fundamental. Ginsberg vino después, no conocí aullido en ese momento, pero sí me representó y me sigue representando ahora, es lo que siento. No era esa obra de la faceta en que podía aparecer Ayckbourn, además en una obra no puedo poner todo.

 

Lo que sí había, y eso se relaciona de pronto con el tipo de comedias que solés trabajar, es esa visión algo pesimista de las relaciones humanas, y sin duda Las conquistas de Norman es un ejemplo. Una de las virtudes de Ayckbourn en esta obra parece ser el servir en forma de comedia que hace reír bastante una visión de las relaciones humanas dura, que probablemente sea más eficaz servida así que si se presentara como un dramón.

 

El tema es que en Uruguay hay un malentendido tremendo con respecto a que lo artístico sino “parece” arte, sino tiene el rótulo “Arte” entonces no es entendido. El otro día leía una frase que me encantó respecto a los críticos, más que nada hacia los teóricos, a los que piensan alrededor de ese campo de la apreciación del arte, y referido más que nada a la música, al jazz, y decía “los críticos buscan o esperan algo nuevo en jazz, pero hasta para eso tienen un preconcepto, por lo tanto cuando aparece de verdad algo nuevo no lo reconocen”. A Ayckbourn en Uruguay siempre se lo tomó como a un autor para pasar el tiempo y sin embargo desde sus obras vemos a un individuo con una visión del mundo muy pesimista, muy difícil de tolerar de alguna manera, pero la pasás a las risas la obra. Me sorprendió que acá lo consideraran como un Neil Simon británico y en todos lados lo consideran como un Chejov británico. Pero el prejuicio en relación a la comedia no es solo uruguayo. No obstante en Norman pasó, con gran satisfacción para mí, que se reconoció que gran parte de la obra no es cómica, sino que las relaciones humanas en esta sociedad, y sobre todo la institución familia, están tratadas con crueldad, con decepción profunda, con tristeza, y en definitiva lo que está diciendo Ayckbourn es que esa institución en esta sociedad no funciona. Ahora, vos te reís, y bueno ¿porqué no reírte? Es la visión que tiene Ayckbourn del mundo, el dice, usando una frase de Chaplin, “la vida mirada de cerca es una tragedia, pero mirada de lejos para él es una comedia”.

 

Yendo más al aspecto formal, hablamos de tres obras pero en realidad lo que sucede en las tres es simultáneo, y perfectamente se podría haber escrito de forma cronológica y no así, en donde nunca acaparamos el “cuadro” completo, pero seguro que esto no es gratuito.

 

Lo interesante vista así, creo que es uno de los atractivos de la obra, es cómo tu te vas armando el rompecabezas, como si fuera Rayuela de Cortazar, de alguna manera te la vas armando entre lo que imaginás y lo que ves posteriormente y lo que se va revelando paso a paso, desde el punto de vista de la anécdota. Esa forma él la emplea en muchas de sus obras, tengo una obra que se llama House & Garden, que incluso la propuse al Galpón si había alguna dificultad con esta, y en esa las dos obras se hacen simultáneamente realmente, es decir, hay dos salas contiguas, una sería House y la otra Garden, los actores van de una sala a la otra y los espectadores ven solo una parte, si quieren ver la otra tienen que ir otro día. En otra de las obras, que se llama Sentimientos humanos, al final de cada cuadro se hace un sorteo con el público acerca de qué actitud va a tomar determinado personaje, una moneda al aire determina si un personaje hace tal cosa o tal otra… y así se van formando obras distintas. Hay que ensayarlas todas y se van dando distintas posibilidades, lo que implica, entre otros mensajes, cómo el azar influye en las decisiones de todos nosotros.

 

Una de las ideas que me quedaron, más allá de la temática, es que vas viendo recortes de la realidad claramente, cuando intuitivamente uno tiende a ver las cosas como un continuo, en esta obra se hacen recortes que uno va completando, pero es uno justamente uno el que va armando ese continuo a partir de recortes parciales de lo que “realmente” pasa.

 

El ve un recorte de la realidad, ve que nuestra realidad está fraccionada, nosotros vivimos de esta manera, no sabemos ahora lo que está pasando en otro lado, yo no sé si ahora en el ensayo que voy a tener están hablando bien o mal de mi, no se si están conspirando o no en contra de mi, pero si tuviéramos después la posibilidad de ver la escena como Norman sería muy interesante como visión “totalizadora” ¿no?

 

¿Cómo es para ensayar una obra así? Hay una percepción general de que como director lográs que los actores den el máximo de su potencial.

 

Primero que nada en el trabajo de dirección hay que profundizar muchos años para conocer en primer lugar a la obra como lo que tu tenés como idea general, pero mucho es también la relación que establecés con la gente que la va ha hacer. Es fundamental que esa relación sea, como fuera que sea, la adecuada para ese espectáculo. Yo no soy el mismo dirigiendo la obra que dirijo ahora que aquella otra, mis métodos sensibles de acercamiento intuitivos y/o pensados son completamente distintos. Yo represento imágenes diferentes, trabajo de maneras diferentes y todos los actores son diferentes. Y creo que ese acercamiento es particular cada vez, hay un momento en el cual hay que establecer reglas con las que vos tenés que movilizar al actor, la movilización del actor no es enseñable, vas viendo, y ahí es donde creo que he ganado en sabiduría con el paso de los años, de tanto dirigir al final uno aprende. Dirigir no es uno más uno igual dos, dos más dos igual cuatro, no, a veces es distinto y ahí tenés que representar roles, ver, y luego hacer un trabajo profundo, serio, y que el actor sepa qué está buscando verdaderamente, ahí rinde solo el actor. El director no es más que un colaborador del actor, no es el dueño, hay que entender eso, no es el tipo que dice “hay que hacer esto” y todos los demás tienen que obedecer, no debe ser así. Ahora, hay que establecer los roles con claridad y esa claridad de roles tiene que implicar claridad en lo que uno quiere de los actores.

 

Con respecto a las actuaciones hay límites difíciles en esta obra, uno está tentado a ver a algunos personajes como caricaturescos, si no fuera porque hemos visto personas reales muy parecidas…

 

El problema es que la gente es caricatura a veces, en las pequeñas cosas, en Japón vino un Tsunami y estoy seguro de que alguno estaba preocupado por salvar el televisor. De hecho no en Japón en otro lado eso lo vi por televisión justamente, y se murió, él y el televisor, entonces, es una tragedia, es espantoso, es doloroso verlo, y a la vez te preguntás ¿el tipo tenía en la cabeza lo que iba a pasar? ¿Sabe que todos nosotros nos vamos a morir? Esto me hace reír a mí, el tipo que guarda dinero, guarda dinero y compra propiedades ¿sabe que se va a morir? ¿Sabe que van a morir su mujer, su hijo? ¿Para qué esa necesidad de posesión? Esto es risible en el mundo de hoy y es lo que hace que Ayckbourn sea escéptico. Es risible directamente, “yo consumo lo que no necesito y estoy guardando lo que no voy a necesitar, comprando y ahorrando para morirme.”

 

Como que la lógica acumulativa del capital funcionara por sí misma y nos convirtiera en agentes a su servicio sin que siquiera fuéramos del todo concientes.

 

Lo que yo pienso, como pasa en Aykbourn, es que han diseñado nuestra vida y estoy en contra de ese diseño, ese diseño de vida que me dieron no funciona, de hecho no funciona, se cae a pedazos solo, vos lo vez, económicamente, moralmente, sensiblemente, este mundo se cae a pedazos y el que no se da cuenta es tarado, ya directamente me pongo agresivo con la gente que no se da cuenta de eso, ya pienso que no darse cuenta es un acto de inmoralidad, no darse cuenta de lo que está pasando alrededor tuyo es un acto inmoral, y hay que decirlo con todas las letras.

Tal vez el artista en todas las épocas ha tenido visiones negativas sobre lo que está pasando en el mundo, lo que pasa que hemos llegado a extremos, los extremos de “civilización y barbarie” que hay en el momento actual son realmente asombrosos y lamentablemente no hay un solo dedo que  se mueva para cambiarlo, sino que hay paliativos ridículos, esto es una realidad, y reitero, no reconocer esto es inmoral. No reconocer que en África se muere un niño por segundo por falta de alimentos y medicamentos que en occidente se tiran, no reconocer que solo en Las Vegas se consume más electricidad que en la mayor parte de África, no reconocer que se consume más agua en hielo para el whisky en los EE.UU que en la mayor parte de las aldeas de África donde con suerte tienen dos litros de agua por persona es inmoral.

 

Y esas contradicciones no son casuales, ya se ha hecho varias veces la cuenta de que si todos los habitantes del plantea tuvieran los mismos niveles de consumo que los EE.UU el planeta explota.

 

Claro, yo soy solo un director de teatro, no soy ningún economista, pero hace tiempo que vengo diciendo que esto va a explotar, esto tiene que explotar, pero el otro día en la conferencia de Davos el Secretario General de las Naciones Unidas hizo un discurso que leí en donde decía que este mundo va a explotar si las naciones ricas no hace algo, si no largan un poco el poder, un poco nomás, pero el discurso era tremendo, cosa que ofendió a las naciones ricas y supuestamente civilizadas. Y dijo que iba a explotar, hasta cuando se aguanta esto no se sabe, pero va a explotar. Ahora, yo lo leí en el New York Times, ningún diario de Uruguay publicó esa noticia destacada, prefieren decir que robaron una vieja en 18 de Julio que decir que el mundo se está cayendo a pedazos porque lo dijo el Secretario General de las Naciones Unidas, no Denevi que está loco ¿Cómo pasar por alto esas cosas? Bueno, la prensa maneja la mente de la gente, toda la prensa.

 

Yendo por ese lado, el 24 de abril se cumplieron 11 años de la muerte de Ángel Armagno, un tipo que muchos de los que tenemos treinta y pico recordamos con mucho cariño y que trabajó mucho con vos, no solo en la tele. El tipo falleció en Venezuela a donde se había tenido que ir porque acá no encontraba trabajo…

 

Si claro, textual.

 

Por otro lado el canal donde él trabajaba suplantó producciones nacionales con enlatados y retransmisiones de programas de otros países. Incluso trayendo sus productores y conductores como figuras estelares de “La fiesta de la tele” según crónica de Matías Rótulo publicada en Voces hace un par de semanas (Nº 292 del 14 de abril del corriente). Digo, más allá de valoraciones estéticas, aquellos programas como Plop, con directores, guionistas, técnicos y actores locales trabajando están en vías de extinción. ¿Cómo ves esa realidad televisiva?

 

Eso es el poder, y el poder no es el gobierno, que maneja con mano maestra todo lo que significa lo que se tiene que ver, lo que se tiene que oír, las noticias que se tiene que dar y hasta cómo, el poder está manejando todo lo que vemos, absolutamente todo. La mentada libertad de prensa es mentira, es una mentira creada y dicha tantas veces que al final la gente la cree, cree que estamos en libertad de prensa y no es verdad. Tú podés sacar Voces y decir cualquier cosa sobre quien quieras, muy bien, pero el dominio de los medios generales de información no los tenés, ni los vas a tener nunca. Cuando llegué a Paraguay por primera vez en plena época de Stroessner me sorprendió mucho el titular de un semanario que vi ni bien bajé del aeropuerto, decía “Stroessner dictador de mierda” y dije ¿Cómo? Y me explicaron que en realidad el semanario era de Stroessner y que a veces hacía que lo insultaran un poco para simular libertad de prensa. Y la Argentina está manejada desde los medios de poder, por gente que no conocemos pero que está construyendo un país de imbéciles, todavía no lo es, pero lo quieren transformar. Ese mensaje está pasado por el poder a nuestro país, acá los estúpidos que manejan los canales de televisión tienen esa visión de que es más barato y todo, pero en realidad es un manejo mucho más profundo del poder y de la mente de la gente, la mente de la gente está manejada. Cuando yo digo que tiene que haber censura, y reitero, tiene que existir la censura, significa “no tiene que existir la censura que nos están imponiendo”, es decir, yo digo que hay que censurar para que exista una anticensura, no a los programas imbéciles, a los manejos del poder. Y la fiesta de le tele me fijé que rating tuvo, 7,9, entre los más vistos ¿Porqué? ¿Qué es lo que ven? A gente anunciando desde el poder, con sus medios económicos, programas de otros países, porque de nuestro país no hay nada ¡Extraordinario! Llegamos al colmo que tiene buena audiencia una cosa que te produce programas argentinos, porque no nos hacemos hinchas de la selección argentina también, ya que estamos podríamos hinchar por Messi, yo prefiero ser hincha de Messi. Al fútbol no lo tocan porque también es instrumento que el poder usa para que la gente olvide, para que la gente cambie la realidad y hable sobre lo que no debe hablar. Fijate vos, antes había fútbol solo los sábados y los domingos, ahora hay todos los días, esta noche después del ensayo llego a mi casa, prendo la tele y tengo un partido para ver.

Te doy otro ejemplo de cómo el Imperio domina, si dudas, a todas nuestras cabezas sy sigue dominándolas. La otra vez agarré la revista del cable y me puse a contar las películas del mes en la letra A, doscientas cinco películas, solo en la letra A, las otras no las conté porque me da pereza, en doscientas cinco películas había ciento ochenta norteamericanas, o sea que tu, yo, el mozo y todos los abonados a una empresa de cable en el Uruguay estamos aportando a la industria cinematográfica norteamericana clase B, porque la mayoría de las películas que se ven son malas películas, ni siquiera digo buenas artísticamente, ese ya es otro cantar, buenas económicamente, son películas clase Z. Entonces nosotros estamos subvencionando a los actores norteamericanos, es eso lo que estamos haciendo, es muy simple.

 

¿Y ante este tipo de situaciones que debe hacer el teatro? ¿O qué hacer desde el teatro?

 

El teatro no molesta, es uno de los grandes errores de los actores en Uruguay, por ejemplo el creer que el teatro es el centro del mundo, y es una minúscula parte, el teatro no jode para nada, vos podés decir todo esto que te estoy diciendo ahora yo en un espectáculo, y pueden ir cinco mil militantes que rugen y saltan y decís “es un éxito brutal”, y son cinco mil personas mientras que un programa de mierda lo ven doscientos mil en una noche. Te dejan decir lo que quieras y te miran con un gesto de “pobrecitos, que revienten” ¿entendés? Esto es claro, no solo está la falta de trabajo sino que tampoco tenés los canales ¿Tú no has observado que hoy en día los diarios uruguayos cada vez dedican menos espacio a la producción nacional? Eso es una orden concreta, yo lo sé, en los diarios los tipos que hacen las páginas teatrales luchan, porque son concientes y buena gente en general, luchan por la producción uruguaya y la meten a fórceps, pero hay orden de que primero está que Penélope Cruz está embarazada.

 

O peor, hay que reseñar lo que pasó en el baile del caño la noche anterior.

 

Exactamente, y todo esto no pasa de casualidad, o porque le gusta a la gente, otra falacia terrible, “bueno, si la gente quiere eso”, alguien se arroga el derecho, mucho más que votando contra la ley de impunidad, de decir qué es lo que quiere la gente.

 

Volviendo al teatro, has estado con mucha actividad y en este momento tenés tres obras en cartel (Las conquistas de Norman, Busco al hombre de mi vida, marido ya tuve y Cómo evitar enamorarse de un boludo), y preparás un par más (El hábito del arte y El inquilino).

 

Si, pero pienso parar, pienso discontinuar la actividad como se dice ahora, que me da gracia. Una de las obras con que estoy es El inquilino de Gogol, en que dirigiré a la Comedia Nacional y se estrena el día del Aniversario de la Comedia, el 2 de octubre, y ahí voy a aprovechar para bajar un poco porque quiero hacer otras cosas que el teatro a veces no me permite.

 

¿Por ejemplo?

 

Por ejemplo estuve en una librería y vi la colección completa de En busca del tiempo perdido de Proust y la quiero comprar y leer, no tenía el dinero en ese momento peor lo voy ha hacer. Tengo algunos tomos, y la empecé a leer pero me di cuenta que es para leer de corrido, concentrado, y ahora lo quiero hacer. Onetti decía que era la gran novela escrita en el siglo XX, y esas cosas uno no se las tiene que perder, y a veces me las pierdo por estar haciendo teatro que también me apasiona, entonces bueno, vamos a dosificar un poco.

 

¿Escribir no?

 

No, no tengo esa capacidad de escribir bien, lo mío artísticamente está en otro lado, no tengo esa capacidad, me gusta escribir pero cosas muy breves y puntuales… no, no estoy muy seguro de eso… Prefiero leer, y hay gente que ha escrito mucho.

 

Borges decía que antes que buen escritor se consideraba buen lector.

 

Esa fue una de las cosas que siempre me sedujeron de él, decía “otros se vanaglorian de lo que han escrito, yo me vanaglorio de lo que he leído”, y me parece una buena actitud en relación con la vida. Así que voy a leer a Marcel Proust, a la mejor novela del siglo XX que ya lo sé por lo que ya leí, y pienso hacerlo pronto, porque me voy a ir dos meses para afuera, para la casa que tenemos en Valizas y me voy a llevar En busca del tiempo perdido y la voy a leer solo allá, sin que nadie interfiera, y eso es un momento artístico.

 


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