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De príncipes y despedidas Por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 17 abr. 2012 6:21 por Semanario Voces
 

 

 

Desde el título, Príncipe azul es un espectáculo que parece jugar de forma conciente con lugares comunes y convenciones, con “artificialidades” teatrales. De hecho Juan y Gustavo, los dos personajes de esta obra escrita por Eugenio Griffero, se “presentan” en dos monólogos.

 

Dice Patrice Pavis: “puesto que se supone que un hombre solo no habla en voz alta, toda representación de un personaje que confía sus sentimientos a sí mismo aparecerá fácilmente como ridícula, vergonzosa y en cualquier caso irrealista e inverosímil. Por ello, el teatro realista o naturalista sólo admite el monólogo cuando está motivado por una situación excepcional […] En los demás casos, el monólogo revela la artificialidad teatral y las convenciones del juego. Determinadas épocas, no preocupadas por una transcripción naturalista del mundo, se adaptan bien al monólogo (Shakespeare, el Sturm und Drang, el drama romántico o simbolista).

Claramente Griffero no estaba preocupado por una “transcripción naturalista del mundo” cuando escribió Príncipe azul. Más bien apeló a personajes bastante estereotipados para entretejer una cantidad de significados, de sensaciones, que se nos irán apareciendo un poco más claramente, solo un poco, cuando esos personajes se encuentren, cada uno con una visión del otro muy alejada de la esperada.

Juan, el personaje que interpreta Delfi Galbiati, es un actor decadente que trabaja en un cabaret a tono con su carrera, alcohólico, merquero, su vida se sostiene aferrada a la posibilidad de una mejora que más bien es reflejo de lo que “pudo ser”. En ese sentido aquella relación con Gustavo medio siglo atrás, cortada probablemente por “inmoral”, puede seguir siendo una tabla en el mar, un punto de apoyo. Cincuenta años antes habían quedado en volver a verse en una rambla que como ellos no es la misma, y a esa rambla vuelve también Gustavo, un juez con una vida más cercana a los cánones del confort burgués, pero desde la parálisis parcial que agrega Levón a ese respetable señor sabemos que algo no anda bien tampoco en ese personaje. De hecho él también vuelve a buscar algo allí, cincuenta años no han borrado la necesidad de reencontrarse con algo, con una imagen de sí mismo medio olvidada quizá.

El encuentro, que se demora lo suficiente para que los personajes se presenten mediante los mencionados monólogos, sorprende a ambos, pero el descubrir qué es lo que los sorprende, si es el otro o es el reflejo de sí mismos que les devuelve el otro es uno de los puntos interesantes del espectáculo. Y es la lectura sobre la que Daniel Spinno Lara parece interesarse más. La inseguridad y la esperanza cuando se está en el ocaso de la vida cargan al espectáculo de una emotividad muy especial.

Esta obra se estrenó en 1982 “en los históricos Ciclos de Teatro Abierto argentino de los años 80” según se indica en el dossier de la Comedia Nacional, agregándose que “significó en su momento un fuerte impacto porque eran tiempos donde hablar de libertad y amor entre personas de un mismo sexo, podía ser tan subversivo como enfrentar al poder genocida que quemaba libros en nombre de la moral y el orden”. En aquella oportunidad, según se indica en el programa de mano, los intérpretes eran Jorge Rivera López y nada menos que Villanueva Cosse, exiliado en Buenos Aires. Dirigía esa primera versión de Príncipe Azul Omar Grasso, si bien rosarino de nacimiento, con inicios de carrera teatral montevideanos. De hecho Grasso es considerado uno de sus maestros por muchos de los actuales  referentes de nuestra escena, y quizá no sea superfluo recordar que en Los asesinos (1999), uno de los últimos espectáculos que dirigió en nuestro país, producción de la Comedia Nacional además, actuaban Delfi Galbiati y Levón.

 

 

 

“Ha pasado tanta pero tanta agua

Las obras, aún si son “recreadas” de forma arqueológica, no significan lo mismo en épocas distintas. Y Spinno Lara en su versión “actualiza” la obra, agregando significaciones, al menos eso nos sugiere ese momento en que Galbiati recita los versos del poema Nosotros de Marciano Durán, versos como:

Ha pasado tanta pero tanta agua/ que mis puentes hoy se sienten satisfechos/ sin embargo aún conservan expectantes/ la ilusión de ver pasar más ríos. / Es que vengo de aquel tiempo bueno/ en que laica era la escuela y laica era la perra/ cuando ya no quedaban más tranvías/ y la Onda se estiraba entre los trenes.

De acá llegamos, de soñar la igualdad en rojo y negro/ de llorar cuando mataban

a Martin Luther King y al Che Guevara/ a Zelmar, al Toba, a Allende, a Lennon. / De ver imbéciles creyendo que mataban/ sin saber que hacían justo lo contrario/ les estaban dando vida para siempre/ imbéciles fabricantes de inmortales.

Y acá llegamos casi sin darnos cuenta/ Dejamos de fumar a escondidas de nuestros viejos/ y empezamos a fumar a escondidas de nuestros hijos. / Limpiamos ríos, contaminamos arroyos/ diga bi, diga lo, ¿cambiaría una tatucera por una banca?/ Y nos fuimos transformando en gente punto com.

Con mucho por delante/ nosotros, a pura vida/ pensando que aún es tiempo/ de dejar el mundo/ mejor que como estaba/ el día en que llegamos/ Aunque más no sea/ a este pequeño sitio/ en que a nosotros/ a pura vida/ nos tocó seguir.”

Parece haber una intención de que se filtren lecturas que comprometan tanto a los actores, en tanto tales, como al público de aquí y de ahora en la interpretación/ decodificación de la obra. Y este último es uno de los aspectos que resultan ideales para que con esta obra Defli Galbiati se despida de la Comedia Nacional, luego de casi cuatro décadas de permanecer en el elenco municipal.  

Ya que estamos no está demás recordar que el 16 de abril del 2002, cuando se suicidaba gente en el parlamento y gran parte de la población se amontonaba por un plato de comida en los comedores del INDA, fue Delfi Galbiati quien leyó la proclama del PIT-CNT al culminar la marcha convocada bajo la consigna "En defensa del trabajo y la producción nacional, porque otro Uruguay es posible" en un estrado armado en el Obelisco. Una proclama que cuestionaba un modelo económico que en teoría se iba a cambiar cuando otros gobernaran. También fue Galbiati quien dijera unas palabras el Día Mundial del Medio Ambiente pasado, en una función de Cuento de invierno de Shakespeare (dirigida por Levón) a cargo de la Comedia Nacional que tenía a ministros presentes en el Teatro Solís, palabras que generaron un “urgente pedido de informe” para aclarar si el actor había cometido alguna falta por señalar una posible contradicción entre dichos y acciones respecto a la política ambiental.

Hoy y mañana son las últimas funciones de Príncipe azul, y también las últimas funciones de Galbiati como actor del elenco municipal, todo confluye para que la despedida sea una fiesta.

 

Príncipe azul. Autor: Eugenio Griffero. Dirección: Daniel Spinno Lara. Elenco: Delfi Galbiati y Levón.

Funciones: jueves y viernes 21:00. Teatro Solís. Entradas: $ 90.

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