Cultura‎ > ‎

DOS BUENOS DOCUMENTALES DEPORTIVOS EN CARTELERA. Por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 14 nov. 2011 10:52 por Semanario Voces
 

3 millones, Uruguay 2011. Dirección: Jaime Roos, Yamandú Roos. Libreto y edición: Mauro Sarser, Jaime Roos. Fotografía y cámara: Yamandú Roos. Banda sonora: Jaime Roos. Estreno: 4 de noviembre. Calificación: Buena.

 

     Desde el principio deben decirse dos cosas en forma clara y contundente. Una es que resulta difícil desprenderse de todo el componente emocional que conlleva la visión de un documental sobre la hazaña uruguaya en el pasado Mundial de Sudáfrica 2010. Ver 3 millones junto a varios cientos de personas en una sala cinematográfica es toda una experiencia: las reacciones del público son más parecidas a las de un estadio de fútbol que a las vividas a diario en el recinto oscuro donde los sueños suelen hacerse realidad. Pero no es un partido sino una película lo que provoca esa reacción popular, y eso nos lleva a la segunda declaración inicial: hay verdadero talento en este debut tras la cámara de Jaime Roos, quien recibió invaluable ayuda de su hijo Yamandú, capacitado fotógrafo holandés que en esta oportunidad pasó de las imágenes quietas a las móviles, con particular soltura.

     3 millones mezcla crónica deportiva y documental turístico, vistazo social y diario personal de Jaime y Yamandú, que viajaron con la Celeste a Sudáfrica en 2010 y volvieron con una película que no teme a la extensión (135 minutos), porque en base a ella resume con llamativa habilidad la serie de encuentros que le permitieron a Uruguay colocarse en el cuarto puesto del campeonato. Pero lo espléndido del film es que no se queda sólo en la faceta deportiva, sino que abre su abanico para registrar las reacciones del periodismo, la hinchada, los habitantes del lugar e incluso de los simpatizantes de otras selecciones. A todo ello suma instancias en que se aleja de todo lo que tiene que ver con el campeonato, para internarse en un pueblo minero abandonado, en una barriada popular de una gran ciudad o tomarse un descanso mediante el festejo en una celebración nocturna y algunas caminatas junto al océano en Port Elizabeth, Kimberley y Johannesburg. E incluso, a nivel más intimista, los autores se atreven de a ratos a explorar su propia relación paterno-filial, a la cual la enorme distancia geográfica que los separa no ayuda demasiado en el diario vivir.

     La apuesta, como todas las que Roos acomete desde hace 25 años, es ambiciosa y arriesgada. Y como casi siempre sucede con el cantautor, el resultado es muy positivo, porque 3 millones interesa en todas sus áreas. Estrictamente, dentro de lo que puede interesarle a un crítico o un cinéfilo, lo mejor es el inteligente manejo que los Roos desarrollan a nivel de edición: son cientos de horas de rodaje reducidas a un par, y entre todo ese material logran la pequeña hazaña de seleccionar con visible perspicacia las mejores tomas de cada uno de los partidos jugados por la selección. Para quienes no amamos particularmente el fútbol la dinámica lograda en diez minutos es una ventaja enorme frente a la duración real (a menudo tediosa) de cada encuentro, y para quien ama el deporte el compendio significa una magnificación de la emoción. Pero a eso hay que sumar los certeros apuntes populares que dan cuenta de la cordialidad de los anfitriones, o el contraste entre la alegría de los ganadores y la ira o decepción de quienes van volviendo vencidos a sus lugares de origen. Pecando de puristas debemos decir que mucho de lo que Jaime Roos comenta en off es una mera repetición de lo que muestran las imágenes, con la honrosa excepción de las observaciones sobre fallas arbitrales muy gruesas en el partido contra Holanda. Es cierto que en ese relato verbal hay redundancias, pero es una mancha menor en un documental que por todo lo demás termina siendo una pequeña proeza.   

 

-----

 

Senna (Senna), Gran Bretaña, 2010. Dirección: Asif Kapadia. Libreto: Manish Pandey. Fotografía: Jake Polonsky. Música: Antonio Pinto. Edición: Chris King, Gregers Sall. Estreno: 11 de noviembre. Calificación: Buena.

 

     Mientras el fútbol cosecha éxitos de boletería en Montevideo, con las exhibiciones de Manyas y 3 millones, mañana se estrena Senna, film británico sobre el triple campeón (1988, 1990, 1991) y dos veces vicecampeón (1989, 1993) de Fórmula 1. En primera instancia la película debió ser una ficción protagonizada por Antonio Banderas, pero ante la negativa de la familia de Senna el proyecto se transformó en un documental que retrata su vida mediante archivos personales, informes de prensa, entrevistas y declaraciones de amigos, familiares, periodistas y profesionales del volante. El resultado de esa investigación fue la atemorizante cifra de 5.000 horas de imágenes, y el éxito obtenido se debe no tanto al director Asif Kapadia sino al libretista Manish Pandey y los editores Chris King y Gregers Sall.

    “El secreto fue saber cortar”, declaró Pandey en momentos del estreno. Visto el film la aseveración parece atinada. En primer lugar Pandey logra un eficaz contraste entre la rapidez de las secuencias de carreras con la narración suavizada que el propio piloto hace de los demás componentes de la narración. Una segunda virtud es la claridad expositiva, porque la película respeta el orden cronológico, comenzando en 1978 cuando Senna llega a Europa, y continuando su mirada hacia la determinación del piloto por acceder a la victoria, las diversas hazañas conseguidas en los días lluviosos, los cuestionamientos a la FIA para que la Fórmula 1 fuera más segura, su rivalidad con el francés Alain Prost, e incluso algún momento de diversión junto a sus familiares y sus novias. La información no se retacea ni siquiera en los hechos más cotidianos, como su pertenencia a una clase social paulista privilegiada, su perfecto dominio del idioma inglés, su perspicacia y sagacidad para enfrentar las preguntas del periodismo, su apoyo a diversas causas sociales y su incondicional fe en Dios. Y también en el haber del film hay que colocar la bienvenida falta de morbo respecto a su trágica muerte en Imola el 1º de mayo de 1994, registrada en una sola toma de baja calidad desde la propia cámara interna del coche. Eso es premeditado y debe aplaudirse, porque importa más la vida del polémico y talentoso corredor que las imágenes de una muerte aparatosa.

     Si Senna es un buen documental, pero no memorable, se debe más que nada a ciertos aspectos de su contenido. Para empezar hay rasgos de parcialidad en torno a la grandeza del piloto, porque a lo largo de su carrera cometió fallos que aquí no aparecen, y si surgen se los excusa en forma no muy correcta (comparar los diversos comentarios sobre el choque de Prost a Senna en Japón 1989 y el de Senna a Prost un año después). Por otro lado, resulta insólito que en un documental realizado para endiosar al ídolo no haya imágenes de su mayor proeza (1993), cuando bajo lluvia partió en quinta posición y en apenas una vuelta se posicionó en primer lugar. Son desniveles que no deben ser pasados por alto. Pese a ellos, Senna es un documental valioso y muy recomendable.             

  

Comments