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El “pop art” quedó huérfano Por Nicolás Travieso

publicado a la‎(s)‎ 25 sept. 2011 14:16 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

La muerte de Richard Hamilton,  a los 89 años, la semana pasada, considerado históricamente el padre del “pop art” (aunque, con humor, él ya se consideraba el abuelo), vuelve  a confirmar su rol preponderante en las artes visuales británicas. Menos conocido que sus compatriotas Francis Bacon, Lucien Freud, David Hockney o Damien Hirst, ocupa un lugar fundamental en el arte del siglo XX. Su obra emblemática es “Qué es lo que hace tan atractivos, tan diferentes, los hogares de hoy?”, 1956,  pequeño collage de de 26 x 25 centímetros representando el interior de una habitación en la cual un hombre musculoso desnudo, recortado de una revista de fisiculturismo, oculta su sexo con una raqueta que lleva escrita la palabra pop, entre otras parafernalias del consumismo (historietas, tevé, grabadores de cinta, electrodomésticos). Una obra tan decisiva para el arte del siglo XX como “Las señoritas de Aviñón”, 1907, de Picasso, o  “Fuente”, 1917, el urinal de Marcel Duchamp, que sacudieron y cuestionaron los modos de representar, concebir  y ver el arte.

En 1950 Gran Bretaña comenzaba a superar las privaciones de la posguerra y entraba en un período de recuperación económica. Los jóvenes estudiantes del Instituto de Arte Contemporáneo de Londres, fascinados por la cultura popular en Estados Unidos, se reunieron con el nombre Grupo Independiente, tratando de quebrar los rígidos esquemas de la vieja tradición monárquica y al mismo tiempo oponerse al expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York, para abrirse a la contemporaneidad. En el año 1956 realizaron una exposición en Whitechapel Art Gallery  titulada “Esto es mañana (This is tomorrow) con diferentes ambientes para recorrer. La pieza capital, “Qué es lo que hace tan atractivos, tan diferentes, los hogares de hoy”, catapultó a Richard Hamilton a la fama inmediata, capturando el clima de su tiempo: la sociedad de consumo, las preferencias populares, la transitoriedad y obsolescencia de los objetos, el hedonismo, la juventud y las trampas mercantiles. Cayó en un terreno fértil. En el momento indicado del Swinging London, esa efervescencia cultural que irrumpió a fines de la década del 50 y culminó en la siguiente, los energizantes años 60.

Londres desplazó  París, antes de hacerlo Nueva York, como centro renovador de la cultura y de los modos de comportamiento social, con los carismáticos Beatles, los Rolling Stones y los Who, mientras Sandy Shaw osaba cantar descalza desde los escenarios, Mary Quant  imponía la moda de la triunfante minifalda lucida por la flacucha  modelo Twiggy en la pasarela de Carnaby Street, la calle más célebre mundialmente, surgía el free cinema (“Darling”,  “El Knack o cómo lograrlo”, “Modesty Blaise”, “Casino Royale”) y la nueva dramaturgia de jóvenes iracundos (Joe Orton, John Osborne, Arnold Wesker, Shelagh Delaney), mientras el Living Theatre de Joan Littlewood (“Oh, What a Lovely War!”) y Lindsay Kempf desnudando a los actores en su fantástica “Flowers”, dejaban atrás los hábitos victorianos de la vieja Albión, extendiendo sus tentáculos por toda Europa  e invadían Nueva York, donde el “pop art” adquirió carta de ciudadanía en la nueva capital de las artes. Juventud, libertad sexual y droga fueron lemas privilegiados de ese período que sobrevivieron, acentuados, hasta hoy. Nuevos paradigmas culturales nacieron.

Formado en diversas instituciones (St. Martin´s School Art, Royal Academy Schools, Slade School of Art, Westminster Technical College) con períodos de trabajo en variados empleos, Richard Hamilton recibió influencias de Cézanne, Picasso, el futurismo y cubismo, de Marcel Duchamp e hizo su primera exposición en 1950. No es fácil separar su trabajo artístico de las restantes actividades: diseñador, ilustrador, organizador de exposiciones (hizo la primera retrospectiva  de Marcel Duchamp en Inglaterra), profesor, pintor, dibujante, grabador y fotógrafo, Hamilton fue una presencia de creciente influencia en el medio artístico británico e internacional. Empleó todas las técnicas aprendidas en combinaciones inéditas, así como alteró la división entre representaciones abstractas y figurativas, y no tuvo escrúpulos en frecuentar temas clásicos (retratos, paisajes y naturalezas muertas) e indagar en la historia y en los conflictos políticos contemporáneos y convertirse en pionero de las instalaciones. Realizó grandes retrospectivas de su obra en los principales centros artísticos europeos y preparaba una nueva que circulará, después de su muerte, por varios países en los próximos dos años. Curiosamente, su desaparición no tuvo difusión en Montevideo.

 

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