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EL CINE, UN ARMA DE DENUNCIA: Francesco Rosi cumple 90 años. por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 16 nov. 2012 12:54 por Semanario Voces
 

COMPROMISO. “Rosi es el más grande director italiano de la actualidad”: esa frase dicha hoy no parecería una exageración, pero en realidad fue expresada en Venecia por un joven Louis Malle, en 1963. A esas alturas Rosi sólo había realizado cuatro films, pero el elogio no era desmedido, porque dos de ellos eran obras mayores. En los años siguientes Rosi mantendría casi siempre un innegable nivel de exigencia intelectual y coherencia ideológica. Su compromiso autoral fue de la mano con el político, y de esa manera se fue edificando un corpus cinematográfico muy reconocible, por medio de la temática audaz y polémica que abordó, su participación como colibretista, el inquieto manejo de temas originales, la exigencia de rodajes en lugares auténticos, la preferencia por actores improvisados rodeando a alguna estrella (Gian Maria Volonté cinco veces, Rod Steiger, Lino Ventura, Philippe Noiret, John Turturro). Sus temas, ligados a problemas contemporáneos de alcance global, fueron comunicados desde la imagen con notable seguridad narrativa, sin dejar de lado por ello el componente estético. De alguna manera, a través de sus mejores films de denuncia, Rosi preservó el legado del Neorrealismo, con su atención a los problemas reales de la gente común, estudiados con documentada solidaridad y en medio de variadas polémicas, surgidas desde el ámbito político y los estudios, quienes con frecuencia intentaron frenar sus rodajes.

     Rosi había nacido en Nápoles el 15 de noviembre de 1922. Ya en Roma se acercó al teatro, pero rápidamente terminó en el cine, donde fue ayudante de Luchino Visconti en La terra trema, Bellísima y Senso, de Luciano Emmer en Domingo de verano, París es siempre París y El bígamo, y de Michelangelo Antonioni en Los vencidos. También fue libretista para Luigi Zampa (Proceso a la ciudad), Goffredo Alessandrini (Camisas rojas) y Vittorio Gassman, quien lo acreditó como correalizador de Genio y figura, su biografía sobre el gran actor de teatro Edmund Kéan. Debutó como realizador en El desafío, historia policial ubicada en Nápoles, alimentada por un fuerte color local. Su siguiente película, Los maleantes, mostró las andanzas de emigrantes italianos en actividades de contrabando en Alemania Federal. En esos dos films ya podían advertirse la herencia neorrealista y una cierta tendencia al realismo de posguerra cultivado en Hollywood. Pero nada de lo hecho hasta entonces por Rosi podía presagiar el magistral nivel de su tercera película.

 

OBRAS MAYORES. Salvatore Giuliano fue un retrato profundo de Sicilia, con su mezcla de historia, intereses económicos, turbios manejos políticos y presencia rectora de la mafia y sus vinculaciones al delito y la policía. Todo giró alrededor de un centro prácticamente inexistente, porque era tan poco lo que se sabía del célebre bandolero siciliano, acribillado a los 28 años de edad, que el film sólo lo mostró desde lejos y, casi sin querer, lo mitificó, pero dando relevancia también al panorama social en que se inscribía su derrotero. Rosi reflexionaba sobre la dificultad de acceder a la verdad, y de esa forma quedaron plenamente justificados los retrocesos y avances en el tiempo, y también la inevitable oscuridad que se cernía sobre Giuliano, de cuya vida y momentos finales aún en la actualidad todavía quedan detalles imposibles de aclarar.  

     Rosi continuó a gran nivel en Saqueo a la ciudad, inspirándose en un incidente real ocurrido en 1961 en torno al derrumbe de un edificio de inquilinato. El tono de alegato se notó no sólo en la denuncia del hecho específico que lo ocupaba, sino además en su vistazo a los sucios manejos políticos y electorales del gobierno municipal. Su preocupación realista llegó al colmo de rodar en los lugares auténticos del desastre edilicio, como forma de aportar vida a la acción. Luego el director pareció bajar un poco las revoluciones en su vistazo al mundo del toreo (El momento de la verdad) y las carnicerías de la Primera Guerra Mundial (El asalto final). En medio, la fabulita romántica Y vivieron felices sólo se puede justificar como pacto industrial para rodar luego lo que realmente interesaba a Rosi.

     Si eso era lo que buscaba lo logró plenamente, porque a continuación llegó su tercera obra maestra, El caso Mattei, que se benefició de un formato periodístico de candente vitalidad. Rosi comienza por la misteriosa muerte del protagonista (Gian María Volonté) y retrocede luego para investigar las causas del deceso, hallar explicaciones y profundizar en los problemas de Italia en los años 60, desnudando una serie de tenebrosas redes político-mafiosas de carácter nacional y multinacional. La intrincada maraña de intereses que intentan obstruir la nacionalización del petróleo propuesta por Enrico Mattei se revela con claridad, a medida que la encuesta periodística propuesta desde el libreto se desarrolla ante el espectador.

 

SIN ILUSIONES. Este es un cine batallador, denunciatorio y lúcido como pocos, y precisamente esas características impiden idear falsos finales felices para tranquilizar al público. Por eso en sus siguientes films Rosi no se apeó del realismo a ultranza: en Luciano, rey de los padrinos el famoso gangster (Volonté) es liberado de la cárcel por el mismo abogado (Rod Steiger) que lo había metido en ella, como retribución a favores políticos recibidos oportunamente; y en Cadáveres ilustres la anécdota policial desmantela en forma sistemática las ideas de libertad, democracia y justicia en las que todos nos solemos cobijar, mientras el protagonista (Lino Ventura) investiga una serie de crímenes de jueces y políticos para hallar finalmente la muerte en manos de una organización delictiva poderosa e innominada.

     Esa dimensión trascendente y crítica no apareció en Cristo se detuvo en Éboli, Tres hermanos y La tregua, aunque ello no significa que su cine descendió en calidad. Esos títulos tienen gran nivel creativo, pero sus temas se orientan más a realzar aspectos emocionales de la dura realidad que padecen sus personajes. La vida de un médico (Volonté) confinado por los fascistas en un villorrio, la reunión de tres hermanos (Philippe Noiret, Michele Placido, Vittorio Mezzogiorno) que llegan desde Turín, Roma y Nápoles al velatorio y entierro de la madre en Sicilia, y el calvario de un sobreviviente del Holocausto (John Turturro) en los campos de refugiados aliados, fueron manejados por Rosi con enorme tacto y sincera emotividad, pero sin profundizar en los problemas colectivos del fascismo, el terrorismo o la ocupación americana. En medio de esa suerte de “trilogía sentimental”, el director gozó, y nos hizo gozar, con las pasiones desatadas por Bizet en la ópera Carmen, cometió un grave error al trasladar la literatura de García Márquez a imágenes (Crónica de una muerte anunciada), marcó el paso con un policial olvidable (Olvidar Palermo) y se puso reflexivo en el documental Diario napolitano. Durante cuatro décadas, entre una estética refinada y el análisis crítico de los problemas contemporáneos más acuciantes, Rosi llevó al cine italiano a un nivel de creatividad hasta hoy insuperable.

 

Recuadro: FILMOGRAFÍA FRANCESCO ROSI.

 

1956: Genio y figura (corr. Vittorio Gassman). 1957: El desafío. 1959: Los maleantes. 1962: Salvatore Giuliano. 1963: Saqueo a la ciudad. 1965: El momento de la verdad. 1966: ...Y vivieron felices. 1970: El asalto final. 1972: El caso Mattei. 1973: Luciano, rey de los padrinos. 1976: Cadáveres ilustres. 1979: Cristo se detuvo en Eboli. 1980: Tres hermanos. 1983: Carmen. 1987: Crónica de una muerte anunciada. 1989: Olvidar Palermo. 1992: Diario napolitano. 1997: La tregua.     

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