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El desarrollo es una cuestión de actitud Por Jorge Grünberg

publicado a la‎(s)‎ 17 jun. 2011 10:56 por Semanario Voces


Agradezco a los organizadores por la invitación para estar hoy con ustedes. ORT tiene un compromiso de larga data con Maldonado, a través de nuestra colaboración con el Instituto CEI de Maldonado. Las ideas que animan al Cluster Universitario de Punta del Este son inspiradoras y merecen apoyo.  La expansión de las oportunidades educativas en todo el territorio es condición necesaria para un desarrollo armónico dado que en nuestra época la educación y la tecnología son los grandes igualadores sociales. Expandir las oportunidades educativas forma parte de una visión de transformar nuestro país en una sociedad de creación y de emprendimiento, un país exportador de inteligencia, no de inteligentes.

 

Llevamos varios años de crecimiento a tasas inéditas. Entonces nuestra sociedad se plantea la pregunta: ¿estamos en un momento de éxito pasajero o estamos en las puertas del desarrollo? La respuesta es que depende de lo que hagamos, y más aún, de lo que queramos, depende de nuestras capacidades pero también de nuestras aspiraciones.

 

Las condiciones económicas internacionales y el desarrollo tecnológico que permite producir valor desde cualquier parte del mundo nos brindan actualmente una oportunidad histórica de desarrollo. Aprovechar esta oportunidad requiere transformaciones productivas,  reformas económicas y cambios culturales que implican riesgos y alteraciones al confort de grupos largamente beneficiados por el statu quo. De estas decisiones dependerá si atravesamos la puerta del desarrollo, o si otra vez  volvemos a la fútil búsqueda del Uruguay de los 50.

 

Los límites físicos a nuestro crecimiento incluyen la carencia de recursos humanos calificados, infraestructura física y digital desactualizada, insuficiente creación de empresas innovadoras y una matriz energética costosa poco diversificada. Alcanzar un nivel más alto de prosperidad para nuestro país requerirá superar estas limitaciones construyendo nuevas capacidades. Pero no existen solo límites físicos al desarrollo sino también límites culturales. Por eso tantos países ricos en recursos naturales no se desarrollan y otros carentes de ellos prosperan. La búsqueda del desarrollo es también una cuestión de actitud.

 

Parte fundamental de una actitud de progreso es formular una visión nacional compartida por grandes mayorías. Una visión nacional que refleje aspiraciones compartidas permite articular los esfuerzos y sacrificios de la sociedad por alcanzarlas. Una visión unificadora es esencial en democracia para asegurar esfuerzos sostenibles ya que hay límites al poder coercitivo del estado para reclamar recursos privados para proyectos públicos. 

 

Este es el mayor fracaso de nuestro liderazgo de las últimas décadas. Su incapacidad para forjar una visión consensuada de desarrollo y de las reformas necesarias para hacerla realidad. Nuestra sociedad tiene más carencias de unidad y claridad de aspiraciones que de capacidades reales. Estas carencias culturales son menos visibles que las físicas como la  falta de liceos de tiempo completo, de vías férreas o de conexiones de fibra óptica, pero igualmente perjudiciales. Los países que han progresado sostenidamente en los últimos años lo lograron después de forjar amplios consensos en torno a metas comunes. Esto lo podemos ver desde Finlandia a Corea del Sur o Singapur y crecientemente en países como India, Chile o Brasil. Ninguno de estos países está exento de problemas pero los guía un creciente consenso sobre ciertas metas y valores que se mantiene a través de sucesivos gobiernos de distintas orientaciones ideológicas.

 

La discusión sobre el estado de nuestro sistema educativo refleja esta confusión entre medios e intenciones. La discusión educativa se focaliza mayormente en la demanda por mayores recursos, a pesar de que el gasto público actual es quizás el mayor de nuestra historia. Pero, ¿por qué no funciona nuestro sistema educativo? Más allá de sus problemas específicos de diseño y funcionamiento, exhibe características que son generales en nuestra sociedad: rigidez,  centralismo, ausencia y rechazo a la rendición de cuentas. Estas características también se encuentran en nuestro sistema de salud, en la administración municipal o en la seguridad pública. En otras palabras, cualquier mejora sostenible y en gran escala del sistema educativo va a requerir cambios a nuestra cultura. Una economía más emprendedora y creativa no se logra con decretos o políticas económicas. Es una transformación orgánica que requiere cambios culturales y de conducta social, y consensos en los valores esenciales y en las metas estratégicas. La mejora educativa debe ser acompañada de una reformulación de nuestro modelo productivo que genere una mayor demanda por el conocimiento. No basta con mejorar el sistema educativo si luego los graduados no tienen oportunidades de realización en su propio país.

 

El liderazgo es esencial para catalizar transformaciones porque los beneficios se alcanzan en el largo plazo y sus beneficios se distribuyen entre grandes poblaciones, mientras que los defensores del statu quo son cohesivos ante los desafíos y ante la ausencia de un liderazgo efectivo tergiversan  las discusiones sobre cambios factibles transformándolas en discusiones vacuas sobre objetivos inalcanzables.

 

 

Como sociedad no tenemos sólo un problema educativo, sino un problema de aprendizaje. Esto explica en parte la inmutabilidad de nuestro modelo productivo que a grandes rasgos sigue siendo similar al de la época de José Pedro Varela. Esta dificultad en aprender dificulta la innovación que es siempre resultado de un proceso de aprendizaje y contribuye a una cultura que teme revisar sus mitos y certezas. Por eso reaparecen regularmente ideas desacreditadas por experiencias de décadas en nuestro propio país como el Frigorífico Nacional o discusiones sin fin como la guerra de las patentes.

 

Es difícil realizar cambios culturales en cualquier sociedad, en parte porque existe una contradicción entre lo que hace populares a las políticas públicas y lo que las hace efectivas. Por ejemplo, las estrategias para facilitar la permanencia de los alumnos en  Secundaria como la de permitir pasajes de grado con más materias previas no aprobadas, la disminución de los requisitos de asistencia o la entrega de becas sin exigencias de rendimiento confunden causas y efectos. Los alumnos abandonan Secundaria porque no logran aprender;  estas estrategias no resuelven este problema, por el contrario lo agravan al desdibujar las expectativas que el sistema tiene sobre ellos. El aprendizaje no es como el ingreso, no se puede entregar “solidariamente” porque que es un proceso de transformación personal indelegable.

 

La academia debería ser la gran articuladora de una voz modernizadora de las mayorías, debería ser el catalizador de un movimiento de la sociedad civil que exija a los dirigentes que se transformen en líderes, que cambien cálculos sectoriales por visiones nacionales, que asuman riesgos en nombre y en beneficio de las grandes mayorías carentes de corporaciones que las respalden. Estamos frente a una gran oportunidad de desarrollo y tenemos un gran desafío para aprovecharla.

 

Les agradezco mucho haberme dado este tiempo para compartir con ustedes. Señores, señoras, tenemos un gran país y una oportunidad histórica. Está todo en nuestras manos. Gracias.

 

Presentación del Dr. Jorge Grünberg, Rector de la Universidad ORT Uruguay en el Foro “Academia, Empresa y Sociedad: Desafíos para el Desarrollo”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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