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EL TRIUNFO DEL NUEVO ESPARTACO. Por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 9 sept. 2011 9:12 por Semanario Voces
 

 

 

Planeta de los simios: (R)evolución (Rise of the Planet of the Apes), USA 2011. Dirección: Rupert Wyatt. Libreto: Rick Jaffa y Amanda Silver. Fotografía: Andrew Lesnie. Música: Patrick Doyle. Con: James Franco, Andy Serkis, Freida Pinto, John Lithgow, Brian Cox. Fecha de estreno: 2 de setiembre. Calificación: Buena.

 

     El inventor del truco fue George Lucas, un cineasta experto en sabias estrategias de marketing. En los años 70 imaginó una saga galáctica en seis partes y largó la mitad final. Dos décadas después rodó los episodios iniciales, se llenó de plata y sin querer inventó un término: precuela. Desde entonces Hollywood utilizó el esquema con cuanta franquicia pudo, para bien (Batman inicia, X-Men primera generación) y para mal (Star Trek, Superman regresa, Wolverine). Ahora le llegó el turno a Planeta de los simios, y a priori sonaba muy feo: después del rotundo fracaso de la remake de Tim Burton (2001) este nuevo intento parecía -por decirlo suavemente- bastante riesgoso. Más aún si se tienen en cuenta las excelencias que presentaba el inicio de la saga (el film de 1968 de Franklin J. Schaffner con Charlton Heston) y el mediocre nivel de sus cuatro derivados y la remake. Pero el cineasta Rupert Wyatt nos regala una sorpresiva versión del asunto, gracias al tono general del producto, su estilo narrativo y el haber centrado la anécdota en la etapa previa al dominio del planeta por parte de los simios.

     Lo más atractivo que cuenta el film tiene que ver, por lejos, con César (Andy Serkis), chimpancé genéticamente alterado por los experimentos que sufrió su madre. Después de ser criado por un joven científico (James Franco) y su hermosísima novia veterinaria (Freida Pinto), César descubre la otra cara de la realidad al llegar a la adultez, cuando el abuso y la incomprensión de sus carceleros son su pan cotidiano. Los conocedores disfrutarán mucho detalle que remite al inicio de la serie, aunque en favor de Wyatt y sus libretistas debe decirse que posibilitan al sector joven de la platea un goce idéntico al que experimentan los veteranos. El libreto está construido con gran pericia: se toma media hora en explicar el costado “científico” del asunto, y otro tanto en detallar el día a día de la infancia y adolescencia de César. Los que busquen allí acción vertiginosa resultarán defraudados, pero esa primera zona de la historia revela una inhabitual dosis de inteligencia para armar con solidez un anecdotario dramáticamente tenso.

     Por una vez en Hollywood alguien entendió que la violencia desatada es siempre catártica, y para que su explosión sea creíble (y justificable) necesita una dosificada y reveladora exposición de sus causas. Wyatt lo logra, centrando el interés del espectador en el desarrollo de la personalidad de César, chimpancé que nace como Jesús (se salva de una nueva matanza de inocentes, perpetrada ahora por una suerte de Herodes negro) y termina convertido en nuevo Espartaco, liderando una revolución que conquistará el dominio del planeta. El film desarrolla dramáticamente su historia, decorándola con puntuales y necesarias escenas de acción espectacular, con una espléndida culminación sobre el final en el Golden Gate. A esas virtudes debe sumarse la interpretación de Andy Serkis, apoyada en sofisticadas herramientas tecnológicas, pero también en la notable expresividad gestual y corporal del actor. Serkis asombró en El señor de los anillos (era Gollum) y King Kong, y con César se consagra como el mayor especialista en bestias “humanizadas” de la historia del cine. No es casual que la cámara busque una y otra vez su rostro, y en él sus ojos: hay en ellos una inteligencia que lo sitúa un paso más allá de todos sus congéneres, justificando así la verdadera clave de la historia. Sin vértigos ni efectos especiales gratuitos, el film también va un paso más allá de lo habitual en el género.                   

 

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