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ENTREVISTA A CECILIA ROTH por amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 18 ago. 2016 16:13 por Semanario Voces

“EL CINE ES UN PAÍS ÚNICO, SIN FRONTERAS GEOGRÁFICAS”.

 

Apareció con su cabellera rubia, enfundada en ajustados pantalones y chaqueta negros y de inmediato resultó irreprimible no asociarla a la “chica Almodóvar” a la que años atrás nos tenía acostumbrados. Pero lo suyo no es sólo Laberinto de pasiones o Todo sobre mi madre. Cecilia Roth también estuvo en los mejores films de Adolfo Aristarain (Un lugar en el mundo, Martín H.) y Marcelo Piñeyro (Cenizas del paraíso, Kamchatka), revolucionó el ambiente cultural español con la mítica Arrebato de Iván Zulueta en 1979, e intervino en producciones de Alejandro Agresti (Una noche con Sabrina Love) y Héctor Olivera (Antigua vida mía), entre otros. También tiene una estupenda trayectoria teatral y televisiva. Voces la entrevistó para hablar de Migas de pan, film de la uruguaya Manane Rodríguez, que se estrena hoy en Montevideo.

 

Esta película lleva una marca, ya que es la primera vez que trabajas en nuestro país. ¿Cómo fue esa experiencia?

 

En realidad yo ya he trabajado en este país, sólo que en teatro, lo cual fue para mí en su momento todo un desafío, dado el nivel de exigencia que tiene el público uruguayo. Pero es cierto que en cine fue mi debut “oriental”, y en realidad era un desafío distinto, porque… ¿te digo lo que realmente siento?... para mí el cine es un país único, sin fronteras geográficas. Las producciones podrán ser mayores o menores, podrás tener más o menos dinero, y es eso lo que a mi entender marca la diferencia. Lo demás depende de cómo te conectes con tu director, tus compañeros de reparto y los técnicos, y si todo funciona correcto dentro de los límites que se auto imponga cada producción, todo va a andar sobre rieles. En el caso de Migas de pan me sentí muy cómoda con el equipo y con los actores uruguayos, sobre todo porque estábamos contando una historia que me interesaba mucho contar, haciéndolo desde lo personal. Es decir: la historia de una sola persona, envuelta en un terrible contexto. Eso me parece lo más adecuado, porque al limitar la terrible experiencia carcelaria a todo aquello que siente un solo personaje, eso hace que podamos entender mejor, con más profundidad, la circunstancia colectiva. Y percibí de inmediato que lo mismo pasaba por las cabezas y los corazones de todos los colegas involucrados, por lo cual todo fue muy grato para mí.   

 

Supongo que también habrá ayudado el que hayas sido parte de esa generación y, por las razones que fueran, una de las tantas personas jóvenes que debieron irse de Argentina al exilio…

 

Sí, me fui siendo muy joven, tenía menos de veinte años, y al hacerlo ya tenía amigos muertos, desaparecidos. Pertenecí a una generación de chicos y chicas que desde muy temprano, desde la secundaria a los catorce años ya teníamos una militancia muy activa. Estábamos bien informados. En mi casa, además, eso se incentivaba porque mi padre trabajaba en la prensa y entonces la información que teníamos era muy grande. Y es una herida que tardó mucho en cerrarse. Te confieso que hasta hace poco tiempo, realmente muy poco, cada vez que se hablaba de estas cosas no podía hacer otra cosa que llorar. Me provocaba un dolor similar a tener un enorme agujero en el estómago, y quizás por eso temo lo que está sucediendo ahora, en estos momentos, en nuestra región. Yo recién volví a sentirme realmente argentina con Néstor (Kirchner). Te aclaro que puedo hacer críticas absolutas a montones de cosas suyas, pero con él sentí que se empezaba a hablar de un país por primera vez en mucho tiempo, como de la creación de una nación. Porque siempre me ha dado la sensación que aún no hemos sido fundados. Fijate que Macri acaba de llamar al rey de España para festejar el 9 de Julio mientras se habla de la angustia de los patriotas argentinos durante la independencia. Eso es volver atrás otra vez, volver a una especie de negacionismo. Bancar eso resulta duro. El problema es que ahora no hay una España como aquella de los 80, a la cual una podía irse. Hoy todo cambió. Y ni te cuento si en Estados Unidos gana el que nadie quiere que gane (se ríe).

 

Hoy Meryl Streep salió enojadísima con Clint Eastwood porque volvió a hablar sobre lo maravilloso que puede ser un gobierno de Donald Trump…

 

¿Eastwood sigue diciendo eso todavía? Es uno de los grandes misterios, que un tipo talentoso como él, un cineasta de primera, un tipo con una sensibilidad capaz de realizar Million Dollar Baby o Los puentes de Madison, pueda mantener una visión como esa, tan retrógrada… es incomprensible. Es un tipo muy raro.

 

Vos ya tenés varias películas vinculadas al tema de los derechos humanos, de las dictaduras, etc., y Migas de pan es muy directa en ese asunto. ¿Qué opinás del rol del cine latinoamericano en la denuncia de ese estado de cosas?

 

A ver: yo creo que no es el único tema del que hay que realizar películas, que esto quede claro. Pero es cierto que durante pila de años los americanos hicieron cine sobre la Segunda Guerra, y ni que hablar de los españoles sobre la Guerra Civil. En España aún lo siguen haciendo, y en general son buenas películas, porque los españoles aún tienen que resolver muchos temas, aún sigue pesando ese famoso millón de muertos que padecieron en aquellos tremendos tres años de confrontación. Pero hay una cosa muy interesante en nuestro cine, que de alguna forma se vio en los Premios Platino (más allá de los galardones puntuales), que es la tangible posibilidad de tener una industria cinematográfica que unifique mediante una lengua común las distintas identidades. Porque todos tenemos nuestras propias historias, no sólo las recientes, sino las que nos identifican como pueblos, con tantas mezclas de todos lados. Esa identificación como naciones independientes, pero a la vez  como región común, me parece imprescindible. Quizás logrando ese bien común algún día ya no haga falta seguir hablando del dolor de seguir siendo pisoteados. De hecho, si aún hay directores y guionistas que necesitan contar estas historias por algo será. Les pasa algo similar a lo que te decía de mí, ¿verdad? Son heridas que cuestan cerrar.

 

Aunque te parezca mentira, ayer cuando vi tu película creí percibir un vínculo muy directo entre la experiencia con Almodóvar y estas Migas de pan, en cuanto a destacar a mujeres guerreras en lucha contra el mundo. ¿Es real eso, o me estoy yendo de mambo al pensarlo?

 

No, no te vas de mambo, y mirá qué curioso: me lo han preguntado hace un rato. En el caso de Todo sobre mi madre, por ejemplo, se trata de una mujer que ha perdido a su hijo, es algo definitivo, no hay esperanza de encontrarlo. En Migas de pan es una mujer que está rota, por supuesto, pero aún mantiene la esperanza de reencontrarse con su hijo. Hay pocas películas que cuentan historias de mujeres. Es real esto, y no me refiero a la idea de las actrices de Hollywood acerca de cuánto ganan ellas respecto a sus pares masculinos. Eso es lo de menos. A lo que me refiero es que se ha dejado de acometer seriamente la complejidad del mundo femenino, y es en ese sentido que tal vez vos lo asocies a Pedro.

 

Querría preguntarte un par de cosas ajenas a Migas de pan. Sería interesante saber, por ejemplo, cómo y cuánto impactó a aquella Cecilia de apenas veinte años la llegada a una España primaveral marcada por el destape y la movida. Sobre todo si tenemos en cuenta que llegabas a ese lugar luminoso desde la noche de la dictadura argentina…

 

Cuando llegamos a España tenía un novio argentino. Yo no quería irme de mi país, porque estaba enamorada, y además tenía una enorme ingenuidad. Pensaba que todo podía pasar rápidamente. Incluso mi padre llegó a tomar ese viaje como una especie de año sabático, del cual rápidamente íbamos a volver. Es un hecho que tuve la enorme suerte de haberme podido ir a tiempo. Por otro lado, el descubrimiento posterior del exilio, lo que implica tener que irte de tu país porque no hay otra solución posible, genera un dolor enorme, y el verdadero encuentro y reconocimiento de ese dolor lo fui hallando poco a poco, pero muchos años después, cuando pude volver a Argentina y estuve en condiciones de poner cada cosa en su sitio. Pero debo decir que tuve la suerte de ser fantásticamente feliz en España, ya sea trabajando o con un montón de amigos, gozando de esa primavera española que decías antes, y que te confieso en este momento se añora. Es que los procesos políticos, sociales, históricos, son tan complejos, ¿no? Pero allá por 1985, casi una década después de haberme ido, volví por primera vez a la Argentina. Estaba separada de mi novio de entonces y decidí volver por veinte días o un mes, simplemente para ver qué me pasaba. Era como cerrar un paréntesis, pero me llamaron para trabajar. Yo tenía que volver a Madrid para hacer una película, pero me llamó María Herminia Avellaneda para incorporarme a la serie Extraños y amantes, y me quedé. Necesitaba quedarme. Quería enfrentarme al tiempo y cerrar ese paréntesis.

 

Una pregunta un tanto incómoda, que ya le hice a Justina Bustos, tu alter ego en el film, y a Manane Rodríguez: ¿qué opinás sobre el escabroso tema de saber que lo que tu personaje defiende de joven es lo correcto, pero que eso a su vez implica desatender claramente su rol de madre? Es una pugna entre ideales y sentimientos, posturas que no deberían ser antagónicas y que sin embargo lo eran debido a las características de aquel terrible momento histórico.

 

Ese tema ya era parte del bagaje que debí asumir en Kamchatka, fue pieza fundamental de Infancia clandestina, el film con Natalia Oreiro y César Troncoso, y por supuesto que aquí me lo tuve que replantear, dado que compongo al personaje en su adultez, cuando tiene conciencia de lo que pasó. No sólo por haber dejado a su hijo, porque su inocencia, juventud, ilusión, utopía o como queramos llamarlo, la llevaba a pensar (o eso me imagino yo) que ellos iban a ganar, que iban a lograrlo rápidamente, y que su hijo iba a disfrutar de una vida nueva, distinta y mejor. Creo que el personaje (y las verdaderas mujeres que vivieron circunstancias similares) nunca imaginaron -aunque pudieran sospecharlo inconscientemente- que podían llegar a quitarles la custodia de un hijo. Pero eso es engañarse al solitario, ¿no?, porque hay un combate muy extraño ahí, sobre todo para una mujer. El combate sería preguntarse quién estaría capacitado para criar a mi hijo, mientras asumo que ante todo debo dedicarme a luchar por un ideario determinado. Sobre todo en el caso de mi personaje, que asume un activismo total y absolutamente pacífico. Ella no es una guerrillera, como en cambio sí lo eran los protagonistas de Infancia clandestina. En definitiva, creo que toda esta compleja situación, la evaluación de su rol de madre joven, de esposa que se siente traicionada, de las verdaderas posibilidades de hacer prevalecer sus ideales por encima de todo lo demás, se le escapan de las manos al personaje. A ella y a cualquiera que haya vivido específicamente esa situación en unos momento como aquellos. Pero es un hecho que el personaje, ya adulto, tiene una necesidad incontenible de recordarse a sí misma y relatarnos a todos cómo fue, cómo vivió y cómo sintió esa situación. Es una verdadera necesidad. ¿Vos viste Julieta?

 

Sí, está en cartel en este momento en Montevideo…

 

Bueno, por ahí también se conecta Migas de pan con el universo almodovariano. A mi entender tiene algo que ver con Julieta, en el sentido de encararse a sí misma y al otro (en este caso, su hijo) y decir: tengo que contarte lo que pasó, darte la versión que te ocultaron o tergiversaron durante años -es decir, darte mi versión- y confesarte que me siento culpable por algunas cosas. Pero no por eso hubiera hecho otra cosa en aquel momento. No la hice ni hubiera podido hacerla. El personaje en su etapa joven, que Justina Bustos encarna estupendamente, no hubiera podido ni siquiera pensarlo. Pero siendo mayor se siente capacitado para aceptar las reacciones del otro, sea cual sea, siempre y cuando tenga la oportunidad de convocarnos a una reflexión conjunta, la suya y la de su hijo. Y de paso, la de todos nosotros como espectadores. Todo esto como adulto es mucho más jodido que como joven, ¿no?, porque ella de joven dejó muchas cosas por el camino, pero ahora, con una vida hecha y una profesión exitosa como fotógrafa, pone todo en jaque nuevamente y está dispuesta a dejar lo que sea por su hijo y su nieta, en aras de hallar la verdad. No “su” verdad, sino “la” verdad de su vida, de sus afectos y también de sus ideales, claro está.

 

La del estribo: sos talentosa y sexy, una combinación muy feliz y que no siempre se da. Y tenés una trayectoria extensa y de real importancia a nivel de títulos, de directores que te convocaron y de colegas con quienes trabajaste. Esa mujer que aparentemente ha logrado todo o casi todo, ¿qué puede pedirle hoy a la vida?

 

Es la del estribo, pero qué pregunta… (Piensa largos segundos) No en vano la dejaste para el final… ¿Qué puedo pedirle a la vida?  Cecilia duda al principio y dice: Paz. Y ya más firme y decidida, quizás habiéndolo pensado dos veces, reafirma: Sí, paz y una mayor serenidad. La capacidad de saber cómo no perder el corazón en todo aquello que no corresponda. Tener una cierta sabiduría para sobrellevar la aceptación de las cosas. Por sobre todas las cosas, el permanente rescate de lo humano. Y que no se me vaya nunca todo aquello que sentí siendo joven, esa suerte de pureza que no significa perdonar todo porque uno sabe distinguir lo malo de lo bueno, pero que aún así continúa siempre a la búsqueda de algo más. Porque al fin y al cabo, como solía decir mi padre, a la hora de la verdad tenemos la edad de nuestra propia curiosidad.                

 

MIGAS DE PAN.

 

Es un drama inspirado en el relato de Liliana Pereira, ex presa política de la dictadura, personaje de ficción inspirado en varios casos de la vida real. La joven (Justina Bustos) es encarcelada en 1975 por sus ideas, es torturada y termina perdiendo la custodia de su hijo. En la actualidad Liliana, ya adulta y exitosa fotógrafa (Cecilia Roth) decide volver al país para encarar su pasado. Allí deberá confrontar a su corazón con lo que le dicta su conciencia, y se debatirá entre un reencuentro definitivo con su hijo y la denuncia colectiva que prepara junto a un grupo de antiguas com

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