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ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS Acolchados inquietos y capitalismo salvaje

publicado a la‎(s)‎ 14 nov. 2011 10:55 por Semanario Voces
 

 

Comenzó Gran Hermano 2012 y nuestras fastidiosas vidas serán desde ahora tan fastidiosas como antes, pero con la diferencia de que lógicamente, miraremos el programa desde una perspectiva social crítica.

Por Matías Rótulo

Miraremos Gran Hermano pensando que son unos idiotas que no hacen nada más que hablar, tocarse, bañarse, defecar, comer, pelearse, masturbarse, ejercitarse y demás. Tan idiotas como nosotros pero con una gran cantidad de cámaras que los muestran en vivo. Ellos la pasan bien o mal, y nosotros la pasaremos igual que ellos pero esperando que ellos la pasen las cosas que nos pasan y no nos pasan a nosotros. Es entreverado pero real. Real como la casa. Porque si de algo no podemos dudar es Gran Hermano es “como la vida misma”.

La gente se conoce, se gusta o no, se mira, se acerca, se comunica, y después de eso la vida sigue adelante como en un gran teatro donde todos observan silenciosos, donde todos esperan ver al vecino tocando a su esposa, a su esposa tocando a su vecino. Me refiero a lo que sucede en la vida fuera de Gran Hermano. Dentro de la casa ya hubo “sexo”. Lo llamativo de la noticia es que algo tan común para la vida (para la procreación y el placer), sea lo “novedoso” en un programa que intenta recrear la “vida tal cual es”.

Dos personas, hombre y mujer, estuvieron debajo de una frazada blanca haciendo movimientos parecidos a los sexuales esta semana en Gran Hermano 2012. Esa es nuestra cabecita que nos hace ver que dos personas debajo de una frazada tienen sexo aunque no se note nada. Seguramente lo tuvieron. Pero lo novedoso del asunto, es que todos aquellos programas que refieren a Gran Hermano 2012 lo tomen como un tema tabú siendo que las alusiones a lo sexual que allí se hacen durante el resto del año es tan común y conocido como la Santa Misa de Canal 4. El ejemplo no fue el mejor, pero fue para ponerle un manto moral al asunto.

Más allá del sexo, el programa ahora se presenta (lo presentan sus conductores) como una lucha por la sobrevivencia económica, haciendo que el dinero circule dentro de la casa. Jorge Rial dijo en la presentación del programa la semana pasada que “ingresa el capitalismo salvaje”. Uno debería preguntarse ¿Y antes qué era? Si veinte personas aceptan encerrarse en una casa para ser filmadas las 24 horas, no era por un acto científico de experimentación con humanos, sino porque en el  juego hay una buena cantidad de dinero por el rubro sueldos y premios.

Ahora que está la plata dentro de la casa, las clases sociales se hacen más evidentes. Para empezar, hay dos casas: una de “los ricos” y otra “de los pobres”. En la casa de los pobres hay cuatro participantes que aspiran a ingresar a la casa mayor. Una de ellas, la uruguaya Clarisa Abreu ingresó a la casa mayor. Por acto de los mensajes de texto, la nueva forma de la lucha de clases, la uruguaya hermana del futbolista logró un primero objetivo: ascender en la escala social.

Todo ese dinero destinado a apoyar a uno de los participantes, tal vez no ayude a dar de comer a los pobres del mundo (¿No podría ayudar a los pobres de la región?), pero sí permite salir de la pobreza televisiva a uno de los participantes.

La casa de los pobres es una denigrante forma de mostrar a “los pobres”. Porque los pobres a veces no tienen qué comer, dónde dormir, entre otros problemas graves, y estos cuatro participantes, apenas sufre el problema de no estar pasándola bomba en la casa mayor, o de dormir en el piso.

El capitalismo no entró a la casa. El capitalismo se adueñó tanto de nuestro pensamiento que damos por sentado que todo mensaje se legitima a partir de la televisión. La pobreza y la riqueza se miden según la casa grande o la pequeña. El  juego se torna un explícito llamado a la discriminación. No porque unos sean ricos y otros pobres, sino porque la omnipotencia de los de afuera, de los que mandan mensajes, es la que decide. ¿No será mucho poder? Eso se suma a la discriminación a los gordos, negros, discapacitados que no están en condiciones de entrar a Gran Hermano donde hay que ser lindos y extrovertidos.

Mientras tanto, procurar ver algún miembro debajo de un acolchado blanco que se mueve en una habitación por dos personas que se “sacan las ganas”, es un juego de niños, al lado de la espera del robo, de la distinción de clases, del agravio mental.

 

 

 

 

 

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