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ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS En el Ministerio del Interior hay muchosfuncionarios que NO miran Telenoche YO LOS DEFIENDO. Por Matías Rótulo*

publicado a la‎(s)‎ 25 sept. 2011 14:27 por Semanario Voces   [ actualizado el 25 sept. 2011 14:32 ]
 

 

 

 

 

Estuve en Ciudad de México. Entre autos que van a paso de hombre y el cielo siempre gris por la contaminación tuve que soportar a un taxista que no dejaba de gritarle “pendejo, eres un pendejo” a cuanto chofer se le cruzaba en el camino.

El taxista me preguntó mi nacionalidad. Le respondí “uruguayo”. Me dijo “ese es un lindo país, tranquilo”. Es un lindo país porque no sale en el resumen latinoamericano de Azteca Noticias, en el cual se extiende la crónica roja continental, mostrando una especie de apéndice de la crónica roja mexicana.

El taxista me explicó que el lugar más seguro era la propia Ciudad de México. ¿Todo por qué? Por qué ni Azteca TV, ni Televisa, así como los periódicos, registran el estado de violencia que se genera desde un  gobierno que le prometió hacerle “la Guerra” a las drogas en el resto del país. Como toda guerra, parece que todo vale.

Volví al hotel, y ese mismo día vi en Internet la campaña contra la estigmatización en  los barrios de Montevideo. ¿Por qué esos barrios están estigmatizados? ¿Será porque los medios de comunicación, en particular los televisivos se han ocupado sistemáticamente en contarnos que algún “menor” del Cerro, Borro, Paso de la Arena, o barrio Lavalleja cometió un delito? ¿Será que el reportero de cualquiera de los noticieros informa sobre un asalto en Tres Cruces, y en vez de decir que el maleante se fugó para el lado oeste, o norte, o sur, o este, indica que se fue para la zona del Cerro, Borro, Paso de la Arena o Barrio Lavalleja?

La frágil, por no decir nula capacidad de los ministerios públicos, en particular la gestión de este Ministerio de Educación y Cultura que arrastra la tradición del gobierno de izquierda por no entrometerse en el espacio público cedido vaya uno a saber bajo qué condiciones desde hace décadas a los canales de televisión privados, genera que falte, -entre otras cosas-, el debate, el análisis, el pensar la comunicación como “servicio público”.

Lo mismo con el Ministerio del Interior actual, que por momentos aparece como el rehén de los medios de comunicación. El Ministerio del Interior y los medios tienen una relación de amor – odio. Por momentos sale el Ministro a criticar a los medios por la cobertura policial y/o amarillista que hacen, pero por otro lado, se utiliza a los medios para contentar a la oposición de derecha respondiéndoles a quienes piden más mano dura, con más mano dura mostrada como primicia por los canales de televisión.

Entonces la televisión avisa al instante y para la mayor audiencia siempre de tu lado, el “mega operativo” de turno, como si fuera el éxito del reclamo generado a partir del propio mensaje que la televisión transmite. Un mensaje vacío que se limita a tres actos: contar un hecho de violencia, mostrar la sangre o la pena del damnificado, e informar si el delincuente se escapó o fue arrestado.

Todo gracias a la radio policial, que los periodistas del área ostentan con total libertad y que nos permite llegar a los espectadores al mismo tiempo que el oficial asignado a la misión.

Luego, sobre lo que sufrió el damnificado, las consecuencias de acto delictivo, no sabemos nada. Sólo lo vimos con el micrófono delante de la cara justo en el máximo momento de generación de adrenalina, a veinte minutos de sospechar que se podía haber muerto, diciendo lo que queremos escuchar: “así no se puede vivir más” o “no se puede trabajar” o “a estos menores hay que meterlos en cana”. Se apaga la cámara, y sin importar las consecuencias de ese minuto de declaración, se pasa a otro tema.

Tampoco existe el análisis de las causas que llevaron al delincuente mayor o menor de edad a delinquir.

Pero el Ministerio del Interior envía los partes policiales a los medios, antes que al juez.

El Ministro u otras autoridades, si ven comprometida su decencia política, dan las explicaciones del caso. De paso le pegan a los medios, y los medios le devuelven el golpe con algo más de crónica roja que demuestre que en el país no se puede vivir así y que el Ministerio es ineficaz.

 

Afiches

Entonces, tras el tire y afloje preocupa la estigmatización de los barrios. Se muestran afiches donde la policía asume su papel de cuidador. En México se muestran por televisión a los “chavos” sometidos a un contexto de miseria y amenazas que fueron atrapados siendo mulas de los narcotraficantes. Se los para tras un cartel de la policía mexicana, y los periodistas los entrevistan. Acá no hemos llegado a tanto. Sí hemos logrado estigmatizar a adolescentes y niños de cuya vida poco sabemos. Pero sí sabemos que son menores y que son nuestra mayor problemática como adultos que vivimos en una sociedad que no quiere niños así, porque ellos son los que invaden nuestra tranquilidad. Por eso queremos expulsarlos, o en todo caso rehabilitarlos, pero bien lejos de nuestras casas.

Los afiches del Ministerio del Interior nos dicen que no debemos estigmatizar. Que la policía nos cuida. Que hay muchos pibes que no roban o que no se drogan, pues queda implícito que hay otros muchos que sí se drogan y que roban.

Los afiches nos dicen que debemos tener cuidado con los análisis veloces de la televisión y los testimonios al vuelo de víctimas, policías, y políticos (tanto oficialistas como de oposición) que nos dejan para nuestra sensible manera de pensar la seguridad o la inseguridad relatada.

Hay funcionarios que no miran Telenoche en el Ministerio del Interior. Ni Subrayado ni Telemundo. Aparecen ahí, vestidos de azul siendo los héroes de la noche televisiva y a veces hasta con música. Ellos no miran el informativo, ellos lo hacen.

 

matiasrotulo@gmail.com

 

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