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ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS Fuimos los bochincheros Por Matías Rótulo

publicado a la‎(s)‎ 4 abr. 2011 14:24 por Semanario Voces



Mi alma es un palo enjabonado donde la alegría dispuesta en sobres con premios adentro, se resbala a punto de alcanzar el objetivo. Le suena el pito a Cacho. Me refiero al silbato. Se terminó Cacho Bochinche.

 

 


Mi tristeza es inalcanzable como los brazos de Cacho Bochinche al intentar abrazar a Fermín el enano. Se cierra un ciclo. Culminan los juegos, las canciones, las alegrías y todos esos niños que han permitido demostrar que el estudio mayor de “La Tele” está hecho a prueba de mocos, orina, y caramelos pegados en los asientos luego de cada emisión del clásico de los sábados. Pero lamentablemente estaba en decadencia. No Cacho, no Laura, no Víctor, no “Ultratón”. El primer golpe a Cacho Bochinche fue una vez que las “Grandes Fábricas Peñarol” dejaron de ofertar aquellos juguetes plásticos de primer nivel (del primer nivel del edificio donde funcionaba la empresa). Si bien la empresa existe, algunos afirman que cambió de rubro radicalmente dedicándose a la reforma de rostros de modelos argentinas y gastando buena parte de su materia prima en la cara de Luciana Salazar. Otro problema que se vio en los últimos tiempos fueron las coreografías de Laura, ya que dejó de lado la simpleza que la caracterizaba para complejizar los bailes, lo que provocó que muchos niños y niñas no pudieran seguir esas técnicas de avanzada, perfeccionadas en la escuela que la co- conductora tenía en Punta Carretas. A modo de ejemplo, Laura complicó tanto sus coreografías (que según un anuncio del programa emitido hace dos años eran los bailes “más actualizados”), que le agregó a los giros en su eje mientras las niñas que la acompañaban en el estudio movían las cabezas como un tentempié, el levantamiento de una mano haciendo olita hasta la altura de la cara cantando la canción del bikini amarillo. Otro de los problemas que determinó esta caída fue Maxi de la Cruz. Los padres comenzaron a ver que si a sus niños los educaba Cacho Bochinche, podrían llegar a terminar siendo como Maxi: riéndose de sus propios chistes con gritos finitos e insoportables, tras una catarata de saliva desprendida de su boca al intentar modular algo parecido al remate de esos chistes que sólo le causan gracia a Maxi, en un programa de televisión nocturno.

Adiós Cacho

Cacho Bochinche nos enseñó valores. No me refiero al valor que tiene el publicitar todo aquello que me destine un rédito económico, por más que sea una verdadera porquería como producto, y que es ofrecida como algo “bárbaro, bárbaro, barba…, qué bárbaro”. Productos cuya única virtud fue la de ser “u-ru-gua-yo” (diría Cacho), como el libro de Forlán, pero no tan vendidos como el libro de Forlán. Nos dejó el valor de la familia  y de lo que cada uno debe hacer en el núcleo familiar. Si usted es nena debe jugar a colgar la ropita en la cuerda. Si es ropita de bebé mejor, porque la única función de la nena en este mundo es parir, hacer milanesas, esperar al marido y volver a parir. Si usted es varón, puede jugar al “Vale todo”: clásico juego del programa que trataba de poner a los muchachos dentro de una enorme bola para que jueguen al fútbol mientras las niñas hinchaban al costado de la cancha, ya que lo que podemos hacer los hombres es que las mujeres estén a nuestra entera disposición idolatrándonos como los verdaderos jefes del hogar que somos. Otro de los valores que nos dejó Cacho Bochinche fue el fomento a esa idea mística sobre el Ser Superior que nos observa. Cacho Bochinche inventó el Gran Hermano.  Si no es Dios, es Ultratón el que nos mira todo el tiempo. Un niño no debe decir malas palabras por una cuestión de educación, o para entender que la vida en sociedad se le haría mucho más fácil evitando agarrarse de los pelos con el de al lado, sino porque que le debe tener miedo a cuanto medio tanque sirva en una obra en construcción de parrillero, ya que en realidad puede estar ahí Ultratón escondido, escuchando las malas palabras que dicen los niños. Ultratón omite cualquier  metáfora sobre el sexo que gritan los de la obra en construcción hacia las muchachas que pasan por ahí. Cacho Bochinche nos heredó lo más precioso de nuestra niñez. Álbumes de figuritas, muñecos articulados, pelotas Cubilla, y el miedo al Payaso Pelusita. No nos olvidemos del Mago Ariel, de “Taraleti” y “Bobalinda”, y las marionetas que dirigen a Víctor. Perdón, las marionetas que dirige Víctor. También nos heredó a muchos niños esa sensación del travestismo televisivo. Cacho Bochinche un día era Cacho Bochinche, y al otro día era Cacho de la Cruz en el “Show del Mediodía”. Por eso, si un niño iba a saludar a Cacho Bochinche en la calle tenía que tener la suerte de agarrarlo siendo Cacho Bochinche, sino te podía llegar a tratar como Cacho de la Cruz, es decir, como el culo. Peor era pensar que Cacho Bochinche, podía ser Cacho de la Cruz, que además podía llegar a ser “Chichita”, lo que nos llevó a una confusión enorme, que se sumó a la noticia de la separación de Laura y Cacho, lo que nos hizo dar cuenta que esas dos personas en realidad eran marido y mujer . Ni le cuento lo que sentí cuando Rufo Martínez resultó ser el hermano de Laura Martínez. No voy a decir lo que pienso de esta partida de Cacho Bochinche de nuestra televisión, porque decir cosas feas esa asunto grave, y antes de decirlas, boquita con llave. 


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