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ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS Por Matías Rótulo*

publicado a la‎(s)‎ 6 jul. 2011 16:20 por Semanario Voces
 

 

 

Historias de Cárcel

 

Se termina un nuevo ciclo del programa que les da voz a los que queremos que no tengan voz por las dudas de que nos acusen de algo.

 

 

 

Melena al viento, Aureliano “Nano” Folle nos contó apasionantes “Historias de Cárcel”. El formato de las entrevistas, casi nada apreciado por la televisión uruguaya, fue explotado al máximo por el periodista de Canal 10. Le dio voz a quienes no tienen voz ejerciendo ese poder supremo que los medios de comunicación parecen (parecemos) tener. Si le damos voz a alguien es porque tenemos la autoridad para hacerlo. Una autoridad superior. De la misma forma la hacemos silenciar cuando se nos da la gana. Historias de Cárcel tiene la impronta de un periodísticos que retoma viejas fórmulas televisivas, la ya mencionada entrevista, y la historia de vida particular de alguien, que dentro de su “particularidad” tuvo una incidencia en otro, su (sus) víctima (s). Ese espacio de la sociedad que está por fuera de la sociedad: nuestros presos. Aquellos que como todo individuo se construye cultural y social en contacto con los demás individuos (diría algún padre de la sociología). Esos Seres Humanos que están al margen de la ley que los demás Seres Humanos queremos que sean respetadas porque son “nuestras” leyes. Hoy tienen un espacio en la televisión, donde se redimen, se disculpan o no. Donde se someten a otra condena: la pública.

 

 

“No deberían tener voz”

 

Al comentarle a una amiga que estaba por escribir la crítica de “Historias de Cárcel” surgieron por parte de ella (yo jamás diría esas cosas) apreciaciones tales como que “Folle se cree un símbolo sexual y no lo es”, “últimamente no sé si es más seria la propaganda de la financiera que sus crónicas policiales”, y “si están preso es porque algo hicieron, por lo cual no deberían darles prensa”. Sobre este último punto me quiero detener ¿Qué derechos tienen suspendidos los presos? ¿No pueden contarles al mundo su visión de un mundo que los aparte y los miran como ajenos a la realidad social? Nuestros presos (yo sé que decir que son “nuestros” a más de uno le puede causar cierta molestia), con Historias de Cárcel pudieron mostrarse y darse a conocer. Lamentablemente no todos pudieron expresarse, tal como ocurre en la sociedad donde no todos los individuos pueden mostrarse en los medios de comunicación.  Nosotros, cómodamente sentados en nuestros sillones frente al televisor en HD (“Alta Definición”, según sus siglas en inglés) tuvimos un primer plano de una realidad que por medio del testimonio es imposible de dimensionar tanto el pasado del individuo que lo cuenta, el hecho que lo llevó a estar preso, y el sufrimiento actual que buena parte de la sociedad reclama como solución para menores y adultos sin diferencia. Porque si pedimos “cárcel”, tras el crimen es porque no sólo queremos alejarlos de nuestras calles, sino que buscamos que sufran tanto como sabemos que sufren. Un reclamo que la propia televisión promueve sin lugar al análisis. Total, después vendrá Folle a sensibilizarnos con su programa y contarnos que detrás del delincuente existe una persona de carne y hueso que sufre, vive, lamenta y se arrepiente. Hace pocas semanas, el periodista Antonio Ladra en “Código País” realizó un informe sobre el Comcar, mostrando imágenes sobre las celdas recientemente desalojadas. Allí veíamos las condiciones paupérrimas de vida de los presos de “alta peligrosidad”. Viviendo en condiciones que atentan claramente contra sus Derechos Humanos. Es que la cárcel es algo tan ajeno que poco podemos conocer por medio de la televisión. Si uno considera que los presos no deberían tener derecho de expresarse (lo cual es una infamia pensar que no lo tienen), pensemos que nosotros, los ciudadanos de “este lado”, tan “legales”, que “pagamos nuestros impuestos” y “rechazamos que nos roben y nos maten” (dichos tomados durante estas dos últimas semanas de testimonios de personas asaltadas que salieron por distintos medios televisivos y radiales), por lo menos deberíamos procurar conocerlos a ellos, conocer las circunstancias que los llevaron a delinquir, y tal vez podamos vernos como en una pantalla de televisión interactuando con esos excluidos sociales. Excluidos, no ahora por estar encerrados en una celda. Excluidos desde siempre, tal vez desde que nacieron.

 

(*) matiasrotulo@gmail.com

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