Cultura‎ > ‎

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS: Sin risa Por Matías Rótulo

publicado a la‎(s)‎ 17 abr. 2012 6:42 por Semanario Voces
 

En la última edición de Voces escribí en esta misma columna una crítica al programa “Bienes Gananciales”, de Canal 10. Allí, para no ser tan directo y decir –de acuerdo con mi parecer, que no es absoluto, ni la palabra definitoria- que ese programa de “humor” no me causaba gracia. Al decir que yo, el autor – narrador, era reidor del ciclo, señalé que, si bien me reía, esa risa no era natural, sino que estaba programado por mi función como reidor. 

La semana pasada me llamó uno de los productores de Bienes Gananciales. Me dijo “mentiroso” por haber escrito en mi columna que yo trabajaba en un lugar donde no trabajo. Tras algunos gritos e insultos de los cuales me avergüenzo, por fin pude hablar tranquilamente con él. Me explicó su molestia y la de los reidores del programa. Le dije que había intentado hacer una ironía aunque el humor no era lo mío: le dije que el humor no era lo mío al productor de un programa de humor, siendo yo un tipo que escribe; por lo que me aseguré, a partir de ahora, de que el productor nunca me contrate como libretista.

 

Entendí, tras la  explicación del productor, que algunas personas no consideraron mi pésimo humor, lo que intentaba ser una ironía como tal. Ellos creyeron que yo trabajaba en Bienes Gananciales como reidor, o que alguien de la productora me había pasado información sobre cómo es el trabajo interno de estos profesionales de la carcajada. Pienso (lo pienso en serio), que debe ser más complicado actuar una risa que un llanto, por eso admiro a los reidores y no tanto a Andrea del Boca. ¿Cómo hace un reidor para reírse en un día de mierda? (aclaro: no va con ningún intento de crítica ni de hacer humor).

 

Volviendo a mi columna, resulta que allí, el supuesto narrador que se declaraba reidor  daba indicaciones sobre cómo era el mecanismo de trabajo de los reidores. Algo que hice por casualidad, a partir de una simple observación de risas tanto en Bienes Gananciales como en otros programas de humor. Antes de proseguir, quiero dejar en claro e impreso que: no trabajo en Bienes Gananciales como reidor y que ningún trabajador de la productora me pasó información sobre la forma de trabajo, pues de conocer a algunos de los reidores, ya estaría contestada mi pregunta sobre cómo hacen para reírse en un día malo. Acompaño esta explicación con un pedido de disculpas a los trabajadores del programa, en particular a los reidores.

 

Fui el sapo atrapado por la lengua de la mosca. Mi propia lengua. He venido proclamando en esta misma columna que los medios de comunicación son nexos educativos, educan, y que los comunicadores cumplimos una función “docente”, aunque no lo sepamos. Que con lo que escribimos, mostramos, decimos, estamos generando en alguien (nuestro público) una opinión, un sentimiento, los informamos, los ayudamos a formar opinión, etc.

 

De lo contrario no se explicaría que cuando la prensa avisa sobre una epidemia de gripe, todo Montevideo se tape de arriba abajo para prevenir el contagio.

 

Lo ocurrido con el productor y los reidores me hizo pensar nuevamente en el papel que tenemos los comunicadores, el papel que tengo yo mismo (hoy estoy muy egocéntrico, no sé si lo notan).

 

Es que me pasó de escribir algo que generó en alguien un efecto negativo. Sobre Bienes Gananciales mantengo mi crítica y sigo opinando que no me gusta. ¿Por qué no me gusta? Porque Bienes Gananciales fue presentado como un programa de humor, y a mí no me causa gracia. Mi polémico artículo fue presentado como una columna de crítica, donde yo afirmaba algo (que cumplía un rol específico), y hay quienes la leyeron e interpretaron textualmente lo que decía (no los culpo).

 

Una vez, en un debate sobre medios y niñez me tocó debatir (sigo con la autorreferencia, soy parte de la época en la que vivo) con otro colega que sostenía que los medios debemos mostrar la realidad tal cual es, y que no tenemos responsabilidad si lo que escribimos es utilizado de forma negativa por nuestro público. Mi opinión era la contraria: sí tenemos responsabilidades sobre lo que escribimos, pues constantemente estamos generando en la gente algo. Sabemos que en Uruguay hay delincuencia porque los medios lo informan; por otro lado, está bien que se informe, pero también sería correcto que se eduque a la sociedad para prevenir, para comprender que el delincuente no es inferior a nosotros por ser delincuente, sino que tal vez su propia historia de vida lo llevó a actuar como actuó.

 

El episodio con el productor no me hizo confirmar lo que pienso, pero ahora tengo otro punto de referencia para defender mi postura. ¿Qué hubiera pasado si entre los reidores de Bienes Gananciales se empezaban a acusar unos a otros de pasarme información? ¿Qué hubiera pasado si la productora sospechara de alguien y los hubiera despedido? Claro, antes de escribir la columna no tomé conciencia de eso.

 

Aquello de que los informativos “muestran la verdad”, que los diarios “la cuentan” y que la radio “la narra” ¿De qué se trata? ¿Qué pacto hacemos cuando nos muestran imágenes cargadas de dramatismo ni bien se produce el asesinato de alguien? Ahí no hay que hacer ningún tipo de pacto ficcional. Nos dicen que es “la verdad”. Esa verdad se construye a partir del hecho en sí, del momento del acto criminal, pero no se avanza mucho más.

 

En nuestros medios de comunicación, todos los días los reidores hacen silencio y se quedan escuchando el sonido de la sirena. Nosotros, en la tinta, la imagen y el audio, construimos nuestra propia tira dramática: prometemos que es una tira de realidad, y lo que obtenemos es una risa falsa, de alguien que nos acusa con el dedo, nos acusa con certeza: les mentimos.

 

matiasrotulo@gmail.com

 

 

 

 

 

Comments