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Estadio Uno más Por Gerardo Tagliaferro

publicado a la‎(s)‎ 17 dic. 2012 4:09 por Semanario Voces
 
 

Julio Sánchez Padilla es un personaje simpático y –me atrevo a afirmar- con una imagen positiva en la sociedad uruguaya. Su oposición consecuente al poder ilimitado del “grupo Casal” –oposición añeja y en desventaja- le ha valido un amplio reconocimiento, sobre todo entre quienes no forman parte del “mundo del fútbol”. Ha sido la vieja historia de David contra Goliat.

No siempre fue así. Hace unos años, cuando decidió jugarse unas fichas a la política, como suele suceder, dividió aguas: eran muchos los que se fastidiaban con el “pachequista” gritón y con un tufillo autoritario. Afortunadamente para él, su paso por la política fue tan gris como breve, y con ello quitó rispidez a una de las aristas polémicas de su existencia. Hoy no se mete mucho en esos temas y quizás los años y alguna nana han morigerado su carácter. Por eso lo del principio: liberado de las pasiones partidarias, el saldo entre simpatías y antipatías seguro es ampliamente favorable a las primeras.

Sánchez Padilla es, además y según quienes lo conocen y opinan públicamente, “un buen tipo”. Dirige también un programa que es, hasta donde sé, el único en este país que ha ingresado al Guinnes por su permanencia en las pantallas de TV.

Es decir que reúne algunos méritos sin duda destacables: es simpático, querido por buena parte de la sociedad, corajudo en su confrontación con el poder abusivo en el fútbol, buena persona según quienes le conocen y opinan y su programa televisivo es un clásico reconocido a nivel internacional. La pregunta es: ¿éstas son razones suficientes para justificar la permanencia de Estadio Uno en la grilla del canal estatal de televisión? Porque son las que han hecho jugar –expresa o solapadamente- quienes se agraviaron ante la posibilidad de que el programa de Sánchez sea levantado. (Dicen algunos también que ha sido durante décadas una escuela por donde han pasado muchos periodistas deportivos uruguayos, pero no queda claro si esto es un elogio o una acusación para Estadio Uno).

Por el contrario, las autoridades de Televisión Nacional y del MEC han dicho que lo que corresponde evaluar es si los programas que hoy se emiten –entre ellos el de Sánchez Padilla- llegan a los estándares de calidad necesarios para formar parte de su programación. Punto y aparte.

No veo qué es lo reprochable de este criterio, mientras se aplique con transparencia y objetividad. Es lo que debemos reclamar de quienes dirigen Televisión Nacional. ¿O no nos quejamos durante décadas del pobre nivel del “Canal 5”? Es de suponer además que la evaluación será realizada sobre la base de indicadores formulados por gente idónea. Si alguien ve en esto una suerte de persecución debería decirlo con claridad y, naturalmente, fundamentarlo.

Sería una pena que Estadio Uno no siguiera. Pero esta sensación de muchos, que comparto, tiene que ver con las emociones y no con las decisiones que deben tomar autoridades que están puestas allí para administrar lo que es de todos. Hay muchas buenas personas, corajudas, que se enfrentan al poder desenfrenado, queridas y simpáticas, pero eso no les basta para tener un programa de televisión. Ni en el canal estatal ni en ningún otro. Tampoco estar más de 40 años en pantalla otorga derechos eternos. Todo es finito en esta vida.

Ojalá siga Estadio Uno, por sus méritos como producto televisivo y no por presiones, por simpatías, por quedar bien o porque sí.

 

 

 

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