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Fragmentos del todo por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 21 feb. 2012 14:37 por Semanario Voces
 

 

“Los hijos se van y los viejos se mueren”, con esa frase resumía Ernesto Clavijo sus impresiones sobre un aspecto de la obra de Jon Fosse El hijo, en un breve intercambio a la salida de la Sala Cero de El Galpón donde dicha obra se presentara hace un par de años. Lo interesante de la reflexión es encontrarse con que ciertamente Fosse podía lograr a partir de una historia mínima, de escasos diálogos y centrada fundamentalmente en tres personajes, que las reflexiones sobre dicha historia trascendieran ampliamente el hecho puntual narrado.

Fosse recibió en el 2010 el Premio Internacional Ibsen, que se otorga en su país natal, y el comité del Festival Ibsen comunicó que las rezones del premio para Fosse pasaban por "su autoría dramática única, que abre puertas escénicas a los mudos misterios que persiguen los seres humanos desde el nacimiento hasta su muerte", según una nota aparecida en del diario argentino La Nación. Se destaca entonces la capacidad del noruego para encontrar, partiendo de experiencias individuales, aspectos de la vida humana, “mudos misterios”, que nos acompañan más allá de coordenadas geográficas y temporales. El propio Fosse señala en la entrevista mencionada “Mi ambición es que la esencia de la escritura sea clara y que refleje de un modo fiel lo local y lo universal a la vez.”

El hijo había llegado a nuestra ciudad de la mano de un grupo argentino, Sueño de otoño, el texto estrenado en diciembre, es el primero que se representa del noruego con un elenco local, y Gabriela Iribarren es quien asumió el desafío de dirigirlo. La pieza parte del reencuentro, aparentemente casual, de una pareja en un cementerio. El está casado y tiene un hijo, ella vive sola. Ese reencuentro deviene en la separación de él de su familia. Toda la obra gira alrededor de esos hechos, de las ilusiones de ellos, de su “búsqueda”, y de las reproches de la ex pareja y de la madre. La incomprensión de las razones del otro se va dibujando como uno de los elementos de la obra, pero la comprensión de los sentimientos del otro por momentos puede balancear esto. En ese sentido juega un papel central el personaje de la madre del protagonista, excelentemente interpretada por Beatriz Massons, este personaje, a veces de forma tosca, ruda, se manifiesta a través de reproches que ponen sus deseos en primer lugar, pero sus características también la hacen aceptar la tragedia final, y conciliar, de forma natural.

Se ha escrito mucho sobre como este tipo de obras hablan de temas “universales”, del amor, de la muerte, lo particular es el modo en que aparecen aquí, sugeridos por sucesos aparentemente monótonos, mínimos, que se van cargando con sensaciones de una forma difícil de describir. No solo hay una ruptura de la temporalidad cercana a lo onírico como sugiere el título de la obra, también hay paulatinos, a veces tangenciales acercamientos a las sensaciones de los protagonistas para intentar que esas sensaciones se despierten en el público y a partir de allí sí proyectarse con un sentido más universal, que cada espectador encontrará. Como Fosse ha dicho "cuando el teatro es realmente bueno, no durante mucho tiempo (pues nada puede ser realmente bueno demasiado tiempo), sino cuando suceden algunos instantes luminosos y densos y algo en el espectáculo proporciona un sentimiento interior, al mismo tiempo pleno de lucidez, que se siente por todo el cuerpo de un modo difícil de explicar, ese momento es cuando el  teatro alcanza su más alto grado de intensidad”. Esa intensidad es la clave de Sueño de otoño, y no se puede explicar, hay que experimentarla.

 

Sueño de otoño. Autor:  Jon Fosse. Dirección: Gabriela Iribarren. Elenco: Beatriz Massons, Roxana Blanco, Álvaro Armand Ugón, Any Cardozo, Carlos Vallarino.

Funciones: viernes y sábados 21:30, domingos 20:00. Sala Zavala Muniz del Teatro Solís. Entradas: $300.

 

 

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