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Historia, historias y teatro por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 7 jul. 2013 16:40 por Semanario Voces
 

Fábula

En el programa de mano de la obra se lee el título “Nuevas directivas en tiempos de paz” y a continuación “una fábula de Bosco Brasil.” La caracterización de esta obra de como fábula nos llevó el diccionario del teatro de Patrice Pavis, quien nos dice, acerca de un tipo de fábula particular: “Construir la fábula, para Brecht, es tener al mismo tiempo un punto de vista sobre la historia (el relato) y la Historia (los acontecimientos considerados a la luz del marxismo) (...) En realidad la búsqueda de la fábula quiere permitir la reconstitución de la lógica de la realidad representada (del significado del relato), manteniendo sin embargo una cierta lógica y autonomía del relato. Es precisamente de la tensión entre ambos proyectos y de las contradicciones entre mundo representado y manera de representar el mundo de donde provienen el efecto de extrañamiento y la percepción justa de la historia/ Historia.”

 

Historia/ historia

La historia (el relato) de esta obra, como se lee en la gacetilla de prensa, ocurre en una sala de inmigración del puerto de Río de Janeiro un 18 de abril de 1945, día en que son liberados presos políticos brasileños, y también del golpe de gracia al nazismo con la entrada a Berlín de las tropas soviéticas. Clautsewitz, un inmigrante que afirma ser agricultor, espera que Segismundo, funcionario de inmigraciones, le firme un salvoconducto para entrar en Brasil. Las dudas de Segismundo, que aún no tiene directivas sobre qué hacer en tiempos de paz, chocan con los deseos por momentos casi desesperados de Clautsewitz por quedarse en Brasil, esto dispara el conflicto de la obra.

Esta historia se desarrolla mientras aparecen, directa o indirectamente, conflictos de la “Historia” de esos años en escena. La llegada de inmigrantes a puertos de Sudamérica en general, y de Brasil en particular, era corriente por esa época. De hecho Bosco Brasil hizo una investigación sobre la inmigración en esos años a su país, inmigración en que llegaron intelectuales europeos como el ruso Jacó Guinsburg, el húngaro Paulo Rónai y el polaco Zbigniew Ziembinski, este último un actor que, según Brasil, “marcó un antes y un después en el teatro brasileño” allí tenemos uno de los móviles del autor para escribir esta obra.

Pero la obra también trae a escena aspectos de aquella realidad política brasileña, Segismundo se revela como un torturador, un funcionario que ha cumplido cualquier tipo de orden al servicio de un caudillo local brasileño, “las menciones a la tortura se remontan a la década del ‘30. Ese personaje trabajó como parapolicial de un caudillo de turno, a quien llama “padrino” y se trata de un civil” afirma el director de una versión bonaerense de  la obra, mientras que el autor, en una entrevista a página 12 hace algunos años, agrega: “Getulio Vargas, caudillo de Rio Grande do Sul que había asumido en 1930, estaba en el período de su gobierno conocido como Estado Novo (durante el cual prohibió todas las organizaciones políticas y disolvió el Congreso). Era muy hábil para sacar provecho de la situación histórica. Equilibraba muy bien las posiciones políticas de izquierda y derecha; pienso que en esto era una figura muy parecida a Perón, sólo que no era militar. En la época de la Segunda Guerra, la izquierda hizo presión para que el país entrara en el conflicto en contra de Alemania. Durante dos años se mandaron tropas, incluso. Y terminada la guerra, mientras no existieron nuevas directivas para tiempos de paz, los extranjeros necesitaron de un salvoconducto para entrar al país.”

 

 

Representación

Decía Pavis que “de las contradicciones entre mundo representado y manera de representar el mundo de donde provienen el efecto de extrañamiento y la percepción justa de la historia/ Historia”. Bosco Brasil escribe esta obra poco después del atentado a las Torres Gemelas, y según afirmaba, no creía que en medio de “la convulsión generalizada de este momento sea posible escribir teatro sin apelar a la comicidad”.

Ante tensión entre historia/Historia, ante el conflicto que también puede aportar la lectura de ese pasado a la luz de acontecimientos contemporáneos a la representación, la contradicción que se plantea en la representación se resuelve apelando a la comicidad para dejar entrever la tragedia de los personajes, al menos esa parece ser la postura del autor, y también la guía que la directora Graciela Escuder intenta marcar en su versión.

Los personajes están atravesados por la tragedia, Clautsewitz (¿referencia al estratega prusiano Carl Clausewitz?) huye de la guerra pero también de su propia cobardía, es un sobreviviente que abandonó a su familia para escapar de la muerte. En realidad este personaje cobra una nueva dimensión cuando, intentando conmover a su interlocutor interpreta un monólogo de Segismundo en La vida es sueño de Calderón de la Barca. El funcionario Segismundo (y aquí el juego de representaciones ya es más explícito) es un torturador, y para mostrar su carácter aterrador en tanto su aplicación al “trabajo” ha sido absolutamente distanciada de emociones, simplemente cumpliendo ordenes, la directora lo presenta acentuando cierta comicidad para desnudar lo terrible de estos seres. Por supuesto, el actor que huye de la guerra con nombre de militar y el torturador con nombre de personaje teatral plantean otro nivel de lectura de la obra, ese que homenajea al teatro, y que plantea un pliego más en la representación de ese monólogo de La vida es sueño que mencionábamos.

La eficacia de este espectáculo descansa en las actuaciones, un sorprendente Pablo Pípolo logra darle sustento tragicómico a un personaje inverosímil, pero real, mientras que Walter Rey vuelve a lucirse con personajes de cierta “poética” como este inmigrante que ilumina su rostro cuando recuerda su trabajo en el teatro mientras que lo obscurece cuando a su memoria llegan los rastros de su cobardía.

En este último lugar cabe detenerse para hacer una última lectura de la obra, el rol de los intelectuales que carecen de compromiso con su realidad. El propio Bosco Brasil ha dicho: “encuentro que nosotros, los intelectuales brasileños, somos auto indulgentes: la clase media se interesó en los derechos humanos recién cuando sus hijos sufrieron durante la dictadura y sigue aún sin reaccionar cuando la violencia se dirige en contra de las clases bajas. Hay muchos derechos que no son respetados, y creo que sin la participación de todos, no nos será posible resolver los problemas de la miseria y la explotación. La cuestión de salvaguardar los derechos humanos no depende de nuestra bondad particular o del gobierno sino que es una función que todos tenemos que ejercer. Ese es el mensaje principal de esta obra, porque pienso que a través del arte es posible crear cambios: para mí, el teatro es un lugar de reconsideración del pasado y el presente.”

 

Nuevas directivas en tiempos de paz. Autor: Bosco Brasil. Dirección: Graciela Escuder. Elenco: Pablo Pípolo y Walter Rey.

Funciones: jueves y viernes 20:30. Sala Cero de El Galpón. Entradas: $ 220.

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