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HONESTA Y RABIOSA LECCIÓN DE CINE Y ECONOMÍA. Por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 14 may. 2011 14:36 por Semanario Voces



 

Trabajo confidencial (Inside Job), USA 2010. Dirección: Charles Ferguson. Libreto: el mismo, Chad Beck y Adam Bolt. Fotografía: Svetlana Cvetko, Kalyanee Mam. Música Alex Heffes. Documental. Estreno: 28 de abril. Calificación: Muy buena.

 

     Al principio la película puede descolocar al espectador, que quizás se sienta perdido en medio de una clase de estadística financiera. Pero rápidamente el realizador Charles Ferguson comenzará a aclarar la crisis más grande en la historia de la economía, que dejó a millones de personas desempleadas y sin vivienda, y a los culpables libres. Trabajo confidencial recrea los antecedentes de la actual economía estadounidense, revela sus más inconfesables secretos y detalla las consecuencias del desplome, que en 2008 –y gracias a la famosa globalización- significó el derrumbe de la economía planetaria. Las armas de Ferguson para desarrollar de manera impecable e implacable su película son tres: la impasible, a veces irónica, narración de Matt Damon; el notable montaje de las noticias que no supimos entender totalmente en su momento; y una serie de valientes entrevistas a los poquísimos economistas responsables de la crisis que se atrevieron a dar la cara, en un alarde de soberbia e impunidad inauditas.

     La conclusión a la que con abundantes pruebas llega Ferguson es muy clara: nos están robando todo el tiempo. A lo largo de su película explica cómo los grandes bancos lograron convertir al mundo en un solo país, gobernado por una dictadura invisible basada en leyes ininteligibles llenas de letra chica. Ese gran país está dominado por un puñado de súper empresarios codiciosos, a los que luego nos obligan a darles una mano al quebrar sus empresas. Lo que más desanima es advertir que estamos lejos de salir de este círculo vicioso, en el cual tenemos que trabajar cada día más para sostener un sistema que no tiene la más mínima intención de sostenernos a nosotros. La conclusión del film duele: sólo un milagro podrá resucitar algo semejante a la extinta clase media.

     Una sensación de irreprimible ira e indignación rodea al espectador promediado el film, conmoción equivalente al visible asco manifestado por el autor ante la dimensión de la debacle. La rabia de Ferguson se manifiesta al lanzar sus incómodas preguntas a los implicados en el gran delito, porque no sólo apuntala con inteligencia y evidencias su requisitoria, sino que además logra acorralar a esos indeseables, redondeando con ellos un retrato personal y financiero de ribetes despreciables. El mérito del cineasta no sólo recae en el afinado y meticuloso trabajo previo al rodaje, sino también en haber sabido desarrollar frente al espectador el complejo entramado económico de manera inteligible: claridad expositiva y brutal honestidad son los mayores aciertos del film.

     Claridad expositiva para explicar cómo, a partir de Reagan, los estados comenzaron a renunciar al control operativo de los bancos, generándose una libertad empresarial diseñada por mentes presuntamente “brillantes”, que desde la cima de una pirámide siniestra empobrecieron a la inmensa mayoría del planeta, que antes sobrevivía a la ley de la oferta y la demanda con bastante menos angustia que hoy. Trabajo confidencial es la historia de esos delincuentes de cuello blanco que jamás irán a la cárcel, pero que aunque no porten un arma de destrucción masiva deben ser calificados como genocidas. Y brutal honestidad para no edulcorar con mensajes coloridos una realidad negra, donde el gris y el blanco escasean. Eso permite a Ferguson no dejar títere con cabeza, porque no salva ni a banqueros ni a empresarios, y en el banquillo de los acusados se sientan las agencias calificadoras de riesgo (que no vieron, o no quisieron ver, cómo se desplomaba el mundo), las empresas de seguros financieros, el ex presidente Bush y sus asesores, e incluso el decepcionante Obama y los suyos que, casuales casualidades, son los mismos señores que seguirán arruinando la vida al mundo entero. Ese corrupto nexo entre políticos, académicos y altos jerarcas del sistema financiero termina por desnudar un paisaje altamente desolador.

     La coherencia del film se percibe desde el propio hall del cine, con ese magistral póster de un hombre trajeado y de espaldas, cruzando los dedos como buscando suerte (¿para estafar al prójimo?), parado encima de un montón de dinero como si fuera una montaña de basura. Esa gráfica honestidad también puede advertirse en la selección de los temas musicales (con el gran Peter Gabriel al inicio del film) y en la elocuencia del título original, Inside Job, que literalmente puede traducirse como “trabajo interno”, pero que en la jerga financiera significa “delito interno”, y en este caso, para colmo, impune. Gracias a Ferguson nos queda el alivio de que ninguno de los delincuentes quedará en el anonimato por las atrocidades cometidas. Y si usted se cree paranoico porque piensa que sigue siendo esclavo de unos pocos seres inescrupulosos, no gaste en psicólogos, mi amigo, porque usted tiene razón.                        

 

¿QUIÉN ES CHARLES FERGUSON?

 

     Charles Ferguson (24.03.1955) es fundador y presidente de la Representational Pictures Inc., desde la cual produjo dos polémicos documentales: No End in Sight (2007), sobre la ocupación estadounidense de Irak (premio especial en Sundance y nominada al Oscar), y Trabajo confidencial, ganadora del Oscar 2010. Pero Ferguson es también escritor y empresario de software, y una autoridad en política tecnológica. Nacido en San Francisco, cursó sus estudios superiores en Berkeley y se doctoró en ciencias políticas en el M.I.T. Durante años estuvo conectado con la Casa Blanca, el Departamento de Defensa y una serie de grandes empresas del área tecnológica (Apple, Motorola, Xerox, Texas Instruments). En 1994 fundó una de las primeras compañías de software, Vermeer Technologies, y en 1996 la vendió a Microsoft en 133 millones de dólares. A partir de entonces se ha dedicado a la docencia, además de haber escrito cuatro libros (Computer Wars; High Stakes, No Prisoners; The Broadband Problem; No End in Sight) donde analiza aspectos de la información y la tecnología, y su relacionamiento con la economía, la política y la sociedad. Ferguson es un intelectual inquieto y desencantado con la política de su país, como quedó de manifiesto en su discurso al recibir el Oscar, donde declaró: “La crisis era totalmente evitable, pero nadie hizo lo correcto. Y nadie fue a prisión, pese al fraude que dio como resultado pérdidas de billones de dólares. Espero que mi película pueda hacer entender a todos la naturaleza corrupta de los culpables y las causas fundamentales del problema”.    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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