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Ideología del resentimiento Por Leonardo Flamia

publicado a la‎(s)‎ 14 nov. 2011 10:41 por Semanario Voces
 

“tampoco soporto a ésos, a los recentísimos especuladores en idealismo, a los antisemitas, que hoy entornan sus ojos a la manera del hombre de bien cristiano-ario y que intentan excitar todos los elementos de animal cornudo propios del pueblo mediante un abuso, que acaba con toda paciencia, del medio más barato de agitación, la afectación moral (- el hecho de que en la Alemania actual no deje de obtener éxito toda especie de espíritus fraudulentos es algo que guarda relación con el deterioro poco a poco innegable y ya palpable del espíritu alemán, cuya causa yo la busco en una alimentación compuesta, con demasiada exclusividad, de periódicos, política, cervezas y música de Wagner, a lo que hay que añadir lo que constituye el presupuesto de esa dieta: primero, la clausura y la vanidad nacionales, el fuerte, pero angosto principio de Alemania, Alemania sobre todo..).”

El párrafo anterior, que casi podría ser una violenta crítica a la propaganda nazi histórica, en realidad es una cita de La genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche, y es particularmente interesante porque allí se ataca de forma explícita el antisemitismo, uno de los pilares del nazismo, y contradice frontalmente la idea de que Nietzsche sea un antecedente de dicha ideología.

“hay un compositor que no puedo dejar de escuchar con insistencia, Wagner, y una banda, Rammstein” nos dice el Skinhead protagonista de Nuremberg, nuevos lugares comunes del nazismo (del neonazismo si tomamos en cuenta el último caso). Wagner es atacado en la misma cita anterior por el propio Nietzsche, quien se distanciara del compositor poco después de haberle dedicado El origen de la tragedia. Lo de Rammstein es una adopción externa al grupo. Y es que la fuerza de convocatoria de estas “ideologías del odio” jamás estuvo basada en una coherencia del discurso. Por eso se podía mutilar a Nietzsche para usarse a su favor, o se puede convocar a Wagner, mucho más nombrado que escuchado seguramente, porque lo importante son las marcas identitarias que convoquen, aglutinen y encaucen el resentimiento, y porqué no, el miedo al otro devenido en odio.

Ahora, el odio y el resentimiento surgen naturalmente de la exclusión, con las particularidades que se generan en países que reciben miles y miles de inmigrantes, inmigrantes que algunos sectores sociales ven como rivales, pero ¿quiénes son los que encauzan ese resentimiento hacia los “ideales” neonazis? El joven skinhead que va a atentar contra un embajador ¿por quién se va a sacrificar en realidad? ¿Quiénes pasan a buscar a este joven skin en una camioneta negra para llevarlo a esa embajada?

El espectáculo muestra la punta de un iceberg, la base social utilizada por quienes crean esas marcas identitarias para que el cauce del odio les sea funcional, y allí está su eficacia, en mostrar la historia de un joven que se siente excluido de “su” lugar. Ya Peter Weiss en La indagación hacía decir a un personaje que de no desaparecer la base cultural que hizo posible el Holocausto, “otros millones de seres pueden esperar igualmente/ su aniquilación/ y esa aniquilación/ podrá superar enormemente/ en efectividad, a las que ya hemos visto”.

Santiago Sanguinetti vuelve a impresionar como un actor demasiado poco visto en ese rol. La mirada desafiante, el discurso aparentemente seguro de sí que esconde un terror al vacío, al no saber qué se es, son apenas un par de aspectos a tener en cuenta de la interpretación que evidentemente se potencia con el trabajo de María Dodera. De a poco Sanguinetti, en tanto dramaturgo, director y actor (aunque saludablemente nunca abarcando las tres áreas en un mismo espectáculo) se ha ido convirtiendo en “la” figura teatral de su generación.

 

Nuremberg. Autor y actor: Santiago Sanguinetti. Dirección: María Dodera.

 

Funciones: sábados 23:30. Teatro del Museo – Museo Torres García (Peatonal Sarandí 683). Entradas: $ 180.

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