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IMPACTANTE THRILLER DE DENUNCIA Por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 6 jul. 2011 15:57 por Semanario Voces
 

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Poder que mata

(Fair Game), USA, 2010. Dirección y fotografía: Doug Liman. Libreto: Jez y John-Henry Butterworth, basados en libros de Valerie Plame y Joseph Wilson. Música: John Powell. Con: Naomi Watts, Sean Penn, Sam Shepard, Noah Emmerich, Bruce McGill. Estreno: 24 de junio. Calificación: Buena.

 

     Esta película está basada en un hecho real, enfocado desde dos puntos de vista. Uno es particular, y narra la odisea de la agente de la CIA Valerie Plame (Naomi Watts) y su esposo Joseph Wilson, diplomático de carrera (Sean Penn), expuestos en medio de un inconveniente público luego de descubrir una verdad que muchos quieren esconder.  El otro foco es colectivo, y tiene que ver con la crisis política estadounidense luego del ataque a las Torres Gemelas, y la paranoia del gobierno por la posible construcción de una bomba atómica por parte de Sadam Hussein. Esa doble vertiente conceptual está volcada en el film en forma muy particular, mimetizando estilos cercanos al documental sin engañar al espectador acerca de que lo que está viendo es una representación parcial y subjetiva de la realidad. Por eso en Poder que mata resulta fundamental el montaje a nivel escénico y técnico. En su primera acepción cobra relieve la concatenación de imágenes reales con las de ficción, posibilitando que los personajes vean por TV los discursos de Bush o algún miembro de su gabinete, y queden inmersos en la compleja realidad que los rodea. El esquema funciona a la perfección y termina convertido en una suerte de eje espacio-temporal, con el cual el intrincado relato se intensifica. A nivel técnico, en cambio, el montaje es muy rápido, con escenas formadas por múltiples planos, brindando enorme dinamismo al conjunto.

     Cuesta creer que la CIA fuera tan ingenua como para caer en la trampa tendida por Dick Cheney, contra quien van dirigidas las principales acusaciones del film, porque aquí Bush es apenas el títere de un gobierno que mintió al mundo entero y salió impune de terribles matanzas. Sin embargo basta ver las atroces películas nazis rodadas en los campos de exterminio para recordar que la soberbia es el mayor pecado de todo aquel que tiene poder. También cuesta ver a la pareja protagónica como héroes impolutos tratando de mostrar su verdad al mundo, enfrentados a la Casa Blanca. Ellos deben haber tenido parte de responsabilidad en los actos que el film denuncia, pero el realizador Doug Liman con gran habilidad no los juzga ni glorifica,  mientras muestra el grado de manipulación de la agencia de espionaje más poderosa del mundo. Con esas armas Liman no se distrae en asuntos estéticos. De forma clásica teje un thriller bien armado y sólido, que evoca los mejores films de Costa-Gavras, sin descuidar denuncias secundarias al rol de los medios de comunicación, en especial la rapidez con que Internet trasmite cualquier información (real o ficticia) a todas partes del mundo. La primera mitad del film es más intrincada, y por ello muy apasionante. Sin embargo la segunda parte es mejor a nivel dramático, porque allí Valerie y Joe se humanizan y quedan expuestos, no como espía y diplomático, sino como matrimonio al cual la dura realidad no llega con la misma rapidez que lo hace un mail o un artículo a los blogs o los periódicos. Otro punto alto es la química entre Naomi Watts y Sean Penn, ya demostrada en 21 gramos y Días de furia, gracias a la cual todo lo que aquí se expone resulta verosímil. Eso sí: juzgar y designar el grado de culpabilidad de los personajes en este asunto queda a cargo del espectador.              

 

 

 

 

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