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Joya de la arquitectura Art nouveau montevideana en peligro Por Nelson Di Maggio

publicado a la‎(s)‎ 6 ago. 2011 15:34 por Semanario Voces
 

 

Para que las autoridades despierten de la siesta urbanística, corresponde llamar la atención hacia el deterioro de un maravilloso inmueble por falta de mantenimiento.

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No existe ningún otro movimiento, en la historia del arte, que disfrute de una cronología tan precisa como la del Art nouveau: 1895-1914. También como ningún otro, recibió tan diversos nombres: Art nouveau en Francia,  Jugenstil en Alemania, Sezessionstil en Austria, Liberty en Italia, Modern style en Bélgica, Modernismo en España. Más irónicos fueron otros epitetos: paling (anguila), nouille (fideo), yachting, metro o Guimard, en alusión al arquitecto que hizo las entradas del subte de París, latigazo, tenia, salamandra, Maxim´s, por el famoso restaurante  parisino. En el Río de la Plata, predominaron los nombres Art nouveau y modernismo.

El Art nouveau fue el primer movimiento totalizador y universal. Incluyó todos los lenguajes posibles (arquitectura, pintura, escultura, grabado, decoración, muebles, textiles, moda, diseño gráfico, publicidad) y se impuso a principios del siglo XX en Uruguay, con sorprendente aceptación comunitaria, en especial de la clase adinerada. Anticipó una nueva sensibilidad, una nueva manera de ser y estar, ya en formación, más dinámica y acorde al proyecto nacional de transformación social implantado por José Batlle y Ordóñez. Otro Uruguay nació.

Denostado por muchos que no entendieron el carácter revolucionario de sus propuestas estéticas (se adelantó al arte cinético y a la abstracción), el  Art nouveau comenzó a ser lentamente relegado al olvido. Y a su destrucción. Aunque subsisten, son pocos los edificios Art nouveau que se pueden admirar. Uno de ellos, declarado  Monumento Histórico Nacional en 1975, joya arquitectónica, es el inmueble de la calle Bartolomé Mitre 1410-14, casi Rincón, rodeado de afinidades constructivas.

Es conocido por Vivienda José P. Rodríguez, construido en 1905 por el arquitecto Horacio Acosta y Lara y el ingeniero A.  Guerra Romero, el más hermoso ejemplar de arquitectura Art-nouveau en Montevideo. Entró en una etapa de inquietante deterioro por su lamentable estado de mantención que hace temer por la suerte de este prodigio. Es propiedad de un particular que alquila sus diferentes sectores a distintos huéspedes: un restaurante, una casa de antigüedades, una iglesia evangélica cristiana y un centro misión del marinero  El piso superior, ocupado por un matrimonio coreano que vive desde hace tres años y medio, mantiene impecable la sala del oficio religioso, aunque se nota un descuido general en corredores y baños, poco aceptables a la vista del curioso observador.

En el aspecto arquitectónico se han eliminado o mutilado, quizá con anterioridad y por otros inquilinos, aspectos de la hermosa decoración en las paredes, aunque se mantienen casi intactas las admirables puertas de madera y de hierro, un ritmo vertiginoso diseñado con portentosa vitalidad intrínseca. En cambio, el techo y paredes de la entrada padecen de un avanzado daño progresivo, despintados y carcomidos, lo mismo que la base de la enorme puerta que, de no ser intervenida lo antes posible, corre grave riesgo. El dueño del predio (no fue posible localizarlo para advertirle de la situación) debería empeñarse en revertir ese lento deterioro. Es seguro que  las autoridades nacionales y municipales, las asociaciones de arquitectos, podrían (y deberían) contribuir a la restauración para neutralizar el paso del tiempo, la desidia de los inquilinos, y salvar el edificio antes de que sea tarde. En su fachada, hay demasiada cartelería que altera la magnífica visión de la unidad constructiva, con agujeros y superficies corroídas. Una chapa en el frente recuerda que el local fue sede temporaria del semanario Marcha.

 

 

 

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