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La Estrella de Sevilla

publicado a la‎(s)‎ 30 abr. 2010 17:48 por Victor Garcia | Semanario Voces

“el teatro no es el respeto a ultranza por la palabra, ni por nada, el teatro es un contrato entre el espectador y el actor, lo demás son idas y venidas, prejuicios literarios, pero no es teatro”

“La Estrella de Sevilla” es un texto clásico del Siglo de Oro que la tradición atribuye a Lope de Vega. La autoría en realidad está en discusión, pero el director español Eduardo Vasco no presta mayor atención a esto, “pasado mañana, cuando vengas a ver La Estrella de Sevilla, Lope de Vega soy yo” nos decía el martes pasado en la cafetería del Teatro Solís. Lejos de pretender ser sacrílego, Vasco reivindica esa actitud como la mejor manera de ser “clásico” si a la tradición teatral española nos referimos.

Según el director la intención de esta versión nunca fue hacer teatro arqueológico:La intención era encontrar una forma que calzara mejor a este texto que la forma ortodoxa con la que habitualmente se piensa que se debe representar el Siglo de Oro. Así que es un espectáculo que tiene mucho de investigación, en formas, en cómo podemos hacer este texto sin recurrir a una tradición que tiene más que ver con el teatro decimonónico que con el verdadero teatro del Siglo de Oro. La historia de cómo hacemos el teatro clásico en España tiene que ver con la vuelta a esa tradición, olvidándote de lo que ha sido la tradición francesa postracionalista de escenificación, que es la que nos gobierna en todo lo que llamamos clásico. Nuestra reflexión siempre ha sido que es absurdo tratar de representar a Lope de Vega como los franceses hacían a Racine.

 

De hecho la tradición del Siglo de Oro español va por carriles totalmente distintos que los del Neoclasicismo francés.

Claro, pero cuando en España decae la tradición del Siglo de Oro, porque llega toda la influencia del Neoclasicismo, de la Ilustración, etcétera, casi se abandona la tradición, se empieza a buscar maneras de representarlo tratando de respetar las tres unidades, de que tenga al decoro como máxima, se trata de buscar algo que en el siglo de oro no tiene ningún sentido. Nosotros hemos tratado de obviar esa parte e irnos a la raíz, y hacer el teatro del Siglo de Oro desde nuestra tradición, con un nivel de convención mucho más elevado. La convención, al fin y al cabo, es un contrato entre yo, que hago teatro, y tu, que lo recibes. Yo te digo que esto que dura tres horas te lo voy a condensar en veinte minutos y tu vas a aceptar aunque no sea real, porque estamos de acuerdo en que lo importante no es eso, lo importante es la historia. La ligazón del espectador con el artista es mucho más descarada que en el teatro decimonónico, porque, igual que ocurre en el teatro isabelino, yo te digo que estoy en un río y no necesito más, yo digo que estoy en un palacio y ya está, eso el teatro francés no lo acaba de ver, por lo cual no entiende el Siglo de Oro y no entiende el teatro isabelino.

 

Una particularidad del planteo de este texto desde el principio es esa especie de contrato entre el Rey y el Cabildo de Sevilla, que le limita sus poderes, algo que en el transcurso de la política europea se diluye.

Bueno, ten en cuenta que estamos en el siglo XIII, estamos con un Rey pre-absolutista, que necesita pactar con cada ciudad que conquista para poder gobernarla y conservar el orden antes de continuar la conquista, lo que hace es entrar a Sevilla como Rey pactando con los ciudadanos, con los nobles.

 

¿Y eso permite hacer una lectura actual de la relación de la autoridad con los ciudadanos?

Algo, algo, nosotros creemos en el punto de vista histórico. Yo creo que aprendes más leyendo la historia que reescribiéndola desde nuestro punto de vista político. En el siglo XXI lo que estamos perdiendo es la capacidad de leer nuestra historia desde un punto de vista crítico, porque la contemplamos como ficción, por lo cual creo que contemplar hechos históricos o modelos de poder distintos al nuestro nos da una distancia y una capacidad crítica mucho mayor que si hablas de cómo es el poder ahora mismo. Esa perspectiva histórica también te ayuda a explicar muchas cosas. Este rey es muy joven, entra a la ciudad pensando que va a conseguir las cosas rápido y se encuentra con un poder establecido que le hace frente, eso funciona muy bien. Y luego está la cosa del amor, del deseo, de la carne…

 

Y del honor y del destino trágico también.

Creo que esta puesta en escena refleja mucho esa articulación del destino trágico, es un texto que tiene mucha raíz grecolatina, con los postulados del Arte nuevo de hacer comedias, es un híbrido muy extraño, pero muy bello.

 

Una cosa que has comentado es que muchos textos tienen añadidos, lo que dificulta a veces determinar la autoría. Es interesante pensar que cuando los actores modifican sus partes para lucirse ellos de alguna manera hacen una adaptación.

Todo era así, si tenían tres actores menos cambiaban toda la obra. Hacían teatro, el teatro es eso, o sea, el teatro no es el respeto a ultranza por la palabra, ni por nada, el teatro es un contrato entre el espectador y el actor, lo demás son idas y venidas, prejuicios literarios, pero no es teatro. El teatro en sí no existe, el teatro es lo que tú y yo acordamos, cuando dejamos de vernos ya no está, no hay más. O nos acostumbramos a que eso es así, o acabamos rindiendo cuentas a la filología. Cuando existía Lope de Vega la filología no existía, entonces, Lope soy yo. Pasado mañana, cuando vengas a ver La Estrella de Sevilla, Lope de Vega soy yo, y eso lo sabía Lope cuando escribía. Los autores de comedias eran los directores, no los que escribían las comedias, los llamaban autores de comedias a los directores. El poeta escribía, le daba el texto al autor de comedias y este la hacía, si podía, pero en ese viaje pasaban muchas cosas, y la adaptaban y le añadían cosas, o quitaban, eso es el teatro.

 

¿Cómo ha sido la reacción del público a esta manera de trabajar los clásicos?

Cuando empezó la Compañía Nacional (1986) tuvo a toda la crítica y a gran parte de la profesión en contra durante casi dos años. Fue un shock tremendo, porque lo que se demandaba era una especie de réplica de la Comedia Francesa, o sea ortodoxia, y el teatro español no es ortodoxia. Eso lo entendieron muy bien los primeros directores de la compañía y lo llevaron a cabo, o sea, somos irreverentes casi de nacimiento, y eso es muy cómodo (risas) está muy bien. Por otro lado tenemos una gran relación con los filólogos y el mundo de la Universidad y es muy flexible, es decir, ellos entienden que nosotros hacemos teatro, los libros están ahí y no pasa nada, yo puedo hacer muy mal La estrella de Sevilla y ahí sigue ¿no? no le va a pasar nada.


La Compañía Nacional de Teatro Clásico de España presenta: La Estrella de Sevilla, atribuida a Lope de Vega.

Versión y dirección: Eduardo Vasco.

Elenco: Daniel Albaladejo, José Vicente Ramos, José Ramón Iglesias, Francisco Rojas, Mon Ceballos, Jesús Calvo, Arturo Querejeta, Jaime Soler, Muriel Sánchez, Paco Vila, Eva Trancón, Fernando Sendino, Jesús Hierónides, Ángel Ramón Jiménez.

Violín barroco: Isaac M. Pulet. Espacio sonoro: Eduardo Vasco. Asesor de verso: Vicente Fuentes. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Escenografía: Carolina González. Vestuario: Lorenzo Caprile.

 

Funciones: jueves 29 a las 21:00, viernes 30 a las 17:00, domingo 2 y lunes 3 a las 20:00. Entradas: desde $ 100 a $ 350. Teatro Solís. 

>> Por Leonardo Flamia

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