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LA FORMA Y EL CONTENIDO por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 24 ago. 2012 12:31 por Semanario Voces

 El ingeniero, Uruguay 2012. Dirección y libreto: Diego Arsuaga. Fotografía: Analía Pollio. Música: Hernán González. Con: Jorge Denevi, Jorge Temponi, Fernando Dianesi, Julio Calcagno, Roberto Fontana, Pepe Vázquez, Florencia Zabaleta. Estreno: 17 de agosto. Calificación: Aceptable.

 

     Tras una década de silencio Diego Arsuaga vuelve a la dirección con su tercer largo, luego de Otario (1997) y Corazón de fuego (2002). Ese silencio empero no había sido absoluto, porque a su importante trabajo como publicista Arsuaga sumó una constante labor desde Taxi Films, habiendo participado en la producción de títulos como Plata quemada (Marcelo Piñeyro, 2000), 25 Watts (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2001) y D. F. Destino final (Mateo Gutiérrez, 2008). La TV también lo tuvo activo, desde el ya lejano En tránsito (2001) hasta un reciente capítulo en la serie unitaria Adicciones (2011). Sin embargo, según dichos propios, volver a dirigir en El ingeniero fue casi un debut, porque siente esta historia como la más personal de su carrera. Escrita en un mes, El ingeniero quizás tenga que ver con lo que Diego puede haber experimentado durante su infancia como hijo del presidente de Defensor Sporting Eduardo Arsuaga, y también con su pasión futbolera: “Tengo 46 años de edad y 46 años de socio de Defensor”, ha confesado entre risas.

     La película cuenta la historia del ingeniero Erramuspe (Jorge Denevi), que llevó a la selección a varias victorias, pero en la final de una Copa América no salió del vestuario y presentó renuncia. Al empezar el film pasaron largos años de ello sin haber concedido nunca una entrevista, lo que provocó especulaciones de todo tipo,

 
desde una probable demencia senil hasta una vinculación con la mafia futbolera. Desde entonces Erramuspe vive autoexiliado en una mansión en el campo, a la que llega un joven periodista no deportivo (Jorge Temponi), que sin esfuerzo visible logra el permiso para una interview que incluso podrá terminar convertida en libro. Con una sola condición: el joven deberá instalarse una semana junto al ingeniero y responder a su vez a las preguntas que éste quiera efectuarle, sean sobre deportes, corrupción profesional o temas colaterales como son los de índole sentimental.

     El ingeniero pone en el tapete el viejo tema del equilibrio entre forma y contenido. Todo lo que aquí se cuenta interesa, y aunque los personajes hablan de más sus diálogos son inteligentes y dosifican con pericia las aristas más polémicas del asunto. En el haber también debe ubicarse una zona final donde el libreto adquiere tintes auténticamente emotivos. Y un último punto a favor es el desempeño de Denevi y Temponi, cuya química funciona a la perfección, y sobre la cual descansa gran parte del mediano logro de esta empresa. Donde las cosas no caminan demasiado bien es en el plano formal. Es muy atendible el rendimiento que Analía Pollio extrae del agreste paisaje en el que transcurre la trama, pero Arsuaga no logra integrar conceptualmente la naturaleza utilizándola como ejemplo de ciertos conceptos futbolísticos, sino que deja la sensación permanente de valerse de ella pura y simplemente para airear las cosas. Arsuaga sabe que su historia es básicamente teatro filmado, y no puede escaparle a ese fantasma. De haber usado el flashback todo hubiera tenido mayor consistencia, pero El ingeniero es un relato clásico que no apela a vueltas del tiempo, y por esa opción se debate entre bondades y falencias. En los actores y lo que cuentan está lo mejor de su resultado.           

    

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