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LANZAMIENTO DEL LIBRO DE ADOLFO GARCÉ: LA POLITICA DE LA FE

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2012 12:17 por Semanario Voces
 

 

 

Este trabajo sinceramente, Marina, tenés razón, lo he hecho con mucho cariño. Marina, me parece que es obvio que la supervivencia del Partido Comunista tiene mucho que ver contigo. Vos y otros militantes hicieron que el Partido Comunista siguiera siendo el Partido Comunista con sus señas de identidad, como dice Esteban. Esteban, muchas gracias por haber venido. Sos un protagonista clave en esta historia. Obviamente, no sos el héroe… no sos el villano. Esta es una historia sin héroes ni villanos, para mi gusto.            Es tan intenso todo lo que está involucrado en la militancia, en los sueños, en la pasión de la gente por la política y por sus ideales.

         He sentido más que nunca la obligación de tratarlo con cuidado.

Gerardo, mil gracias por estar acá nuevamente, porque hace 10 años me acompañaste en la presentación del libro sobre la CIDE, que era mi tesis de maestría.

Muchas gracias a ustedes, a todos los camaradas, los compañeros de militancia con los que compartimos aquellas creencias durante tanto tiempo. Seguramente acá, en este lugar, hay muchas respiraciones que faltan y quiero muy humildemente rendir homenaje a la gente que fue capaz de morir por sus ideas.              Siento que a los militantes comunistas les debía este libro porque yo formé parte de esta tribu. Formé parte del Partido Comunista, capaz que los viejos no se acuerdan. Allá por el año 82, había conseguido que “la turca” Mizrahi me pasara algunos libros para leer en el verano Lenin y la revolución en América Latina (risas)… ¡Con las cosas que la gente se drogaba antes! (risas). En el año 83, que fue un año dramático discutíamos con mi hermano, sobre si debiera ser socialista o comunista. Queríamos militar, luchar contra la dictadura y también queríamos hacer la revolución. Al final, nos acercó a la Juventud o al Partido Comunista esa cosa que era pública y notoria en los muros de la ciudad, que los comunistas luchaban contra la dictadura.

Me acuerdo que por ahí fue el último golpe de la represión contra la Juventud Comunista, en el que cayó mucha gente del círculo del IPA y me acuerdo que en un acto absoluto de inconsciencia resolví afiliarme al Partido Comunista y desde junio del 83 hasta después del voto amarillo, seguí militando. A nosotros, a los de mi generación, nos sacó de la militancia el voto amarillo. Nos dejó sin aliento el voto amarillo.

Pasaron otras cosas, vino el desplome del socialismo y a mí me empezó a dar la impresión de que yo, que creía saber tanto, sabía bastante poco y que tenía que volver a arrancar. Me metí en la facultad para penuria de la pobre gente que tiene que soportar visiones muchas veces mortificantes.

Yo, que pertenecía a la tribu, sentía que les debía de alguna manera este esfuerzo.  Aprendí mucho y, si me apuran, lo más importante que aprendí es hasta qué punto gente tan maravillosa, tan inteligente, tan idealista se puede equivocar tanto. Esa fue una de las lecciones más importantes, más fuertes que me dejó la militancia. Cómo nos podemos equivocar tanto con las mejores intenciones.

Entonces, con mucho cariño, definitivamente no hacia esas ideas, pero sí, hacia los militantes. Quizás sin amor hacia las ideas, pero en absoluto con bronca. No les tengo bronca a los que se quedaron militando en el Partido Comunista.

Parece completamente lógico que se hayan quedado militando en el Partido Comunista y, hasta en cierto modo, -quizás exagerando lo que vos decís, Esteban-, ¡qué lindo poder seguir creyendo!

Cómo voy a criticar a Esteban y a la gente que se fue. Yo también me fui, incluso un poco antes. Entiendo perfectamente. Es tan intensa esa experiencia que puede arrancar gente para lados muy raros.

Con afecto hacia los militantes… y, hablando de afectos, quiero hacer tres menciones muy importantes.                                           La primera, el primero que reclamó este libro, y está dicho en la Introducción, es César Aguiar, otro que se nos murió. Cada vez que me lo cruzaba me preguntaba: “Fito, ¿y el libro de los comunistas? ¿Y la canción para mi barrio?”. Yo qué sé, ¿sabés cómo me tiene Canalda con esto?

Otra mención especial. Hay un libro porque hay un editor ahí. Canalda estuvo insistiendo tres años y yo diciéndole… “Estamos en el período de acumulación de fuerzas” (risas). No se puede con él.

Finalmente, Ana Laura, que fue de las primeras personas que me dijo: “Dale, hay que trabajar sobre los comunistas”.

Terminamos presentando un proyecto a CSIC para estudiar el Partido Comunista. Después los proyectos académicos a veces se transforman en proyectos personales, por suerte. Muchísimas gracias porque sin vos este libro no lo hubiéramos hecho jamás.

En cuanto a si estoy conforme. ¡Qué pregunta! Faltan pila de cosas. Acá señalaron algunas, yo voy a señalar otras en las que yo estuve pensando en estos días con vergüenza, pero no fue mi culpa, fue culpa de Canalda, que me apuró.

El tema género, qué raro, Marina, que no me criticaste por eso. Casi no hay menciones al tema género. Siendo tan importante desde siempre en el Partido Comunista y siendo tan importante en esta época. No hay desarrollo de eso.

La época de discusión entre Frente Amplio y Frente Grande.                Se podía haber trabajado mucho más la tensión entre los sindicalistas y los políticos. Es una cosa interesantísima dentro del Partido Comunista. El asunto de que los obreros rara vez pueden ser secretarios generales. En última instancia, manda el intelectual en el Partido Comunista. Tuvieron un peluquero. Sí claro, hasta que vino el intelectual Arismendi, conjura mediante, y lo invitó a retirarse y lo expulsó del partido. “Pelo y barba” le hizo al peluquero. La tensión entre sindicalistas y políticos es apasionante y se vive en el partido de hoy y se vivía en la época de Héctor Rodríguez.

El tema Derechos Humanos, hicimos un esfuerzo por trabajar. Da para un libro en sí mismo. Voy a citar una frase que siempre decía Gerardo, hace años atrás: “Este es un libro que anida otros libros”. Hermosísima frase. Quiero pensar que este es un libro que está obligado a parir otros libros. Hay necesidad de trabajar mucho más.

Estoy relativamente conforme porque aunque faltan cosas, creo que hay aportes. Si tengo que elegir, lo que más me gusta es toda la presentación inicial de la ideología. Lo que yo llamaba la configuración ideológica. Creo que eso funciona bastante y ayuda a entender mucho. Los que tengan la paciencia de leerlo, verán.              Para terminar diría el enfoque es polémico entre nosotros.

Sobre comunismo y la religión está lleno en el mundo de incursiones. Algunas quizás un poco más provocativas y con ganas de jorobar . Simplemente porque las afinidades, la simetría se impone. La simetría entre las religiones y lo que uno llama las religiones políticas, se impone. Porque es un caso impresionante el del Partido Comunista.

Era la estructura política más poderosa lejos del país en 1988, con sus problemas en las vigas, con las grietas que había, con los conflictos internos, con la reconversión mal resuelta, con todos los líos. Era una estructura formidable y se desplomó en un año. Para mí, es un caso maravilloso de hasta dónde las creencias, las ideas pueden ser importantes en la vida de las instituciones políticas. Para mí es un caso… como un récord mundial. Se instaló la duda, se debilitó la creencia, se perdió la fe y se derrumbó una estructura política impresionante.

En el fondo, esta trata de ser una historia del Partido Comunista, pero que en el fondo es como un pretexto para volver a discutir hasta dónde no hay manera de entender la política sin la mezcla de las tres i: las instituciones, el imperio de los intereses y la fuerza de las ideas. Este es un libro sobre la fuerza. Vida, pasión y crisis de las ideas.

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