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LA VIDA NO VALE NADA por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2011 15:50 por Semanario Voces



 

Ajami (Ajami, 2009), Israel, 2009. Dirección y libreto: Scandar Copti y Yaron Shani. Fotografía: Boaz Yehonatan Yaacov. Con: Fouad Habash, Nisrine Rihan, Elias Saba, Youssef Sahwani, Abu George Shibli. Estreno: 27 de mayo. Calificación: Buena.

 

     Ajami es un barrio de la ciudad de Jaffa donde conviven judíos, cristianos, árabes y palestinos, generando un caldo de cultivo que fomenta cualquier cosa menos la armonía. Ajami-película fue hecha a cuatro manos por los debutantes Scandar Copti (palestino) y Yaron Shani (judío), que ganaron la Cámara de Oro del Festival de Cannes. La historia comienza con una serie de tensas y violentas situaciones, relacionadas con delitos comunes y no con luchas étnicas, pero que poco a poco se irán mezclando hasta desembocar en un final único, colectivo y revelador. Porque en Ajami el espectador debe permanecer atento desde la primera escena, a los efectos de ir devanando el hilo que poco a poco interconectará a los diversos personajes que pueblan este friso humano desolador: un policía judío que busca a su hermano desaparecido, un palestino que trata de trabajar ilegalmente para pagar la costosa operación de su madre enferma, un joven perseguido por una afrenta cometida por su tío a un clan rival, una muchacha que se enamora de alguien de otra etnia y debe ocultar sus sentimientos a sus familiares...

     Dividido en cinco capítulos, a la manera de una tragedia isabelina, el film se mete de lleno en esa espiral de violencia, y expresa de manera visceral lo que sucede en las calles y también puertas adentro de un barrio convertido en virtual campo de batalla, en el cual la vida no vale nada y cualquiera puede morir, incluso por equivocación. Es que las cosas parecen ir muy mal en Jaffa, dice la película: que el mediador entre beduinos y palestinos sea una especie de Don Corleone cristiano, o que la hija de ese hombre sea en secreto la novia de un joven palestino, habla por sí mismo del trágico sino que aqueja a ese barrio, y además da una idea del denso entretejido que van elaborando los cineastas a lo largo de los 120 minutos de un relato denso y trabajoso.

     Porque Ajami tiene una estructura de saltos temporales que bebe en las aguas del cine de Tarantino y en menor medida de Amores perros de González Iñárritu, pero de a ratos exhibe también una potencia testimonial al estilo de Gomorra de Matteo Garrone. Hay momentos de gran intensidad dramática en un film que sobre un tema difícil se revela original y lleno de detalles auténticos (por ejemplo su banda sonora, llena de canciones árabes y judías) y que empero tiene un talón de Aquiles: su libreto. Es que esta historia coral y desgarradora sobre odios religiosos, policías fuera de control, niños a la deriva, jóvenes enamorados de quien no deben y vendedores de droga protegidos por sus propios consumidores, de a ratos parece perder el rumbo debido a su propia ambición narrativa, con fragmentos en que las diferentes historias se mezclan en forma confusa. Allí el espectador debe redoblar la atención para no perderse en medio de los amores imposibles, el machismo, la traición cruzada, el ojo-por-ojo y la desesperación por salir del pozo a cualquier precio. Los realizadores parecen haberse percatado de ello, y cada tanto apelan a una voz en off que aclara verbalmente lo que debió estarlo desde la imagen y la narración. Pese a ese descuento, el resultado es recomendable gracias al buen pulso de dirección, que en sus mejores momentos logra dar un tono especialmente realista y documental al film. Vale la pena detenerse durante dos horas en el infierno de Jaffa.

 

 

                                                    

 


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