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LIBRO SOBRE CINE DE LECTURA INELUDIBLE. por Amilcar Nochetti

publicado a la‎(s)‎ 20 may. 2016 18:03 por Semanario Voces

En la primera frase de

The Sky Between the Leaves ya se refleja una declaración de principios del autor: “La protesta contra la realidad, consciente o inconsciente, activa o pasiva, optimista o pesimista, siempre debe ser parte del acto de creación artística”. Nadie puede negar tal aserto. A continuación se lee el nombre de quien expresó ese rotundo juicio: León Trotsky. Es allí, en el inicio mismo del libro, donde podemos descubrir la primera de las muchas sorpresas que David Walsh regalará al lector, tras lo cual conviene aclarar algo fundamental: sería un grave error para cualquier cinéfilo cerrar el libro en esa página, porque quien piense que hallará ortodoxia ideológica y artística en su lectura no sólo se estará equivocando, sino que además se perderá la oportunidad de disfrutar un análisis lúcido, independiente, iconoclasta, sorprendente, de lo que para muchos aún sigue siendo una forma de arte, ése que dicen es el séptimo.

     El cinéfilo uruguayo se preguntará quién es David Walsh. Este hombre, nacido en Nueva York en 1949, es un afamado crítico de cine, y dos factores lo han caracterizado a lo largo de su vida: 1) un insobornable apego a la izquierda, que lo llevó a estar en contacto permanente con la Internacional Socialista y ser editor artístico del World Socialist Web Site desde 1998; y 2) su independencia artística, debido a que siempre se desempeñó como free lance. Desde ese sitial, Walsh ha escrito cientos de ensayos y críticas de cine, siempre desde una óptica marxista. Pero aunque la política sea prioritaria en sus enfoques, Walsh ha seguido fielmente los preceptos de Trotsky, practicando un sagaz distanciamiento analítico que en muchas oportunidades le ha permitido aceptar un cine valioso con el cual disiente, y desechar mediocridades con las que ideológicamente debería comulgar. Independencia de criterio, autocrítica y total honestidad son entonces los requisitos por los que ha sido respetado y alabado por colegas tan eminentes como Andrew Sarris y Joseph McBride, entre otros.

     The Sky Between the Leaves es su quinto libro. Aún no conociendo los anteriores, parece definir a la perfección el método de trabajo y los conocimientos que posee el autor. Walsh podría compararse a lo que en su momento fue Homero Alsina Thevenet para nosotros. Es decir, por medio de su obra ha sido capaz de conectar cada película y cada autor con la realidad circundante. Por eso sus reseñas siempre parten del título específico que analiza, para luego ubicarlo en la carrera del director de turno. Y cuando se trata de revisar la obra completa de un determinado cineasta, Walsh la proyecta al contexto social, histórico y político que lo rodean. Quizás eso explique el título del libro, que proviene de un poema del surrealista André Breton: según Walsh, ese cielo entre las hojas sería “una referencia a la tentativa de ver a través de los obstáculos más inmediatos, para proyectarse hacia una realidad más amplia y brillante”.

     El libro, compuesto por material escrito entre 1992 y 2012, se divide en cuatro partes muy bien diferenciadas. Luego de exponer brevemente la idea general que desarrollará (la progresiva decadencia del cine americano en el último medio siglo), la primera parte ocupa la mitad del libro y se compone de 30 reseñas de films realizados por gente como Ken Loach, Robert Altman, Mike Leigh, Jane Campion, Orson Welles, Joel y Ethan Coen, Quentin Tarantino, James Cameron, Luchino Visconti, Steven Spielberg y Martin Scorsese. Allí también reivindica a Shakespeare y enumera los disparates perpetrados por Roland Emmerich en Anónimo.

     La segunda parte resultó muy polémica en Europa: en ella reseña algunos festivales internacionales y cuestiona la elección de los títulos en competencia, que parecerían estar programados por motivos espurios, que poco o nada tendrían que ver con el talento y la sensibilidad artística. La tercera parte la componen cinco entrevistas a los cineastas Abbas Kiarostami, Mike Leigh y Jia Zhangke, y los críticos Andrew Sarris y Robin Wood. Por último, las páginas finales muestran ensayos históricos acerca de varios cineastas (Elia Kazan, Roman Polanski, Abraham J. Polonsky) y sobre las relaciones del cine con la historia y el socialismo. También hay lugar para preguntarse cuáles son las bases que podrían forjar los cimientos de un nuevo cine, mientras el libro se cierra con un lúcido planteo sobre la terrible crisis que afecta hoy al cine y la cultura americanos.

     Después de tantos despropósitos leídos durante décadas, resulta muy gratificante que llegue David Walsh y señale que la época más progresista de la historia de Hollywood debe rastrearse en ese cuarto de siglo (1932-1956) en que convivieron eminencias como Charles Chaplin, John Ford, Fritz Lang, William Wyler, John Huston, Howard Hawks, Billy Wilder y Alfred Hitchcock. Esos talentos (y otros) ni siquiera se dejaron dominar por el maccarthysmo, que llegó a ser atacado en forma solapada pero visible (para quien quisiera verlo) en algunas películas específicas de Robert Aldrich, Fred Zinnemann o Nicholas Ray. Y aún hay otras sorpresas en el libro, como por ejemplo advertir que hay una crítica negativa de Elefante de Gus Van Sant y otra positiva de Munich de Steven Spielberg. Allí el izquierdista Walsh ataca una premiada obra de quien fuera símbolo máximo de un cine independiente, liberal y cuasi marginal, y defiende -correctamente, hay que decirlo- un film del todopoderoso de la industria, ese señor a quien la izquierda siempre tachó peyorativamente de ser “un mero artesano”. Lo dicho: independencia de criterio y honestidad, ante todo.

     Por supuesto, no siempre se puede estar de acuerdo con Walsh. En especial rechina su idea acerca que el derrumbe creativo del cine americano fue causado por la “caza de brujas” del maccarthysmo. El autor debería recordar que, si bien Hollywood entre 1957 y 1966 sucumbió al caos, logró entre 1967 y 1981 reubicarse en un envidiable nivel estético y conceptual. Es a partir de Reagan, y no de McCarthy, que Hollywood cambió el rumbo, perdió sus ideas y sigue sin recuperarlas. Otra discrepancia tiene que ver con el único sector del libro donde Walsh canjea lucidez analítica por resentimiento personal: el capítulo sobre Elia Kazan no hace justicia a un hombre que fue un delator, pero que como cineasta dejó títulos (Un tranvía llamado deseo, Al este del paraíso, América América, incluso la odiada Nido de ratas) que funcionan en total plenitud. Y si bien son inteligentes -aunque no compartibles- sus argumentos acerca del subtexto reaccionario que podrían tener ciertos films de Scorsese y Tarantino, no deja de resultar llamativo que en el libro nunca mencione a Clint Eastwood, el verdadero reaccionario del cine estadounidense actual. Aún con esos reparos menores, The Sky Between the Leaves es un libro de notable nivel, profundo en conceptos y de múltiples lecturas. Y, claro está, merece una urgente traducción al español.     

 

 The Sky Between the Leaves (traducción literal: “El cielo entre las hojas”) de David Walsh. 356 páginas. Publicado por Mehring Books, 2013.     


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