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Lo que está en juego En octubre se define el rumbo del país por Alejandro “Pacha” Sánchez

publicado a la‎(s)‎ 4 mar. 2014 13:41 por Semanario Voces

En estas elecciones nacionales se enfrentarán, nuevamente, dos modelos. Uno, el retorno a la patria financiera. El otro, la consolidación y profundización de un proyecto nacional y popular. La disputa es ideológica. Por un lado, la derecha propone achicar el Estado y privatizarlo, mercantilizar los bienes públicos al servicio de los intereses comerciales de una minoría, poniendo los derechos en una góndola de supermercado para que sólo accedan quienes puedan comprarlos. Por otro, planteamos continuar implementando el modelo de desarrollo iniciado en 2005. El mismo que jerarquizó el rol del Estado, garantizando el acceso y mejorando la calidad de los bienes públicos para todos los uruguayos; que fortaleció las empresas públicas; que permitió crecer económicamente a niveles históricos y redistribuir el ingreso; que estableció una política financiera inclusiva, destinando el 30% de las utilidades del BROU a los proyectos de los trabajadores organizados. Para continuar con el desarrollo de este modelo de país, diametralmente opuesto al de la derecha nacional, no tenemos dudas de que la herramienta, es el Frente Amplio.  

 

 

En el primer período frenteamplista, nos tocó reconstruir un país fundido. En esta segunda etapa seguimos avanzando y sentamos las bases para impulsar a nuestro país hacia el desarrollo. Dar ese salto es lo que está en cuestión. La necesidad de profundizar este proceso nos obliga a instalar una infraestructura productiva y logística para producir excedentes que nos permitan seguir distribuyendo. Debemos seguir construyendo en el marco de la integración regional, para desarrollar cadenas de valor que nos permitan ubicarnos en otro lugar en el mundo y no como un mero productor de materias primas. Debemos utilizar los recursos naturales al servicio de un país que distribuya con equidad. Esta es la confrontación de fondo con la derecha porque su propuesta sigue siendo la patria financiera, su lugar en el mundo está definido por la venta de servicios. Su proyecto político no incluye el desarrollo industrial, ni el desarrollo de la región ni la logística, ni la utilización de los recursos naturales. Su Uruguay natural es el Uruguay de los grandes estancieros, con cuatro peones mal pagos y sin derechos laborales. 

 

Para cualquier país del mundo, pero mucho más para uno pequeño en extensión territorial y población, como es el Uruguay, el Estado juega un rol estratégico en la conducción y dirección de una estrategia de desarrollo. El tan criticado Estado uruguayo, supo ser una fenomenal locomotora de inversión y apalancamiento del desarrollo productivo a comienzos del siglo pasado. El impulso ideológico del Batllismo fundó pueblos, empresas, obras de infraestructura logística y portuaria, nuevas industrias con incorporación de tecnología y, a su vez, masificó derechos laborales, civiles y sociales.  Ese estado, audaz innovador y pujante, fue poco a poco, ganado por el clientelismo político, el burocratismo y la inacción, bajo las concepciones de los neoliberales, que proponían el mercado y la iniciativa privada como la opción recomendada para propiciar el desarrollo.

 

Paradójicamente, hoy los partidos tradicionales y sus actuales dirigentes se transformaron en los portavoces de la privatización y el achicamiento del Estado. Para ellos, la estrategia de desarrollo del país debe ser conducida por la iniciativa privada, si es extranjera mejor; porque quien verdaderamente necesita un Estado débil, pesado y lento para aumentar sus beneficios, no es la enorme mayoría de la sociedad, sino el capital concentrado.

 

Pero la discusión estratégica, no gira en torno a la defensa o no, del Estado en términos abstractos, sino qué tipo de Estado queremos y necesitamos para el desarrollo y la distribución de la riqueza.

 

Esta discusión no es una particularidad del Uruguay. Podríamos decir que es el debate actual del capitalismo de los países centrales. De hecho, el desarrollo de las grandes economías del mundo, del capitalismo en serio, “realmente existente” y no la pobre cantinela de la derecha vernácula, tiene al Estado como el motor. De las 2000 compañías más grande del mundo, más del 10% (204), el Estado tiene una participación de al menos el 50% de las acciones.

 

Basta darle un vistazo al informe de enero de 2012 de la revista The Economist, que señala las transformaciones del modelo capitalista liberal hacia modelos alternativos centrados en el sector público. Demostrando claramente, el peso creciente de las empresas públicas en el escenario económico mundial, como por ejemplo: 13 de las más grandes empresas petroleras, que concentran más de dos tercios de las reservas mundiales de hidrocarburos; la empresa de telecomunicaciones más grande del mundo China Mobile; el tercer banco más grande de Europa, Sberbank de Rusia y Dubai Ports, el operador más grande del mundo.

 

La decisión del pueblo uruguayo de mantener a Antel en manos de los uruguayos, fue una sabia e inteligente elección. En la actualidad, la empresa de los uruguayos, con su excelente y comprometida gestión, permite que más del 40% de los hogares tengan conexión de fibra óptica y que el 57%  estén conectados a internet, colocando al país en los primeros lugares de la región en materia de telecomunicaciones.

 

Son estos los logros, y no los milagros, que posibilitan afirmar que es posible avanzar hacia la senda del desarrollo con un Estado dinámico, pujante y comprometido con los intereses de las grandes mayorías nacionales. Este debate no puede quedar en cuatro paredes, sino que es fundamental la participación de todos, porque cuando resuelven las minorías, el que se jode es nuestro pueblo.

 

Este año se expresarán un montón de soluciones mágicas, para nuevos y viejísimos problemas del país. Gran parte de los recursos económicos de los comandos de campaña, estarán destinados a ofrecernos candidatos simpáticos, como si la decisión de octubre fuera similar a la compra de un perfume. En este escenario electoral, muchos de los problemas de fondo para el futuro de nuestra gente, no estarán en los titulares de prensa. Ante este fenómeno quienes nos sentimos de izquierda tenemos la obligación de realizar un gran esfuerzo de síntesis que nos permita, ganar las elecciones y construir las mayorías sociales que pongan sobre la mesa, la inmensa tarea de construir un país productivo con justicia social.

 


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