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Lo que no fue:Chau Maracaná Por Rafael Massa

publicado a la‎(s)‎ 3 jul. 2014 14:43 por Semanario Voces

Un Mundial, el que jugó Uruguay, el del perpetuo sufrimiento, ha terminado. No nos podemos quejar; en las últimas dos semanas, los futboleros uruguayos atravesamos todos los estados de ánimo imaginables. De la decepción inicial luego del partido ante Costa Rica, pasando por la euforia luego de que pasaran ingleses e italianos, hasta la tristeza de la eliminación. En el medio, y no casualmente, nuestro héroe futbolero continuó escribiendo todavía más páginas a su épica personal.

 

Si ganamos ¿jugamos bien?

O dicho de otra forma ¿podemos concluir definitivamente que cuando perdemos es porque jugamos mal, o al menos, peor que el rival? Lamentablemente, las respuestas no son tan sencillas.  ¿Qué es jugar bien al fútbol? Cuantas veces se le ha hecho esta pregunta a Tabárez, el técnico se ha mostrado molesto, irritado, y sus respuestas apuntan, aunque elípticamente, a la eficacia, al cumplimiento del objetivo, a que hay, según sus propias palabras, infinitos caminos al éxito. Más aún, durante la conferencia de prensa en su despedida del mundial, nos dijo a todos, palabra más, palabra menos, que “esto es lo que hay”, y que el fútbol que mostró Uruguay es el que se puede jugar de acuerdo a las características de nuestros jugadores.

La selección de Tabárez será recordada por siempre. A los resultados deportivos exitosos, a las victorias en tantos partidos decisivos, suma, ojalá definitivamente, una manera de entender el deporte, la importancia del compromiso colectivo en un juego de equipo, la humildad de sus integrantes, el respeto al adversario, todas ellas condiciones deseables, que la sociedad uruguaya, futbolera como pocas, reconocerá por siempre.

No sabemos aún si un ciclo ha terminado. Tabárez  le ha pasado, literalmente, la pelota a la dirigencia del fútbol, de quienes aguarda una propuesta para decidir si acepta continuar como responsable técnico de la selección.  En cualquier otro país menos en el nuestro, lo obvio sería que Tabárez continuara.

En cualquier caso, aunque más aún si permanece el cuerpo técnico, quizá sea interesante poner en cuestión algunos supuestos, que a caballo de los buenos resultados, se han impuesto como verdades. Los especialistas han definido a la selección como un equipo de respuesta, que no propone, sino que se siente cómodo aguardando a su rival, entregándole la pelota, aunque cerrándoles los caminos con una dura marca que, cuando logra conquistar el balón, lo entrega con precisión y velocidad a sus atacantes, quienes eficazmente, y pese a tener pocas oportunidades, logran convertir. Esta es la propuesta de Tabarez, y para ella ha elegido a sus jugadores. Pensemos en el plantel que fue a Brasil, y con excepción de sus atacantes, uno sospecha que tanto da que juegue Cáceres o Palito, Gargano ó el Tata, Muslera ó Silva, y así podríamos seguir. La disciplina táctica y el sacrificio han sido condición necesaria para el éxito. Los problemas se originaron siempre cuando el equipo debió avanzar en la cancha con la pelota en su poder y asistir a sus delanteros. Tan sólo pudimos recurrir a Lodeiro ó Ramirez, también elegidos por Tabarez, que no fueron solución.  En el caso de los puntas, Cavani no estuvo a la altura de sus antecedentes y a Suarez lo tuvimos solamente en dos partidos, que fueron los que ganamos. Los otros tres delanteros, Forlan, Stuani y Hernández pasaron también desapercibidos por el campeonato. Las dos oportunidades en que el equipo tuvo que remontar los partidos, la solución nunca llegó desde el banco, ni por los jugadores, ni por el técnico. Como el huevo y gallina, la discusión acerca de la primacía entre jugadores ó esquema táctico está vigente. En términos generales también, quienes jugaron lo hicieron al límite de sus posibilidades. Como también dijo Tabárez, quizá a veces no alcance con esto, que fue lo que pasó ante Colombia. De cualquier forma, aseverar que un equipo  uruguayo no puede jugar colectivamente como lo hacen casi todos los equipos que participaron de la Copa, suena a resignación sin fundamentos. Aún en el penoso fútbol local, algunos entrenadores jóvenes han demostrado que es posible, y que aparte, da buenos resultados. Almada y Arias en River Plate ó Wanderers son el mejor ejemplo de técnicos que aún con jugadores juveniles, han logrado armar equipos que juegan lo que todo el mundo reconoce como “buen” fútbol. Y que, salvo excepciones, son los que llegan a las instancias finales de los torneos.

 A las finales, casi los de siempre

Ya se conocen los ocho finalistas que irán por un lugar entre los cuatro mejores del torneo. Los resultados de los partidos de octavos de final no presentaron sorpresas y clasificaron finalmente quienes vencieron en sus respectivos grupos. De ellos, prácticamente todos también cabezas de serie, lo que ratifica que la metodología para la elaboración del ranking de FIFA es una buena aproximación al verdadero potencial de cada selección. Siempre hay excepciones: Costa Rica y España en ambos extremos dan cuenta de ello.

De cualquier forma, los partidos de octavos de final permiten confirmar ciertas lógicas propias de este deporte. La primera, es que ese intangible que el periodismo deportivo denomina “historia” les da a ciertos equipos esa leve ventaja que termina inclinando la balanza a su favor. Veamos un par de ejemplos, siempre clarificadores. Hasta el partido del sábado pasado, Chile y Brasil se habían enfrentado veintisiete veces en terreno de los pentacampeones. ¿Saben cuántas veces ganó Chile? Ninguna. Y en el último encuentro, los chilenos hicieron un excelente partido, como otras veces.  Por si no alcanzara, cuando el partido se iba, luego de 120 minutos, un delantero chileno estrella una pelota en el horizontal, que se va afuera. Luego los penales y afuera Chile. Ese mismo delantero, se tatúa en su brazo la imagen de su disparo que no fue gol, junto a la leyenda “a un centímetro de la gloria”.  Eso es lo más parecido a una hazaña que el fútbol chileno puede mostrar. Sin palabras.

Holanda contra México. Los mexicanos van ganando hasta el minuto 85. Los holandeses le tiran hasta los molinos encima, y luego de una distracción y un penal, se llevan la victoria. Su técnico, el “Piojo” Herrera, personaje simpático, declara que si ellos hubieran hecho como los uruguayos ó los argentinos, que hacen tiempo y se tiran al suelo, podrían haber ganado. Pero está orgulloso de que sus jugadores hayan ido al frente…. Una  señal de candidez que estos torneos no perdonan.

Por último, y en relación a los partidos de octavos, vencieron quienes fueron al frente. Los uruguayos podremos identificarnos con los débiles y pequeños, y hacer fuerza para que algún africano vacune alemanes ó franceses, pero finalmente terminan venciendo quienes dominan la técnica, juegan colectivamente y arriesgan.

Luisito, la verdad y quizá una lección moral

Solo los uruguayos no quisimos ver lo evidente. Suarez había mordido al jugador italiano. Su caso, único ente los jugadores de élite, permitió múltiples  y en algunos casos valiosas reflexiones, a partir de la insólita magnitud de la  sanción que le impuso la FIFA. Pero Suarez, su defensa y el resto de los uruguayos preferimos negar el hecho a ver si zafábamos, y salió mal.  La selección perdió a su estrella, luego perdió contra Colombia y chau mundial. Tan solo 48 horas más tarde, el Barcelona, equipo que pretende a Luisito, hace saber que para avanzar en las negociaciones, Suarez debe disculparse públicamente. Tres horas más tarde, Suarez confiesa que mordió y se disculpa. A los cinco minutos, Chiellini que acepta y pide reducción de pena. El pase es  casi un hecho. Seguramente si esa hubiese sido la actitud original de Suarez y su defensa, hubiese sido igualmente sancionado y el final para la selección, también la derrota y posterior retirada. Pero no nos hubiera quedado un sabor amargo. 

 

 

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