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BASTA DE CHICANAS

publicado a la‎(s)‎ 15 mar. 2017 18:29 por Semanario Voces
La vida política en las dirigencias partidarias se asemeja a la cinta de Moebius.

O para hacerlo simple, como dice el refrán popular: “La alegría va por barrios”

Ayer la oposición agitaba los negocios de la empresa Aire Fresco con Venezuela.

Hoy el oficialismo sacude el escándalo del cambio Nelson y Sanabria en Maldonado.

La costumbre parece ser armar un circo mediático para darle al otro con un caño.

Al grado que algunos ministros salen a reclamar a los medios por no cubrir los hechos.

¿Tendremos desempleo cero? ¿Se acabaron los hurtos y rapiñas en nuestro país?

No es por nada, pero me parece que tanto Murro como Bonomi algún debe tienen, ¿no?

Para no mencionar a los opositores que ven amenazas a la institucionalidad por todos lados.

¿No sería una buena oportunidad para que se apruebe de una vez por todas la famosa y  tan

esperada Ley de Financiación de los partidos políticos que duerme en el Parlamento?

Estamos a dos años y medio de que comience  el ciclo electoral del 2019, o sea es ideal votar

a la brevedad las normas que le den transparencia a las futuras campañas políticas.

Todos sabemos que hay mucha guita que fluye hacia los partidos en forma poco clara.

Es sabido de empresas que históricamente aportan a todos los partidos políticos.

Sabemos que los medios masivos cobran según la simpatía partidaria de los permisarios.

Nadie ignora el uso de la gestión pública para posicionarse como futuros candidatos.

Las reglas del juego no son justas para todos los concursantes, lo que peca de antidemocrático.

Es hora de que todos los partidos miren hacia adelante en este tema, sin pensar en la

coyuntura, el gobernante de hoy puede ser el opositor de mañana, y viceversa por supuesto.

Se trata de fijar normas a largo plazo, para cuando los protagonistas de hoy ni siquiera

figuren en el ruedo político, y no pensar en sacar ventaja en las próximas elecciones.

La institucionalidad uruguaya tan sólida en varios aspectos,  es absolutamente endeble en este

campo y los organismo de control carecen de recursos como para ejercerlo responsablemente.

Ya va siendo hora de cambiar la pisada y establecer una política de estado sobre el tema.

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