Álvaro Ahunchain, comunicador: La lucha de clases es una “antigualla ideológica”

publicado a la‎(s)‎ 17 dic. 2012 3:32 por Semanario Voces
 

 

Sus transgresoras columnas en Motevideo.Com nos hicieron ponerle un ojo encima para invitarlo a charlar y la oportunidad surgió hace un par de semanas en la fiesta aniversario de unos amigos comunes. El hombre no se calla nada de lo que piensa sobre cualquier tema y reafirma su condición de políticamente incorrecto. Lo que sigue es la apretada síntesis de una de las más divertidas entrevistas de los últimos tiempos. 

Por Jorge Lauro y Alfredo García/ Fotos Rodrigo López

 

 

De literatura pasaste a publicidad… ¿por qué te definís como comunicador?

 

Soy un apasionado de la comunicación en todas sus formas. Sin duda, todo está unido por la comunicación. Por la necesidad de impactar en el otro, de modificar sensiblemente al otro para obtener un resultado, que en lo artístico puede ser la función del arte que es generar contacto afectivo entre creador y espectador. En el caso de la comunicación, la función persuasiva. Intento persuadir, a través del blog, tratando de defender mis ideas sobre distintos temas, y persuado a nivel de la comunicación publicitaria, tratando de convencer sobre el uso de productos y la votación a candidatos en los que creo.

 

Qué peligroso que puede resultar eso de la transposición de lo afectivo llevado a la política.

 

La comunicación electoral tiene un componente afectivo impresionante.

 

¿Pero cuánto deja de lado lo racional? 

 

A lo largo de mi vida he vivido todo tipo de situaciones. Debo decir algo que siempre enoja a muchos amigos, hice la campaña del voto amarillo en aquel referéndum por la ley de caducidad.

He hecho mucha publicidad política, pero nunca pasé la barrera de la mentira, de la manipulación.

Nunca lo hice porque hay una barrera que uno sabe que no debe pasar. Nunca trabajé para una alternativa totalitaria, para el “SÍ” del 80, por ejemplo, yo claramente hubiera dicho que no. Hay puntos a los que no accedo. Del mismo modo que si tengo un producto trucho de esos de “llame ya”, que tengo que publicitarlo, que promete que te va a salir el pelo y no te sale nada, digo que no. Siempre en vida he defendido la ética del comunicador. Critico mucho los canales de televisión cuando se sienten libres de pautar determinados programas. Vos tenés que decir lo que sí y lo que no. Lo que estás dispuesto a comunicar, y lo que no, porque genera un daño moral o cultural a la sociedad.

 

¿Cuánto influye la publicidad a la nueva cultura social?

 

La publicidad es un componente muy importante de la cultura de la sociedad y no debe menospreciarse.

Una manera de menospreciarla es atacándola como hace mucha gente con un cierto prejuicio ideológico, asumiendo que por ser publicidad es mala, y en realidad, la publicidad te permite vender un producto trucho de “llame ya” mentiroso, pero también te permite generar un cambio de conducta con respecto a la violencia doméstica. La publicidad es una herramienta muy positiva. Lo que hagas con la herramienta depende de cada uno.

 

¿Hay que buscar algún modo de regular hasta dónde se puede llegar o no?

 

No soy partidario de la regulación gubernamental. Creo que son experiencias que conducen a cosas muy embromadas. Creo sí en la autorregulación, y la Asociación Uruguaya de Agencias de Publicidad tiene un código de autorregulación muy riguroso, del cual es posible que puedas ver ejemplos en la publicidad que no lo cumplen.

 

Hoy prendés la radio y escuchás publicidad de prostíbulos y las mejores chicas las 24 horas, te leo el tarot, etc. 

 

No es para quitarme el sayo como publicista. Obviamente no he hecho, ni haría ninguna de esas publicidades pero generalmente se cargan las tintas en la publicidad, y no en el producto en sí que es por ejemplo el prostíbulo, que no me resulta tan discutible porque si son casas que funcionan legalmente y cumplen un servicio, allá ellos. Pero con el tarot sí coincido con ustedes; me parece grave, y lo que me parece más grave de todo son esas sectas religiosas de superchería y de estafa a la gente pobre que pululan en los medios de comunicación audiovisuales por las noches. Eso es una gran vergüenza nacional y ahí el Estado tiene que incidir.

 

Hablás de cultura lumpen. ¿Qué es eso?

¿Es la cumbia villera?

 

Creo que es mucho más que la cumbia villera.

Hay una equivocación en las políticas culturales que hemos tenido los últimos años en el país, porque se interpreta que toda expresión cultural es válida, y no es así. La cumbia villera conduce a hacer apología del delito y a consolidar visiones machistas, represoras del género femenino al cual menoscaban todo el tiempo. Esa expresión cultural hay que trancarla necesariamente. Y no pasa por la censura sino por un esfuerzo redoblado del Estado y de los agentes privados por contrapesar esa basura, con cultura de alto nivel. Cuando tú dejás al “laissez faire y el laissez passer” del mercado, lo que pasa es que los sectores más desfavorecidos de la sociedad terminan recibiendo una sola influencia cultural que es nefasta y que acentúa los problemas sociales en esos sectores. La obligación del Estado es llegar ahí con Mozart, con Shakespeare, con Horacio Quiroga, con Felisberto Hernández. Demostrar que existe una cultura que no pasa por la guarangada porteña que se ve en televisión, y que es fundamental.

 

¿Cuál es el problema de la cultura lumpen?

 

Que a través de Tinelli y sus satélites, y de las expresiones musicales más ordinarias, no solo se ha consolidado como una pasta base en los sectores más desfavorecidos, sino que ha permeado a todos los niveles sociales. En las fiestas de quince y casamientos de la alta burguesía nacional escuchan la misma basura. Los valores que trasmiten empiezan a bajarle las defensas éticas e intelectuales a toda la población.Todo vale, porque en este mundo de lo light, de lo ordinario y grosero, todo es consumible. El único remedio que tenemos contra eso no es prohibir que pasen a Tinelli, sino dar un contrapeso.

 

¿Con qué se compite contra la televisión?

 

 Con la televisión, con el Canal 5.

 

¿Petinatti no empezó con algo de eso? Campiglia o el Tío Aldo ¿Eso no es cultura lumpen?

 

Trato de no poner el dedo acusador en colegas uruguayos.

 

¿No te da la nafta?

 

No porque no me dé la nafta, sino porque respeto las maneras cómo las personas pueden ganarse la vida. Muchas veces he dicho que Petinatti no me cae nada simpático. 

 

¿El Piñe?

 

En más de una oportunidad he dicho, y me ha costado más de un dolor de cabeza, que Bendita TV no es un programa que me parezca edificante cuando basa la comicidad en burlarse del otro, y eso para mí es muy negativo. Trato de ser muy respetuoso con los productos nacionales porque sé lo difícil que es hacer cultura en Uruguay. Lo que a nosotros nos pasa es una porteñización de nuestra cultura. 

 

¿La cultura uruguaya imitando?

 

Los grandes responsables son los productores porteños que han inundado este mercado y, por ejemplo, han convertido a los magazines de la mañana en experiencias muy diferentes a lo que eran. Eran productos uruguayos que hablaban para los uruguayos, y les hablaban de cocina, de libros, de películas, y ahora son productos distintos.

 

¿El público consume lo que le dan o viceversa?

 

Ambas cosas. La gran defensa que hacen los programadores de televisión es que la pantalla es un espejo de lo que pide el público. Eso es verdad.

Pero además hay que asumir una responsabilidad de comunicación social en la medida en que tenés un medio de comunicación. Del mismo modo que ustedes en la tapa de Voces no ponen una mujer en bolas, o “el diputado tal es homosexual y lo vieron levantando un travesti”.

 

Porque no nos enteramos.

 

Porque si no, lo ponían. (Risas)

No lo deberían poner, porque pertenece al plano íntimo. Los porteños son los que nos han convencido de que lo privado debe ser público.

En Uruguay, lo privado no debe ser público.

 

 

Los límites en Uruguay son bastante mejores que en Argentina. O lo eran hasta el video de Chris Namús.

 

Coincido. Pero sin dudas, el video de Chris Namús fue la demostración del derrumbe moral e intelectual de la cultura uruguaya, no por ella, sino por el manejo oprobioso que se hizo de ese video en las redes sociales. Las redes se convirtieron en una especie de gran inodoro lleno de excrementos con lo que la gente opinó. Estamos cada vez más tironeados hacia abajo por esta lumpenización cultural de la que nadie habla. Los partidarios del libre mercado a ultranza dicen que no tiene que interferirse. Hay que hacer como le gusta al público; así estamos. Admiten que en televisión estén Jorge Rial y Viviana Canosa diciendo estupideces a nuestros niños.

 

O Laura.

 

Peor, todavía. El manejo de la pobreza y de la miseria. ¡Es degradante!

Por otro lado, los estatistas piensan otra cosa que también es equivocada. Hay como una bendición a todos lo productos culturales por ser cultura. No es así. Hay que ponerle un freno.

No soy un gran crítico de los canales, porque hacen cosas buenas. Hay muy buenos programas hoy, pero si los canales privados no asumen el 100% esa responsabilidad, tiene que estar el canal oficial para asumirla. Es un fenómeno muy curioso, que no haya una ficción nacional desde hace años producida por el Canal 5, y tiene la obligación de hacer una ficción nacional que trate el tema de la violencia doméstica, que es el tema más grave del Uruguay. El Estado invierte quinientos mil dólares en una ópera y no invierte en una serie de televisión que va a llegar a todo el país.

 

¿No hay presiones de otros canales para evitarlo?

 

En realidad, es muy poco lo que podrían hacer los canales privados para impedir que el Canal 5 se torne más competitivo.

 

¿Por qué pensás que no lo hacen?

 

Hay intentos, Virginia Martínez está trabajando muy bien en la dirección del canal. Se han empezado a hacer cosas muy interesantes. Se han hecho acuerdos con TV Ciudad que son muy beneficiosos, pero en general hay una gran desconfianza en la calidad de la ficción uruguaya. Hecho que se contrapone a la realidad de los productos audiovisuales uruguayos que están ganando premios en todo el mundo.

 

¿A la hora de elegir la programación por qué no traer productos de calidad de Argentina y no la basura que traen?

 

Los canales, en realidad, traen de todo un poco. Hay un acontecimiento histórico en Argentina: “Graduados” le logró ganar a Tinelli. “Graduados” es un producto correcto, interesante, de humor costumbrista, donde no están esos códigos alienantes que tiene todo el sistema Tinelli.
Eso es algo muy interesante de ver, que lamentablemente no se replica en Uruguay. Acá Tinelli sigue siendo el más visto, lo que demuestra que nosotros somos más porteños que los porteños.

Nos tenemos que poner las pilas a nivel gobierno, oposición y los empresarios para decir: “Muchachos, vamos a operar para que esta realidad cambie, porque esta realidad está muy mal”. Está en un error la gente que desde la ideología piensa que a los anunciantes les sirve que la realidad esté mal. Mentira. A las grandes empresas multinacionales y nacionales, les interesa que la población sea educada, crezca en calidad de vida, porque saben que esa es la manera de que tengan un mercado que les va a responder. Esas teorías conspirativas sobre la culpa de las multinacionales…, la culpa la tenemos nosotros que debemos hacer las cosas y no las hacemos porque estamos como en un letargo.

 

¿El carnaval entra en la cultura lumpen?

 

No, en carnaval hay de todo un poco, como en toda expresión cultural. Podría también decir que el teatro entra dentro de la cultura lumpen porque hay malos productos teatrales. En el carnaval hay un crisol muy amplio de posibilidades y algo incontrastable: es la única expresión cultural uruguaya que tiene verdadero éxito de público, y que está unida al interés de los uruguayos. Cosa que los que hacemos teatro envidiamos mucho y queremos lograr algún día lo que logra el carnaval, que es fantástico.

Estoy en desacuerdo con algunas cosas, me provocan cierto rechazo esas murgas oficialistas que dicen que critican, pero en realidad, terminan cantando loas al gobierno. Nunca en la historia del Uruguay, el carnaval fue chupamedias de un gobierno.

 

Nunca hubo gobierno de izquierda.

 

La función del carnaval es ser el crítico, ser el que mete el dedo en el ventilador. Eso es fundamental con cualquier gobierno que exista en el país, por la natural transgresión que tiene la comunicación carnavalera. Nunca tener una actitud de mansedumbre ante el poder, sino al revés, una actitud de rebeldía ante el poder.

 

¿Por qué hay tantos grupos de teatro en Uruguay?

 

Porque lo amamos, es nuestra pasión.

 

¿No es insostenible?

 

Obvio. Últimamente he llegado a ganar 400 pesos en todo un fin de semana por una obra de teatro, pero lo hago con alegría porque es una parte imprescindible de mi vida, cuando todo se critica desde un criterio de planificación cultural, que hay demasiados espectáculos en Uruguay, demasiada música, etc. Mi respuesta es: “Qué suerte que haya demasiados”. Cada actor de cada uno de esos espectáculos que gana 200 pesos está haciendo algo importante para la comunidad, en lugar de estar mirando a Tinelli. ¡Es fantástico! No todo es la productividad económica. La buena salud del teatro habla de una gran productividad cultural. En Uruguay existen reductos de la cultura que solo sobreviven por el amor que ponen los productores culturales. Eso es muy bueno para toda la sociedad. La cultura es lo único que define a un país. Incluyo el fútbol y los deportes dentro de la cultura. En este mundo intercomunicado y globalizado, ¿nos vamos a definir porque vendemos carne? Eso lo hace cualquiera en cualquier parte del mundo. Es un commodity, pero lo que nos va a diferenciar es Onetti o Pablo Stoll ganando premios en el exterior.

 

El “Fata” Delgado, Benedetti o Galeano.

 

Sí, el “Fata”, que es muy diferente a la cumbia villera. Estamos hablando de cosas bien diferentes. Una cosa es música de entretenimiento y otra cosa es música apestosa, incitadora a la violencia.
Galeano está dentro de lo que es una literatura que no me gusta, pero es de entretenimiento y sigue siendo una expresión cultural. Puedo discrepar con la filiación ideológica de Benedetti, las defensas que ha hecho de cosas que yo no defiendo, pero vamos a decir la verdad: es un gran poeta así como Galeano es un gran prosista, aunque no comparta ideológicamente lo que él dice. Ahí sí hay cultura. Donde no hay cultura es en los versitos estúpidos de lo que miramos por tele.

 

En otro lado se critica a Vargas Llosa. 

 

Exactamente y es una ceguera también, no reconocer la calidad de Vargas Llosa.

 

¿Notás que a nivel político haya dirigentes que estén preocupados por esta temática?

 

Creo que no hay un énfasis en el problema cultural dentro del sistema político. No lo hay porque vivimos enfermos de temas urgentes que tienen que ver con lo económico, con la seguridad pública, sin darnos cuenta que la seguridad pública es un grave problema cultural que podría mejorarse con una acción de shock de política cultural, y no con meter militares en los cantegriles o bajar la imputabilidad, otro error. 

 

¿No vas a hacer esa campaña?

 

Voy a hacer una campaña en contra con el Partido Independiente.Ya la estoy preparando.

El sistema político no está consustanciado con que la respuesta está en la cultura.

La decisión del arzobispo Cotugno de que Gonzalo Aemilius dejara el liceo Jubilar -que es uno de los mayores logros educativos de la última década-, no salió en las primeras planas porque estaba el lío de Pluna. La importancia de Gonzalo Aemilius como promotor de un cambio educativo es infinitamente más importante que tener siete aviones de mierda por un error empresarial. Eso demuestra que no hay un énfasis de los políticos en el problema educativo y cultural. Nosotros, los que hacemos cultura, lo tenemos que poner sobre la mesa.

 

¿El presidente es parte de la cultura lumpen?

 

No dudo ni de la buena intención ni de la ética del presidente. El problema es que el presidente es, primero, un reflejo del país que lo votó y, segundo, pasa a ser un referente de los ciudadanos. En ese sentido, por mejores que sean las intenciones del presidente no me sirve como modelo de los jóvenes. No me sirve una persona que emite mensajes con la elevación moral de ser pobre y la condena moral de tener dinero. Hay un valor “pobrista” en su discurso que conduce a que si lo bueno es ser pobre, austero y frugal, y lo malo es tener éxito, entonces, ¿para qué voy a estudiar? Estudio para tener éxito, para ser mejor persona, y para que me vaya mejor como persona. Hay como una especie de disociación entre este presidente “más pobre del mundo” y ¿qué sociedad queremos? ¿Queremos una sociedad de jóvenes que se queden en la esquina fumando un porro o de jóvenes emprendedores como los de DESEM? (Organización de jóvenes emprendedores)

El presidente austero, de los zapatos sucios, de las declaraciones con malas palabras, que habla de los “platudos” de Pocitos, que habla de la Noche de los Descuentos del Shopping para que los burgueses vayan a comprar cosas inútiles, ese presidente termina siendo un mal ejemplo para una sociedad que tiene que crecer en base al emprendimiento, en base a jugarse por ideas, innovaciones. La sociedad se tiene que mirar en la industria del software. No se tiene que mirar en un presidente que habla de que no hay que consumir.

 

Hay un anticonsumismo que es un tema ideológico.

 

Sí, es muy embromado para mí el anticonsumismo.

 

El consumismo de los países desarrollados tampoco es un modelo muy interesante.

 

No. Una cosa es el consumismo con todo lo negativo que pueda tener, que en mi país lo veo por el lado de la penetración de los créditos en gente que tiene poca capacidad de compra y no está bueno.

Hay cosas que sí están mal con respecto al consumismo, pero la posibilidad de que una persona puede decidir comprarse un auto de alta gama porque quiere, es una posibilidad que permea positivamente en toda la economía.

 

¿No lo asociás a la alienación de las marcas?¿La cultura plancha no es parte de la cultura lumpen?

 

Tiene una base marcaria que hoy es el gran problema de la marca Nike. El problema de esas marcas es que están siendo adoptadas por determinadas subculturas…

 

 

En función de ese consumismo inducido por la publicidad.

 

Pero no fueron las marcas, fueron procesos sociales más complejos.

 

Hoy sucede que muchos jóvenes buscan lograr aceptación social por el uso de una marca: “Soy igual a vos porque tengo la misma pilcha que vos”.

 

Eso lo entiendo y no me parece bien, pero ¿hay un sistema educativo y cultural que contrapese esos intereses empresariales? Mi experiencia de treinta años de comunicador publicitario es que nosotros no generamos necesidades en gente que no las tiene. Nosotros vamos a la búsqueda de determinada gente que tiene esas necesidades, para darle una respuesta a ella. Si nosotros generáramos necesidades en la gente, seríamos todos millonarios. Todos los que tienen las marcas y las agencias serían millonarios, y no es la verdad. Hay como una gran caricatura en culpar a las grandes empresas y a la publicidad de alienar a las personas, cuando están cumpliendo su rol pero no es el único. Existe un sistema educativo y un sistema de medios de comunicación que también tienen roles que cumplir.

¿Es buena la comunicación política en Uruguay?

 

Es como todo, no se puede generalizar. He hecho y he visto cosas buenas y malas.

 

 

No nos referimos sólo a las elecciones.

 

La comunicación política en general de todos los partidos políticos es mala. Este gobierno ha sido especialmente chambón en todo lo que ha sido la comunicación de su gestión. Creo que el más chambón en toda la historia del Uruguay, porque es sorprendente el nivel de errores infantiles de comunicación en los que incurre el gobierno.

 

Dime con quién andas y te diré qué comunicas.

 

El presidente ha favorecido eso porque tiene comunicaciones muy inconvenientes, muy surgidas de su iniciativa personal, inorgánicas.

 

Pero el presidente se construyó a sí mismo siendo así.

 

Gracias a eso.

 

¿Qué comunicadores hay hoy en el gobierno?

 

Sí, al revés se contradicen todo el tiempo entre sí.

Creo que uno de los acontecimientos más risibles que tuvo el gobierno fue la comunicación de la ley de la marihuana. Salió uno a decir que lo iban a registrar, otro a decir que lo iba a vender, otro que habló de las colillas… eso fue un divague y ese tipo de divagues le ha hecho daño. Tuvo una cierta similitud con el gobierno de Jorge Batlle, seamos sinceros. Tengo una nota escrita que se llama “Batlle-Mujica, distintos pero parecidos”. Batlle es un tipo de una enorme inteligencia y cultura -tal vez sea el político más culto que hay en el país-, pero sin embargo, es un incontinente verbal al igual que Mujica, entonces ha cometido errores gruesísimos de comunicación infantiles.

 

¿Mujica comete errores de comunicación o habla de cosas que no están definidas?

 

Son errores de comunicación porque tiene que haber un equipo de comunicación en torno al presidente, que controle lo que dice y que lo prepare para que diga las cosas como las debe decir. Para eso están los comunicadores. Hay carreras en las facultades de comunicación y estos tipos no se dieron cuenta que tienen que tener un comunicador al lado de ellos. Pancho Vernazza fue asesor de comunicación de Mujica y tengo entendido que se retiró porque Mujica no le daba bolilla. Ahí hay un error. Pancho Vernazza es uno de los grandes comunicadores del Uruguay. Les podrá gustar o no, pero es un tipo muy serio. Con Jorge Batlle pasó lo mismo, tuvo un asesor cultural cuando estuvo en campaña y cuando fue presidente lo dejó a un costado. Ese es el resultado.

 

Si no sabés lo qué vas a hacer, no podés comunicarlo.

 

Sin duda. Eso lamentablemente es muy uruguayo, porque Uruguay conserva desde lejanos tiempos una especie de cultura de boliche. Entonces, todos podemos opinar de todo, todo vale.

 

La comunicación es como el fútbol, todos sabemos.

 

Los periodistas deportivos claramente son la caricatura de los que nos pasa a todos los uruguayos. Son gente que se pone a hablar de fútbol  y hablan con una actitud doctoral como si estuvieran hablando de semiótica aplicada, y en realidad están poniéndole color a algo que es mucho más simple.
Nosotros estamos muy enfermos de “bolichitis”, de opinar sobre los pechos de una mujer, y en seguida sobre la filosofía de Kierkegaard, sin  relación de continuidad.
La comunicación política en tiempos no electorales es cualquiera. Otra cosa pasa en tiempos electorales en donde empiezan a tallar las empresas que saben.

 

¿No se ha transformado en un jabón  a los candidatos y se han vaciado de contenido las campañas?

 

Definitivamente no. Cuando los publicitarios dicen que “el candidato es como un jabón”, me entra un dolor tan grande, porque no son un jabón. Si así fuera, elegiría al tipo más lindo y más inteligente del partido y lo convertiría en presidente. Y no lo convertís. La verdad, es que en lugar de ganar el más lindo, gana un Sanguinetti, que tiene las cejas de niveles demenciales, que algún asesor estúpido le dijo que se las tenía que cortar, y él con buen tino dijo que no, porque: “yo soy mis cejas”. No ganaría un Pepe Mujica con su desaliño general.

Entonces, ¿dónde está el secreto del comunicador electoral? No está en transformar al candidato en algo que no es, sino en agarrarlo y potenciarlo para hacerlo interesante para la gente.

 

Vernazza le hizo poner un traje al Pepe.

 

Creo que fue una decisión correcta porque teníamos que tener un presidente de traje. Eso es correcto, no lo veo mal. Incluso, la campaña con la que ganó Pepe Mujica la elección fue excelente. Acuérdense cómo Vernazza coloca todo el tiempo a Astori al lado de Mujica, y lo coloca viajando en un avión, dialogando entre ellos. Dio un montón de imágenes. Sin duda, hicieron un excelente trabajo.

 

Collor de Mello es otro ejemplo.

 

Collor de Mello es un candidato construido pero ahí también ofició la red O Globo.

 

Kirchner es otro candidato construido.

 

Kirchner también, pero ahí creo que hay una conducta mafiosa general que lo hace llegar y sostenerse en el poder. Ahí no creo que sea solo comunicación. Ahí también creo que hay razones históricas. Dudo que la publicidad sola pueda colocar a un candidato.

Obama, por ejemplo, es un producto de la gente, del twitter, de Internet, Facebook…, la gente movilizada en las redes sociales.

 

Hay un relato, el candidato tiene una historia para contar.

 

Exacto. Pero un país como Uruguay, donde para fundar un club de bochas hacemos una asamblea y levantamos la mano todos, es lo más hermoso que tiene. Esa cultura democrática que está como adherida al ADN, ahí creo que vos tenés que obrar bien; manipulando o mintiendo no llega un candidato.

Mujica es la expresión de lo que somos, como en su momento lo fueron Batlle y Sanguinetti.
Sanguinetti tiene una frase: “Yo soy el hombre del traje gris. No hago nada trasgresor ni espectacular, soy un tipo de traje, sencillo y eso es lo que ve y aprueba la gente en mí”, se lo he escuchado decir.

Los presidentes llegan cuando terminan expresando eso. En la última elección me hubiera gustado que los candidatos hubieran sido Astori, Hierro y Larrañaga. Mi percepción es que en la interna ganaron los tres peores, sin dejar de reconocer que son buenas personas y buenos políticos. No estoy haciendo un agravio de ellos tres. Fueron los tres heavy en lugar de los tres light. Si hubieran sido Astori, Larrañaga y Hierro, hubieran sido los tres light, que son mucho más ese hombre de traje gris, que negocia más, que tiene más cintura y busca más entendimientos.

 

Más negociador que Mujica no hubo ninguno.

 

Es verdad. Pero con la contrapartida de una acentuación del lío interno del Frente como nunca hubo. 

 

Desde el punto de vista comunicacional, ¿no es bueno mostrar diversidades?

 

Para mí el Frente Amplio revive el fenómeno del Partido Colorado en el siglo XX, que tuvo líneas absolutamente contradictorias. Sería deseable que hubiera partidos que fueran un poco más homogéneos ideológicamente. El Frente Amplio, tiene un gran debe en la homogeneidad ideológica.
Astori lo dice todo el tiempo. No puede haber más grupos políticos, dentro de una fuerza política que aspira a gobernar, que defiendan la lucha de clases. La lucha de clases es una antigualla ideológica. Nadie más habla en el mundo de la lucha de clases, pero hay políticos frentistas que siguen hablando de la lucha de clases.
Son cosas que ya están sepultadas por la historia. El Frente se debe una madurez ideológica que lo lleve a donde lo tiene que llevar, que es un camino socialdemócrata, un camino de un mercado controlado por el Estado con justicia social. A veces se lee o escucha cosas del Frente que, sinceramente, dan vergüenza ajena. Se dicen cosas que no tienen ni pies ni cabeza. El Frente, que va a seguir siendo la fuerza de gobierno, se debe esa sanación ideológica.

 

¿Cómo ves a Tabaré?

 

Como un político excepcional, con todo lo positivo y negativo que tiene esa expresión. Un gran político y es un académico. Personalmente creo que no debe llegar a la presidencia una persona que no tiene un grado académico, o por lo menos una vasta cultura académica. Ahí ya empezamos bien con Tabaré Vázquez, que pasará a la historia por dos cosas que son muy importantes: el Plan Ceibal y el tema del tabaco. Por eso tiene en su haber cosas muy positivas. Ciertas veces he discrepado con cierto diletantismo que él ha demostrado, como es el caso de su posición respecto al default en el año 2002.

Eso es una gran mancha por la que tiene que pedir disculpas y decir: “Miren, la verdad es que me asesoraron mal y la cagué”. En este momento no estaríamos acá sino como en el paraíso, comiendo manzanas verdes y desnudos. 

Pienso que es el seguro presidente, si se presenta. Así y todo sería bueno un recambio, al país le hace falta un recambio.

 

¿Un recambio de partido? 

Creo que al país le hace falta un recambio de partido. Sin lugar a dudas, creo que necesitamos una escoba nueva que barra mejor.

Si el Frente Amplio es el Partido Colorado del siglo XX, tenemos noventa años de Frente Amplio.

He dicho muchas veces eso, para mí, tenemos noventa años de Frente Amplio.

Los tiempos en este siglo se acortaron.

Los tiempos se acortan y las redes sociales modifican las cosas de una manera más rápida que lo que pasaba en aquella época.

Si fueras frentista, ¿quién sería tu candidato?

Es una pregunta muy difícil. Hay gente que me inspira mucho respeto, pero no sé. 

¿Quién podría ser? Lo preguntamos al comunicador.

Un día vi un debate entre Sergio Abreu y Daniel Martínez y me dije: “¡Qué lástima que no son estos dos los candidatos! ¡Qué placer sería que yo tuviera que decidirme entre Abreu y Martínez!”. Me parecen personas bien inspiradas, que en el debate demostraban cultura, inteligencia, seriedad y cordialidad. Lo que tiene que tener un político. Se tiraban con cosas pero en un plano de cordialidad y de respeto mutuo. Con políticos así, con gente que debate ideas, que no enchastra, no da golpes bajos, es un placer.
Los partidos son sistemas de personas con ideas democráticas. ¿Quién no quiere la justicia social? Vamos a no caer en el esquematismo que dice: “Bordaberry es la derecha, quiere que ganen los ricos”. Eso es una tontería. Todos los partidos políticos quieren que haya justicia social, que los pobres estén mejor, etc. Los medios es lo que se discute.

La diferencia es hasta dónde afecto a unos o a otros.

Eso es la lucha de clases. Por ahí no va. Hoy el mejor negocio de un gran empresario es que no haya pobres. El empresario crece si tiene gente que tiene poder económico. Voy a algo muy real, que es algo en lo que estoy trabajando para un libro. La concepción ideológica marxista-leninista, la teología de la liberación y la teoría de los anarquistas expropiadores nos hizo mucho daño, porque generó una sociedad en la cual tenés que identificarte. Hay una virtud de ser pobre y hay una inmoralidad en tener recursos. Nosotros tenemos que romper esa dicotomía y tratar de que estos pobres sean menos pobres y la única manera que sean menos pobres es con educación, con oportunidades, con cultura. Hay una tendencia ideológica en nuestro país que está muy inserta en la cabeza de algunos sectores que considero retardatarios dentro del Frente Amplio, que opinan que hay que mantener a los pobres porque es virtuoso que sean pobres. Eso no es verdad. No está bueno que sean pobres porque no acceden a una buena salud, a una buena educación, a los medios para superarse como seres humanos.

La virtud no es ser pobre sino trabajador.

Nuestros últimos gobiernos han hecho un manejo del asistencialismo equivocado. Ahora el presidente salió a decir: “Vamos a pedir contraprestación”. El asistencialismo, desde todo punto de vista, forma parte de un sistema de pensamiento de lucha de clases según el cual vamos a mantener a estos pobres para que sigan siendo pobres mantenidos. Es así, les damos el pescado y no les enseñamos a pescar. Algunos dicen: “Hay sectores del Frente que hacen eso para tener votantes dóciles e ignorantes”. No hago esa imputación, pero digo que no está bueno mantener políticas asistencialistas a través del tiempo sin hacer algo para sacar a esas personas por su propia iniciativa personal. 

Me parece que estamos casi todos de acuerdo, hasta Olesker.

No, he leído una sorprendente declaración de Olesker que dice: “¿Por qué hay que pedirle a cambio?, ¿acaso hay que pedirle a cambio algo a una persona que está mal?”. No es para que me dé a mí algo a cambio, sino para que se dé a sí mismo algo a cambio. El informe de Gabriel Pereyra en su programa de televisión de la policlínica municipal de la Unidad Casavalle, cuando la doctora dice: “Viene una madre con una niña de 12 años, la palpo y le digo que está embarazada, y la madre me dice: ‘¡Menos mal, tenemos otro plan de equidad!’”. En el mismo momento en que estamos legalizando el aborto, que se legaliza para las clases medias y las clases altas, estamos con asistencialismo estimulando a que las clases bajas tengan más hijos para que tengan más recursos caritativos del Estado. ¡Es todo una locura total! ¡Estamos al revés del pepino!

Las clases altas siempre tuvieron al alcance el aborto.

Estoy de acuerdo con la legalización del aborto, pero dicen que es para que esté al alcance de las clases bajas. Pero la política asistencialista es estimuladora de tener más hijos porque el Estado les va a dar más guita. Entonces, hay una disociación clara entre las dos medidas.

Volvemos al inicio de la conversación, el tema cultural es lo que pesa. 

Sin dudas, acá hay un tema que es el “pobrismo”. Los uruguayos, y la izquierda uruguaya en particular, estamos contaminados de una concepción “pobrista”, que nos hace daño. Ser pobre no es bueno. Ser pobre es algo que tenemos que mejorar. Empezar a sacar a las personas de esa situación de autoaceptación de la pobreza y de la marginalidad. La actitud de no pelear por la mejora de condición económica es la que conduce a todos los problemas sociales que estamos padeciendo.

En esos barrios, ¿hay algún modelo donde puedan haber visto que alguien salió de la miseria trabajando?

Cómo no. Es la historia del Uruguay.

Pero los chiquilines no vivieron la historia. Entonces, va más allá de la educación.

Claro, pero la educación es la puerta de salida. El cambio que tenemos que hacer pasa, por no darles más plata para que sigan yendo a la boca de pasta base, sino abrir una biblioteca gigantesca de diez pisos en el medio del Marconi, como hacen en Medellín. Donde se construye un parque-biblioteca de diez pisos, donde hay actividades culturales las veinticuatro horas del día y donde empieza a haber un referente distinto a la mierda de las bocas de pasta base de los narcotraficantes. Eso es educación y cultura. Por ahí se sale. No se sale de ninguna otra manera, porque cualquier otra manera es una manera artificial. 

Perfil:

 

Nació en Montevideo, hace cincuenta años. 

Vivió en el edificio Lamaro, frente a la iglesia de La Aguada, donde se casó por primera vez; casi en la misma cuadra que el IPA, donde se recibió de profesor de literatura. Su familia es de origen vasco y tiene un hermano mayor. De sus tres matrimonios, tiene cinco hijos y dos nietas. Es agnóstico hasta la médula. Trabajó en varias agencias de publicidad y en el 2004 fundó su empresa: Ahunchain Comunicación. Es docente de publicidad en el CLAEH y de arte escénico en la Universidad Católica. En publicidad política hizo la campaña de Sanguinetti en el 84 y la de Juan Andrés Ramírez en el 94. Escribe y dirige teatro. Fue actor teatral y televisivo.

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