CESAR DI CANDIA, PERIODISTA: Escribir es necesario

publicado a la‎(s)‎ 25 jun. 2012 7:42 por Semanario Voces   [ actualizado el 27 jun. 2012 6:55 ]
 

 

 

Me imagino que para un jugador de futbol de la B hacer un picadito con Forlán y Suarez debe ser alucinante. Supongo que para una banda joven compartir un toque con los Fattoruso es lo máximo. Bueno para un periodista que hace reportajes entrevistar a Cesar Di Candia es un sueño realizado. A fuerza de ser reiterativo, debo decir que esta sí era una asignatura pendiente y la salida de su último libro nos empujó a concretarla.

Charlamos en su taller de escritura en el fondo de su casa durante horas y fue fantástico poder preguntarle sin límites a este emblemático señor que ha convertido al periodismo en un oficio maravilloso.  

 

Por Alfredo García / Fotos Rodrigo López

 

¿La izquierda no entendió del todo a Zelmar Michelini?

 Creo que la izquierda no solamente no entendió, sino que no lo quiso. Hubo fracciones de la izquierda que no lo quisieron y le hicieron el vacío al punto tal, que aún hoy, muchos años después de su muerte en el 76, la izquierda le debe un homenaje. No ha habido un homenaje público a Zelmar Michelini, el Frente Amplio homenajeando a su fundador asesinado. Este fue muerto por homicidio intencional.

Era un líder político importantísimo que llegó casi a los 80.000 votos en el 62. Fundador del Frente; el que inventó a Seregni fue Zelmar... lo fue a buscar y lo trajo. La izquierda nunca le hizo el homenaje en forma institucional. Zelmar era un tipo totalmente ninguneado por gran parte de la izquierda. Como después fue ninguneado Hugo Batalla que llegó a tener la mayoría de la izquierda en este país y al cual le negaron la posibilidad de ser intendente. Hugo fue vetado por el Partido Comunista para la Intendencia de Montevideo. De modo que la 99 hizo una trayectoria un poco temblorosa dentro de la izquierda nunca fue demasiado firme. Hugo agarró la posta con menos energía que Zelmar.

 

Eran personalidades diferentes.

Hugo no era líder, nunca fue un caudillo. Tenía enorme atracción como persona, como tipo simpático, buen amigo, pero no era el hombre capaz de agarrar un partido por los cuernos. Vacilaciones van, vacilaciones vienen Hugo al final, terminó yéndose del Frente Amplio en una asamblea muy tumultuosa que hubo, en la cual ya se sabía -o muchos sabían- que él tenía un acuerdo con Sanguinetti. Ese fue el fin de aquella 99.

 

¿Cómo era la relación de Seregni con Batalla?

Seregni había sido candidato del Partido Colorado, vetado por Vasconcellos porque Vasconcellos dijo que no era un líder conocido. Lo que era cierto. A raíz de ese enojo, Zelmar lo trajo para el Frente pero Hugo y Seregni nunca tuvieron una relación muy fluida, te diría menos que fluida. No es que se odiaran sino que no conciliaban. Tampoco la tenía Hugo con Rafael, menos que con Seregni. Eran rivales decididos. La historia de la 99 es la misma historia de todos los sectores que se desprenden de los partidos tradicionales, hacen una luz fulgurante y después desaparecen, son como estrellas fugaces.

 

¿La vocación periodística por dónde empieza? ¿Fue una casualidad?

 No, casualidades no. Creo que esas cosas se traen adentro.  A veces uno tiene la suerte de que se concreten y a veces no. Hacia diaritos en casa a mimeógrafo. En Preparatorios escribía  notas de cine en un semanario que hacía la Dra. Roballo que se llamaba “Pregón”. ¡Una audacia inaudita! Eso en el fondo era la necesidad de expresarse de alguna manera.

Cuando entré a la facultad y tuve la suerte inmensa de conocer a Daniel Scheck que era el hijo del administrador y después propietario de El País.

¿En qué año?

Cuarenta y nueve o 50 por ahí. Daniel Scheck me dijo “¿vos querés ser periodista?” Sí, quiero. Y me llevó al diario y allí empecé bien de abajo haciendo desde el horóscopo hasta crónicas policiales. Lentamente un poco apadrinado por los Scheck, entré por la ventana del diario. Siempre se  entraba por la ventana del diario. No había concurso.  

 

No había formación periodística.

No, no había. En el año  54 sacamos los lunes una página de humor y de ahí nació la revista “Lunes”. Tuvo una aceptación brutal, era la época de Nardone y  todo el mundo le pegaba. Vendíamos muy bien y a fin de año, recuerdo que se hizo un reparto de utilidades y yo me compré un terreno en Carrasco. Después la familia Scheck compró Teledoce y los  hermanos se dedicaron a hacer Telecataplum. Abandonaron “Lunes” y yo lo abandoné también.                                                                                    Hicimos luego la revista “Reporter” con Carlos María Gutiérrez como primer secretario de redacción (después fui yo), el tercero fue  Hermegildo Sábat.

La revista “Reporter” marchó dos o tres años haciendo equilibrios porque había gran movimiento interno subversivo en el Uruguay. Ya había habido ataques con bombas y secuestros y muertes. Entonces, informar en ese ambiente en una publicación editada por el diario El País, era muy difícil. “Reporter” se murió por inanición, yo me fui a trabajar al diario La Mañana.

¿Y después donde siguió?

Cuando me fui de “La Mañana” empecé a trabajar en el diario “Ya” que en un principio tuvo tres etapas. Fue un diario de izquierda independiente durante un tiempo, lo dirigía Baumgartner, después fue un diario compartido con la gente de Wilson y luego fue absorbido por Fasano. Cuando entró Fasano ya la cosa se me hizo más complicada. Yo ejercía a secretaría de redacción pero con Fasano no fue posible. Empecé a hacer “La columna amarilla” se llamaba “Pronto, listo y ya”, una columna que creo que  aun hoy sigue saliendo.

A YA lo cerraron porque daba información económica que según el gobierno de Pacheco alteraba la paz social del país. La información era que había venido noticias del exterior que decían que el dólar iba a subir en tanto % y como eso trastocaba los planes económicos del gobierno, lo cerró. El dólar subió mucho antes de lo que el diario había anunciado y mucho más.

A raíz de eso, nos quedamos con un seguro de paro muy especial porque creo que fue un poco por lavarse la conciencia. El seguro de paro que me dieron no fue por el 60 o el 70% era del 100%. Era un privilegio que teníamos y duró no seis meses sino que duró como tres años. ¡Fue una cosa de locos!

¿Tres años sin trabajar?

Aproveché ese seguro de paro para poner una empresita en La Paloma y estuvimos trabajando varios años pescando y salando tiburones y vendiendo bacalao en turismo. Hasta que la empresa empezó a ir mal, la vendí y compré la librería. Ahí, me fue a buscar Antonio Dabezies para hacer “El Dedo”.

Un boom absoluto ¿no? 

El Dedo fue una cosa maravillosa que nunca ha ocurrido en este país, empezamos con 2.000 ejemplares en la primera edición y en la séptima edición teníamos tiradas en la calle 43.000 ejemplares, cosa es absolutamente cierta porque mi acuerdo con Dabezies era porcentaje por ejemplar vendido. La siguiente, ya nos habían pedido 52.000 ejemplares.            Fue tal la repercusión popular que tenía, era una revista de oposición y de oposición dura porque había bromas crueles. Un día llaman desde el Ministerio de Cultura para avisar que les habían pedido un informe para ver si la revista “El Dedo” incurría en el delito de pornografía”.        Le habían adjuntado la revista que tenía subrayados los detalles pornográficos.

¿Pornografía?

Algunos eran absolutamente grotescos y definen una época. Uno de los subrayados era la palabra “ovario” otro, era un preservativo dibujado en una playa muy sucia. Eso, y otras cosas más totalmente infantiles e inocentes. Sé que los abogados del Ministerio de Cultura hicieron un informe diciendo que la revista no incurría en delitos de pornografía y a pesar de eso lo cerraron. Nosotros después esperamos que pasara un tiempo, y unos seis meses y cuando la cosa empezó a abrirse un poquito, sacamos “Guambia” con la misma gente, el mismo estilo pero sin firmar ningún artículo para que no pareciera que era una continuación del otro. Y “Guambia” sigue hasta el día de hoy.

Después de las elecciones salió electo Sanguinetti y Antonio entendió que la revista debía seguir siendo una revista más “izquierdosa”. Yo entendía que no, entendía que había que oponerse a la dictadura, pero después había que oponerse o hacer bromas con cualquier gobierno de cualquier pelo que fuera porque esa era la esencia del humorismo. Si no el humorismo era muy dirigido y a mí eso no me parecía bien.

¿Abandonó Guambia?

Me fui a raíz de un reportaje que se le hizo a Germán Araújo. A Germán lo echaron de la cámara a los dos días de la Ley de Caducidad, y yo entendí que no debíamos entrevistarlo porque estábamos distrayendo a la gente del otro tema que era mucho más importante. Lo que importaba era la Ley de Caducidad y no Germán a quien ya había tiempo para hacerle notas. Diferencias de opinión y al final les dije ‘yo no sigo más y cada cual por su lado’. Seguimos la amistad con Antonio hasta tal punto que el otro día me llamó para decirme “¿sabés que se cumplían no sé cuántos años de la creación de “El Dedo” (creo que 25), ¡Vamos a hacer algo!... un número especial”. Le respondí: ‘Ya se olvidó eso. Somos unos viejos. Todo eso es pasado, es historia. A los gurises de hoy en día, no les importa un carajo ni “El Dedo”, ni “Guambia”, ni la política, ni Germán Araújo, ni nadie. No les importa.” En aquel momento, sí les importaba, a todo el mundo le importaba.

Hacer humor es difícil.

No hay revista de humor que aguante mucho tiempo. Esa es una norma periodística que se da. La revista “Humor ”de Buenos Aires que era estupenda -no creo que haya habido otra mejor-, se murió. Empiezan a pasar los gobiernos y la gente empieza a hartarse. Posiblemente, si vos sacás una cada 20 años, viva unos añitos y después se muere. Por lo menos, acá en Uruguay los intentos de humor han sido siempre limitaditos. “Peloduro” el primero de todos. Tiene cuatro o cinco épocas.

¿Por qué los reportajes?

 Simplemente me gustó. Los reportajes de “Guambia”, a  Antonio le gustaba llamarla “la patota de Guambia’. La patota éramos nosotros dos y tres más que eran decorativos. Primero porque éramos mayores y segundo porque teníamos mas conocimiento cultural de la política. Cuando me fui de “Guambia”, Arbilla me mandó llamar y me preguntó si me animaba a hacer lo mismo en ‘Búsqueda’’. Arbilla me dijo “te doy dos páginas todas las semanas, te pago tanto” y le contesté que con “una única condición que te pongo: no me pidas que haga reportajes a solicitud, dejáme que yo elija a la persona”. Quedamos en eso. Nunca intervino para nada, nunca me sugirió nada y con esa libertad -que no es normal-, fue que pude trabajar bien con total independencia y por eso salieron cosas, que en otras circunstancias de pronto no salían. Arbilla es un empresario periodístico extremadamente hábil, brillante.

¿Cómo fue lo del reportaje a Medina?

Fue casual porque yo le tenía miedo a Medina, era uno de esos tipos que veía que iba a fracasar el reportaje. Un tipo muy antipático, muy duro. Un día me encontré con él de casualidad -él bajaba la escalera de “Búsqueda” y yo la subía-, me saludó y le dije ‘General, ¿Usted no se animaría a hacer un reportaje conmigo?’

Me preguntó quién era yo y le respondí. Me dijo “Usted es un tipo con suerte porque Usted no sabe que los generales después que cesamos tenemos tres años de veda periodística y la mía cesó hace tres días. Me agarra con ganas de hablar... eso si, le hago una aclaración, voy a hablar con Usted y nunca más voy a hablar”. Fui a la casa, estuvimos cuatro horas. Hablamos de todas las cosas imaginables tomando café, mate y finalmente empezamos a hablar lentamente de política y seguimos cada vez más y entonces dije ‘mi mujer me dijo que le preguntara por qué es tan machista’. Él se rió y la cosa se ablandó un poquito. “Soy machista. A mí no me gusta que mi hija estudie. La mujer tiene otra función que cumplir.”

Seguimos y le pregunté: ¿qué hubiera pasado si el Frente ganaba las elecciones del 71? Medina me respondió con total naturalidad “Los hubiéramos echado, el ejército no podía tolerar un gobierno de izquierda en el 71, era un gobierno tupamaro, todavía estaban los tupamaros en la calle”.

Seguimos y al final de todo, empezamos con las torturas y me dijo que era una guerra y en la guerra lo que había que evitar era la muerte de los camaradas y si la muerte de un camarada se podía evitar con la tortura de un adversario no dudaba.

¿Usted personalmente mandó torturar? Me respondió “Sí”. ‘¿Dio la orden de torturar?” “Di”. Le dije ‘Vamos a terminarla acá general’, porque ya había logrado el objetivo y no podía seguir hablando con él. Me acompañó hasta la puerta. Me habló muy mal del gobierno de Lacalle que en ese momento era el presidente. Me habló muy mal de Gonzalo Aguirre, que el ejército tenía muy mala opinión de esas dos personas. Cuando llego a “Búsqueda”, le digo a Arbilla ‘tengo una bomba de tiempo’.

¿Qué opinó Arbilla?

La desgrabé para hacer tres reportajes en seis páginas. Arbilla me dijo que si lo dábamos en tres reportajes en tres semanas seguidas, vamos a dar la primera y va a venir tal presión del gobierno que no vamos a dar ni la segunda ni la tercera. Así que vamos a dar las tres juntas -eso es propio de un individuo con una inteligencia excepcional en cuanto a lo qué significa la información periodística-, hicimos seis páginas del semanario con la entrevista. Cuando salió, a las 10 de la mañana “Búsqueda” estaba agotado, se hacían fotocopias del reportaje que se vendían al precio de Búsqueda. La CNN salió de noche en un informativo con la información de que era la primera vez que un general del ejército que había sido comandante en jefe y ministro de Defensa, admitía que personalmente había dado orden de torturar con el justificativo de que estábamos viviendo una guerra y en la guerra todo vale. A los dos o tres días lo llamé por teléfono y le pregunté cómo le había ido con sus compañeros de armas, él me dijo “la mitad me llamaron para felicitarme y la otra mitad, me llamaron para putearme”, textual.

“También me llamó Sanguinetti y me dijo ‘¡para qué te metés a decir cosas... esas cosas ya pasaron no hay que revolver, dejálas quietas!‘. Pero yo quería decirlas”.

Fue un reportaje muy afortunado en todo sentido, sé que fue una especie de hito del periodismo nacional pero la fortuna tuvo mucho que ver.

 

Pero también hay que saberlo llevar.

Saberlo llevar y emplear una técnica que usé siempre. Lo más que hice cuando tuve que entrevistar a algún presidente como Lacalle (que sabía que era difícil la cosa), con Jorge no porque tenía una amistad de años o en algunos casos especiales, estudiaba el asunto y llevaba algunas preguntitas, pero el 99% de las veces llevaba un esquema mental. La técnica era conversar y conversar siempre primero de bueyes perdidos porque el entrevistado generalmente tiene cierta desconfianza y está siempre en guardia. Conversando el tipo se convence de que no y empieza a largar despacito, pero la técnica es la conversación.

¿Por qué terminó con los reportajes en “Búsqueda”?

Porque me llamaron del diario “El País”. Las nuevas generaciones de ese diario son muy buenas desde el punto de vista gerencial. Son tipos que saben lo qué quieren y venden bien y pagan bien. Los diarios están estructurados de forma tal que siempre hay cuatro, cinco o seis tipos que cobran muy bien y todos los demás cobran muy mal. Esa es la sabiduría del periodismo moderno. En “El País “tienen siempre cuatro o cinco tipos a los que les pagan muy bien y a los demás los matan de hambre. En “El País “ han agarrado la onda de regalar cosas, vender cosas junto con el diario. No solo suplementos sino también libritos y objetos y así es que venden. El Observador ha hecho lo mismo. La República, ahora con nuevos dueños está en la misma.

 ¿Cómo ve la prensa uruguaya?

La veo mal por la misma historia de siempre. Si no tienen funcionarios bien pagados... Primero, con una preparación que justifique su trabajo, no agarrar a cualquier “cara de loco” que quiere ser periodista, si no viene de una academia, que por lo menos haya hecho estudios superiores... que sepa, que conozca su país, su historia, su economía, su política. Tiene que entender de algo, no escribir al azahar. Leo cada dislate en los diarios, no solamente faltas de ortografía sino también errores conceptuales inmensos y además, nadie los corrige lo que quiere decir que el que está encima del que escribe, tampoco lo sabe. El redactor de un diario o de un semanario -no hablo del periodismo en la televisión porque es distinto, es más divertimento que periodismo-, necesita otro trabajo o dos trabajos más para llevar el pan a su casa. Entonces, le da poca pelota al periodismo. No está bien organizado el periodismo acá. No sé si es porque el mercado es muy chico.

¿Por qué bajó tanto?

Sí, el Diario de la noche vendía ciento treinta mil, y “El País “de los domingos llegó a vender más de cien mil en una época. Los diarios normalmente andaban en los 40 o 50, pero la televisión debe de haberle sacado la mitad o las tres cuartas partes. La televisión y el hábito de la noticia consumida rápidamente y como en pildoritas... lo más esencial y nada más. En el informativo de cada noticia que te dan es un minuto o 30 segundos y ¿qué información podés captar con eso? Captás nada más que la cáscara. La costumbre de llegar al fondo de la información, en el Uruguay la dan los semanarios. Algunos de ellos sesgadamente... -otros menos sesgadamente-, y al final uno tiene que leer entre líneas dos o tres semanarios distintos para entender lo qué pasó, porque la interpretación de la información es lo fundamental.

 

¿Hay objetividad en el periodismo?

No, no hubo ni habrá. Es imposible que haya objetividad en cualquier periodismo porque está hecho por seres humanos. El ser humano en sí mismo es subjetivo de punta a punta. Objetividad no hay ni en los mejores diarios del mundo. Nunca vi que ningún periodista del Times escribiera contra un avisador de su diario. Las empresas periodísticas nacen o como apoyo a un partido político o para ganar dinero. Empresas periodísticas que intenten hacer altruismo, no conozco. Salvo que hubiera algún millonario excéntrico que quiera hacer un diario para que la gente se divierta, aprenda y se entretenga y yo voy a perder plata pero ¡qué me importa, soy rico! Los diarios se hacen para ganar plata o para apoyar a un partido político, de modo tal que los avisadores son sagrados y tienen que ser respetados. Si mañana el dueño de la empresa avisadora atropelló a un chiquilín yendo a 200 Km. por hora en una carretera, no lo escribas porque la empresa se va a enojar. No existe el periodismo objetivo ni puede existir.

¿Tuvo problemas con alguno de sus entrevistados?

 Tuve algún problema pero jamás hubo un solo desmentido. Además, yo me cuido mucho al punto tal que muchas veces, el entrevistado decía algo y cuando desgrababa me daba cuenta que no lo había querido decir o se podía interpretar de otra manera o se le había escapado, entonces... lo llamaba por teléfono y le preguntaba si había querido decir eso o no porque con esto Usted se entierra.  Eso me pasó muchas veces. Entonces, vos te ganabas la confianza del tipo y ese le contaba a otros, de que en el reportaje se había salvado porque Di Candia le había advertido. La fama de responsabilidad se iba conociendo. Hubo cuatro o cinco metidas de pata grandes que les avisé.

 De esas que eran titulares.

Tuve problemas una vez con el senador Flores Silva que me dijo que la unidad del partido estaba garantizada en la misma cúpula porque entre Sanguinetti, Tarigo, él, y Jorge Batlle, no hay disenso. Yo le dije ‘en el semanario que tú diriges, hace dos meses que escribiste esto, pusiste tal cosa contra Sanguinetti, tal contra Tarigo, no me podés decir ahora que están en la misma. Algo tiene que haber cambiado, o la verdad es esta o la verdad es esta otra’.Ahí se enojó y me dijo “el reportaje terminó acá, no quiero saber más nada”. Me acompañó hasta la puerta de la casa, y en la puerta me dijo: “prefiero seguirlo”. Volvimos y todo el resto del reportaje fue toda una diatriba contra mí, contra el semanario, que yo le había hecho un reportaje totalmente sesgado y que era un mal periodista. Creo que él pensó que eso último no iba a salir. Se lo llevé a Arbilla y me dijo que lo íbamos a publicar íntegro. Lo hicimos y no pasó nada, tuvimos un choque del cual todavía no hemos salido porque nunca más me saludó.

 

¿Por qué nunca se publicó la segunda parte del reportaje de Bordaberry?

 Porque Bordaberry me llamó por teléfono. En el primer reportaje hizo mención a las elecciones del 58 cuando ganó el Partido Nacional por primera vez y Bordaberry fue electo senador nacionalista. Se refirió a eso, a su padre y a todo su ascenso y a su carrera. Incluso me acuerdo que hablaba  muy mal de los políticos. Yo le dije: “pero su hijo es político” y el me respondió que no creía que su hijo fuera a hacer carrera política. Pero siguió y la parte más jugosa fue la parte de la dictadura. Cuando la empecé a desgrabar me llamó por teléfono y me dijo “Di Candia, le pido perdón porque no quiero que salga esa segunda parte porque me acaban de llamar del juzgado para citarme para una reunión. Yo no quiero agravar mi situación judicial con otro reportaje”. Fue porque el juzgado lo tenían ya prácticamente en la mira. Él tenía mucho miedo además. Me dijo “Tengo mucho miedo que me metan preso”. Claro, él creía que lo iban a meter preso los izquierdistas, los masones, los malos de la película que no era la Justicia. La Justicia estaba a las órdenes de estos grupos.

 

¡Qué visión rara de la sociedad tenía! ¿no?

Una visión muy medieval, muy de monje de monasterio. Toda su casa estaba llena de Biblias y de historias sagradas y muchos libros contra los masones. El cuando quiere una reforma constitucional que prohíbe a los partidos para siempre, lo consultó con Pacheco y con algún militar amigo, y con Sanguinetti y le dijeron que era una locura. Y Pacheco le dijo “si hacés eso, ni los militares te van a acompañar porque son militares pero son civilistas, son republicanos” Pero el sostenía que los partidos políticos no debían de existir y debían de existir agrupaciones de poder que pertenecían a determinados sectores de trabajo corporativos. Por supuesto que los militares le dijeron que no, que estaba loco. A otra cosa y lo echaron. Bordaberry creía -me lo había dicho y lo había dicho antes varias veces-, que el gran error  a partir de Rousseau era que el poder pertenecía al pueblo y eso es una entelequia que no se puede probar ni se puede lograr de ninguna forma. El poder pertenece a dios y dios es el que designa a la persona. Ese es el gran error de la democracia, creer que el pueblo puede sustituir a dios.           Le dije en aquel momento ‘¿Pero entonces Usted fue designado por dios?’ Me dijo exactamente estas palabras: “la divina providencia tiene sus designios, yo no soy nadie para estarlos contrariando”. Llegando casi al año 2000 no hay nadie que se trague esta historia y los militares menos. “Sos un monje y nosotros no queremos un monje, queremos un presidente decorativo pero que piense así... no. Todos nosotros en el fondo somos blancos o colorados.”  Su manera de pensar estaba cientos de años pasada de moda. Creía mucho en Felipe II y la persecución de los judíos, los musulmanes. Él se había quedado un poco en cierta época de la historia, pero dentro de esa anomalía, era un tipo totalmente normal. Anomalía desde el punto de vista ideológico, era aristocrático con una tendencia muy clara a la idea de el pueblo acá y yo acá. Vamos a no entreverarnos porque no tenemos nada que ver.

 ¿Distinto a Pedro?

No conozco a Pedro, nunca hablé con él pero da la impresión de que es otra cosa y además, es hincha de Wanderers. Un tipo que va a la cancha de Wanderers no es un aristócrata.

¿Qué asignatura quedó pendiente en el reportaje? ¿A quién le hubiera gustado y…?

No sé, del Uruguay no sé. Hice como seiscientos, aunque siempre queda alguno. De pronto, las personas que parecen importantes en realidad, no lo son tanto y personas que no son nada importantes pueden dar mucho jugo, pero nunca se sabe.

Hice reportajes a gente muy humilde por ejemplo, localicé a Justino García que era un hombre muy viejo que venía del asilo, pero llegó a ser secretario de Luis Batlle. Ese señor humildísimo, tenía unas historias fantásticas de Luis Batlle de Jorge, de toda la gente que lo rodeaba. El dominaba la cocina del diario “Acción” al punto tal que él sabía a qué personajes Batlle quería recibir y a cuáles no y sin consultar a don Luis, él los paraba y les decía “no, don Luis Batlle no está hoy, no viene hoy” Era un tipo increíble que le llevaba la quiniela a Luis Batlle quien le daba plata y le decía “juéguele a estos números”. Justino me decía “yo me quedaba con la plata y un día salió y yo no tenía plata”. ¡El lío que se me armó porque yo no le había jugado al número de él!”                                                                                       Ese señor, Justino García que vivía en Salinas, terminó su vida trágicamente. Vivía en un galponcito que le habían dado dos señoras viejas para vivir con la condición que les atendiera el jardín. Yo creía que estaba muerto hacía años porque era viejísimo. Un día en un reportaje que le hice a Menchi Sábat, dije ‘¿te acordás de Justino allá en ‘Acción’… ¡pobre Justino, se murió!’ y él me contestó “sí, se murió”. Al día siguiente, me llaman por teléfono y una voz cascada me dice “Hablo desde el infierno, me llamó Justino García y estoy vivo”. “¿Quién te dijo que me había muerto?”

La entrevista (que no es entrevista) a Wenceslao Varela que está en el libro es maravillosa.

Es un personajón. Le arrancó una teta a la madre de un mordisco, la madre tenía una teta sola. Apenas sabía escribir y escribía unos versos preciosos. Son hallazgos.   Lo que pasa es que a medida que pasaba el tiempo, la gente de “Búsqueda” me daba información.

Alma Do Santos me lo pasó un fotógrafo de un diario que me dijo que en el Palacio había un tipo que yo tenía que ver lo qué era. Un día puso una botella de whisky  arriba del escritorio y el presidente le dijo “saque esa botella” y le contestó “pero si Usted toma el whisky en vasitos de café, yo por lo menos no disimulo”.

¿Cómo ve al Uruguay hoy?

Lo veo muy desconcertado porque el Uruguay confió muchísimo en el Frente. Después de tantos años, una salida distinta que con Vázquez se confirmó bastante, pero en la segunda administración de la izquierda ya empezó a decepcionar. La gente pensaba que la izquierda podía con tres chasquidos de dedos, arreglar todo. No pudo, y la gente no se adapta a eso, que no lo va a lograr ni la izquierda ni nadie... y menos en cinco años. Confieso que yo no voté a la izquierda, yo voté al Partido Independiente en esta última elección. Toda mi familia sin excepción, todos votaron a Mujica. Les dije que yo no lo votaba... la izquierda tiene tantos problemas internos que no va a poder gobernar. Va a ser imposible gobernar. Problemas internos entre los partidos y problemas internos dentro del MPP.

Mujica va a ser uno, los que lo rodean van a ser otros porque van a tirar para distintos lados y la mujer va a tirar para otro lado. No es nada fácil. He llegado a creer que tiene buenas intenciones, pero creo la barra lo está controlando y la mujer también. Es mi opinión personal. Así no es nada fácil gobernar.

 

La izquierda siempre fue muy...

Cuando hacia vida gremial uno se daba cuenta cómo los bolches odiaban a los ultras y cómo ultras odiaban a los que eran de un partido tradicional. Nunca hubo forma de unirse para trabajar en común por un gremio, mi gremio es el periodístico, no había forma. La izquierda fue siempre así... toda la vida. Va a ser muy difícil. No hay una cohesión, parece que las ambiciones están por encima de todos los buenos propósitos. No puedo creer que echen a un ministro, que pertenece a su vicepresidente, ni siquiera espera que esté acá en Montevideo, lo echa y no le avisa. No puede ser. A Mujica no se le ocurrió eso, hubo alguien que le dio manija. Estoy convencido. Son opiniones personales. O la mujer le dijo “Che viejo dejáte de joder hay que echarlo a éste” Creo que la mujer es siniestra, creo por las veces que hablé con ella que es una mujer durísima, que en el fondo odia a todo el mundo. El no, él es un paisano más contemporizador. Si fuera por él estaría chupando en el boliche o arriba del tractor. Eso es lo que le gusta. Lo metieron en un brete al pobre viejo. Lo van a enfermar, lo van a matar a fuerza de disgustos. Es un pobre tipo, al final es un desgraciado. Tabaré no... Tabaré era otra cosa.

¿Tan mal lo ve?

 Van a perder la elección, van a dividir al Frente en dos. Ayer le dijo una guarangada a Michelini, una grosería.  ¡Michelini que es un pobre gurí! que llegó hasta tercero de liceo y de ahí no pasó. Después estudió tornería... no me digan que estudiar tornería es una base para gobernar... no, es un oficio, pero tiene unos votos atrás ¡aguantálo! Hoy están conversando con Astori. El día que Astori pierda la paciencia. ¿Qué pasa?

 

Danilo ha sido absolutamente leal al Frente.

Nadie le puede decir nada, lo cagaron los bolches cuando hicieron la unión pa’ nombrar a la petisa Olivera, lo cagaron bien cagado. La aguantó, se la bancó. No sé... no lo veo.  Lo que pasa es que en los partidos tradicionales tampoco veo a alguien que se perfile como para sacarlo.

 

La situación económica también ha sido de una estabilidad sorprendente.

Han nombrado gente a mansalva. Se transformaron en un partido tradicional más, nombrando amigos acá y allá. Nombran gente al pedo en todos lados. Es una viejísima teoría nacional, poner empleados públicos para después conseguir votos. Nunca supe hasta qué punto esos empleados públicos eran fieles. Nadie sabe. Voto secreto,... “dame el empleo y yo después voto a quien quiera”.

 

El bicho más peligroso es el uruguayo en el cuarto secreto.

Antes te ponían el voto en el bolsillo. Hacían los cantones de campaña, yo llegué a ir a uno, en Canelones y consisten en que encierran a los del partido “A”, meten a toda su gente en un lugar cerrado que no pueden salir. Ahí les dan caña y asado y los tupen y cuando salen le dan un sobrecito. Muchas veces, les regalaban zapatillas. Era la forma de asegurarse el voto. Estoy seguro que en algún lugar de la República se sigue haciendo.

 

Sé de uno que tenía 600 credenciales del barrio que el manejaba como caudillo. Eso era en Montevideo.

En el Interior debe de ser muchísimo peor. La doctora que le hice la entrevista. ¡Pobre mujer! esta de Curtina que se tuvo que ir porque la echaron del empleo porque decía la verdad. En Curtina hay tres caudillos herreristas, no hay ningún caudillo que no sea blanco de otro sector... tres herreristas. Ningún colorado y ningún frenteamplista y todo el mundo vota lo que dicen ellos. Además una vez, apareció un pobre paisano muerto y dijeron que había muerto de un síncope, yo les dije “tiene un tiro en la nuca”.... “Usted diga que murió de un síncope”. Curtina es como el far west.

 

¿Qué está haciendo Di Candia ahora?

 Escribí ese libro “Oficio de periodista” y le entregué una novela corta a Canalda para que salga en la Feria del Libro. Una novela muy linda que me gustó mucho... un hecho ocurrido en la dictadura. Por ahora, me levanto y escribo lo que venga.

¿Viene la musa o hay que ponerse a escribir?

 A veces andás tres días que no se te ocurre nada y un día se te ocurre una día y encontrás otra idea a los 15 días y empezás a unirla con la anterior. Las musas andan volando y se te posan encima cuando menos querés. Andás por la calle como un idiota y pafaté se se ocurre algo y decís ¡Qué linda idea!

 

¿Escribir es una necesidad?

Para mí, sí. Es como ir al baño. Se te va llenando la cabeza de ideas y llega hasta el punto que se derrama, es como el tanque se llena hasta el borde y después se cae. Eso de que me voy a sentar a escribir una novela, no. Ellas son las que deciden, empezás a escribir una cosa y terminás escribiendo otra y no sabés porqué. El hilo conductor lo decide otro. El creyente, dirá que es dios. Yo qué se quién es.

 

¿Qué consejo le daría a los periodistas jóvenes?

 Un consejo no. Le daría varios. Primero, que se informaran lo más posible, que no improvisaran, que trabajaran con disciplina, que no se corrompieran -que quiere decir escribir a pedido-, por ejemplo, hablar bien de la compañía tal de aviación porque me regalaron un viaje, hablar bien de un personaje porque el director o el secretario de redacción del diario me lo pidió. Que trataran de mantener la más absoluta independencia de criterio.

Yo he practicado periodismo escrito nada más, no se nada de periodismo radial o televisivo.  Que trataran de que su redacción y su gramática sea lo más correcta posible. Alsina Thevenet era un incordio de esos que te perseguían hasta... fue un tipo que me enseñó a ser riguroso, rígido, estricto con lo que escribo.

 

Hay una degradación del lenguaje.

 Y hay el peso de una cultura. A los gurises no les entiendo lo qué dicen. Es muy difícil entender lo qué dicen. Tienen códigos propios y son mucho más rápidos que uno, porque los gurises pueden escribir en un mensaje de texto diez veces más rápido que uno y sin mirar. ¡No puedo explicarme cómo lo hacen! Están manejando otro lenguaje, el lenguaje de la rapidez mental y visual.

 

PERFIL:

Nació el 24 de octubre de 1929 en Florida. Trabajo en diarios y semanarios desde 1954. Cinco hijos, doce nietos y un bisnieto de dos años y medio. Fue a La Paloma a los cinco años llevado por sus padres a un ranchito que estaba sobre la playa que lo marcó de tal forma que sigue yendo hasta el día de hoy. No es religioso. Hincha de Defensor pero no va al estadio. No es fanático de internet, Facebook o tweeter. Los diarios los lee impresos. Su obra literaria lleva ya diecisiete libros.

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