JORGE BATLLE:“Este gobierno es el más derechista que he visto en mi vida, porque jode a los que menos tienen”

publicado a la‎(s)‎ 16 abr. 2012 8:54 por Semanario Voces   [ actualizado el 16 abr. 2012 9:02 ]
 

 

Sabíamos que no era una entrevista fácil y empezamos a prepararnos con mucha antelación. Fuimos en barra porque el antagonista es muy rápido y nos podía dejar en cualquier momento en “orsai”. Llevamos una lista enorme de temas imprescindibles para plantear. Nos leímos todas las entrevistas que lo tuvieron como protagonista que encontramos. No nos sirvió de nada y perdimos por goleada. Este hombre no es para una nota de nueve páginas, es para un libro, aunque se resista. Nos recibió en su estudio cercano al cruce de los dos bulevares, y, luego de hacernos sentar en unos sillones que Baltasar Brum le había regalado a sus padres para el casamiento, nos sometió a un casi monólogo de varias horas. Pudimos meter alguna pregunta pero, de entrada nomás, salió hablando, y así empieza esta experiencia con Jorge Batlle…

 

 

Por Jorge Lauro, Hoenir Sarthou y Alfredo García / fotos: Rodrigo López

Acá había un tipo que enseñaba a nadar, llamado Amador Franco. Y el viejo Batlle los mandó a todos los hijos y sobrinos a aprender a nadar. Y Amador Franco era un filósofo de la natación. Entonces explicaba que el hombre era el único animal que no sabía nadar, que si uno tiraba un gato o un perro al agua,  nadaban. Cuando mi padre escuchó eso se tiró al agua. Y entonces hubo que rescatarlo porque se ahogaba.

Entendió mal la filosofía…

Tío César siempre decía que eso era lo que lo distinguía a Luisito: “El primero se tira y después ve cómo sale” (Risas). Hay gente que se va metiendo de a poco al agua y cuando le llega a cierta altura queda dura; después hay otros que se zambullen. Es mucho mejor zambullirse que ir con el agua de a poco.

¿Usted heredó esa característica?

Sí, es algo que no es muy consciente. Son esas cosas que vienen subiendo, suben, suben, y no hay tranquera, salen.

¿Y después veremos?

Y sí. Mi viejo era muy “caldera de lata” pero por suerte era un tipo de muy buen humor, que no guardaba rencores. Yo soy “caldera de lata” también, pero nunca estuve enojado con nadie. El otro día apareció un tipo, un cantor de estos, al cual le preguntaron a quién odiaba y respondió: “a Jorge Batlle”. Yo jamás odié a nadie. Es un sentimiento que por suerte desconozco.

¿Quién está generando ideas en el Uruguay de hoy?

¡Yo qué sé! No soy juez de nadie.

Pero sin juzgar

Si digo quién genera ideas, juzgo en sí mismo a quienes no lo hacen. Y no soy juez de nadie.

Pero está juzgando al país como muy pobre en el campo intelectual.

Creo que hay gente que genera ideas en distintos campos. Ustedes se refieren básicamente al campo de la política, porque supongo que a mí no me vienen a preguntar por la poesía.

Capaz que es una veta que no le conocemos.

No se preocupen porque por ahí no suena mi lira. Como decía el flaco Paz (Eduardo Paz Aguirre), parodiando a Becquer: “Podrá no haber poetas pero siempre habrá policías”.                                                                                     Yo creo que no es un momento para generar ideas entre los actores que están en el escenario político. Los que están en el gobierno, tienen las ideas totalmente destartaladas. Están a la miseria con sus propias ideas. Y los que están en la oposición tienen problemas mediáticos, porque como este es más un mundo de imágenes que de razones, se cuidan mucho. Y no digo en el Uruguay, en el mundo entero se arreglan los dientes y se maquillan porque es mucho más importante la imagen que el concepto.

¿Entonces Uruguay quebró con eso porque Mujica no es especialmente “la imagen”?

El caso de Mujica es un caso que ya fue. Es otra cosa distinta, tiene otras razones, otros orígenes y situaciones. Ustedes me preguntan quién está generando ideas hoy, y Mujica es ayer. Y además pobre, no está en condiciones de generar ideas porque tiene un problema básico: como le dice una cosa, después le dice la otra. Entonces la idea misma que lanza se contradice con la idea posterior. Por lo tanto, es un problema grave que tiene. Además, notoriamente no está generando ideas. Está generando inquietudes. Por ejemplo, dice que tiene una lucha terrible contra la burocracia durante dos años continuados y después nombra gente. A mi juicio, y humildemente, les digo que no está generando ideas.

Y este es un momento muy propicio para generar ideas, y muy necesario. Como soy una persona joven, siempre estoy pensando en el porvenir. Es un buen momento para que alguien empiece a proponer cosas importantes para la vida del país y creo que está faltando esa circunstancia. Y aspiro a que llegue, y en algún momento llegará.

¿Por qué se da este fenómeno?

Por algo sencillo. Se habla mucho del modelo batllista, del modelo a, b y c. No sé si realmente eso existe, soy bastante ignorantón en esa materia.              Todo el movimiento de izquierda en Uruguay es muy antiguo, es del siglo XIX. Y es muy importante. Los diarios anarquistas que se publicaban en Uruguay en el siglo XIX tenían enorme circulación acá, y no solo acá, también en Buenos Aires. Los anarquistas que hubo en el Uruguay fueron gente de mucho peso intelectual porque hubo una emigración importante. La emigración posnapoleónica y posresurgimiento o renacimiento de las organizaciones monárquicas posnapoleónicas. No porque Napoleón no fuera un monarca de segunda, que lo fue. Pero de todo lo que estaba alrededor de ese tiempo y esa corriente, mucha gente se trasladó a los Estados Unidos y muchísima al Río de la Plata. Esa emigración era de gente de muy sólidos valores culturales, políticos. Fue la gran generación de emigrantes que le imprimió al Uruguay esa condición un poco distinta de otras regiones.                                                        Esa corriente se expandió muchísimo en el Uruguay en los tiempos del viejo Batlle. Piensen que el viejo Batlle entró el 4 de abril de 1874 al Club Católico, el mismo día que entró Juan Zorrilla de San Martín, y que Mariano Soler publicó un discurso sobre los esclavos. Había una cosa fermental, que también estaba en las zonas espiritualistas. No todo el mundo era positivista en aquella época en que había grandes discusiones entre espiritualistas y positivistas, cosa que está fundamentalmente recogida por Arturo Ardao. En Uruguay existían los primeros contracursos en el Ateneo de la República, porque no eran positivistas, y la filosofía obligatoria era la comptiana, “orden para los de abajo y prosperidad para los de arriba”, el orden y progreso, progreso para los de arriba y orden para los de abajo, ¿no?  Por eso hubo regímenes positivistas en América. El emperador de Brasil y el de México, que no fueron poca cosa, porque tenían sus luces. Hasta Santos (Máximo) hizo el puerto de Montevideo. Ese tiempo era un tiempo de gran formación ideológica. Fue el tiempo del viejo Batlle. Esa fue la gran discusión entre Julio César Grauert y Pedro Ceruti Crosa. Entre el marxismo y la revolución, no de clases sino de oportunidades, del tipo del batllismo. Y esa discusión ideológica se fue diluyendo. Yo recuerdo con enorme placer la discusión que tuvimos con Arismendi a propósito de las cuestiones ideológicas, yo de Krause y él de Hegel, ambos profesores en Jena. Para mí fue una de las cosas más lindas de mi vida. Porque Arismendi era un tipo muy sólido ideológicamente hablando. Diría que Arismendi era el marxista más sólido de toda América del Sur.

E ainda mais…

No sé, mis conocimientos en esa área son limitados, desde el punto de vista de la vigencia de su persona en aquella estructura global. Pero para mí discutir esto con Arismendi era sumamente trascendente, y además era una cosa lindísima. Volver a plantearse las cosas del país desde el punto de vista de las concepciones básicas que cada uno tenía como ideal y por las que daba la vida. Por eso nosotros hicimos el esfuerzo por Arens y todas aquellas conferencias, donde trajimos gente de todos lados, e inclusive hicimos el estudio sobre Alberdi (Juan Bautista), que debería de ser de lectura obligatoria, porque para mí es el pensador político más importante de habla hispana de las corrientes posteriores al 1810 que hubo en América. Además los libros de economía de Alberdi son geniales. Hay que leerlos hoy…, y además escribía como los dioses. Parecía Lope de Vega, que decía que despertaba la ira de un español sentado, por las cosas que decía.                                                       Eso hoy no se da. No hay una discusión ideológica fuerte.
Se ha teñido mucho la cosa. La cosa marxista viene muy mal en el mundo entero, vienen muy mal.
Los experimentos conducen a la dictadura por todos lados donde se aplican y eso viene horrible. Además, los efectos en la economía son siempre negativos, y por tanto, cuando uno quiere hacer justicia no puede repartir. Es medio difícil mejorar la vida de la gente, y las alternativas están en discusión.

¿Cuáles son las alternativas?

¿El capitalismo crudo? Eso no sirve para nadie, ni para los capitalistas.            El liberalismo me parece que tiene más éxito. No soy tan partidario de los filósofos franceses como sí lo soy de los filósofos morales ingleses, que me parece fueron más importantes que los franceses de los tiempos donde se produjo la Glorious revolution, posteriormente y luego la Revolución Francesa. El racionalismo es un arma de doble filo, porque la lógica se puede aplicar para cualquier lado. Mientras que los filósofos morales ingleses sostienen otras cosas, que me parece que son de base más ajenas o más distantes de la razón del individuo, no más de las esencias del individuo. Creo que sobre esa base habría que trabajar. Pero es un punto de vista particular. Y por lo tanto -en plena juventud como estoy- no tiene mucha vigencia.

¿Usted no sería una de las personas que tendría que estar trabajando en esas cosas?

Trabajo, sí, todo el día. Lo que pasa es que aprendo poco. Soy bastante desorganizado, no es una novedad. Transmito, trabajo con mucha gente joven. Converso, converso, trabajo más de lo que a mi edad se debería trabajar.

¿Encuentra el campo fértil?

Sí.

¿Gente de la academia?

No es un campo fértil el de la academia. Con la academia no tengo nada que ver. Hablo con gente joven. Para mí empieza a haber un cambio en la sociedad, en el sentido de que durante bastante tiempo -para hacer una cosa que no es siempre cierta, porque las cosas simples no son muy ciertas-, se sintió como que los ideales, o los pensamientos, o los principios, o los caminos representados por los partidos tradicionales estaban totalmente perimidos, obsoletos, terminados, y había un sector que aparecía dentro de la población como los poseedores de las verdades nuevas que conducían a lo que todo ser humano quiere. Porque yo no creo que haya seres humanos tan perversos como para querer que la gente pase mal. En fin, puede haber un loco suelto y lo habrá, pero además debería tener mucho poder. Pero pienso que esto ha pegado un cambio fuerte en estos últimos tiempos. La gente no digo que sepa adónde tiene que ir, pero perdió la referencia de aquellos sectores sociales desde los cuales se sostenían verdades que la gente ansiaba tener. Acá todo el mundo se hizo batllista a destiempo. La gente dice: “Lo mejor era el batllismo, pero vamos a hacer el batllismo de una manera completamente distinta, que no tenga nada que ver con aquello”. Y aquello consistirá en: “a ver cuánto me toca”. No es así, las cosas no son tan simples. Me da la impresión de que ese sentimiento permitió el crecimiento muy fuerte de sentimientos de izquierda en general, aún de gente que no votaba a la izquierda.
Creo que ese sentimiento está cambiando en el país.

 

No hay certezas como había antes.

No, además hay otras cosas que están empezando a permear. Ayer tuvimos una reunión muy agradable en la casa de mi hija, que tiene un pequeño fondo y es la que junta a todo el mundo. Y había primos, sobrinos, sobrinos nietos, y todo lo demás, todos en la edad en que trabajan, producen y están en el mundo. Y son otras las cosas que les interesan. Los jóvenes mostraban que lo que les interesa es el conocimiento y cómo se pueden armar con el conocimiento no solo una mejor vida desde el punto de vista económico, sino una vida más plena desde el punto de vista de cada ser humano. Para alguno de pronto tener una vida más plena puede ser tener un Porsche, pero por suerte están muy caros y son para poca gente. Pero una vida más plena… me parece que han comenzado a advertir que los caminos que se les ofrecían por el lado del pensamiento y de la ideología de izquierda son caminos obturados. Es lo que está sintiendo la propia izquierda, ¿no? Entonces, ¿qué está pasando? Acá hay que barajar y dar de nuevo. Hay una cantidad de gente que está mal ubicada. Entonces uno queda enganchado en determinado lugar: sindicatos, partidos, organizaciones sociales, etcétera, y luego se pregunta: “¿Qué hago acá?... estos no son los míos; eran pero ya no son más los míos, yo estoy buscando otra cosa”. Y eso se da en todos los sectores.                   Cuando mi madre cumplió 90 años, lo festejamos. Estaban todas las amigas que tenían entre 90 y 100 años. Y cuando llegaron las 12 y se fueron todos y se quedó con los hijos y los nietos mayores, trajo una silla, se sentó y dijo: “Vamos a hablar de política”.                                                                                   Ayer domingo, en medio de los tallarines -en una familia donde la conversación es 99 por ciento política, y el uno por ciento restante también, por las dudas-, nadie habló de política. Todo era el hacer, y una conversación que llevaba por destino la realización de cada uno, la búsqueda del mayor conocimiento en un mundo abierto. Eso está permeando más de lo que parece en la sociedad uruguaya. Me da la impresión.

Sucede que todavía no tienen un camino abierto, un líder o un grupo de personas que lideren eso, que ya llegará, porque siempre llega.  A veces tarda, porque son tiempos intermedios en que los países están medio “en el limbo”. Y quizás estemos en un tiempo intermedio.

 

¿Usted está pronosticando el fin de los partidos políticos?

No, hay un reordenamiento. El batllismo era una mescolanza terrible. Zavala Muñiz era blanco y decía: “No, yo no soy colorado; soy batllista”. Unidos por esa idea de ese supuesto o real modelo que había. Está pasando lo mismo. Estamos a punto de que alguien haga eso. Por suerte tengo 84 años, por tanto no me toca.                                                                                                                    No digo que no pueda ayudar a generar inquietudes en ese sentido. Es difícil, pero la oportunidad está ahí.

 

Por eso llama la atención que no haya gente pensando, discutiendo. La oportunidad está ahí.

Con la gente que me reúno, lamentablemente, no hacen política activa. La hicieron durante mi gobierno, pero luego no la hacen coordinadamente con el propósito de una cuestión de carácter electoral. Pero hay gente… Es un país con mucha gente. En este país la única cosa relativamente barata es la proteína: la carne y la leche, y eso hace que este país dé gente naturalmente muy inteligente. Como le dijo una vez a mi padre Ledo Arroyo Torres, siendo ministro de Hacienda: “Mirá, Luis, acá o hacemos una importación de otarios, o nos sacamos los ojos entre nosotros”.

Nunca la hicieron a la importación.

No (Risas), porque no los dejaban entrar, quedaban de la Aduana para afuera. Este es un país de gente inteligente. No es por falta de proteínas, es por falta de ganas de laburar. Porque eso de que el trabajo dignifica… No, es trabajo, es una fatiga de la madona.

Esa es también parte de la herencia de los emigrantes.

Los emigrantes eran grandes trabajadores. Al revés, los que laburaban eran ellos. Y trabajadores en serio, en primer lugar porque venían del hambre, de la pobreza y de regímenes en donde o se trabajaba o se trabajaba. Y acá era un país que había que armarlo, había que hacerlo. Era un país que no tenía nada, no había infraestructura, no había un puerto. Y por tanto trabajaron e hicieron muchas cosas muy importantes. Pero no solamente acá. Si van a Río Grande, es igual, y si van a la Argentina, también. Los grandes inmigrantes lombardos transformaron a Argentina en el granero del mundo. La Argentina, como la mona, como le va, este año va a producir, de la cosecha gruesa, cien millones de toneladas de granos. Y es un año malo.

Hoy, si el Mercosur deja de plantar, hay hambre en el mundo.                   Cuando yo llegué al gobierno, todos estos países (Brasil y Argentina) producían 40 millones de toneladas de soja; hoy se están produciendo 140. Y eso no fue ningún gobierno; fue el mercado, la demanda.

Y Monsanto.

Bueno, pero lo que va a producir Monsanto en treinta años ya está establecido. Solamente nosotros somos tan tarados que creemos que tenemos que resistir esos eventos. Y ellos los aplican en todo el mundo, y el mundo produce mucho más. Hace poco tiempo llamé a un amigo y le dije: “Estoy buscando avena achatada para las yeguas”. Me contestó: “Jorge, estoy con 25 productores de Carmelo en Montsanto, cuando vuelva a Uruguay, lo hablamos”.                       No saben lo que son las semillas ya organizadas para áreas de seca fuerte, porque de aquí a 2040 va a haber 3 mil millones más de habitantes. Y el planeta no se puede agrandar. Cuando yo empecé a plantar trigo, una buena producción eran 800 kilos por hectárea. Este año saqué cuatro mil doscientos setenta kilos por hectárea. Y los baguettes dan siete mil. Y si no hubiera sido por la modificación de la semilla, estaba todo el mundo muerto de hambre.     Hay que darle de comer a la gente, y la única forma de darle de comer es mejorando la forma de producir.                                                                               Por eso, en la Facultad de Agronomía los profesores que son de izquierda se quejan de que este gobierno favoreció el latifundio (Risas). Es lo más gracioso que he escuchado en la vida. Yo tengo setenta hectáreas, ¿ustedes creen que puedo comprar una cosechadora que vale trescientos mil dólares? Es absurdo.             Todo ha cambiando y viene cambiando a una velocidad de locura. El cambio es tan rápido, tan profundo y de tanta incidencia, que las ideologías quedaron atrás, estallaron como granadas.                                                                      Entonces lo que vuelven a servir, son los principios básicos y esenciales de la vida.                                                                                                                               Eso es lo que creo que está en discusión: los principios básicos y esenciales de la vida.

 

¿El camino por el que estamos transitando como humanidad es sostenible?

Francamente, sobre la humanidad no trabajo.

 

El Uruguay es un subproducto de la humanidad.

 

El Uruguay es un subproducto de todo desde hace mucho tiempo.                    Un día traté de disgustar a mi íntimo amigo Carlos Maggi. Soy como un hermano de él, hemos hecho cosas juntos desde hace casi cien años. El había hecho una especie de compendio de todas las revoluciones espantosas que hubo en el Uruguay entre 1810 y 1910, pero se olvidó de que en ese tiempo fue cuando más se creció. Y le hice esa enumeración y le dije: “Carlos, lo voy a hacer nada más que para embromarte”.                                                                   En este momento, nuestro problema básico es que tenemos que recuperar las esencias para poder luego implementar los mecanismos de su aplicación óptima, teniendo en cuenta los cambios fenomenales que se están dando en materia del manejo del conocimiento y de su acceso.                                            Ese es el tema central, y es lo que nos va a generar más discusión y más dificultad.

De todo esto, el tema que surge es: ¿hacia dónde camina el país como país?

Camina para el único lado posible, después habrá alguien que pondrá la partitura. Por eso es que el Frente no puede hacer lo que sostuvo toda la vida que había que hacer.

 ¿Usted a dónde quería llevarnos?

¿A ustedes? A ningún lado (Risas). Ustedes tienen una vida propia. Y la vida propia de ustedes es una vida que necesita una renovación absoluta. La vida como está, está obturada, y la otra vída no está planteada. La sociedad va en función de las cosas que le van sucediendo en el mundo en el que vive. Mi sobrino me preguntó si conocía los cursos gratuitos que daban en la Universidad de Stanford. En Stanford, Palo Alto, California... todos son cursos científicos gratuitos. Eso va a ser una revolución. El mundo va hacia allí indefectiblemente. Lo que cuentan son las esencias. Luego son las coordenadas para asimilar todo eso. Toda la revolución social que ha existido en el Uruguay rural, eso no tiene regreso. Ya se dio, y no se dio porque hubo una decisión ni de mi gobierno, ni de los gobiernos posteriores. Se dio porque los hechos pueden más que nuestras argumentaciones y razones del supuesto deber ser.                                                                                                                 Vamos a discutir las esencias. Si no discutimos las esencias, y las afirmamos... las demás cosas se van a dar igual.                                                                        Los argentinos se rieron mucho cuando elogié a Kirchner. Dije que Kirchner había sido el mejor gobernante argentino hacia el Uruguay, porque mientras que Hernandarias había introducido la ganadería, él había introducido la agricultura. Y la introducción de la agricultura masiva en el Uruguay ha cambiado la vida de la República para siempre.

¿Qué papel está jugando el gobierno en ese proceso que no depende de la voluntad?

Mujica primero fue ministro de Ganadería y Agricultura y no hizo absolutamente nada. No tocó nada. Fue lo mejor que hizo.                                                         Después vino Agazzi, que tiene un corso a contramano en la cabeza. Estuvo en contra de los eventos genéticos. Como diputado siempre estuvo en contra. Al final, no va a tener más remedio que empezar a aflojar.

Cuando los brasileros estaban en contra de los eventos genéticos, la soja en Brasil se llamaba Maradona.                                                                                    Creo que hay varios mundos, uno es el real, y Mujica no está en el mundo real.  El gobierno no está en el mundo real, está en un mundo que no existe hace mucho tiempo.

 

Hay quienes le reprochan que no interfiere en absoluto en la economía.

 

¿Cómo que no interfieren? Interfieren para hacer macanas. Pregúntenles a los que venden campos lo qué es el impuesto nuevo, los dos articulitos últimos que puso Astori, que es el “bueno”.

 

Astori es el “bueno”, pero en una barajada de nuevo como la que usted propone, ¿no caería de su lado?

 

Creo que sí, pero hay mucha gente que cayó de mi lado durante mucho tiempo, y eran regular con bueno. Yo soy regular con bueno pa’ deficiente.                 Hoy hay algo que es superior a todos nosotros, que antes no era tan así, y que  camina y sigue caminando, y es la realidad. Y si nosotros hacemos caso omiso a esa realidad nos va a pasar por arriba.                                                              Miren lo que le pasa a la pobre Cristina con la energía.                                   Vieron el mensaje del Poder Ejecutivo -la parte chistosa que tiene-, donde dice que están dragando el Canal de Martín García, va a hacer un barco con una usina de gas y además es fluida la relación comercial (Risas). Lo dijo el 1º de marzo de 2012. ¿No se dio cuenta de lo que le está pasando a Cristina con la energía?                                                                                                                          Es inviable lo que le está pasando.
Cuando las cosas venían bien, dijo: “Les voy a aplicar una retención a las exportaciones de petróleo para que el precio local sea bien barato y todo el mundo tenga el petróleo y el gas”, como Chávez en Venezuela. Creció hasta el 9% y los consumos subieron.
                                                                               Ahora, si les hago sacar un recurso no renovable para que lo vendan a la mitad de lo que se vende en el mercado, ¿ustedes qué hacen?

Dejamos de invertir.

No, vos no sacás más de lo que venías sacando el día anterior. Entonces la cobija dejó de tapar las patas. Y empezó a tener dificultad, e hizo un acuerdo con Catar y le compra gas líquido. Pero para comprarle el gas a alguien y asegurarte el precio bajo, tenés que comprar cantidad y a largo plazo. Entonces compró cantidad y a largo plazo, e instaló tres usinas de conversión de gas líquido a gas natural en la costa atlántica de Bahía Blanca o la Patagonia. Nosotros no podemos tener barcos, porque no tenemos capacidad de consumo, y la Argentina no precisa el nuestro, porque ya tiene el de ella. Eso lo saben…, y si no lo saben…                                                                         Vino el representante de Aratirí, Blanco (Herminio), y estaba en el homenaje a Enrique Iglesias. Blanco es el que negoció el acuerdo mexicano-americano. Cuando nosotros empezamos a negociar el nuestro, yo dije: “Vamos a contratar a Blanco que es el que sabe”. Después se frustró el asunto y el ferrocarril no partió.                                                                                                      Me encuentro con Blanco y me dice que está representando a Aratirí. Yo le dije que le estaban mintiendo, que no hay energía, si Aratirí precisa 300 megas. Entonces me traía al indio (Pramod Agarwal, Presidente de Zamin Ferrou) que me decía que iban a ser 200 megas de energía eólica. ¡Ah, qué interesante! En firme es el 30%. El 30% de 200 es 60. ¿Y los 240 megas de energía restantes, de dónde los saca?

¿Cómo es eso de en firme?

Porque no hay viento. ¿Y los 240 megas restantes, quién se los da, de dónde salen? Uruguay no tiene.                                                                                            Les cuento otra: los otros días en la prensa se publicó un folleto de Aratirí y traten de buscar a ver si dice algo de dónde viene la energía, si en algún lugar dice quién le provee de energía.                                                                             Otra: me llaman de Radio Nacional para hacerme un reportaje sobre energía. El periodista me preguntó sobre lo de Brasil, le contesté que cuando nosotros terminamos el gobierno, -tengo un dibujo del mapa de la conexión de Salto Grande con Garabí-, Villar agarró a Lepra y le dijo que nuestra solución es la conexión Salto Grande-Garabí porque en Garabí está la conversora de 2.000 megas. Endesa, que es la dueña de la conversora, te hacía la línea en un año por 80 millones de dólares y vos quedabas conectado con Garabí para poder entrar a servirte de Garabí, que está reconectado con todos los sistemas hidráulicos y térmicos de todo Brasil, no por línea de 500 sino por línea de 1.000.                                                                                                                          Pero, lo pusimos en contacto con la brasilera que manejaba esto y era Dilma Rousseff, que era la Ministra. Dijeron que no, que lo iban a hacer por San Carlos. Año 2004. La línea de San Carlos se la acaban de adjudicar el año pasado a Techínt; todavía no la han hecho.                                                                Les dije a los de Radio Nacional que esa línea de 500 va a llegar a Aceguá, mandaron a hacer una conversora, porque hay diferentes ciclos entre Brasil y Uruguay. ¿Una conversora de cuánto?, mínimo de 1000, y la tienen que conectar a la usina brasilera que está del otro lado, la de Candiota. Hay que averiguar si Candiota tiene suficiente producción de energía y si ya tiene contrato firmado de suministro y a qué precio y en firme. Averigüen, porque yo creo que no tienen nada.                                                                                              El periodista me volvió a llamar hace unos días para hacerme otro reportaje, y le pregunté cómo le había ido con la averiguación. Me dijo que tenía razón, no tenían nada firmado.

¿Entonces usted dice que Aratirí no tiene la energía para funcionar?

Estoy hablando del mundo real. Ese mundo real en el gobierno no existe.

¿Entonces para Aratirí tampoco existe?

Aratirí quería hacer un caño y por él mandar para allá magnetita y para acá traer carbón, y hacer una usina generadora de carbón. Entonces, le dijeron que no. El mundo real no existe para el gobierno.

 

UTE garantizaba la energía.

 

¿Y de dónde la va a garantizar, si importa energía? Y además de precio spot. ¿Saben lo que están pagando por la energía?                                               Cuando mandé a Villar a Buenos Aires, de segundo de Volonté, fue para dos cosas: “Villar, usted, si puede se acuesta con Cameron (Daniel, Secretario de Energía argentino)  para asegurarnos energía, y la segunda cosa: los antropólogos”.

¿Los antropólogos?

Claro, para los desaparecidos. Porque acá, al ser menos, teníamos todos los antecedentes, y por lo tanto les pudimos mandar a los antropólogos argentinos los antecedentes de los 80 y pico de tipos que se murieron en Argentina, que los mataron entre Orletti y algún otro lugar. Villar se los entregó, porque como ellos empezaron a abrir fosas, era mucho más fácil encontrar los ADN de los uruguayos y por tanto, pudimos hacer eso que se hizo en silencio y con las familias.

 

Su gobierno fue el que asumió por primera vez la existencia de los desaparecidos. ¿Cuál fue el balance de eso?

 

Todas las cosas tienen un proceso larguísimo. En el primer gobierno de Julio estaba la discusión de la ley de caducidad, una ley cuyo corazón lo armó un tipo que lamentablemente falleció, Sturla (Héctor Martín). Un tipo muy joven, inteligente, capaz, y una excelente persona. La muerte de Sturla fue una perdida para el país y pesó en la vida del Partido Nacional.                                  El segundo gobierno fue el de Lacalle. Y nunca reclamaron nada. Britos (Mariano, Ministro de Defensa), les pagó una serie de indemnizaciones a todas aquellas personas que estuvieron detenidas donde está el Instituto Militar de Estudios Superiores.                                                                                             Durante el gobierno de Lacalle no pasó nada. No le crearon ningún tipo de problemas.                                                                                                            Después vino el segundo gobierno de Julio, donde la cosa estaba mucho más dura porque había sido el impulsor de la ley y demás. Ahí se armó el problema y sobre todo con Gelman, que le llevó una carga personal.                               Julio no pudo adelantar nada. O no pudo, o no quiso. Pero yo creo que más que no querer, no pudo. Porque todos quieren resolver el problema.       Después vine yo. Yo tenía que intentar resolver el problema. Y armé una Comisión, que, cosa exótica en el Uruguay, funcionó y nunca trascendió lo que hacía. Y los que trabajaron básicamente fueron Ramela y Fernández, que iban a Buenos Aires.                                                                                                         Ellos dos fueron los que hicieron contacto con los militares y a los que les dieron la información los militares, que ellos se las transmitieron a los familiares, de cómo había sido cada situación. A mí nunca me comunicaron nada y yo nunca les pregunté nada.                                                                          La única intervención mía fue con Riquelo, porque lo convencí a Gerardo de que se hiciera el ADN. Porque tenía miedo porque creía que le iban a falsificar el ADN. Porque vivía en una situación horrorosa en el barrio, el carnicero no le vendía carne, el panadero no le vendía pan, la gente no lo saludaba. Y era una familia buena, una pobre familia que lo había recogido a este chiquilín. Hoy sigo siendo amigo de él, y a veces me viene a ver.                                         Después ayudamos a encontrar al otro chico en Buenos Aires, -la Comisión sabía-, hice lo que pude.

 

En la percepción pública, hasta esa fecha, tanto el gobierno de Lacalle como el gobierno de Sanguinetti habían tratado de dar por liquidado el tema. Aquella frase famosa de “Los ojos en la nuca”.

Todos somos diferentes, gracias a Dios.

¿Cómo respondió el país a eso?

 

No es un asunto que tenga que juzgar yo.                                                               Yo hice lo que creía que podía hacer, lo que debía hacer. Hubiera deseado poder hacer más, hubiera deseado que no pasara lo que pasó, que dijeron una cosa y después fue otra. Porque, notoriamente, fueron ellos mismos quienes le dijeron a la Comisión para la Paz que habían hecho la “Operación Zanahoria”. Si está el informe de la comisión en la página web, les dieron hasta fotografías. Y resulta que no era tan así, porque ya habían aparecido los restos del escribano Miranda. Y el otro día el hijo habló a favor mío en la televisión.

Es que esto está siendo reconocido…

Pero yo lo que hice fue porque tenía que hacerlo. Hubiera querido hacer más. Bueno, en tantas otras cosas también hubiera querido hacer más.

 

Lo de “el estado del alma” que usted dijo cuando asumió, a la izquierda le cayó muy bien.

Tenía una relación fantástica con la mejor persona de ese grupo de familiares desaparecidos, la “vieja”, Luisa Cuestas, ella es anarquista en serio, no estos. Una preciosa persona. Una persona convencida de sus razones, con una fuerza imponente.

El mundo real y la política. No solo el gobierno está fuera de la realidad, la vida política parece estar afuera de la realidad.

 

Les digo lo que me parece que les pasa a los de la oposición. La oposición está pendiente de la media, no está segura de sí misma.                                      Cuando mi viejo se murió, yo era el último orejón del tarro. Siempre había tenido mucha influencia con mi padre en cuanto a los contactos. Yo fui el que le presentó a Michelini, y a la mayor parte. Yo siempre había tenido actividad en el Partido. Pero era el último orejón del tarro. ¿Qué me hizo a mí supuestamente líder? Muy sencillo: Le digo a Maneco (Manuel Flores Mora): “Presidencia; no colegiado”. Y Maneco dijo: “Colegiado”. Le dije a Vasconcellos (Amilcar): “Presidencia, no colegiado “. Y me respondió: “Colegiado”. “Elecciones internas para ver quién sucede a Luis”, -dijo Vasconcellos en la casa de Rodríguez Fabregat-, “para que la gente elija si quiere presidencia o colegiado”.  Y no gané yo; ganó la presidencia. Maneco, que era el caudillo sin duda ninguna de todo el país del Partido Colorado, era el gran guerrillero, con ese talento tan fantástico, no solo para escribir, para todo. Pero venían de todo el país, el tipo de Rocha le decía: “Che, Maneco, yo estoy con vos, pero mirá que allá la gente quiere presidencia”. El principio de Arquímedes: una palanca para mover el mundo. Montado arriba de la presidencia yo me hice líder. Cuando terminó el problema de la reforma naranja, le dije al turco Abdala (Alberto) que él era el candidato. Y me dijo que no, que si yo había empezado con eso, tenía que terminarlo yo. Yo me hice candidato como Molière con El médico a palos.                                                                                                         ¿Qué me había pasado conceptualmente a mí? A mí me había pasado que por un accidente de la vida conocí a una muchacha que era exiliada argentina en el Uruguay, y su padre era industrial, y nunca había hecho política, pero que cuando llegó Perón entendió que había que hacer política contra él y lo metieron preso, lo deportaron. Y cuando volvió a Argentina, pensó que debían llevar allí a grandes pensadores para que les abrieran la cabeza y llevaron a los grandes economistas de la escuela austríaca, Fredrik von Hayek y Ludvig von Mises, y yo era el novio de la nena. Entonces, iba, escuchaba y aprendía de ellos. Por eso yo era como Víto Dumas en aquella época, una especie de “navegante solitario”. Pensaba como pienso ahora. Y todos decían que yo estaba loco, y ahora están todos locos los demás. El único cuerdo soy yo. (Risas). Pero yo soy así desde 1956.

A contrapelo de la ideología imperante en el país.

Y del Partido. Sí, yo fui a ver a Jacques Rouef, que fue el que le hizo el plan a De Gaulle y a Pinet. Yo fui a Ginebra a visitar a Denis de Rougemont. Creo que hoy eso está inundado de una cosa que entonces no pasaba: el desarrollo del conocimiento que tiene una profundidad tal que es increíble.

 

El liberalismo económico trae también situaciones complicadas.

Siempre las hubo y las va a seguir habiendo.

Está siendo nuevamente cuestionado.

Sí, está siendo cuestionado, pero, ¿saben qué?: no hay otra alternativa conocida por ahora. ¡Qué malos los bancos y los banqueros!..., pero no hay forma de sustituirlos. Ahora, que los controles fueron malos, que se permitió…   Mi sobrino Daniel trabajaba en física y un buen día me dijo que no trabajaba más en eso porque se moría de hambre. Y estaba en tratar de participar de un grupo de físicos que se dedicaba a juntar todas las teorías, Maxwell, Newton, Einstein, Quantas, la máquina del tiempo. Y nadie financia eso, porque es un asunto para dentro de 200 años. Y me dice: “Así que me voy a dedicar a la informática, hago jueguitos y veo si gano algún peso”. Le pregunto por los demás que trabajaban en eso con él en EE.UU. y demás. Y me dice que están todos en la bolsa, trabajando para los Hedge Funds: “Son los que calculan matemáticamente los Hedge Funds”. ¿Todos en la bolsa? ¿Terminaron con la investigación física teórica?

Otro mal del liberalismo, liquidando a la física teórica.

Sucede que los tipos no controlaron nada.

Es más que eso, los controlados estaban metidos en los controles.

Admitamos todo eso, pero no hicieron lo que tenían que hacer. Entonces hicieron una pompa de jabón, y paf, la pompa se pinchó. Y la salvó Bernanke, haciendo una cosa contraria a lo que la ortodoxia monetaria hizo en la crisis del 29. En la crisis del 29 hicieron lo mismo que está haciendo Europa, hasta que vino Roosevelt y devaluó el cien por ciento. Y por eso Charlone hizo el revalúo en Uruguay, porque si no el peso iba a valer más que el dólar, y no se hubiera podido exportar nada. Entonces Bernanke emitió. Y como el pozo estaba vacío, no había agua, cuando la emisión llegó ahí, no hubo inflación. La inflación llegará, pero más adelante. Y en el momento en que llegue la inflación empezarán a secar. Pero fíjense en el cambio. En primer lugar, las empresas americanas todas tienen números positivos. La ocupación empezó a mejorar, de a poco, porque al principio las empresas mejoran la productividad pero no la plantilla. Lo que está todavía lejos de mejorarse es el valor de las casas y todo eso. Pero va a mejorar, de a poco va a mejorar. Pero se salió por el mismo sistema, con más controles. La sustancia del sistema no se cambió.

Y con mucha inversión pública.

No tanto, la inversión pública tiene un tiempo de la gran siete, aquí y en la Conchinchina. La inversión pública, desde el momento en que vos decidís al que vos implementás, aunque seas americano…

Pero hablamos de plata puesta por el Estado en salvatajes.

Sí, pero es más conversación que realidad. Lo que camina son los fundamentos de la economía, las empresas volvieron a tener un balance positivo, que son las que mueven la cosa. Porque vos para hacer una carretera le das trabajo cada día a menos gente porque se hacen cada vez con más máquinas y menos gente. Lo que camina son las empresas, y el Estado es un pésimo empresario. Desde la época de Roma ya era un pésimo empresario. Las que empujan son las empresas. Ahora, que las empresas tienen espíritu de lucro, por supuesto, nadie hace beneficencia.

 

¿El Estado necesariamente es un mal empresario?

 

Por regla general sí. En el Uruguay, el Estado ha sido empresario fundamentalmente porque las empresas se fundían. El acceso primero que tuvo el Estado a la energía eléctrica fue porque dio quiebra. El Estado es un mal empresario porque el ser humano básicamente no ha cambiado. Por lo menos en los últimos setenta años, desde que yo tengo cierta lucidez. Y en esos setenta años sin embargo, he visto los cambios más importantes que se han dado en la historia de la civilización. Pero los cristianos estamos todos iguales. Entonces, yo que soy tan batllista, y como soy agnóstico, arriba de mi cama no tenía a la virgen, sino al viejo Batlle.

¿Tenía?

No, ahora no, porque mi mujer puso a la virgen. Y en mi casa manda mi mujer. Y entonces llegué a la conclusión, lamentablemente, de que para tener una organización del tipo de los proyectos de Campanella y de Tomás Moro, todos tenemos que ser dioses. Es lamentable, pero el hombre nuevo que es lo que Lenin escribe, termina en Breshnev. Este es un lío muy difícil, porque se trata de gente imperfecta como somos los seres humanos. Y queremos una sociedad que sea lo más perfecta y justa posible. Y debatimos cómo alcanzar esos objetivos. Entonces, en un momento en el cual las teorías están un poco perimidas, las unas y las otras -que creo que es lo que quiso decir Fukuyama-, cuando hay una incidencia del conocimiento tan tremenda, a mí me parece que tenés que volver a la base para asegurarte las esencias de las conductas de los seres humanos, y de ahí para adelante ser pragmáticos.

¿Qué entendemos por esencias?

El  respeto de la libertad del otro, el respeto del pensamiento del otro, cosas esenciales, con las que venimos. Cuando tus nenes eran chiquitos, vos les dabas un juguetito, y jugaban. Después, un día, invitaste a un amiguito de la escuela a tu casa, y le dijiste a tu nenito que le prestara el juguete al amiguito. Y tu nenito no le prestó nada. ¿Quién le enseñó eso? ¿Vos se lo enseñaste? Entonces, yo no estoy desilusionado del género humano, creo que la cosa utópica en algún momento del tiempo pudo haberse dado, imaginado, soñado, pero hoy, con la violencia de conocimiento, esa sociedad utópica está lejísimos de nuestras posibilidades. Nosotros tenemos que ver en dónde podemos volver a las cosas centrales y esenciales y luego aplicarnos a vivir en la realidad, que nos dice que en todo esto que hace a tu vida, que puedas tener una energía barata para que puedas tener un empleo rentable, el gobierno está en otro planeta.

 

Frente a la avalancha del conocimiento, ¿qué papel juega la política?

 

Sigue teniendo el mismo rol que siempre tuvo, porque los conocimientos hay que aplicarlos, hay que ordenarlos, incorporarlos, manejarlos y distribuirlos.
El conocimiento sigue existiendo y vos tenés que aplicarlo.
La primera cosa que tenés que hacer, es tener conciencia de que eso existe y no rechazarlo in limine porque hay un sentimiento ideológico tan fuerte en vos que hace que eso lo rechace.                                                                                                            Entonces, el amigo de Colonización quiere volver al minifundio. O sea, ¡quiere matar a todo el mundo! No se da cuenta de que para trabajar en un minifundio y ganar guita -porque seguramente nunca trabajó ni puso su plata-, tenés que poner una inversión de tal naturaleza de guita y conocimiento, que solamente así podés funcionar.

 

¿Cómo, con una clase política que está fuera de la realidad...?

No se preocupen. El tiempo…

Pero no hay tiempo en medio de tantos cambios.

En 1973 hubo un golpe de Estado militar y a mí me cancelaron la vida hasta 1985, lo cual quiere decir que lamentablemente los países a veces pasan por esos intervalos en que las cosas no responden a la velocidad de los acontecimientos. Estamos pasando por uno de esos intervalos. Desde que el Dr. Vázquez llegó a la presidencia venimos para atrás como locos en las cosas esenciales. Y hay gente que me dice: “¡Pero qué barbaridad lo que está pasando con la seguridad y la educación!”. Sí, es lo que está pasando. Pero no se preocupen, esto se va a revertir. ¿Acaso Hungría no tuvo bajo la dictadura comunista 50 años y ahora es un país que anda bien? Lo que pasa es que para usted es mucho, porque es su vida, pero para la historia no. En los países pasan esas cosas, y tienen que vivir determinados procesos. Pero en algún momento se terminan. Y será otra generación la que procure entenderse entre sí, porque también se va a entender entre sí, cosa que es difícil ahora.          Días atrás lo fueron a ver a Breccia por el discurso del Presidente. Breccia dijo que  la gente está dura y no quiere reconciliación. Quizás ustedes, que son mucho más jóvenes que yo, se lamenten de llegar al fin de sus vidas con un proceso de transición. ¡Paciencia! Acá hay una transición muy fuerte porque cuando accede el Frente al gobierno, lo hace para implantar una ideología que lo sustenta. Y la ideología no puede funcionar y por tanto el Frente está teniendo estos problemas. Y la otra parte tampoco le está diciendo todavía: “¿Con qué vamos a reemplazar eso?”. Esa es una realidad. Todo requiere un tiempo.

¿Qué ve entonces para adelante?

Yo no me resigno, trabajo. Es absolutamente inexorable que las cosas vuelvan a su quicio. La gente se va a dar cuenta de que por este camino no se llega a ningún lado. Estamos viviendo una dificultad en un tiempo de transición. ¿Usted lo quiere apurar? Y, ¡haga lo posible!

 ¿De transición hacia adónde?

Hacia otro sistema de estructura de la sociedad que reconozca las realidades que hoy los que están en el gobierno se niegan a reconocer, y los que quieren acceder al gobierno todavía no las han planteado debidamente.

Usted insiste con el tema de no aceptar la realidad. De lo que ha hablado se desprende el ejemplo claro de la energía, que más parece una chambonada que una cuestión conceptual.

¡Quédense con lo que les guste! Si será una cuestión conceptual que no se hizo lo de Salto Grande porque los de la UTE quieren el monopolio del control de la energía. Y como eran los que iban a acceder al gobierno de la UTE entonces... esa fue una cuestión conceptual. Y luego cuando no hacen las cosas mal, demoran en hacerlas. Lo mismo lo de la enseñanza primaria, cuando los inspectores, por orden de sus superiores, les dicen a las directoras que todos tienen que pasar de año, es conceptual. Lo que pasa es que no se animaron a aplicar los conceptos a fondo.

¿Y qué hubiera pasado si los aplicaban a fondo?

Un desastre total. Las chambonadas son todas por cuestiones conceptuales. Como no pueden ir frontalmente contra la realidad, porque la realidad es más fuerte y se les desarma el edificio, aplican un sucedáneo: reglamentan esto, toman el control de lo otro y llegan conceptualmente a cosas tan ridículas... alcanza con leer el mensaje del 1º de marzo, donde él dice que lucha denodadamente hace dos años contra la burocracia (Risas). Porque es difícil gobernar. Dice: “Ya reconocimos que es difícil gobernar”. Eso es claro, desde la época de Adán y Eva lo era. Es conceptual, y no pueden aplicar su concepto porque no funciona porque es una geometría no euclidiana.

 

Se habla del gobierno como si fuera una unidad y dentro del gobierno hay una polémica dura.

Ahhh, es un asunto del Frente Amplio.

Y es del país también porque el Frente Amplio gobierna.

Por supuesto que es del país, pero acá yo no voy a juzgar cómo resuelve sus problemas internos desde el punto de vista ideológico el Frente Amplio. Si tienen problemas internos ideológicos es porque se han dado cuenta de que su ideología inicial, sobre la cual construyeron un mensaje de felicidad asegurada, no funciona.                                                                                                                    La oposición, como ya dije, está muy sujeta a la imagen todavía, y no hace otra cosa que tocar determinadas cosas que pueden tener una aceptación global sin mucha discusión. No soy partidario de eso. Y yo no estoy en ese ruedo, estoy simplemente de espectador, y en la Olímpica porque da el sol. Pero creo que el país tiene una gran oportunidad. Y creo que no ha llegado ese tiempo por la muy sencilla razón de que no se pueden juntar las personas que hoy están entre los 30 y 40 años, que nacieron en ese tiempo y que todas en cierta medida están pensando lo mismo en sus distintas actividades, pero todavía no se pueden juntar y todavía no agarraron el mango de la pelota. Va a llegar. No estoy inquieto por el destino del país. El país tiene grandes posibilidades de volver a crecer en la base espiritual, que es desde donde ahora no está creciendo.

¿Qué pronóstico político ve para 2014?

La cosa no está clara para el 2014, y les diría que con respecto a Montevideo veo en una clase media -no la alta, sino la que trabaja-, gente que votó al Frente, que hoy no está dispuesta a volverlo a votar, pero no sabe qué va a hacer.

 

La composición social del país cambió, en el sentido de que aquel concepto de que la clase media es quien define, parecería haber variado.

Sí, sobre todo en la época de Pacheco. La clase baja fue la que votó a Pacheco.

¿Solo a Pacheco?

(Risas) Me están diciendo que los pobres votan a Mujica, entonces la teoría del gobierno es que tiene que haber muchos pobres.

 

¿Qué efecto va a tener que haya un sector importante y creciente de la población que no responde a los parámetros tradicionales en los cuales el voto de clase media pesaba muchísimo?

Hay una cosa muy graciosa. Yo sostengo una cosa y luego sostengo la contraria, y no explico por qué sucede. Si he podido mejorar la condición de la gente es porque la he sacado de acá y la he puesto allá. Estoy haciendo más clase media, no menos clase media, por tanto, esa gente quiere conservar lo que tiene: empleo, mayor ingreso, una heladera mejor, una chance de comprarse un autito, etc. Todo este proceso empezó con el rebote del 2004, y continuó. Y eso ha podido postergar una visión más cruda de muchas otras cosas que creo que recién ahora la gente se está empezando a dar cuenta de que no funcionan. Por ejemplo, si la elección hubiera sido, en vez de noviembre de 2004, en noviembre de 2005, el Frente perdía. Si hubiera sido en noviembre de 2003, ganaba con el 70% de los votos. El crecimiento del 2005 iba a ser espectacular, sobre todo con una política de apertura. Se podrán imaginar que si hubiéramos ganado en el 2005, hacía tiempo que teníamos el acuerdo con los americanos. Eso se lo dejé arreglado a Vázquez. La cuestión económica siempre pesa muchísimo en el voto de la gente. Pero hoy, con la cuestión económica andando bastante bien, incluso se han excedido en salarios, al punto tal que los costos internos de los sectores industriales empiezan a ser muy pesados en función de los tipos de cambio en la relación con el Mercosur. Fuera del Mercosur, no existimos, no somos competitivos, salvo en las materias primas y los commodities Hoy, esas cosas no pesan tanto porque están bien, cuando pesan otras. Que esas le pesan a toda la gente, de cualquier sector social, le pesa la seguridad, la salud -y no por este asunto de los enfermeros, que es absolutamente circunstancial-, y le pesa un sentimiento de falta de manejo de la situación con la Argentina. La gente siente que nos están baboseando, y que el Gobierno en cierta medida lo consiente. Esas cosas empiezan a tener presencia en el ánimo de la gente. Se está produciendo un cambio en la sociedad, al punto que las cosas que no se podían imaginar que podías decir o pensar, hoy la gente las dice y las piensa. Todavía no hay quien haya instrumentado eso con una propuesta de futuro importante, que tiene que llegarle al país porque estamos perdiendo unas oportunidades impresionantes. Yo soy un tipo bien del común, circulo por todos lados, y eso lo veo en la sociedad. 

Hay un sector de la sociedad al que ya no le preocupa la demanda de trabajo o la situación educativa. Esto está pesando y es un problema que afecta a todos los partidos.

¿De qué sector estamos hablando?

Del sector marginal....

Ah, ¿ese al que le ponen plata? ¿Ese al que educan para no trabajar? ¿Y qué les parece que es eso conceptualmente? Porque eso es un error de base conceptual. No solamente es un disparate, es un acto agresivo contra los seres humanos. Un tipo que empezó a recibir el Plan de emergencia con Vázquez y pasan 10 años, ahora tiene 40 años y no encuentra laburo en ningún lugar del país. Y además no le interesa, porque vive de changas, y los chicos se crían en ese ámbito… Esa es la filosofía, por eso digo que es un tema conceptual. Eso va contra la esencia del ser humano. Ese “ogro filantrópico”, diría Octavio Paz, va contra la esencia del ser humano y ojalá que eso no genere reacciones malas. Porque a veces las sociedades se hastían de ciertas cosas. Hay grupos muy agresivos que no tienen límites.

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RECUADRO 1

TURISMO LARGO

Hace unos días, un chiquilín me decía: “Ah, los profesores dicen que Luis Batlle era un fenómeno porque atendía al minifundio, y que este gobierno es una porquería porque favorece al latifundio”. Y él, que acaba de entrar en primer año, como está contra el gobierno, estaba contento con los profesores. Le dije: “No entendiste nada. Son tarados los profesores. ¿Qué te parece el sindicato de los profesores haciendo huelga porque hay cuatro liceos que no se puede trabajar en ellos porque tienen desperfectos? Y hacen huelga hasta el jueves para que el viernes sea sándwich y después siga la Semana de Turismo. ¿Te parece que eso es una función sindical?” Los sindicatos también se están autodestruyendo porque han perdido el concepto de su existencia y su razón de ser. Los sindicatos tienen miembros en el Consejo y además, en el Consejo de Secundaria tenían tres: Ubilla, Tomeo y el votado por ellos. Y a ellos nunca se les ocurrió decirles a los directores que el liceo 62 estaba mal, que había que arreglarlo. Y ahora, descubren que eso paraliza a toda la enseñanza. En cambio los chicos que van a enseñanza privada van a estudiar durante esta semana. Quiere decir que este gobierno es el gobierno más derechista que he visto en mi vida, porque jode a los que menos tienen. Esto es también un tema conceptual.

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RECUADRO 2

PEDRO Y EL LIDERAZGO

¿No es malo que el riverismo haya dominado al Partido Colorado? 

No, no es cierto eso. Ustedes están muy viejos, igual que yo. Yo a los ministros los puse a todos en las gateras, en la misma condición. El que tenía el top weight fue el que les ganó la carrera. Y eso no fue porque fuera hijo de dictador o tuviera origen riverista. Era porque seguramente él tenía mejores condiciones que los demás para presentarse y liderar esa carrera. Ni ustedes ni yo sabemos a dónde va a llegar o a dónde apunta. Yo lo tuve de ministro, y alguien me dijo que estaba loco por ponerlo. Y yo contesté que a mí me resultaría muy desagradable en la vida que mi hijo fuera desgraciado en la vida por ser hijo mío. De modo que yo no lo voy a joder por ser hijo de quien es. A lo sumo lo jodo por él mismo.

 

 

 

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