FERNANDO ANDACHT

publicado a la‎(s)‎ 5 abr. 2014 7:38 por Semanario Voces

Desde hace años, luego de leer su libro Signos reales del Uruguay imaginario teníamos en mente entrevistarlo. Ahora que está de vuelta por el país, no desaprovechamos la oportunidad. Cayó por la redacción y cometimos el grave error de no preguntarle de cuánto tiempo disponía y charlamos mucho, quizás demasiado, sobre su trayectoria y, cuando estábamos en plena entrevista, tuvo que marcharse. Puede ser que sea una buena excusa para que en algún momento volvamos a charlar con él.

 

 

 

 

Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

 

 

 

¿Cómo está la Semiología en la vida académica en Uruguay?

Es curioso, porque participo bastante en Brasil además de las clases que doy regularmente, tengo vínculos muy fuertes con el mayor centro de Semiótica en Brasil, que es en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo. Me invitan cada dos años a un congreso mundial de Semiótica al que concurren norteamericanos y europeos, y en los últimos años el latinoamericano he sido yo. En Argentina tengo relación con Córdoba, y también en Chile estoy relacionado con el Postítulo en Semiótica de la Universidad de Chile , pero acá en Uruguay no. Sinceramente, no tengo contacto. Felizmente, doy seminarios de Semiótica, desde el año pasado en la maestría en Comunicación, Recepción y Cultura, en la Universidad Católica.

 

¿En la UDELAR no se hace nada?

Tengo entendido que sí y que por lo menos en Comunicación. Sé que tienen una materia de Semiótica (no tengo ninguna relación con ellos). Yo enseñaba Semiótica en la Facultad de Ciencias Sociales, hasta que me fui del país, en el 2002, y creo que ha sido sustituida por Lingüística. Para ser franco, no hay un gran movimiento. Si vuelvo, mis planes son desarrollar eso. Crear un centro y, sobre todo, tiene que haber una publicación para que algo se mueva, invitar gente para que escriba y con las publicaciones online eso hoy se ha facilitado. Ya se ha perdido la mala fama de la publicación de Internet. Recién acabo de publicar en una revista internacional llamada Communication, Capitalism & Critique  y salió un número especial sobre teoría crítica de lo visual muy lindo. Me invitaron para ser evaluado y me dieron con todo, como en toda revista seria.

 

¿De qué trata tu nota allí?

Analizo un video viral que juntó en tiempo récord apenas en cinco días, cien millones de visitas.

El video se llama “Kony 2012”, y trata de difundir un esfuerzo mundial para capturar a Joseph Kony que dirige el tristemente célebre Ejército de Resistencia del Señor, inicialmente en Uganda, y que tiene soldados niños esclavos. Nunca hubo un video que en tan poco tiempo tuviera tantas visitas.  

 

¿Estás pensando en retornar a nuestro país?

Al volver a Uruguay, me gustaría mucho desarrollar una especie de sociedad semiótica y esto tiene que verse manifestado en una publicación para eventualmente organizar eventos y encuentros, modestamente como hacemos todo en Uruguay pero hoy es más viable estar en contacto con el mundo de manera barata. Me gustaría darle un empujón a esta temática. La Semiótica en todas partes tiene esa especie de altibajos.  Recuerdo que Umberto Eco, antes de ser un  súper best seller  con su novela El Nombre de la Rosa,  en un congreso de Semiótica donde estuve con él en La Coruña, cuando lo venían a entrevistar por su novela decía: “Ese es otro Umberto Eco”. Eso es un problema de un campo relativamente nuevo, mal conocido que tiene un poder iatrogénico, genera enemigos. Hay gente a la que le da inseguridad, aunque no la conozca,  piensa que es algo inútil, porque es más fácil que averiguar  si sirve para algo o no. Esto también es el desafío. Es algo a lo que los que hacemos esto en todo el mundo estamos acostumbrados, porque es difícil. Lo mío no te diría que es una semiótica callejera, pero sí una que se ensucia bastante con la realidad, más vinculada a los medios de comunicación, a la cultura popular, a lo cotidiano, a la forma en que la gente habla.

 

¿Por qué decís que se ensucia con la realidad?

Estoy muy orgulloso porque en pocos meses va a salir en  la revista más importante donde se publican cosas sobre el pensador de la Semiótica que yo estudio desde hace más de veinticinco años, que es el lógico norteamericano Charles S. Peirce, y que es muy rigurosa y muy poco “sucia” o callejera, en el sentido de que casi todos los textos son sobre lógica,  epistemología, etc. Un gran especialista en la semiótica de Peirce, un señor llamado Joseph Ransdell, que murió en 2010 y del grupo de interesados en la obra de Peirce en el cual participo en internet, el sitio web Arisbe. The Peirce Gateway, que son casi todos filósofos, lógicos y matemáticos, me llamaron para enviar un texto para una edición especial de la revista en su homenaje. Me pareció una idea sensacional  pero no me animaba. Es una revista donde se escribe sobre la teoría en el nivel máximo de generalidad y de abstracción. Me dio manija una de nuestras colegas que es de Nueva Zelanda e increíblemente lo evaluaron y fue aceptado. En esa revista, yo hablo del entierro de Sendic. Retomo un análisis que está en mi libro Signos reales del Uruguay imaginario  para un público general. Y yo, hablando de Uruguay, de un acontecimiento del año 89 que habla de un noticiero uruguayo…  alguien podría pensar: ¿Quién lo conoce? En concreto, en julio de este año, sale el número especial en homenaje  a  Joseph Ransdell de esa revista académica.

 

¿Es como un homenaje a tu mentor?

Recuerdo que cuando era profesor de Ciencias Sociales tenía un grupo muy bueno. Los primeros años fueron fantásticos en cuanto a material humano que había, con gente muy entusiasta y muy generosa, y les propuse que tradujeran algunos textos de Ransdell, porque para mí eran los mejores y no lo conocían. Sigo creyendo que es la mejor entrada a la Semiótica a través de los escritos de este hombre.

 

¿Cómo empezaste tú?

Lo mío siempre fue desde los primeros textos, cuando todavía no trabajaba con Charles Peirce, la curiosidad por una amplia variedad de fenómenos culturales y sociales. Ya me interesaba la Semiótica de otras escuelas más europeas, la semiología, y así en el año 82 empecé analizando en Uruguay, la puesta en escena del Teatro Circular de Doña Ramona por una invitación de Luis Vidal. Se me ocurrió trabajar en eso, porque pensé que la semiótica tenía que tener una función social, tenía que ayudar a ver más, a entender más el mundo de forma polémica. La idea de que hubiera otro análisis más sobre la mesa. Eso es lo mejor que tiene la semiótica, te permite volver a lo más cotidiano, lo que está acá y en todos lados porque el significado de tan presente se vuelve invisible. Sobre cosas obvias y evidentes, la semiótica puede dar una comprensión que es interesante y estudiar cosas -siempre uso como pretexto esto de las elecciones- que sirven para provocar una mirada diferente de la sociedad y de la cultura. Como no hago marketing politico y no hago críticas como un crítico de cine que dice “no vaya”, para nada, me encanta que todos vean lo que analizo para contrastar lo que digo con una mirada más natural, cotidiana. Mirás todo eso en medio de una saturación enorme en Internet, por la calle los carteles, los jingles.

 

¿Estás otra vez en El Espectador?

La radio en Uruguay tiene un avance sobre la televisión. Recién ahora empieza a haber alguna cosa, TV Ciudad, una movida. Pero estoy súper contento de haber encontrado “serendipity” por esas coincidencias raras con Emiliano, que es un tipo serio y muy recto desde el punto de vista profesional, muy ético. Porque he sido invitado a otros lados y no lo puedo creer. Porque llego y me dicen: “¿Publicaste este libro? ¿Qué te parece el partido Nigeria- Uruguay?”. No lo vi, no me parece nada y lo que me parece es que no leyó nada y es una vergüenza y me ha pasado innumerables veces.

 

Nos ponés en un compromiso grande de hacerte preguntas inteligentes.

Me dieron la oportunidad de manera solapada de decir mi mensaje y lo digo explícitamente: no podés hablar de la propaganda, de la publicidad, del canto popular o de lo que sea de un país, sin hablar del país. Porque no podés caer en un país como un marciano y opinar sin conocer, así te llames Duda Mendonça.

 

Los medios de comunicación muchas veces no nos dejan ver la realidad tal cual es y no somos conscientes de los signos de muchas cosas.

Y no, porque son tan ubicuos. No hay una vida donde se saquen todos los signos para afuera. Si sacás todos los muebles de una habitación quedaría la ausencia de muebles. El signo te acompaña como tu sombra, como tu respiración fisiológica. Tenés que imaginarte, tenés que pensarte de algún modo. Manejar los hechos de algún modo. Los tres átomos o valencias de las semiótica: la imagen, la imaginación en el sentido amplio, no solo de la imagen foto o película sino esa especie de inspiración, la visión que tenés para que haya un spot como el de Constanza o cualquier otro, como el que hizo Larrañaga con Wilson. Alguien tuvo que imaginarlo y luego se va concretando. Luego está lo duro, como analizaba lo de Bordaberry con el puente de las Américas, es un hecho urbano, más como un discurso de intendente, de campaña de la intendencia. Quería limpiar la ciudad. Y el de Larrañaga donde la mayor parte era esa alusión al caudillo, para declararte wilsonista te colocás bajo su palabra, bajo el auspicio de lo simbólico. Qué mejor que mostrarlo en un discurso muy apasionado a la salida de la cárcel. Cuando volvés a ver estos avisos, por suerte, puede ocurrir que se empiece a observar también la publicidad o a mirar diferente una película. Por algo, yo empecé con el teatro en la época difícil de la dictadura. Empecé con “El herrero y la muerte” y con “Doña Ramona”.

 

Estuvieron años.

Muchísimos años. Obviamente, respondían a algo que la gente quería. Hace unos años hice el análisis de algunas canciones, como por ejemplo “A redoblar”. Unas alumnas mías hicieron un documental, HIT: Historias de canciones que hicieron historia. Y ahí Ruben Olivera dice que mucha gente le hablaba sobre la parte de la canción “A redoblar” cuando dice eso de “las armas”, pero el texto no habla nada de armas, pero eran tantas las ganas latentes de decir basta y de rebelarse que se encontraba eso que no estaba. Entonces creo que si la semiótica consigue dialogar, que sería eso lo que yo busco, con diversos fenómenos como la música, el cine, las cosas a veces menospreciadas como la publicidad y la propaganda, eso es muy bueno. ¿Por qué, ya que todo eso está ahí, no dar vuelta la pisada y convertir algo que es alienante, ya que obviamente una tanda muy larga, y eso es horrible, qué pasa si empezás a estudiar qué nos dice ese discurso sobre el Uruguay, qué nos dice sobre el mundo, sobre la sociedad, al presentarse de esa manera.

Sobre todo qué cambios podemos leer en ese alud de signos que se derrama a cada instante por los medios.

 

¿Qué cambios?

Mencionaba un análisis que hice de la campaña electoral, que está en la web de En Perspectiva, en El Espectador, es el balance de todo aquel ciclo, hace quince años (1999). Al final de la campaña presidencial yo hablaba de cómo la nuestra era una sociedad muy reacia a dejar entrar cierta figura como la del líder carismático. El protagonismo era siempre más bien del partido y, dentro del partido, el caudillo pero a partir de esa institución, una cosa más corporativa. Y ahí surge la presencia de Vázquez y yo la comparaba con una figura muy menor cuando analizaba a Julia Pou, que era candidata al senado y en su campaña usaba estrategias que la aproximaban y eso era muy escandaloso. Un politólogo diría cómo vas a poner justo al tipo ahí, que es la figura de un partido multitudinario, etc., que es de izquierda y esta otra candidata que es una figura muy periférica. Ella no siguió en la política después, pero eran elementos novedosos que hablan de que algo importante cambia en la sociedad.

Creo que a esas pequeñas pavadas la semiótica está en una posición ideal para detectarlas. Hay un teórico buenísimo de la Revolución Francesa, Robert Darnton, que estudió episodios muy menores, muy anteriores a la Toma de la Bastilla, a los enciclopedistas, que van marcando un cambio de mentalidad. La historia de las mentalidades. ¿Cómo sucedió aquello de los enciclopedistas en un país muy sofisticado donde la mayoría era analfabeta? ¿Cómo se convierte ese pueblo oprimido en aquella multitud que va a oponerse al antiguo régimen? Esa historia de las mentalidades, de pequeños incidentes. Todo eso se guardó, hay archivos de todo eso, de las canciones que había. Es una historia subterránea que va minando la adoración o la pleitesía hacia la realeza. Eso es importantísimo, porque, si no lográs que el pueblo diga ¡basta!, queda en mano de unos filósofos que no van a poder hacer nada por sí solos. Modestamente, la semiótica trata de escuchar sobre la trama de los lugares más diversos, altos y bajos, para entender qué se está moviendo en la sociedad y  no se puede importar un aviso sobre un tema delicado y tan enraizado como la política (distinto de la Coca Cola), cuando tenés que hablarle a la gente sobre su propio destino, etc., es mejor hablar en el idioma local. Es mejor arreglártelas con los signos de cada lugar.

 

¿Ves un cambio de los signos en el Uruguay a partir de que la izquierda está en el gobierno?

Claro, creo que el iluminismo tradicional y de bienestar ha entrado en una fase de irreversible declive, incluso puede pensarse en su eventual aunque lento fin, en la sociedad uruguaya. Nosotros no somos ajenos a lo que pasa en el mundo. Hay una noción que la semiótica estudia mucho que es la noción de traducción. ¿Cómo traducís al personaje político Lula en español? ¿Cómo traducís figuras magnéticas de enorme arraigo en un país que tiene una cierta resistencia a eso y por eso, no puede entrar por ese lado un Perón, mucho menos una Evita? Me refiero a aquella mujer política que conmovía a las masas, cuando aparecía en ese famoso balcón. Acá hay algo como que muy de a poquito va dejando que entre más la persona y su cuerpo. A medida que las grandes ideologías parecen no atraer tanto o no ser tan creíbles o poderosas, habría más una búsqueda de una especie de cara a cara que es lo que curiosamente los medios de distancia te van dando. Entrás a la página Facebook de un candidato, lees un tuit y todo eso te va dando como una especie de mano a mano.

 

¿Se está evolucionando hacia eso?

Pienso que, como pasa siempre en la historia, hay una evolución lenta; las otras generalmente no funcionan.

La izquierda no es ajena a eso. Se compara a Tabaré Vázquez con un pastor electrónico (no fui yo quien lo comparó pero me parece una analogía válida), que tienen esa calidez discursiva, y analizaba hace quince años -y está ahí colgado en internet para que no digan que se me ocurrió ahora-, en el Palacio Peñarol hace un discurso muy famoso como precandidato contra Astori y dijo que si sale electo va a hacer temblar hasta las raíces de los árboles. Y entrevistan a Astori en la salida de ese acto y dice que eso no va a ser así, que el proyecto es gradualista. Porque obviamente la oposición se sorprendió tanto como los que lo seguían porque decir eso era como una revolución y generaba inquietud. Un cataclismo político. Ahí escribía que eso demuestra que el discurso ganador es, obviamente, este. Ahí lo llamé “el afiche viviente” Tabaré. Era un poco una ironía, porque en ese momento había poca cartelería del candidato Tabaré Vázquez, pero él mismo era el cartel. Aparece en escena, se manda una frase como esa e inmediatamente (como pasó ahora en clave de humor con la parodia que le hizo a Larrañaga sobre su crítica a la educación) y la gente no se queda indiferente. Poco a poco este país muy corporativista, muy colectivista, va adquiriendo, como el resto del mundo, interés por figuras de mucho magnetismo y atracción personal.

 

¿Sucede también con la oposición?

Ayer vi que Larrañaga ahora presentó un documental sobre su vida. Vi la sinopsis nada más. Un tono intimista: ¿porque te dicen “el Guapo”? y se ríe y aparecen fotos de él de niño.

Eso es curioso porque tradicionalmente el político de las campañas clásicas era el que salía al encuentro del pueblo, besando a los niños, levantando bebés y ahora invita a que lo vean a él cuando era un niño. Es interesante porque ahí viene algo que escribí respecto de Lula en su primer campaña. Estando en Brasil, yo observé que cuando Lula fue elegido en el 2002, él aparecía llorando con cierta frecuencia en los medios. Hubo un momento muy particular en aquella campaña, que tuve la suerte de seguir desde Brasil, en donde él va al pueblito perdido donde conoció y vivió con su primera esposa, y se sienta en un banco. Antes el presentador de esa pieza, un locutor muy dinámico y joven, dijo que mucha gente sabe sobre los problemas de la salud pública en Brasil, porque lo lee en los diarios pero otros lo viven en la carne, lo sufren. Lula aparece sentado sobre un banco, en un ambiente bastante desolador, en una pequeña plaza vacía. No es una imagen heroica, no es una imagen de un tipo barbudo peleador. Él está ahí y va contando cómo conoció de jovencito a su esposa. Dice que era la hermana de su mejor amigo cuando estudiaba tornería mecánica y le daba vergüenza salir con ella, le pidió permiso -todo muy casero-, y ahí: “empezamos a salir, bailamos, me casé con ella. Cuando iba a tener nuestro hijo, la traje al hospital, y cuando volví con la ropita, me enteré de que habían muerto ella y el bebé." Y ahí llora.

Como dicen los italianos, si no es verdad, está bien encontrado. Cuenta Duda Mendonça que los jefes políticos le dijeron: “Si vos ponés este aviso, te matamos. ¡Cómo vas a poner a Lula llorando! ¿Lula es un llorón acaso?”. Y él respondió: “Si no ponen este aviso, yo me voy. Que les haga la campaña otro”. Se queda y creo que fue un gol de media cancha. Entre aquel diablo que ponen en la revista Veja frente a Collor de Mello en la elección del 94, que lo ponen con una barba frondosa e hirsuta, en un debate televisivo con Collor pintún, calmo, moderno, como la imagen de la razón, ¿quién va a votar a Lula? En cambio, este tipo es un hombre que ha sufrido y que no tiene vergüenza en mostrarlo. Es otro caso, podés haber sufrido y guardártelo.

 

Afirman que ganó las elecciones cuando se puso corbata.

Escuchaba mucho a la clase media, al sector de la burguesía que es más conservador y decían: “No habla inglés”, como que eso lo descalifica totalmente. Cómo, en un mundo moderno, alguien que no está bien educado como el sociólogo Fernando Henrique Cardoso, que era el anterior presidente. Si no es un tipo académico, muy culto, no podría llegar a ese alto cargo.

 

¿Ahora no importa mucho menos lo que proponen que la construcción de la imagen? ¿Eso qué significa?

A Lula le sacaron la barba y la convirtieron en un adorno facial, apenas el detalle de un señor que usa barba. Así lucir o no una barba pasó ser un adminículo más,  como la corbata (o su muy actual y llamativa ausencia). Ese maquillaje electoral es una realidad como cualquier otro aditamento para la presentación, pero más profundo que eso es esa situación paradójica que al multiplicarse los medios que cortan con la distancia en tiempo real. Antes en Uruguay no había teléfonos y hoy un smartphone es el modo de acceder al mundo entero. Lo que se llamó revoluciones de la primavera árabe, cuando se usó mucho el tuit, Facebook y las redes sociales en general, aunque todavía es discutible su real impacto, porque es muy pronto para hacer un diagnóstico seguro sobre si fue realmente Facebook y las redes las que volvieron posible y eficaz esa revuelta. Por más Facebook  que haya ahora o en la Revolución Francesa por más enciclopedistas que hubiera, no hay revolución si el pueblo no está convencido, y si no hay una bronca muy grande. No es lo mismo tener que llamar a diez mil personas, que es inviable que tener un lugar, una página en donde digan que en diez minutos se juntan todos en tal sitio. Es lo que se llama un flash mob, que se puede usar para una cosa graciosa, para una movida puramente catártica, pero que también sirve para una movilización social o política, contestataria contra un abuso del tipo que sea. Por un lado, la tecnología, que no se puede ignorar que si bajás el costo, se aumenta el acceso. Es brutal, hay una horizontalización. Antes la información te la bajaba la radio, te la bajaba la tele, vos no tenías una contra radio, no vas a comparar

 

Ni tampoco era generador de cosas.

Por eso, hace muchos años con la radio Brecht proponía convertir la radio en un medio bidireccional. Ya se estaba planeando en los años 30 tener una radio que permite intervenir en igualdad de condiciones a la gente que la escucha, en tiempo real. Esto no se compara con las llamadas telefónicas a la radio, eso es lo que logran hoy los comentarios masivos e instantáneos en las redes sociales. Pueden ser los mejores diarios del mundo y encontrás abajo del artículo cantidad de opiniones de lectores al toque. No significa eso que te volvés periodista, pero sí que tu voz está incidiendo porque si la nota del periodista es muy sesgada, si está llena de incorrecciones, eso no va a quedar incólume. Tiene su filtro, su jefe editor que le preguntará si es verdad lo que dicen del artículo, porque hay cien entradas que comentan que está lleno de cosas que no son corroborables. Pienso que los canales uruguayos en esto recién están calentándo los motores. Lo que quiero decir es que hoy habría un menor protagonismo de lo abstracto general, aunque eso no quiere decir o repetir aquella frase de Fukuyama: “el fin de las ideologías”, no creo eso para nada. Lo que sí creo es que si una ideología hoy va a tener el impacto en cosas como la baja de la edad de imputabilidad, etc., si va a tener una incidencia en la sociedad, será porque ese grupo o ese político consigue ese contacto, esa cercanía, ese hablarle mano a mano a la gente. La campaña que llevó a la victoria a Jorge Batlle en 1999 decía: “Batlle te canta la justa” y aparecía una cantidad de gente en la calle con aspecto enojado diciendo: “Este es el verdadero”. Un ejemplo concreto de la nueva estética electoral es el videoclip que le hace el grupo de hip hop The Black Eyed Peas a Obama, cuando ellos cantan su discurso más conocido, el Yes We Can, junto a actores y actrices.  Es como si cantases la guía telefónica. Eso tiene un impacto fenomenal porque es la misma diferencia que hay entre decir: “Me gustaría dar un beso” y dar un beso. Una es un enunciado, lo otro es un hecho tangible y directo. El tema de la confiabilidad, de la creencia, no está solo en dónde te posicionas, en bajar o no bajar la imputabilidad, sino en si se produce o no ese acercamiento al público, a la sociedad, al electorado. Para eso no hay otra forma que bajarse del podio, usar estrategias que son mucho más cercanas a los medios masivos de lo que era antes la política. La política era un discurso tradicional, bien armado; ir al estrado.

 

¿Los candidatos son un producto como el detergente?

Tienen que tener un poder de desmarcarse de todos los avisos. Es muy caro hacer mucha publicidad. Es fundamental que puedas quedar en la memoria y alguien diga que le parece que está bien la actividad de esa persona y, ahí sí, va a la página de esa persona y lee cuáles son los acentos programáticos por ejemplo de Constanza Moreira, para eso sirve mucho el jingle.

 

Constanza de pronto propone más porque es desafiante.

Claro.

 

¿Hay temor para confrontar?

Evidentemente, sobre todo cuando la proporción es tan desproporcionada. Creo que en esta campaña por lo poco que vi es como que la sociedad viene ensayando nuevas formas de presentar. Insisto que hay como una especie de flujo entre campaña y sociedad. Todas las teorías que llamo dualistas que reniegan de la política, como si la hicieran los extraterrestres. Los políticos son parte de la gente por más que el poder te dé una serie de prerrogativas o te cambie la cabeza, igual tenés que hablarle a la gente de dónde venís sino no le hablás a nadie.

 

¿Pero hoy no se habla más sobre el relato que sobre la realidad?

Ahí es donde viene el desafío ya sea para el candidato favorito como para el rival que ese relato es lo que quería ejemplificar con el círculo de adhesión a Obama de la campaña de 2008, porque lo curioso es que en la actualidad, los periodistas de su país se quejan amargamente y exclaman: ¿dónde fue aquel Obama? Porque lo mejor que él tenía como candidato desconocido, era hablarle y llegarle a la gente como nadie. Imagináte cómo sería tener un presidente como él, negro, de padre africano, llamado Hussein… ¡no puede ser! Se dijo que era africano hasta el final como parte de una campaña opositora que contaba con millones de dólares, y que le exigía que presentara el certificado de nacimiento. Ese movimiento lo impugnaba porque decía que Obama no era americano. Volviendo al videoclip del grupo de hip hop en 2008, lo más interesante, creo, es cómo ese discurso electoral tiene que ser cantado, aunque eso nos parezca absurdo. Ya no hay la paciencia, la vocación literaria clásica de leer páginas y páginas de un programa de gobierno.

Habrá un grupo muy minoritario que se apasiona por el tema y se decide a entender, ¿pero cuánta gente es esa?  ¿qué porcentaje del electorado representa? No me atrevería a decir qué porcentaje, pero en poquísimo tiempo los políticos tienen que llegar con un relato que sea fácilmente visualizable. No es verdad que desaparezca la letra con Internet, porque los chicos usan ese lenguaje rápido donde cortan muchísimo y ponen grafías de sonidos, pero igual tienen que leer.

 

Son para leer.

No es verdad que la letra murió porque el ser humano se piensa con letra, con imagen y con hechos. Es verdad que es un desafío inmenso. Lo que en inglés se llama el rango breve de atención. ¿Por cuánto tiempo se puede sostener la atención de una persona? ¿Por qué fue tan memorable la parodia de Vázquez hacia Larrañaga en febrero de este año electoral? Porque es un momento de quiebre. ¿Cuál es el programa informativo más visto en Estados Unidos y en Canadá? Son dos programas humorísticos: The Daily Show with Jon Stewart y The Colbert Report.

Los dos hacen sátiras y parodias, respectivamente, pero al mismo tiempo señalan con lucidez las inconsistencias -sobre todo de la derecha, del ala más conservadora del Partido Republicano, esa que apoya al grupo radical llamado Tea Party. Esos dos programas de humor político de la televisión cable norteamericana son los que ven la mayoría de los jóvenes para obtener la información. He estado estudiando estos dos programas desde el punto de vista semiótico. En uno de ellos, The Colbert Report, hay un comediante que hace de derechista pero para dejar mal parada a la derecha. Su personaje es tan conservador, homofóbico, anti aborto, y todo eso es para abogar a favor de esas causas. Entiendo que esa estrategia de disfraz es muy sofisticada.

 

¿Estuvo Obama hace poco?

El conductor de uno de ellos, Stephen Colbert, fue invitado hace poco tiempo a una cena en la Casa Blanca. Él y Jon Stewart son muy respetados, ellos hacen la tarea que antes desarrollaba un periodista serio. Ellos son serios como cronistas de la realidad, pero lo hacen de esa manera atípica. Ellos traen un relato condensado de lo más fuerte que pasó en la política, en la economía, en cantidad de áreas sensibles, como si fuesen uruguayos y estuvieran hablando de lo de Guantánamo y lo de Mujica, pero la información que comentan y presentan de un modo muy curioso tiene una eficacia altísima. Están muy claramente posicionados ideológicamente. Los dos son de izquierda, muy críticos de todo lo que pasa en política, en ambos partidos. El suyo un discurso sobre lo real basado en la parodia, en la sátira, en la burla, en el chiste.

 

En la ironía.

En la ironía todo el tiempo, una delicia, lo ponen en Youtube por suerte. Hay un programa de la Fox, el canal derechista americano, que tiene una tertulia. Una de sus conductoras dice: “Acá tengo un mail de una afroamericana donde ella dice que sufrió mucho de chica porque Papá Noel es blanco”. Ella le responde con seriedad y algo de irritación: “Mire señora, vamos a los hechos: ¡Papá Noel es blanco! Eso es un hecho”. ¡Es tan delirante todo! El conductor del The Daily Show es judío y con un humor muy agudo comenta luego de pasar ese video: “No sé por dónde empezar porque es tan loco todo”, pero él no sólo empieza sino que muestra en qué se inspira su comentario. Muestra que San Nicolás era del lugar donde hoy es Chipre, entonces explica con gesto divertido que ese santo no podría venir a Estados Unidos a repartir juguetes, porque por su aspecto racial y su origen, él estaría en la lista de los que no pueden volar sobre territorio americano, empieza por ahí. Además, sigue con su deconstrucción, porque muestra una pintura europea de San Nicolás, y en seguida una reconstrucción científica de cómo sería su verdadero aspecto de acuerdo a la región del mundo donde nació. Tendría la tez oscura, y para enfatizarlo lo muestra al lado de la imagen del Santa Claus de aspecto escandinavo con los cachetes encendidos.

En chiste, él hizo un análisis espectacular sobre el racismo, el consumismo, todo. Pero lo que le da más fuerza es el relato textual del otro, el mostrar efectivamente lo que dijeron sobre ese asunto antes de proceder a criticarlo. No dice que ellos dijeron una estupidez, te lo muestra. ¡Ellos mueren por la boca! Es como si él dijera: “Vamos a los hechos, señora”. Si Santa Claus no existe, ¿cómo algo que no existe puede ser blanco o negro? Esta es una especie de campaña política anual porque todo el tiempo estos comediantes-periodistas-comentadores de noticias están haciendo campaña por ciertos valores anti conservadores más cercanos al Partido Demócrata, aunque ellos no se identifican en el sentido partidario estricto.

Lo que hacen es mucho más interesante. Trabajan con imágenes, con humor, con ironía, se disfrazan, etc. para desarmar el discurso conservador y reaccionario, adonde quiera que éste aparezca, y así mostrar su irracionalidad, su contradicción, su locura.

 

¿Cuánto pesa la imagen en la comunicación? Cincuenta y dos por ciento de los americanos en una encuesta creen que Irak estuvo detrás de los atentados a las Torres Gemelas.  

Sí, acuérdense lo que era George W. Bush en ese momento. Acababa de salir publicado un libro con una colección de estupideces que él decía en serio. Era poco prestigioso, poco respetado, era impotable. Seguramente él no iba a ser reelecto.

 

Cuestionado por una dirección muy lenta.

Claro y después que pasa el 11 de setiembre del 2001, él que era la oveja negra, el presidente menos preparado, menos estadista, aparece en esa famosísima foto junto a los bomberos en medio de los escombros del World Trade Center en Nueva York. El mejor análisis semiótico sobre el 11 de setiembre que hice afirma que lo más interesante en relación a esta tragedia fue que esto significó una herida inmensa para Estados Unidos como nación, porque no había otra nación atrás del ataque. Se podía haber bancado mejor que su enemigo fuera Afganistán, que fuera Irak, descubrir que era un avión que lanzó cierta nación. Pero fue un grupo de desesperados que secuestró un avión comercial, eso fue una herida (a parte de la herida física de tantos muertos) en el orgullo enorme lo que le hicieron a la nación más poderosa, en su lugar más visible de poder tanto en Nueva York como en Washington.  Que aparezca alguien como Bush diciendo: lo vamos a sacar a patadas de la cueva a Bin Laden, personificando así a algunos de los cowboys del cine, como John Wayne o Clint Eastwood. La semiótica lo que estudia es que siempre los signos son en relación a alguna otra cosa. Por eso para hablar y convencer tenés que usar algo que mueva algo familiar en el otro, algo bien conocido, como es el famoso duelo a la hora señalada, en la calle principal y polvorienta del pueblo del Far West. Había una necesidad desesperada de alguien que dijera al estilo de “un cowboy de Texas” que iba a hacerle pagar caro al villano detrás de ese acto infame. Entonces, se da vuelta totalmente su imagen. De ser un presidente perdedor, un inservible para llevar adelante esta súper potencia, Bush se vuelve la persona indicada aparte de todas las irregularidades.

Creo que es cierto que la imagen tiene cierto poder pero no hay que olvidar la imaginación social, lo que las personas sueñan y lo que las personas temen. Hoy las campañas electorales más que nunca se manejan con eso y han entendido eso, que si no manejás los signos del otro, estás frito. Por más que tengas ideas buenísimas y que puedan ser aplicables y que mejore la educación o el trato de los infractores de la ley, todos los grandes problemas de Uruguay y del mundo, tenés que llegar a que ese relato haga imagen. Si es un relato muy interesante pero que solo puede ser entendido por un grupo muy chico que tiene una voluntad de escucharlo y de descifrarlo, estás frito porque eso es para convencer a los convencidos. Esa gente ya sabe que vale la pena leer el programa de ese candidato pero no se trata de la campaña, todos sabemos que van a los indecisos. No son indecisos porque sean poco inteligentes, es porque no les interesa tanto.

 

La gente quiere más seguridad física, laboral, etc. ¿Hay algo en el imaginario uruguayo de esa necesidad de crimen y castigo?

Hace poco leí en Facebook la crónica de un brasileño que vive en Europa, y él decía que lo que permite que en el primer mundo alguien vaya de noche tranquilo en un ómnibus leyendo su computadora portátil, sin miedo a que lo asalten, es una sociedad más justa, no más castigada.

Una observación lateral; hace poco la presentadora del Oscar 2014, una mujer que es abiertamente homosexual y que está casada, podía hacer pensar que Hollywood finalmente  estuviese aceptando la diferencia. Pero luego leí una crítica muy acertada en el New York Times que planteaba que Hollywood es parte fundamental de ese problema, por no haber aceptado durante décadas nada que se pareciese a una relación homosexual y positiva en la pantalla, lo que hizo fue condenar a los homosexuales a un ostracismo total, y por ende  es en buena medida responsable de la homofobia, de la falta de tolerancia, etc. Entonces diría que sobre el castigo y la actitud de la sociedad en nuestro país, que Hollywood también tiene una mano pesada porque es mucho más vendedora una película donde hay alguien parecido a un justiciero, a un vengador, la Ley del Talión encarnada, donde si él o ella consigue matar a todos los malos, el mundo quedaría pacificado eternamente. Una fantasía de ese tipo hace que la solución alternativa que es un mundo más justo, un mundo donde la comprensión llegue antes que el Talión, se vuelve menos visualizable o imaginable, y que esa visión sea percibida como más idealista, en el sentido de más ingenua. Tampoco en ese cine comercial se le da voz a lo psicológico por ejemplo.

Miren las películas policiales, cuando aparece un psicólogo casi siempre es sicópata, o es alguien completamente impotente de lidiar con eficacia frente a un problema criminal. Esta fórmula es la de una película clásica como Atracción fatal. Es interesante eso porque está hablando de una apuesta de una sociedad en contra de desentrañar la complejidad psíquica humana y a favor de algo mucho más militarizado. Es el universo maniqueo del blanco y negro, donde hay un villano que hay que matar o meter preso para siempre y tirar la llave. Hollywood tiene una fuerza enorme porque es la gran fábrica narrativa del mundo. El suyo es el relato donde vive la fantasía de liquidar el crimen de ese modo brutal e irreflexivo.

 

Mujica como signo imaginario, ¿cómo lo ves?

En un artículo que saldrá en breve en una revista académica en Estado Unidos, yo analizo la cobertura que hizo el 8 de mayo de 1989 el informativo Subrayado, de Canal 10, del entierro de Raúl Sendic. Intento allí explicar, con un enfoque semiótico, por qué esa nota hecha con gran brillo técnico, un reportaje de indudable valor histórico, es literalmente abandonada por todos los presentadores, luego de hacerle varias y extrañas introducciones, que se supone deberían funcionar como filtros o atenuadores de la información. Con esto me refiero a que los periodistas en el estudio dejan las imágenes sólas, sin acompañarlas con un solo comentario, como si ellos tuvieran pánico de mezclarse con esa crónica tan bien hecha. Apenas se escucha el ruido ambiental. Lo que se ven en la crónica de Subrayado de ese día es una multitud muy heterogénea de gente que no tiene aspecto de terroristas o de personas peligrosas, sino que hay parejas jóvenes, bebés, veteranos, niños y también, por supuesto, ves a Mujica, a Fernández Huidobro, y otros líderes del MLN. Se produce así, creo, el inicio de una revaloración histórica, de algún modo.          Que ahí hubo algo muy radical, algo todavía muy fresco en el 89 que hace que todo lo que había venido pasando en los partidos tradicionales fue puesto en jaque. Ese informativo sin querer se da cuenta porque cuando aparece la crónica nadie dice nada. Es como si tuvieran pánico de lo que mostraron, tienen miedo. Ahí surge la figura más carismática de ese grupo. Hace poquito  leí Comandante Facundo, las memorias noveladas, y ves que su disposición era siempre la de ser un conversador. La de convertir lo que podía ser el conflicto en algo más de charla, de diálogo y eso fue finalmente lo que lo va convirtiendo no en un ex guerrillero, sino en una nueva forma de político. Un político de lo intimista que llega del lado menos pensado. Podría llegar alguien de la clase media, de una familia acostumbrada al poder que muy fácilmente se instalase en una especie de neo política, pero desde el rincón del espectro político más inesperado, una figura muy castigada que todos pensarían que iba a quedar en una especie de museo testimonial de todo lo que fueron los rehenes y la guerrilla, se transforma en una nueva clase de política que cortaría con toda la etiqueta, todo lo que impide el acercamiento del cuerpo a cuerpo. Eso es lo que es más valorizado, menos por los contrincantes porque lo ven a él como una cosa negativa. Esto sería lo auténtico.

Lo que vienen a buscar desde todas partes del mundo es lo que llamo en algunos de mis textos recientes de la última década “el santo grial” que es lo auténtico, es el alma. La política tradicional había perdido el alma. Entonces encontramos casi sin querer -y porque no lo puede evitar porque es así,- que eso lo puso a jugar a su favor dentro de la campaña política y luego dentro de su propio desempeño como presidente de Uruguay. Mujica va convirtiéndose en una especie de espacio de lo auténtico. La gente dice que se contradice, las murgas lo toman, todas esas diferentes visiones tanto positivas como negativas, pero habría algo irresistible, la gente no puede dejar de mirarlo. Eso es un gol.

 

¿Qué país pendular, de Tabaré a Mujica?

No pueden ser más distintos, pero tienen una cosa en común: los dos llaman a que los miren. Cuando habla Tabaré hay algo de su palabra que se pega al acto mismo de decirla, como codifica a Larrañaga. Imaginate que lo quisiera hacer otro político más duro, es difícil, le puede salir muy mal el tiro por la culata. Tenés que tener cierta escena.

 

Se destacan figuras que en otro momento no te las imaginabas.

Eso vuelve más interesante el análisis semiótico porque tratás de ver qué está movilizando cada discurso tanto en publicidad como en propaganda. Lo peor que puede hacer alguien es copiar, porque es casi como rendirte porque no te queda más nada que copiarlo. Todo el mundo se da cuenta que lo estás copiando porque no eras así.

Desesperadamente cada discurso tiene que encontrar esa cosa mágica que es algo donde estos tipos se sientan cómodos (porque no son modelos o actores) y lo puedan hacer bien. Ellos no pueden borrar su vida y durante esos meses reinventarse. Por más que Lula se ponga una buena corbata, él sigue siendo aquel que no habla inglés y cuya cultura es más bien acotada y de la calle.

 

En un traje de Armani.

Como Brasil se va para el frente. Ese es el desafío fascinante desde mi ángulo, ¿ cómo cada discurso es realmente una exploración para el encargado de la campaña y para todos, muy misteriosa cómo dar en ese poco tiempo -como las verdaderas marcas o los verdaderos productos que no son políticos-, tienen una vida entera para eso. Un producto lo lanzás, lo cuidás, tiene una vida útil, una marca y está todo el tiempo trabajando en eso y lo bueno de los productos es que no opinan. Hacés lo que querés, pero el político si hay algo que no encaja se va a salir del cuadro y va a quedar muy mal.

 

PERFIL:

Nació en Montevideo en 1954. Realizó estudios en Medicina pero largó y comenzó en Facultad de Humanidades, donde hizo Lingüística y Literatura. Realizó una maestría en Lingüística en Estados Unidos y obtuvo una beca para hacer el Doctorado. En 1981 decide volver al Uruguay. En 1982 escribe en la revista Escenario, del Teatro Circular, su primer artículo de semiótica sobre la obra El Herrero y la Muerte. En 1983 se vincula al TUMP. Fue docente en la Udelar y en la Ucudal. Trabajó con César Aguiar en Equipos Consultores desde 1989. En un seminario que dictó en esa época, participó Emiliano Cotelo y lo invitó a trabajar en la radio. En 1996 lo invitan a Noruega y allí lo becan para hacer un Doctorado. Estuvo también en Alemania durante dos años. En el 2002 se instala en Brasil porque gana una beca para hacer el postdoctorado y permanece varios años ejerciendo la investigación y la docencia. Cuando se estaba preparando para volver a Uruguay, sale un llamado de la Universidad de Ottawa, en Canadá, y se presenta. Ha vivido allí durante los últimos años y se encuentra ahora en un año sabático. Tiene muchas ganas de volver al pago.

 

 


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