HERMENEGILDO SABAT: En Buenos Aires, uno puede ser cualquier cosa menos pobre.

publicado a la‎(s)‎ 25 sept. 2011 12:35 por Semanario Voces
 

 

 

Resulta tan fascinante mantener una charla con Hermenegildo “Menchi” Sabat, como difícil transcribirla en un reportaje. Es que los temas se suceden casi sin querer, arrastrados por la infinidad de anécdotas y reflexiones, que derivan en cualquier punto, lejos de donde se había comenzado. Y sus interlocutores, nosotros en este caso, se dejan vencer por esta riqueza expositiva, y el hilo de la charla se estira hacia tópicos inesperados. Cada pregunta genera infinidad de nuevas puntas, y la elección de cualquiera de ellas es arbitraria.

Pero con sus casi 80 años, Sabat abre generosamente el libro de su vida, y nos brinda esta lectura, tal vez algo desordenada, y lamentablemente abreviada, pero pletórica de sensibilidades.

 

 

Por Jorge Lauro y Alfredo Garcia / Rodrigo Lopez

 

 

¿Cómo lo marcó Onetti?

Yo mantuve la amistad hasta el final, cuando lo visité. Él tenía un apartamento en la llamada Avenida de las Américas en Madrid, la misma avenida que sale el aeropuerto. Era un hombre peculiar, los tipos de ese nivel son peculiares, no hay caso.

Había hablado con Dolli, Dorotea Mut, la llamaba: “inefable perro de la dicha”, hay que joderse.

 

Lo tendría que querer mucho para bancarlo.

¡Mama mía!, yo había hablado con ella y me dijo que fuera a las cinco de la tarde, y yo que soy un gran estúpido me fui con masitas, y obviamente había unas botellitas de vino de Rioja, y se fue bajando las botellitas, y a eso de las nueve de la noche, bajamos porque no había ascensor y fue un descenso como al cadalso, él agarrado y fuimos a un restaurante, muy temprano un sábado, estábamos nosotros y una parejita. Él fue relatando lo que se decían entre ellos, yo me quedé estupefacto porque estoy seguro que decía lo que decían, una capacidad de percepción de la gente. Pienso que de algún modo con los respetos habidos y debidos, Onetti ha influido mucho en mi trabajo, porque me interesa mucho la gente, como creo que debería interesarle a todo el mundo. Pero él era un hombre así, parco, mayormente callado, y observador. Hay algunos cuentos de él, uno de los primeros que se llama “Los adioses”, el modelo de ese cuento era un célebre jugador de básquetbol, Juan Antonio Collazo, el hermano de Ramón, él ahí hace todo un gran cuento, con el jugador de básquetbol que salió en la tapa de El Gráfico, como él había sido tísico había estado en La Falda en Cordoba, se acordaba. Pero él no robaba, no se aprovechaba de la gente, es decir, no era un tipo que reptaba para luego aprovecharse y sacar ventaja. Aparte, creo en el mejor sentido, que era un gran uruguayo. Ser uruguayo es una cosa muy peculiar, yo vivo en Buenos Aires pero soy uruguayo, y me reconocen como tal, y eso es lo más importante.

 

¿Cuáles son esas características?

No puedo hablar de otra generación, yo soy producto de la escuela pública del Uruguay, a mi me enseñaron a escribir, a leer, aunque leer aprendí solo porque papá era profesor de Literatura y en mi casa había libros, no había un mango pero sí libros. Fue director de Enseñanza Secundaria, cargo para el cual se necesitaba la venia del Senado, era prácticamente un ministro. En casa había un recorte de una revista con un chiste maravilloso, era un cuarto con una biblioteca inmensa con un solo libro, y entonces le preguntaba al tipo “¿cómo tiene un solo libro? Si, es el catálogo de los libros que presté”. Maravilloso.

Yo hablo en primera persona porque creo que a todos nos ha pasado. Con los años he ido juntando y es una colección imposible, libros sobre Picasso. Tenía un libro con la firma del lugarteniente de Picasso, que creo que vivió acá un tiempo, durante la Guerra Española, se llamaba Jaime Sabatés, vivía por Pocitos. Una prima mía que murió, le dije que me tenía que devolver el libro, me dijo que no, “no te lo devuelvo porque yo me lo merezco”. Extraordinario.

 

 

Volvamos al ser uruguayo.

El uruguayo, para mí, el tamaño del país influye positivamente, a pesar de que acá, y entro en conversaciones que he tenido con mucha gente, siempre las quejas que uno escucha, es que acá no hay mercado, esto o lo otro. Cuando vino el MERCOSUR, dije que era una gran oportunidad para el Uruguay, no, no podemos, pero si no se preparan, esto siempre va a ser la calesita, siempre va a pasar por el mismo lugar. Ahora, esa cosa del uruguayo, hay excepciones y no generalizo, ni “teniente generalizo”, el uruguayo es un individuo modesto, y es idealista, que es eso lo importante. Ahora, en la historia del país, no soy sociólogo pero leo, hay cosas que son muy curiosas. Batlle y Ordóñez  pensó que había que evitar las guerras civiles, entonces, inventó las grandes leyes sociales. Las leyes sociales, en todas partes, incluso todavía hoy, se consiguen peleando, pero Batlle evitó eso. Es una cosa muy rara lo que pasó acá. Entonces, así como Argentina es un país peronista, creo que Uruguay sigue siendo batllista. No quiero hablar de lo que no me corresponde, pero nací tres meses después del golpe de Terra, creo que así como Batlle hizo unas leyes fantásticas, también arregló al país para seguir gobernándolo él, no me cabe la menor duda, y se llegó a una suerte de hecho contra natura. Un presidente de la nación con dos ministerios. Un consejo de administración con el resto de los ministerios, más el diario El Día. Era un país ingobernable. Terra de algún modo, tenía razón. Ahora, la familia Batlle evidentemente seguía teniendo peso.

Luego vino Baldomir,  con lo que se llamaba la “dictablanda”, y luego, vino Amézaga, que fue la primera elección después de la dictadura. El Uruguay, a esa altura ya se beneficiaba de la exportaciones fenomenales que había y que hicieron creer al país que no era necesario trabajar, que ahí viene la otra cosa. Pero el uruguayo no es cómodo sino que creía en esas cosas. Al mismo tiempo, para remate, salimos campeones en Maracaná, entonces, esto era el Nirvana. El presidente de la delegación uruguaya al mundial de 1950, fue el doctor Américo Gil, había sido compañero de papá, era abogado, y se dedicó a la enseñanza. Américo Gil le contó que antes de ingresar al campo en Maracaná, les dijo a los jugadores que si pierden por 4 a 0, los recibimos como campeones. Extraordinario.

Entonces, qué pasa, creo que reacomodar el país para que la sociedad entienda ciertas cosas, hay que poner un poquito más de esfuerzo, no mucho más. Esto realmente, haciendo lo que se hace, Uruguay es un país respetado en todos lados.

 

El uruguayo que se acostumbró a vivir sin trabajar.

Afortunadamente para mí y dentro de mi militancia, nunca concurrí a un diván o sicoanalista, lo hablé una vez con un tipo y este me dijo que yo me hacía autoanálisis. Bueno, pero el asunto es este, reconozco que tengo componentes en mi manera de actuar que son anarquistas, no cabe la menor duda, esa rebeldía. Yo era un tipo que renunciaba, me iba sin un mango, pero renunciaba a los lugares, y al fin y a cabo me fui del diario El País cuando a mi me iban a dar la dirección del diario.

 

¿Por qué renunció?

Me acuerdo de Scheck, yo agarré el laburo en mayo de 1965 y puse dos condiciones: yo no quería el rótulo y que no me llamara por el interno. Yo pedía mucho. Pasaron seis meses, un día levanto el tubo, me pide que lo vaya a ver: “sos el nuevo secretario general del diario”. Yo le dije que no, la cara de ese tipo la tengo acá. Primero porque era un tipo que está acostumbrado a que le dijeran que si siempre. Carlos Eugenio Scheck, era hasta ese momento un hombre poderoso. Ahora ¿por qué dije que no?  Dije que no porque debería estar de acuerdo con toda la política del diario, y por otro lado, yo no sirvo para echar gente, pero ese es un problema mío. Yo no juzgo mal a un tipo que haga eso. Ahí en Buenos Aires he visto consecutivos casos de gente que accede a esos cargos y tiene que hacer eso, y siempre me acuerdo de una frase que escuché a mi abuela. Mi mamá era porteña, de La Boca, y decía: “si querés conocer a Juancito, dale un puestito”. Y es correcto, se cumple.

 

Hay gente que termina haciéndolo por placer.

Sí. El asunto es que el puesto transforma a la gente.

 

¿Usted no se animó a probarse con un puesto?

No lo hubiera hecho. Yo tengo un lista de defectos, pero ese no. Es difícil, porque evidentemente  hay mucha gente que quiere ponerse a prueba, y ahí es donde la gente resbala. En el diario, el secretario general me dijo que no era amigo mío, y yo le contesté, yo tampoco. Si vamos a jugar a la verdad, no tengo problema, pero el asunto es que creo que todos tenemos un proyectito de vida, y yo lo que quería era efectivamente trabajar en un diario que me permitiera pintar, nada más que eso, yo no pedía ni pido más que eso. Entre otra de esas cosas de carácter anarco que tengo, prefiero trabajar para un dueño que conozco o no conozco, que tenga caracteres humanos o no, y no trabajar para un galerista, no sé si está claro. Porque el galerista, incluso los buenos, influyen sobre el que está trabajando.

 

¿Fijan las condiciones?

 Es decir, se han dado casos muy raros y excepcionales en ese sentido, absolutamente excepcionales, aquel señor que fue galerista de Pablo Picasso, que hizo que Picasso a los 40 años fuera millonario. Entonces, con Picasso se cumple aquella frase muy graciosa que dice “cuando un tipo es millonario puede pensar lo que se le da la gana”, y con él se cumplió. Incluso con las contradicciones del caso porque él que tuvo la decencia de afiliarse al Partido Comunista, después cuando tuvo que hacer un dibujo de Stalin hizo lo que se le canto y le dijeron de todo. Es decir, en la década del 30 se da un caso muy llamativo, creo que los mejores izquierdistas del siglo XX son los que actuaron en la década del 30. Es decir, en Francia, en Inglaterra, en EEUU, John Dos Passos, Hemingway, George Orwell.  Ayer recordaba una frase extraordinaria de él, que dice: “el nacionalismo es el último refugio de los sinvergüenzas”, me parece extraordinaria. Ahora, una cosa es el nacionalismo y otra el patriotismo, es diferente. El uruguayo es patriota.

 

No es patriotero.

No es patriotero. Por eso que esto que hablamos del mundial de Maracaná, esa frase que dijo Ghigia, “solo tres personas enmudecieron el Maracaná: el Papa, Frank Sinatra y yo”.                      Es maravillosa esa frase, y es correcta, solo tres personas.

 

Ser un uruguayo en Argentina, ¿cómo se junta esa mezcla?

Es una cosa muy curiosa, de algún modo vale en Argentina y vale acá, porque hay cierto grado de marginalidad. Es decir, el que no entienda qué significa ser uruguayo acá, le va a pasar lo mismo. Evidentemente no se puede condenar a un país a vivir en el siglo XVIII. Es decir, una cosa es la pobreza y otra cosa es la pobreza fingida.

 

El pobrismo.

Exactamente. La pobreza fingida para mi no funciona. Acá hay cierto tipo de cosas y el reloj no se puede detener,  porque nosotros comemos las mismas cosas que comen en Buenos Aires, pero la diferencia de Buenos Aires con el resto, con nosotros, es esencial. Aquello que decía Artigas: “el general Artigas no es vendible”. Y se lo dijo a Pueyrredón, con eso quería decir que el general Artigas no venderá el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad.

 Esas cosas yo las siento, pero sí, el avance de la televisión negativa acá, también lo noto. Nunca vi a Tinelli, porque nada más verle la cara, ya sé que clase de hijo de puta es, pero acá hay mucha gente que debe estar encantada con Tinelli. Es horrible pero es así, y eso es una especie de shock, de jeringa enorme que la gente se tiene que aguantar.

Eso, en otro sentido, a mi me alegró que viniera gente. Hacer una exposición de pintura a esta altura, creo que debe ser una rareza, no es una cosa de todos los días.

 

No es lo habitual.

No, y además, hay una tendencia que ustedes también perciben, que es la de que se pinta para ganar mucho dinero. Yo vivo del sueldo que me da el diario, no me quejo. Pero la gente… y no digamos nada de lo que significa sacar un cuadro de Buenos Aires y traerlo para acá. La semana pasada tuve que ir al Registro Civil de Vicente López, donde vivo, para firmar un papel que decía “declaración jurada de domicilio”. Los papelitos y papeleos para sacar los cuadros son interminables. Creo que me voy a dedicar al tráfico de armas, porque es más fácil que traer una colección de cuadros para exponer aquí.

 

¿Está enseñando pintura?

 Yo doy clases, y nosotros transformamos eso en una fundación, pero es una fundación sin fines de lucro, no una fundación sin fines de gasto. Y nosotros tenemos que presentar papeles con firma de contador todos los años, y yo no saco un peso de ahí. Pero me da la satisfacción de estar con gente con ilusiones, con gente que cree que se puede vivir teniendo ideales diversos. Realmente, no soy baby-sitter de adultos, no les voy a decir a tipos grandes, quejarme a los gobiernos, miren que esto…bajar línea no, pero sí creo que es importantísimo el profesionalismo. Es decir, gente que, ambiciones aparte, que la podemos tener todos, se dedique con seriedad a trabajar para los países. Yo cito un caso que lo vemos por los diarios, esto que hace la presidenta de Brasil, echando a funcionarios que están al lado de ella por casos de corrupción, es una cosa extraordinaria, diría que casi única, porque debe haber otros casos. Porque no es el hecho de que los eche, es el hecho que lo admita. Hay corrupción en los niveles más altos.

Eso tiene que ver con otra cosa: yo pertenezco en Buenos Aires a una Academia de Periodistas, y soy el vicepresidente primero. El presidente es hijo de un célebre periodista argentino que se llama Félix Laiño, manejó el diario La Razón durante muchos años, autor de un título en la crónica policial maravilloso, que lo tengo siempre presente: “Un comerciante mató a otro asaltante”. Extraordinario.

A este mismo tipo, Laiño, según me contó el hijo, un día lo fue a ver un colaborador que tenía que se dedicaba a temas del agro. Entonces Laiño agarra el texto, lo mira, y le dice: “usted es un estúpido”, el otro le responde: “usted me está insultando”. “No es un insulto, es un diagnóstico”.

Ahora, en esto que hablamos, también son diagnósticos, que un tipo sea corrupto, no es una acusación, es un diagnóstico.

 

La noticia no es que haya corruptos, la noticia es que se admita.

Que se admita, exactamente. Creo -y con esto no hago nada más que una afirmación de algo que es obvio-, que Jorge Batlle hizo una administración muy pura, muy limpita, y que él incluso echó a alguno del que sospechó, pero al mismo tiempo, le tocó aquello de la aftosa. ¿Ustedes conocen algún caso de corrupción?

 

Quedaron muchas dudas respecto al manejo del sistema bancario previo y posterior a la crisis, cómo dejaron llegar a esa situación y siguieron dando dinero a los bancos; la supervisión del BCU es cuando menos dudosa y nunca llegó a aclararse, en la cual estaba el primo de Batlle al frente, así como la relación con los Peirano, y una amistad político-partidaria.

Es muy difícil. Nadie es perfecto y también, evidentemente si vamos a empezar a mirar las conductas, eso es muy grosero y muy peligroso, porque no se puede afirmar definitivamente nada, qué es lo que se hizo bien o mal. Jorge Batlle me llevó al diario Acción y estuve dos años, y un día no sé que hizo Jorge, yo no dije nada y me fui del diario, porque yo me iba.

 

Renunciante eterno.

Sí, me iba. Ahora, estando en Acción, tengo recuerdos porque lo veía todos los días, de un tipo maravilloso sin duda alguna, Zelmar Michelini. Me acuerdo los ojos de ese hombre.

 

¿Nunca lo pintó?

Sí. Tengo un cuadro.

 

 

¿Qué otro recuerdo tiene de Acción?

Maneco Flores Mora, un tipo que escribía personalmente toda la página editorial, ahora, Luis Batlle era un tipo interesante. Ahora lo pienso a los 78 años, lo llamaba por teléfono a Maneco y le decía “¿Usted conoce a Menchi Sabat?  Si. Es un hijo de puta”, y a los 10 minutos lo llamaba de nuevo “¿Usted conoce a Menchi Sabat? Si, un gran tipo”. Lo tenía así, cagando aceite todo el tiempo.

 

Pobre Maneco.

Y Maneco que tuvo un final a toda orquesta, porque las denuncias que hizo fueron extraordinarias. Maneco era un tipo brillante.

Ahora, me acuerdo en la redacción de Acción, delante mio estaba el cronista policial, un tipo que se llamaba Alejandro Napoleón Sierra Fernández, la redacción estaba al lado del templo Inglés, de la calle Brecha. Tenía un negocio personal con las mujeres que andaban por ahí por la calle Brecha, que las mandaba en cana, luego las soltaban él y les decía que las había hecho soltar él. La fauna acá ha sido bastante compleja, como corresponde en cualquier sociedad, pero lo recuerdo con simpatía, no como juicio.

Habían otros tipos que después, con los años, yo me enteré que eran batidores de la policía, en puestos absolutamente insospechables. Cito al que creo es el más grande de los argentinos, Jorge Luis Borges, que decía “todo es tolerable, menos la traición”. Entonces, eso de estar trabajando con un tipo que eventualmente luego nos acusa quien sabe de qué, es muy embromado.

 

Esa imagen pinta un escenario difícil de imaginar, la Policía espiando el diario Acción del Partido Colorado.

Pero puede pasar ahora, realmente no juzgo, entiendo.  Lo que digo es que hay individuos, que uno incluso les tiene afecto, que a lo mejor nos están traicionando.

A esta altura, con mis canas, soy más pesimista respecto de ciertas cosas.

Por un lado están las expectativas de la gente y sus ilusiones absolutamente compartibles, después está el hecho de que no se van cumpliendo ciertas cosas y los tipos al final sueltan el brazo, pero eso no lo podemos solucionar nosotros, tristemente. Creo que en el mundo del periodismo, sobre todo ahí, hay algunos tipos que son aborrecibles, pero qué pasa, pertenecen a la primera generación, se han ido muriendo, ahora, hasta que se depure eso, no sé….pero es difícil, y mantener coherencia, es aconsejable pero difícil, hay que tener paciencia.

 

¿Qué edad tenía cuando consiguió un trabajo para pintar nada más?

Treinta y siete años. Sí, porque si me hubiera quedado acá, hubiera sido un burócrata del periodismo. Pero 37 años es una barbaridad para hacer lo que uno quería hacer, es mucho. ¿De qué manera nos tenemos que salvaguardar para no entrar y contradecir nuestras ilusiones?

 

¿El Uruguay es un lugar hostil para desarrollarse en determinadas áreas, Argentina ofrece más posibilidades?

No. La gente acá saben ser buenos pobres, esa era la idea que tenía. En cambio en Buenos Aires, uno puede ser cualquier cosa menos pobre. Se trata de eso, es esa la diferencia, diferencia diría no solo esencial sino ejemplificante. Allá ser pobre es más o menos como tener la lepra, en cambio acá…que haya estos casos de jugadores de fútbol que ganan estos sueldos milagrosos, pero por lo que veo y he estado escuchando, tienen una conducta tan diferente a la de los jugadores argentinos, esto de que donaron parte para comprar un campo en San José, es extraordinario. Eso sostiene la ilusión de las hinchadas también, están defendiendo a tipos que son sus pares, no solo que juegan bien.

Ayer alguien me decía, a propósito de la exposición, que me intereso por tantas cosas, lo que pasa es que vivo la vida que tengo que vivir y me toca vivir estar rodeado de la gente que tenemos que soportar, no es bonita, tristemente, no es una sociedad linda la que nos toca vivir, pero no puedo hacerlo de otra manera, la cosa es así, es como es y yo no la puedo transformar. Es decir, la única cosa y la única ilusión que nos queda, es seguir estimulando la democracia.

Le voy a contar una cosa, una vez cuando volví hace años, no sé de donde, estaba en un avión, entregan el papelito que se tiene que entregar en Migración, donde dice “profesión” yo escribí demócrata. Mandé pedir otro papelito porque dije que esto, iba a generar una discusión y los tipos que están atrás mío me van a putear. Y sin embargo, es mi profesión, es esa, soy demócrata, nací demócrata y sigo siendo demócrata.

 

¿Cuántos problemas acarrea ser demócrata, en una trayectoria, en su profesión?

El punto es este, he tenido que ver las cosas que hice durante la dictadura en Argentina, yo era un loco, únicamente un loco era capaz de hacer eso. Sin embargo, acá viene la contraparte, no hay que sacar viento en la camiseta como decíamos acá, porque el trabajo que hago no sirve para derribar dictadores. Forma parte de un contexto de un diario, pero sé que había mucha gente en el exterior, exiliados, tipos que salieron disparados, que trataban de buscar mis dibujos cuando estaban fuera del país. Cuando a veces me preguntan qué dibujo recuerdo, todavía estaba Bignone, lo cual quería decir que todavía vivíamos bajo la dictadura, hice un dibujo de los cuatro dictadores: Videla, Viola, Galtieri y Bignone, vestidos de mujer, como viudas, con gorritos, y salió el dibujo publicado. Ese dibujo a mi si me recuerda que yo estaba vivo, porque ¿qué pasa? Y esto debe haber pasada acá con certeza. Hay mucha gente que no se rasga las vestiduras, sino que se las raja, que es distinto. Mucha gente que dice “yo fui tal cosa” cuando nadie…macanas, ahora, cuidado, yo creo también que no se puede hacer más de una cosa al mismo tiempo. Yo cumplía con mis dibujos, no iba a salir a la calle a decir hay que bajar a estos hijos de puta, no, con eso alcanzaba. Pero, repito, creo que hay mucha gente, y acá creo que la hubo también, que creyeron verdaderamente, ciegamente, en el poder, en las armas. Esas cosas no es que sobrevivan, pero están latentes. Hay gente que cree verdaderamente en el poder disuasivo de las armas.

Pero no me imagino que alguien me venga a felicitar por los dibujos que hice. No estoy haciendo un juicio de orgullo, era mi laburo, porque al mismo tiempo es eso, yo me ganaba la vida haciendo eso.

 

Pero mantenía una coherencia.

Sin duda. Un día, antes de la dictadura, estaba Isabel Perón como presidenta, 1975, porque Argentina fue un país muy generoso, fue presidente  Isabel, Lastiri, Menem, con votos. Bueno, recuerdo que el director del Museo Nacional de Bellas Artes, sabía que venía a Montevideo, y yo le quería mandar a mi padre uno de los libros que había hecho. Fui al museo y él salió, cruzó Figueroa Alcorta y yo me quedé con el que era subdirector, Daniel Martínez, cruza el director Samuel Oliver  y vimos que lo agarraron unos tipos y lo metieron en un coche. Nosotros nos podíamos haber quedado de ese lado de la avenida pero cruzamos para saber qué era lo que había pasado. Finalmente nos metieron a nosotros en un Ford Falcon, a Daniel, a la secretaria del director y a mí. Los tipos, dentro del coche, tenían metralletas, de todo. Tuvimos la suerte de que a las cinco nos liberaron, y detuvieron finalmente al director del Museo de Bellas Artes. Al día siguiente, acá en El País, en primera página, decía poco menos que a mi me inculpaban de que había andado con hippies, drogas y cosas por el estilo. Es decir, uno sabe lo que pasó, pero cuánta gente habrá leído eso y lo habrá creído.

 

Es el precio de no aceptar cargos.

Así es. Pero creo que uno no tiene que quejarse.

 

Usted hacía su trabajo, ¿cuántos dibujo tuvo que censurarse y le hubiera gustado hacer pero no pudo?

No. Creo que había y hay una suerte de intuición respecto a los límites, qué es lo que se puede hacer.

 

¿Pero nunca tuvo la tentación de pasar esos límites?

No, yo no doy clases a los demás, pero era la única manera de sentirme vivo. Hubo una vez un dibujo, durante el primer año de Videla, es decir, de 1976 a 1977, yo estaba prácticamente prohibido, era una orden, hasta que un día vi que un diario de La Plata había publicado una caricatura de Videla con no se qué. Entonces, vino el campeonato Mundial 1978, y para el día de la final, hice un dibujo que estaba Videla, Massera, Agosti y Joao Havelange, presidente de la FIFA, salió en la página tres del diario. Argentina ganó el campeón, esto salió un domingo, en la edición del martes La Nación publicó un dibujo de Videla, dije está todo arreglado. El asunto es que había que generar el precedente. Ahora, pasa el tiempo, y cuando se cumple tres años del golpe, hice un dibujo, era una especie de ciclotimia de Videla, con el queso, una cosa espantosa, un general que después fue interventor gobernador en Misiones, lo llamó al capo del diario, y menos lindo, le dijo de todo. Pero pasaban otras cosas, de las cuales fui testigo y me resultaban muy cómicas. Una vez salió una foto del general Domingo Bussi, haciendo, el saludo militar con la mano izquierda, mandaron un coronel de uniforme y dos o tres también de uniforme, a ver qué había pasado y buscar un responsable. Ahora, claro, ni Bussi ni nadie puede entender eso que ahora le llaman “códigos” de los diagramadores, que una foto no puede mirar para fuera de la página sino para dentro. Entonces, eso que se lo dijeron al coronel y este a Bussi, al final estuvo como tres horas.

 

Pero tenían suerte de que iba un coronel y no la patota.

Claro. Pero te comento esto porque respecto a mi trabajo, nunca apareció un coronel. Siempre aparecían llamados.

Después, hace tres años, en 2008, la famosa foto, el que intervino afortunadamente para persuadir a la señora (Cristina Fernández de Kirchner), porque yo no dije nada, ni en ese momento ni ahora, yo no hablo, pero el que la persuadió a la señora fue Horacio Verbitsky, que ahora resulta que hay una mujer que se llama Sandra Russo, que hizo el libro.

 

Leyó el libro.

He tenido el buen gusto de no leerlo, pero me mostraron la página que también me menciona, hablando de esto, entonces Horacio hace diez días publicó “La Venda”, donde habla de mí muy bien. Verbitsky decía: “con Menchi no”

El asunto es este, esta gente que vivía en Santa Cruz, hay que ver lo que es Santa Cruz, una población de ciento ochenta mil habitantes, creo que Pocitos tiene más gente que Santa Cruz, y bueno, este tipo, el extinto, creo que manejaba el país desde un café. Y el diario de ahí, ni que hablar, entonces, van a Buenos Aires y es como estar en Corea, están en otro país. Argentina es un país que son muchos países. Países que no tienen nada que ver uno con otro. Hace unos años, un uruguayo, nativo de Carmelo, corresponsal de Clarín en La Rioja, me invitó a hacer una modesta exposición en esa provincia y fui.  La Rioja debe ser el lugar más feo que hay entre los lugares feos que existen. Pero salís de La Rioja y los paisajes son espectaculares, hay que ser justo. Llegamos a Anillaco, ahí en Anillaco, pensamos ¿cómo hizo este tipo para salir de acá para quedarse con el país? Este tenía como decía Gardel “arte para engrupir a los varones”, porque es así. Ahora, este tipo, y quiero hablar bien de Menem, lo hice ocho años agarrado de la silla y nunca dijo nada, lo cual es peor.

 

Ni le preocupaba.

Siempre digo que tenía otras cosas en qué pensar.

 

¿Cómo se adaptó a vivir un demócrata de profesión en una sociedad como la argentina?

Al principio no entendía nada, para ser sincero, no entendía nada, y tenía las intenciones de renunciar y volver, pero hay cosas que creo, el término no es “feliz” pero es preciso, allá se vive una especie de “autismo moral”. Hablo de Buenos Aires.

 

Que marca el país.

 

Le voy a contar una historia, una vez me invitaron a hacer una exposición en Junín, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. De noche, fuimos al restaurante de pueblo, con unos techos altísimos, de repente ahí observamos a una mujer, a unas mesas de distancia, con ropa muy detonante, anaranjado, magenta, y movía los brazos. Me contaron que esa señora había ganado una suerte de notoriedad discutible, porque siendo maestra de escuela de quinto grado, un pibe la fajó y salió en todos los canales del país. Esta mujer, no sé por qué razón e influencias, logró una indemnización por la paliza, y a su vez, estaba casada con un dentista que tenía tecnología de punta, en un momento donde ese pueblo tenía sesenta  mil habitantes, ahora creo que tiene cien mil. Esta mujer, ayudada por esa indemnización, llamó a un arquitecto y se hizo hacer una casa. Termina de construir la casa, la instala, llama de nuevo al arquitecto y le pregunta “¿qué tipo de perro me conviene para esta casa?” Yo pensé en el pibe que la fajó y le daba la razón.

Pero hay muy buena gente en Buenos Aires, gente que siempre dice que el Uruguay es como es porque no tuvo a Perón, y de algún modo es cierto. Recuerdo, porque mi mamá era porteña, una vez por semana hablaba por teléfono, de las cosas que puede hablar una hija con sus padres, cosas coloquiales, y les intervenían las llamadas.

Hay un cuento que algunos pueden calificar de gorila, que es muy cómico, de la época de Perón, para mi es un clásico. Perón va a un cuartel y está la fila de soldados rasos, saca al primero y le pregunta cómo se llama, “me llamo Roberto Pérez”. “¿Qué es?”. “Sargento”. “¿Cuál es su aspiración?” “Servir a la patria y al peronismo, mi general”. Muy bien, el segundo. “¿Usted como se llama?” “Conrado Galarza”. “¿usted qué es?” “Cabo”. “¿A qué aspira?” “Servir a la patria y al peronismo”. Sigue así hasta el último. “¿Usted como se llama?” “Emilio Fariña”. “¿Usted qué es? “Socialista”. “¿Socialista? ¿Por qué?” “Porque mi padre era socialista, mi abuelo también”. Perón le dice, “¿Digame una cosa, si su padre era un hijo de puta y su abuelo un hijo de puta?” “En ese caso, sería peronista”.

Creo que todas estas cosas son las que ayudan a vivir, pero en ese caso es muy bueno.

 

Pero de no entender nada, se adaptó a la sociedad argentina y hoy es la patria.

 

Pero el punto es este, creo que también uno tiene que tener cierto grado de consecuencia consigo mismo. Mi vida son los libros, los discos, los cuadritos, y  no tengo más remedio porque no puedo ser un troglodita, no, y tengo las clases. Esos son mis refugios.

 

¿Muchos alumnos?

Treinta o cuarenta  personas.

 

¿El arte se puede enseñar?

No, lo que creo, que lo que puede hacerse es transmitir, no enseñar, es una forma de vivir, eso sí se puede transmitir, hay gente que lo rechaza desde ya. Pero cuidado, yo no creo que se pueda hacer de la pintura o de las artes plásticas, un partido político, no sé si está claro. Una cosa es una forma de vivir y otra es una forma de…porque el partido político, más allá de tener sus encantos, tiene también sus riesgos, en el sentido de que uno es bueno si está con ellos y malo si no está con ellos. Ese tipo de cosas, sectarismo, nunca lo toleré.

 

O sea que cualquier escuela de pintura bienvenida.

Claro, a la gente no le digo como tiene que pintar, les doy ejemplos. Digamos las cosas como son, nosotros vivimos muy lejos, uno tiene que dar ejemplos de todos lados, vivimos lejos de los grandes museos que son los grandes ejemplos.

 

Pero con Internet…

Ahora posiblemente existan otras opciones, pero el hecho de trasladarse y estar delante de un cuadro, lo que cambia, hablo de los shock que yo padecí felizmente, son las escalas y los tamaños de los cuadros. Esas cosas, hay que tener paciencia para absorber esas cosas, porque el que quiera escribir, las bibliotecas están más cerca, el que quiera escuchar música, puede acceder, pero para pintar es diferente, y hay que tener mucha paciencia, porque además, y ahí viene la parte riesgosa, hay que sobrevivir. ¿Cómo se sobrevive y de qué manera?

 

Hoy hay más sobrevivientes que artistas.

Claro, pero al mismo tiempo pasa esto, y es demostrable. Digamos que hasta mediados del siglo pasado, 1950, 1960, las exposiciones eran de dibujo, acuarela, pastel, tinta china, pintura, óleo, escultura, grabado, hasta que un día, sin previo aviso, entraron los escenógrafos, que inventaron las instalaciones. Así como uno puede tener simpatía o antipatía por las instalaciones, sigue teniendo simpatía por todas esas cosas que se hacían. En cambio, los que hacen instalaciones, derriban e ignoran el resto de las cosas, lo cual, es bastante riesgoso, insisto.

Hace unos años me invitaron a hacer una exposición en Noruega, con Blanca aprovechamos y fuimos a Estocolmo, Helsinki y San Petersburgo. Estando en Helsinki, Finlandia, hacía dos meses que se había inaugurado un museo de arte contemporáneo, había un cuarto en la entrada y en el medio había cuatro piedritas, y eso tenía título, además. Yo decía, esto es joda. Un poco está bien, pero la obra era esa.

El punto es aquello que decía Becker: “podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía”. Yo creo eso de que el hecho de que no haya poetas no significa que la poesía no exista. No trato de convencer a nadie, no pretendo convencer a nadie con lo que hago, pero hago lo que creo que puedo hacer.

 

La cultura hegemónica deja cada vez menos lugar para las bellas artes, la música está en niveles deplorables, por lo menos la de consumo masivo.

Hay otra cosa, esto que hablábamos de la pobreza, interviene en esto, porque los músicos que hicieron la música, llamémosla ciudadana, ya sea Pintín Castellanos, que era funcionario de la Contaduría General de la Nación, Troilo, Gardel, Julio Decaro, eran gente pobre que tenían las almas más puras y transparentes. Y los pintores, tal vez el único caso, porque Figari en ese sentido, era tan patricio como podía ser Borges, pero Figari era palabras mayores, un tipo muy profundo.

Entonces, pasa que ahora, esto que llaman música, son tipos que en poco tiempo se transforman en supermillonarios.

 

Y son productos de las disqueras.

Pero al mismo tiempo generan un ejemplo a seguir por los pibes y los chicos que tratan de emular a esa gente para hacerse millonarios también. Yo tengo otros defectos, pero a esa gente no la escucho.

 

¿Por qué se termina la Revista Sección Áurea?

Entre otras cosas, la revista fue una ilusión cumplida, pero no podía sostenerla más. Incluso fui a ver al tipo que era capo de la distribución de revistas y la ponían allá abajo. Era una revista, no hablábamos de sexo, no había mujeres en pelotas, no hablábamos de intriga, no hablábamos mal de nadie, sacamos veintitrés ejemplares, era trimestral y tuvimos satisfacciónes fuera del país.

Yo tuve que trabajar en agencias de publicidad y siempre me fue mal, ¿por qué? Esto es el auto análisis, soy incapaz de vender nada. La agencia de publicidad es el brazo armado del capitalismo, ahora ¿cómo sobrevivir si no se tiene sustento, ayuda, salvo que sea publicidad oficial? Es muy difícil sobrevivir. Ahora, la revista la sigo viendo y como cada número se lo dedicábamos a un tema…es una referencia.

 

¿Qué asignatura pendiente tiene?

Hubiera querido tocar mejor el clarinete. Tengo los instrumentos, cuando puedo toco, pero es un instrumento maldito. Yo conocí al primer clarinetista de la sinfónica, Francisco Di Prisco, yo lo elogiaba y me decía “dediqué mi vida a un instrumento de mierda” y yo lo admiraba. No se puede hacer todo, hay que elegir, no tengo asignaturas pendientes, yo elegí hacer lo que me parecía que estaba más cerca de mis posibilidades. Creo que uno no puede decir que no pudo hacer tal cosa porque no lo dejaron. Uno está en condiciones de poder hacer las cosas, pero hay que tener también un equilibrio interior, que permita ir limpiando, esto no, esto no, porque uno puede probarse a los veinte años, ahora, hay gente que le gusta probarse a los cincuenta, y no va. Estas cosas que inició Menem, inventar actores y deportistas, lo tenemos a Scioli, porque si él no se hubiera hecho pelota con una lancha, no estaría como gobernador en la provincia de Buenos Aires, bueno, ese tipo de cosas no las puedo hacer.

 

Reutemann, Palito Ortega.

Y de Palito hay que ir a Tucumán y enterarse. Pero insisto, si uno tiene ganas de hacer ciertas cosas, indudablemente hay épocas que hay que vivirlas, y no sentirse frustrado en el caso de que uno no lo pudo hacer. Hay gente, con los artistas por ejemplo, yo reconozco sin duda alguna, que tengo afinidades con grandes artistas franceses, lo admito porque es así, y entre los artistas franceses, ayer hice la cita de un tipo extraordinario George Braque, que decía “el cuadro está terminado cuando la idea desapareció”. Perfecto. Pero hay otro tipo, que pintó bien durante cierto tiempo, pero pintó maravilloso cuando fue viejo, que fue Claude Monet. Ese tipo era palabras mayores, también Henri Matisse, esto va a continuar, cuando se compara permanentemente a Picasso con Matisse. No sé si ustedes han visto, “Medianoche en Paris” es maravillosa, hay muchas películas de diván de Woody Allen, pero esta no lo es, es un documental sobre Paris, y muy bien. Cuando hizo Manhattan, también fue su homenaje a la ciudad, y esta es un homenaje a Paris. Me da la sensación de que cuando el tipo no es tan neura, funciona bien.

 

¿Sigue el dibujo, la caricatura uruguaya? ¿Quién le gusta?

Sí, este pibe Ombú es muy bueno y Arotxa también. Creo que todavía tienen que recorrer caminos interiores, se trata de eso, y mirar hacia dentro y ver de qué manera pueden no tener temor incluso a equivocarse, nos pasa a todos eso.

Acá hubo un tipo maravilloso que tuve la suerte de conocer y tratar, Julio Suárez, Peloduro, yo no uso palabras, pero él las usaba. Decía que a Tomás Berreta lo llamaban “sol de enero”, por lo abrazador. Era muy gracioso.

En ese sentido, también habla del Uruguay, él siendo comunista trabajaba en diario El Plata, y el viejo Juan Andrés Ramírez lo dejaba hacer lo que quería.

 

¿De dónde sale el apodo Menchi?

De Hemenegildo, Hermencito, Menchito, Menchi.

 

¿Cómo ve al Uruguay ahora?

No tengo toda la información, tengo vivencias. Acá veo libertad de expresión, veo los canales y opina todo el mundo. No quiero decir nada más de lo que escuché, lo que escucho por ejemplo, es que Don Pepe Mujica habla de más, eso es lo que escucho.

 

Acá en Uruguay, porque en Argentina es admirado.

Sí, pero me han dicho eso, que habla de más. Evidentemente no hace bien hablar mucho, pero es su forma de comunicarse, o sea, lo respeto.

 

Así creció su figura.

Hablando. Ahora, acá hay un equilibrio, por lo menos se ha logrado, entre un hombre que vivió doce años en un aljibe y un intelectual que fue Decano de la Facultad de Ciencias Económicas, esa creo es una combinación única.

 

Pero en Argentina van a tener un economista de vicepresidente…

Si el tipo (Amado Budou) es economista, yo soy Picasso. Lo de allá lo miro con la frivolidad que ellos proyectan, nada más. Acá yo lo miro en serio, este es un país serio y es un país que no se engaña a si mismo, creo que acá no hay pasiones que permitan oscurecer las cosas, porque la gente acá es democrática, y hay una conducta cívica que creo no se ha perdido. La conducta cívica no se ha perdido. De todos modos, estos países tienen que cuidarse mucho porque el mundo anda muy mal, y tienen que tener una conducta muy delicada y especial para no caer en el despelote internacional.

 

 

PERFIL

Nació en Pocitos, Uruguay, en 1933. Se casó con Blanca Rodríguez, con quien tiene dos hijos, Rafael  y Alfredo. A los 15 años publicó sus primeros dibujos en el diario Acción. Abandonó Montevideo en 1965, cuando lo nombraron secretario de Redacción de El País, ya que quería ser dibujante y no conductor de un diario. En Buenos Aires estuvo en las revistas Primera Plana y Crisis. Pasó a trabajar al diario La Opinión y luego Clarín, donde desde 1973 ilustra las páginas de la sección Política. En 1988 ganó el Premio María Moors Cabot que otorga la Universidad de Columbia por los dibujos hechos durante la última dictadura militar. En San Telmo tiene la Fundación Artes Visuales, donde dicta clases de arte y  dirigió la revista Sección Aurea.  Es gardeliano y manya.

 

Comments