JAIME CLARA, PERIODISTA: Hablar con gente con la cual sabés que no vas a coincidir jamás es lo que te hace librepensador

publicado a la‎(s)‎ 1 jul. 2014 12:28 por Semanario Voces

 Vino a la redacción a las ocho en  punto de la mañana cargando termo, mate y material de dibujo porque lo habíamos desafiado a que se hiciera una autocaricatura durante la entrevista.

Tres horas de charla con un tipo que todos los sábados conduce un programa de radio durante siete horas, para él es pan comido,  para nosotros fue un esfuerzo intelectual impresionante. Hablamos de su trayectoria, de su trabajo actual, de los medios y de la cultura en nuestro pais.  Así piensa Jaime y no tiene ningún problema en decirlo en voz alta.

 

Por Alfredo Garcia/ fotos Rodrigo López

 

 

 

 

 

PERFIL

Nació el 5 de marzo de 1965 y es maragato. Tiene dos hermanas menores. Sus padres son maestros. Fue a las escuelas públicas Evaristo G. Ciganda y la Nº 45. A su padre lo destituyen en el 76, era director de escuela. Se puso a trabajar en lo que pudo, distribuía termos de Cotter. Después de terminar la primaria, hizo dos años en el Liceo de San José. En el año 79 viene para Montevideo y hace el tercer año en el Liceo Nº 8 y más tarde fue al liceo Luisa Luisi.

Vive en La Comercial. Dejó la docencia por falta de tiempo. No es masón ni tiene hijos. Se levanta a las cuatro y media de la mañana y trabaja en Sarandi con Sergio Puglia. En julio comienza un programa en la web tv de El Observador. Tiene su programa “Por amor al arte” en NSTV. Hace caricaturas. En fútbol, es fanático de Nacional.

 

 

¿Estudiaste comunicación en la Católica?

Era el Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras. Yo viví el cambio. La Católica nace el 5 de marzo del 85 y fue muy traumático porque la mitad de los estudiantes se fueron porque consideraban que no había que darle el rango de universidad.

Yo tenía de profesora a Teresa Herrera, a Juan José Rabaioli, a Diana Mines, Dina Pintos, gente impresionante que, seguramente, no podían dar clases y en el Instituto las daban. En Psicología vi que había también gente muy jodida. Gente acusada de estar trabajando en el Penal de Libertad dando clase en el Instituto.

Estoy agradecido al Instituto, aunque no me dio lo que me dio la radio de San José.

 

¿Dónde empezaste de niño?

Eso sí, el primer programita lo estuve haciendo con diez años y estaba fascinado. Luego, a los quince años, tuve mi programa solo, que se llamaba “Panorama” e iba los domingos de noche. Duró dos años y medio, hasta el 80.

 

¿En qué período estudiás Comunicación?

En el 83 empiezo, éramos treinta y tres alumnos de los cuales terminamos la carrera nueve. Desde el 83 al 87, pero ya estaba trabajando en cooperativas agrarias y me recibo recién en el 91, cuando presento la tesis.

 

¿Qué hiciste entre los 80 y los 90?

Hice radio y estudiaba. En la facultad del Instituto conozco a María del Carmen Núñez, que me lleva a hacer, en el año 84, el primer “Veraneando” en radio Sarandí, después que se había ido Ruben Castillo. Era la época de Mullins, lo pude conocer y tengo una carta de recomendación de él. Para mí fue la gloria, una experiencia increíble.

Después empiezo a trabajar en periodismo agropecuario y a escribir en el semanario Hecho, de San José, que dirigía Wilson Ramírez. Hago alguna cosa en el País Cultural sobre caricaturas.

 

¿Habías escrito en Opción?

No, escribimos junto con Leonardo Haberkorn un par de artículos para Jaque y un par de artículos para Aquí. En Aquí habíamos conocido a Tomás Linn pero tuvimos dos malas experiencias de los semanarios de aquella época. Somos muy amigos con Leonardo y nuestra primera investigación para Jaque fue sobre la TFP (Tradición, Familia y Propiedad) que en aquella época estaba entrenando tipo militar, nosotros, escondidos en una placita, veíamos que decían: “Más vale ser águila por un minuto que sapo toda la vida”. ¡Terrible! Después quisimos hacer una investigación sobre la Intendencia y el negociado de los talleres mecánicos y no la quisieron publicar en Jaque. Luego, para Aquí, habíamos hecho una nota a un tipo que tenía La Casa del Títere, que había presentado un programa infantil en Canal 5. Era la época en que estaba todo el tema Maggi-Canal 5-De Posadas y me acuerdo que nos habíamos anticipado a que se venía un caos en Canal 5 y no nos quisieron publicar la nota. Recuerdo que nos frustramos mucho porque no entendíamos por qué no lo publicaron, si teníamos todo. Éramos gurises de dieciocho años con toda la ilusión con el semanario, nos frustramos muchísimo.

 

¿Cuándo entraste al Ministerio de Ganadería?

En las Cooperativas Agrarias Federadas conocí a Álvaro Ramos. Cuando Álvaro es ministro me lleva al Ministerio en comisión porque yo era empleado público, ya que trabajaba en educación primaria en el departamento de audiovisuales. Ahí trabajo como asesor de él y de varios ministros hasta que me llama Ramiro Rodríguez Villamil para ser productor de “En vivo y en directo”, en el año 96.

Al programa lo conducían, en aquella época, Jorge Burel, Ligia Almitrán, Jorge Mederos y Enrique Mrak hacía el espacio cultural de los sábados, que es la génesis de Sábados Sarandí. Después nos vamos Daniel Castro, Elsa Levrero, Jorge Mederos y yo, y hacemos el primer “Buen Día Uruguay” y el informativo de las siete de la mañana.

 

¿En qué año?

Setiembre del 97. Estoy en Canal 4 hasta febrero del 2001, cuando vuelvo a radio Sarandí en donde estoy hasta hoy.

 

Tenés pasaje por los tres medios.

Sí, pero me gustaría hacer prensa, me gustaría trabajar en un diario. Por los tiempos y esa cierta adrenalina de los medios en los cierres. La adrenalina del cierre la viví en una época gloriosa y maravillosa de mi vida, que fue en el semanario Zeta. Eso fue una experiencia increíble con Hugo Batalla y con su hija Laura.

 

Tenés una trayectoria enorme a esta altura.

Yo contaría desde lo de Radio Centenario o lo de Panorama de San José porque fueron tres años haciendo periodismo de Montevideo y San José. Hacía entrevistas en Montevideo todas las semanas, iba a San José y las hacía con gente con la que era impensable hablar de ciertos temas. Recuerdo que cuando volví a Montevideo empecé a visitar las radios, para conocerlas nada más. El que me apadrinó de una manera increíble e iba todos los días a ver su programa y a charlar con él fue Alfredo Percovich en la 30. Me acuerdo que iba al despacho de Germán y me decía cómo organizar un archivo. Le dieron bola a un gurí de quince años. ¡Fue increíble! Participé del plebiscito del 80, porque la 30 había puesto puestos a escondidas en varios puntos del país y a mí me tocó estar con Jorge Pasculli y con su primera mujer, con la que eran novios en aquella época, en un apartamento arriba de Sapelli  para recibir datos del interior sobre cómo iba el plebiscito. Nos pasábamos, los tres, todo el día ahí. Éramos una especie de central de información, no había nada político, era el amor por la radio, nada más que eso; sin embargo, no sé qué vio Germán que me depositó esa confianza. Fue increíble el apoyo que me dio Alfredo Percovich. En su momento, fue el mejor periodista que hubo acá. Lamentablemente está muy olvidado y merece ser recordado.

 

Había una generosidad muy grande en aquel momento en la transmisión porque no había formación.

Jorge Caset recuerdo que me recibió un 12 de octubre en la casona de radio Sarandí, con Julio Villegas, yo quería tener el gusto de conversar con ellos y me atendieron.

La formación que me dio la universidad, no me la dio nadie. Es imprescindible, fundamental. Lo que aprendí en la radio de San José desde los ocho años tampoco, lo que aprendí con Margot Martínez, con Abel Soria, Omar Gutiérrez...

Con Omar Gutiérrez llegamos a hacer un programa para niños que se llamaba “Polentito”, yo tendría ocho o nueve años. La gente era muy generosa. Todo lo que aprendí en la radio jugando, no lo aprendí en la universidad. Cuando fui a la universidad en radio era Gardel, porque no le tenía miedo al micrófono. La formación académica y la práctica son fundamentales y absolutamente complementarias.

 

¿Mejoró la Academia a la comunicación en Uruguay?

Sí, el problema es que lo que cambió sustancialmente son los intereses y la curiosidad de los estudiantes. De la generación mía, los nueve que egresamos estamos en los medios. Hablo de gente muy destacada en lo suyo. Íbamos con una formación, con un interés, con una curiosidad impresionante. Sin embargo, siendo profesor me doy cuenta que los alumnos que vienen hoy tienen bajos intereses, vienen porque está de moda, quieren el éxito fácil o creen que es mucho más sencillo de lo que ellos pensaban, o no entienden qué tan importante es leer. Que no me digan (como me dijeron en un escrito), el año que ganó el premio Bartolomé Hidalgo -o sea que estaba en los medios-, que Mauricio Rosencof es un corredor de Fórmula 1. Para mí, más que el tipo salga bien al aire o en cámara, me importa que sepa quién es Mauricio Rosencof. Siento que eso es la gran diferencia entre nuestra generación, en la que tuvimos una educación enciclopedista, en la que teníamos todos los idiomas (inglés, francés e italiano), teníamos un poquito de idea de todo. Ahora no, ahora eligen ellos lo que quieren hacer. Capaz que está bien, honestamente tengo mis dudas. Prefiero ser un enciclopedista y saber un poquito de todo y después buscar especializarme. Se ha perdido rigor. La primera vez que le envié un artículo a Homero Alsina Thevenet, lo miré, lo releí y las tres observaciones que me hizo fueron brillantes. El profesionalismo nunca es viejo. Hoy sentís como que todo es mucho más liviano,

 

¿Sos gran escucha de radio?

Todo el tiempo, por culpa de mi padre.

 

¿Qué programas te gustan?

No sé si me gusta mi programa pero “Sábado Sarandí” es un programa que yo escucharía porque las cosas que trato son las cosas que me interesan. Eso no quiere decir que me guste el programa como tal porque también me gustaría hacer más cosas pero sucede que no tengo más chances materiales. Estoy solo. Escucho todo, todo lo que te podés imaginar. Escucho muchas cosas con las que discrepo, me encanta escuchar cosas con las que no estoy de acuerdo.

Siempre que podía escuchar, escuchaba a “Sea juez por un minuto”, de Heber Pinto. Soy fanático de Nacional y escuché la audición de Peñarol muchísimo. Escucho mucho la radio Centenario. Hay tipos valiosos pero hay un tema de prejuicio. Necesito mucho estar escuchando palabras siempre.

 

¿La radio es entretenimiento?

Sí.

 

¿Es correcto el “infotaiment”?

No me molesta que alguien diga que es correcto o no, el tema es que las audiencias se van generando. Estoy seguro que a “Sábado Sarandí” al comienzo nadie daba dos mangos por ese programa cultural, de siete horas y un sábado; sin embargo, hoy es escuchado. Generé el espacio y no a todo el mundo le gusta el estilo de Ignacio Álvarez. Si hay dos programas que no tienen nada que ver son el de Nacho y el mío y, sin embargo, no solo porque coexistimos en la misma radio y en el mismo horario sino que, además, soy yo el que le hace la suplencia a Nacho.

Es posible. Creo que no pierdo mi estilo y ni Nacho ni Fablet abdican del estilo de programa. Se critica al programa de Nacho y, sin embargo, es el más escuchado porque la gente pide determinadas cosas como más entretenimiento. No obstante, cuando no les das humor (como yo, que no se lo doy en toda la mañana), también me escuchan. Son complementarios. Me parece muy bien que la gente esté demandando más humor. Una palabra que detesto es “descontracturado” pero no por repetida deja de ser un concepto interesante. Si el mundo va para ahí, que sea ahí. Creo que lo que sí ha perdido la radio  para bien es cierta trascendencia, cierta cosa de seriedad, de acartonamiento. Recuerdo la primera vez que en el programa “La Hora Clave” con Ligia, estaban hablando del idioma de los uruguayos en el año 96 y Hugo Achúgar en un momento dijo: “Porque yo en este momento digo: déjense de joder’”, fue un silencio… El tipo dijo: “déjense de joder” y todos nos erizamos porque era la gran transgresión. Eso te demuestra lo que era la radio en 1996; y hoy en la radio escuchás decir que una mujer es un chango sin problemas. Darwin Desbocatti generó un espacio que hoy no te imaginás una radio o un programa sin Darwin, sin Gustaf, sin Marcel, que han generado el humor político. Lo que hacen Marcel y Gustaf es espectacular. Hay que sacarse el sombrero. Eso es también parte de la comunicación radial.

 

Muchas veces el tema es que a nivel radial hay que ser superficial.

Me preocupa cuando los profesionales se jactan de no haber leído y lo dicen. Son modelos para mucha gente. Ese es un problema pero no es un problema de la radio, es un problema de la gente. Por eso, me preocupan los estudiantes que vienen sin interés. Parece que el hecho de estar en una radio es una casualidad en sus vidas. Nosotros peleamos, estudiamos y nos preparamos para estar ahí, esa es la diferencia. A ellos les tocó porque tienen el don de la comunicación (que no deja de ser un mérito), pero no lo desarrollan. Entonces, podrían ser mejores en lo suyo y, sin embargo, van a pasar con pena y sin gloria. Tenés que tener una actitud ante los medios y ante la gente de otra manera porque sos modelo. Pienso en el respeto a la gente. Zitarrosa decía que él se vestía de traje porque era su uniforme de trabajo y era por respeto a la gente. Ese respeto tenés que tenerlo en un medio siempre. No me cabe la menor duda. No puedo dirigir un programa en camiseta y en bermudas, salvo que sea un programa de verano.

 

¿Tenemos buenos medios?

Creo que sí. Tampoco me sumo a castigar a los medios. Me gustaría ver más cosas nacionales, más colegas trabajando, más programas culturales. Falta mucho por hacer, pero me gusta y soy gran consumidor de los medios.

Me gustaría que la gente consumiera más medios porque hoy las propuestas tecnológicas llevan a que la gente escuche menos radio y tenga más música. Me gustaría que hubiera más medios escritos. Mensualmente compro la revista “Relaciones” que es un milagro en este país. Me gustaría que la leyera mucho más gente y que hubiera muchas más revistas como esa. Extraño la época de los semanarios. Es fácil criticar. Me molesta mucho la actitud de los que todo lo critican pero, cuando te mirás al espejo, ¿qué hacés vos para cambiar eso? Sería fácil hablar pestes de los programas y la falta de propuestas culturales que hay, no le tiro piedras a nadie, yo hago lo mío. Hay gente que critica, por ejemplo, a Tinelli, a Intrusos, pero el rating no lo inventan y la gente los ve. Ayer me dijo Sofía Rodríguez que el minuto a minuto en “Algo Contigo”, cuando llevan a un actor uruguayo, baja en comparación a cuando tratan el puterío entre Rial y Ventura.

 

Somos colonia.

La buena tele argentina es muy buena y casi no la vemos.

El tema es que también hay que darle a la gente la posibilidad, porque “Sábado Sarandí” logró consolidarse en un medio con paciencia. Lo digo por aquello de que a la gente le dan lo que la gente pide o al revés. Invertí más en presencia de los uruguayos hasta que los convenzas de que está bueno tener productos uruguayos. El problema está en que los uruguayos tienen que venderse mejor. Siento que yo vendo las obras de teatro mejor que los propios actores. Los otros días entrevistamos con Puglia, no recuerdo si fue al Festival de Derechos Humanos o al Festival de Cinemateca, y le pregunté qué película recomendaría a la gente. Que convenciera a un oyente para que fuera a ver una película. Propuso la película más bajón, con un tema de contenido muy bravo. ¿Cómo va a ir la gente a ver eso, sabiendo que la gente quiere pasarlo bien? Es injusto que los propios tipos terminen mostrando el lado más gris y más bajoneante de su propia obra de teatro. No sé por qué. Es un tema de actitud. Puglia lo dice de una forma muy divertida, dice que es el lado marrón que tenemos los uruguayos. Después la gente no va y están puteando porque no va.

 

¿Hay buena producción cultural?

Hay muchas iniciativas pero muchas veces da la sensación que ciertos productos culturales son de autosatisfacción. El gran tema es: ¿para quién trabajamos?, ¿para nosotros o para los otros? Si trabajás para la gente, no trates a la gente de estúpida. A veces, da la sensación de que es así. Tiene que haber un justo equilibrio. No me gusta ser autoreferencial pero estoy seguro que mucha gente  aprende con “Sábado Sarandí”, aunque no vaya al teatro; y le gusta escuchar a Rodolfo Fattoruso aunque no coincida ideológicamente con él porque aprendés, te guste o no te guste, aprendés. Una vez entrevistamos en la radio a Pinky, le pregunté sobre el objetivo de hacer periodismo y ella dijo algo que me pareció buenísimo y que asumí como una política periodística desde ese momento: “Me quedo conforme si en ese programa por lo menos una persona se enteró de una cosa nueva”.  Sé que eso lo logro. Eso me deja muy contento. Son caricias para mi ego periodístico. O cuando te dicen: “Llenamos la sala después de pasar por tu programa”. Eso es lo mejor que me puede pasar. Tenemos vida cultural, el tema es que es muy diversa y a veces no tenés muy claro los objetivos que persiguen ciertos grupos o ciertos cineastas, o ciertos escritores.

 

¿Hay exceso de obras de teatro?

Marcelino Duffau -que le gusta ser muy provocador-, hablando de la sobre oferta de espectáculos teatrales, dijo que teníamos que poner un control de calidad. Es loco lo que plantea pero, en el fondo, está diciendo una cosa interesante. No puede haber todo lo que a la gente se le antoje. No puede haber setenta espectáculos teatrales.

Montevideo no lo soporta.

 

El tema es muy uruguayo. Todo el mundo con su cuadrito de fútbol, su murga, con su grupo de teatro.
Pero con qué criterio seleccionás. También estamos en un momento en que los que los jurados de mucha cosa premian a sus amigos.

 

Son autoreferenciales.

Totalmente. Te encontrás con las chacritas: que en un concurso “x” se fomenta determinado tipo de espectáculo, de propuesta, que esté artística o ideológicamente vinculado contigo. O, desde organismos oficiales, se promuevan determinadas áreas culturales en perjuicio de otras.

 

¿Las chacras culturales?

Eso es algo terrible. Intento hacer un programa lo suficientemente abierto a todas las propuestas culturales porque no pertenezco a ninguna. Pienso que puedo cumplir una función mucho más valiosa abriendo el juego. Sin embargo, no te perdonan que haya gente que pertenezca a la otra chacra, al otro sector. Hay una intolerancia cultural terrible. Si sos del grupo de teatro serio, por ejemplo, El Galpón, cómo vas a entrevistar al que está en el teatro El Tinglado. A mí no me gusta el stand up, sin embargo son un fenómeno que no se puede desconocer. Fui a ver al Tío Aldo. Lo llamé por teléfono y le dije que quería ver su espectáculo y que quería que viniera a mi programa.

¿Cómo me vas a invitar a mí a un programa de los sábados en Sarandí? ¿Y por qué no, si estás llenando hace diez años el Under Movie todas las semanas? Fui, me divertí como loco. Después fue Pablo Fabregat a la radio y la pasamos genial. Estoy seguro que mucha gente habrá dicho de todo. Cumbia villera, aborrezco la cumbia villera, me pareció un terrible error que la Dirección de Cultura de Hugo Achugar tuviera un taller de cumbia villera pero entendí sus razones. Discrepo, no me gusta. Me parece terrible que a nivel de la Dirección de Cultura del Ministerio o de la Intendencia o de cualquier nivel oficial se esté ignorando el tema de los payadores. Son una especie en extinción y no se da un mango para eso y se gastan tortas de dinero en otras propuestas válidas, pero estamos dejando morir por inanición a un fenómeno cultural que tiene que ver con los orígenes de nuestra patria, con Bartolomé Hidalgo.

En el tema de las chacras culturales siento que hay una profunda ignorancia, un profundo egoísmo y una gran intolerancia. Cosa que demuestra lo que somos los uruguayos, que nos mentimos a nosotros mismos diciendo que somos solidarios, cultos y tolerantes.

 

¿Cuánto pesa lo ideológico en esto?

Demasiado. ¿Por qué no se acepta el programa de cultura de derecha?

 

Porque nadie acepta ser de derecha.

Primero, nadie acepta ser de derecha.

 

Con Mercedes Vigil capaz que no comparto nada pero es un boom editorial.

¿Y la gente que la lee es idiota? ¿No merece respeto?

 

A mí Rodolfo Fattoruso me parece un completo reaccionario, pero reconozco que tiene un nivel cultural de la gran flauta.

Aprendés escuchándolo, aún discrepando. Si no sos capaz de escuchar a Fattoruso o a aquel con quien discrepás, el inseguro sos vos. El problema sos vos, no él. En general, depositamos en el otro esas críticas por inseguridad nuestra. Para mí en determinados momentos ha sido muy valiente mantener a Fattoruso. De hecho, dejó de estar en otros medios cuando tomó actitudes con las cuales uno podía discrepar, para mí fue muy difícil pero lo banqué; primero, porque no soy nadie para negarle el trabajo a una persona que lo hace honestamente y en mi área específica sabe. Por ejemplo, cuando defendés la parte creativa de Gustavo Escanlar. Lo sigo defendiendo porque fue un escritor y un intelectual que le hizo mucho bien a este país.

No lo puedo juzgar porque tomo pichí en cámara o porque fue irreverente con Benedetti. Dijo lo que pensaba de Benedetti. Fue mucho más honesto que todos los que hablan de Benedetti alabándolo y no lo leen, y dicen que es mala literatura en secreto. Tenemos mucho doble discurso. Aborrecemos a Galeano pero de envidia porque vende más que nosotros. Galeano ahora en una actitud que me llamó poderosamente la atención, fue muy autocrítico con “Las venas abiertas de América Latina”, entonces, el perfecto idiota latinoamericano tenía razón. No escuché a ningún intelectual de izquierda que saliera a felicitar a Galeano por lo que dijo.

 

Sería como matar al padre.

Me gustaría entrevistarlo por eso. Prefiero la autocrítica de Galeano hoy, como la tuvo Saramago con Cuba en su momento, a seguir reavivando un monstruo al cual puertas adentro todos critican. Galeano me ha honrado yendo siempre a la radio. Me han dicho de todo. Reconozco los valores que tiene Galeano y hay una cantidad de cosas que no me gustan, pero no por eso voy a desconocer el fenómeno que es para la literatura del Uruguay. Pero esas cosas no te las perdonan.

 

Hay un fundamentalismo muy grande. Una vez criticaste que en el 2004 Margarita Musto dijera: “La cultura fue, es y será de izquierda”.
Sí. Fue otra mentira, porque la izquierda no es dueña de la cultura. Aunque muchos intelectuales sean de izquierda.

La cultura es la cultura.

Decir esto no significa que yo no sea de izquierda. No importa lo que yo sea. Pasa que algunos lo evalúan en función de las cosas que dice. Me pasa cuando publico las caricaturas de Celine que tuvo una cantidad de cosas espantosas como antisemita, reaccionario, de todo. Pero fue el autor de una de las tres novelas más perfectas del siglo XX, “Viaje al fin de la noche”. ¿Y yo por eso lo voy a denostar como escritor?  Entiendo la cultura como la cultura misma, no de quién la hace. Ese es el tema. ¿Pero qué onda con este?, ¿de dónde viene?, ¿quién es? No importa.

 

Qué ofrece.

Parece que si entrevistás a Rosencof, sos pro de él con todo lo que él piensa; y, si entrevistás a Mercedes Vigil, sos pro de lo que ella piensa. Ni lo uno ni lo otro y eso lo defenderé a muerte. En Argentina este asunto es más patético porque o estás o no estás con fulano. O sos Víctor Hugo o sos Lanata. El problema es que tanto Víctor Hugo como Lanata no aceptan a nadie del otro bando. Entonces, todo lo de Víctor Hugo está mal o está bien y lo mismo con Lanata. Por ejemplo, me pareció patético que, defendiendo a Víctor Hugo Morales, Rafael Michelini dijera que no iba a leer a Leonardo Haberkorn. No me interesa el libro pero Víctor Hugo es genial. Eso salió al aire. Bueno, eso es una actitud lamentable, terrible. Habla muy mal de Michelini, de lo que piensa Michelini, y es el peor favor que le hace a Víctor Hugo. Esas actitudes le hacen mal al ámbito cultural. Pasa mucho eso. Cómo voy a ver una obra que se llama “Cómo enamorarse de un boludo” o a Graciela Rodríguez. ¡No, una payasa! Por favor, una señora actriz que ha llevado miles de espectadores y ahora está con esa obra representando a Uruguay en Grecia. Hay mucha envidia.

 

¿Hay mucha envidia a nivel cultural?

Claro. ¿Por qué vos vendés y yo no vendo? ¿Por qué a vos te va a ver la gente y a mí no me va a ver? En general, la mediocridad hace que yo diga que es porque la gente es ignorante. Siempre la culpa es del otro. Me gustaría desarrollar más el tema de lo de Margarita Musto porque lo dijo y uno es esclavo de sus palabras. Después hay que sostenerlo. Si vos la apurás a Margarita -que hoy dirige la Comedia Nacional-, seguramente, quiero creer que ella ya no piensa eso porque, dirigiendo la Comedia Nacional, sería lamentable. Seguramente lo dijo porque estaba en campaña electoral, pero también esa concepción hace que a una cantidad de gente se la desplace porque no está en ninguna chacra ideológica o artística. Por ejemplo, el otro día hubo un homenaje a René Marino Rivero, bandoneonista destacado, triunfador en el mundo, editaba sus discos en el mundo, el mejor bandoneonista que interpretó a Bach en el mundo y se quejó en “Sábado Sarandí” que el Teatro Solís no lo llamaba. Hice gestiones ante el Teatro Solís para que fuera y se me rieron en la cara.

 

¿Por qué?

Porque no era de izquierda.

 

Ahí el tema es más grave. Hay censura.

La palabra censura tiene otro tipo de implicancia. Se le ha impedido a mucha gente por motivos ideológicos tener acceso a determinadas propuestas. Luis Mateo está en su casa de Avenida Centenario, tocando por el mundo, salvo algún recital de tango que ha habido, no se lo convoca para nada. El Ciruja Montero, ¿no tenía lugar en ninguna de las óperas que en Uruguay se están produciendo ahora?, ¿ni para integrar un coro?, ¿un tipo que cantó en Europa, en Alemania, en España?, ¿o tiene el problema de que es Montero Zorrilla de San Martín? Está en su casa, calladito la boca, no pide nada. Ricardo Prieto, destacadísimo autor, salvo alguna experiencia de teatro independiente, ¿qué se hizo a nivel oficial? Mil veces se quejó que sus obras, que estaban siendo representadas en el mundo, acá nada.

De Milton Schinca recién ahora se está hablando y se murió Milton y el teatro de Milton nada. Era demasiado independiente y no se perdona ser independiente; es más, se castiga. Tenés que ser de Nacional o Peñarol o de algo y, en ese sentido, yo voy a seguir en la mía.

 

¿Eso te complicó?

No, porque siempre estos temas son un poco marginales. Ahora lamentablemente son muy pocas las propuestas culturales, y mucha gente no tiene más remedio que bajar un poco la discusión y pasar por el programa.

 

¿Se te negó alguien?

No, creo que no.

 

¿A quién te arrepentís de haber llevado?

Arrepentido no, lo que sí me ha molestado en algún caso por circunstancias caseras o personales que hacen que vos discrepes con alguien y después eso te lo valoran negativamente Por ejemplo, si tuviste una discusión menor con alguien por lo que sea, esa persona ya te anula periodísticamente y empieza a hablar pestes de vos. Me pasó en un solo caso. No me arrepiento de nada. Trato de darle la posibilidad a todo el mundo. A veces, siento que me estoy perdiendo cosas que están sucediendo a un nivel under o de la generación siguiente a la mía o de los muy jóvenes, a veces, siento que me pierdo un poco de eso.

 

Hay cotos muy cerrados.

Hablando sobre los temas generacionales, son otra chacra. Hoy tenés a toda la generación cultural de La Diaria que ha hecho parricidio con las generaciones anteriores. La gente del entorno cultural de La Diaria -no emito un juicio de valor, estoy constatando un hecho- se retroalimenta del mismo grupo o descalifica. Recuerdo un artículo muy duro sobre libros en La Diaria contra autores que no pertenecen a esa cofradía, ¡uf!, muy fuerte. ¡Son tan duros! Hay también chacras generacionales.

 

Los fundamentalismos no tienen edad.

Exactamente. Me parece que la gran carencia que hay hoy en la sociedad es ser librepensador  Ese es el asunto, ser librepensador.

 

Dar posibilidades de que se expresen todos.

¿Por qué no? Ese es un tema. Se necesitan librepensadores. Los librepensadores se preparan con cultura, con libros, aun en dictadura. A la dictadura eso le salió bastante mal gracias a las familias o a los amigos, a todo ese contrapeso cultural que tuvimos logramos ser librepensadores. Quien me hizo agnóstico fue un cura que me dio un libro de Tierno Galván:  “¿Qué es ser agnóstico?”. A partir de ese momento, yo soy agnóstico.  Esas actitudes son las que te hacen librepensador. Hablar con gente con la cual sabés que no vas a coincidir jamás es lo que te hace librepensador, porque los podés escuchar. Recuerdo la frase de Voltaire que dice: “Yo discrepo contigo pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Es eso.

 

Eso marcó a una generación.

Hablando del tema de las ingratitudes culturales, El Galpón ¿no fue ingrato con Atahualpa Del Cioppo, que terminó sus días trabajando en La Gaviota por problemas que había tenido? ¿Dónde está Rubén Yáñez ahora? ¿Por qué no está dirigiendo El Galpón?  Hector Guido, Director de Cultura de la Intendencia de Montevideo: ¿no merece Rubén Yáñez una oportunidad?

¿O será porque criticó el Socio Espectacular y todas esas cosas, que hoy no está? ¿Eso no es una chacra? Pregunto.

¿Eso no es un desplazamiento? No lo digo solo por un tema ideológico político. ¿Rubén Yáñez no tiene una oportunidad de dirigir en este país? Ahora se cumplieron los doscientos cincuenta años de Artigas, Yáñez hizo Artigas, General del Pueblo que fue el mejor Artigas que ha aparecido, ¿no merece tener un espacio? ¿Y celebramos el aniversario con Buitres? Seregni, ¿el Frente fue justo con Seregni?

 

Lo mataron de parado.

¿Está mal decir estas cosas? Quiero que pongas lo que fue en su momento la felicidad de trabajar en la revista Zeta, hablando de libre pensadores. ¡Hugo Batalla por favor! Honrado, honesto. Se necesitan mil Hugo Batalla en este país. Claro, como discrepó con una mayoría lo mataron. ¿Nadie se acuerda de las cosas que hizo Hugo por la izquierda? Mucha gente que hoy saca patente de mucha cosa, son lo que son porque estuvo Batalla y la generosidad de Hugo, por favor. Sin embargo, este país ingrato no lo recuerda.

 

Pusieron su nombre a los accesos y ya está.

Exacto. Otro ejemplo que me pasó, me llama un médico consuegro de Ricardo Espalter, que estaba muy mal económicamente, estaba viviendo en Maldonado, no tenía un mango para tratar de conseguir una pensión graciable.

Hablo con el Ministerio de Educación y Cultura en el año 2006 más o menos, hablo con la secretaría del ministro Brovetto, la respuesta fue que enviara una carta justificando quién fue Ricardo Espalter. Lo que hice fue -sentí vergüenza ajena- pedirle el libro que había escrito Franklin Rodríguez y se lo mandamos. No sé si hicieron la gestión, nunca me enteré. Hay muchos casos de estos. Es de terror.

 

¿Esperabas un cambio más profundo con el gobierno del Frente?

Creo que lo hubo, pero también creo que había muchas más expectativas. Hay muchas cosas buenas como los Fondos Concursables, tarde, muy tarde, los Fondos de Incentivo pero se ha hecho mucho. No escapa a la generalidad que muchas cosas no se han hecho de la forma más democrática, más justa. En algunos sectores han priorizado a algunas chacras. Me parece que ha sido un acierto el concepto que introdujo Achúgar de los derechos culturales como un derecho humano más, pero también llama la atención cómo el Frente Amplio ha ignorado todo el trabajo que ha hecho Cinemateca y no se preserva el archivo.

 

¿Tuvo un proyecto cultural el Frente Amplio o fue una cuestión de ‘lo atamos con alambre’?

No, eso es injusto. Lo que tiene son demasiados sectores vinculados a la cultura y no logra unificar todas las corrientes. Entonces, es más fácil poner tres o cuatro generalidades que abarquen a todos, que nadie pueda decirle que no pero después en el día a día se nota que no hay un programa. El mejor ejemplo es que la política cultural de la Intendencia va por un lado y la del Ministerio de Educación va por otro. Debería ser el mismo programa.

Compara la Dirección de Cultura de Mardones, hoy Achugar, con el Programa Esquinas de Rosencof son absolutamente contradictorios. Es muy heterogéneo y está bien que lo sea, pero las chacras hacen que puertas adentro te critiquen a nivel nacional lo que se hace a nivel departamental y viceversa. De hecho, salí en su momento a advertir  que se corría riesgo que el tango se desafectara como patrimonio cultural de la humanidad y me criticaron por decirlo pero después, lo salió a reconocer Almagro en un acto en Cancillería  y después, se hizo todo el movimiento para el Día del Patrimonio. Tan equivocado no estaba, y lo dije por que no pertenezco a ningún sector.

 

La libertad no tiene precio.

Hugo Batalla siempre decía que la libertad es como la madre, uno la extraña cuando no la tiene. A veces, no sabemos valorar lo que tenemos. Lo importante es que la gente sea un poco más tolerante, más armónica a la hora de la convivencia. Días atrás escribí en El Observador en el blog algo sobre el tema de la tolerancia porque a mí es un tema que me rechina en el sentido de que la tolerancia es ‘te tengo que tolerar, te tengo que soportar’ a mí me parece que es más que en la tolerancia convivimos. Vos sos de Peñarol y yo de Nacional y no hay ningún problema, vamos juntos al estadio. A mí no me gusta el concepto de tolerancia y prefiero el concepto de convivencia.

 

¿Qué joyita descubriste a nivel cultural durante estos años?

Escritores, hay un escritor que me gusta mucho, Daniel Mella que escribió una novela que me parece espectacular.

Sorpresas increíbles como la de Daniel Baldi que siendo jugador de fútbol escribe lo que escribe, con una cabeza de promover las bibliotecas en las concentraciones de fútbol cosa que han negado muchos equipos de fútbol y hay que decirlo. Gente increíble, como el guitarrista Eduardo Córdoba. Otro que triunfa en el mundo, es médico y tiene una sensibilidad exquisita. Me gustaría que fuera más democrático el tema de las oportunidades vinculado al tema de la murga y el Carnaval. No me gusta el discurso anti murga, tampoco el pro murga. Capaz que por tener demasiado presencia con esas cosas, a veces se pueden perder otras. Por eso, encontrarme con Abel García que tanto nos dio siendo músico en la época del canto popular y hoy esté cantando en los ómnibus, me da pena, no es justo. Sin ir más lejos, me tocó presentar su libro de Memorias y también murió buscando un espacio, Cuque Sclavo. Me da cierta pena que a esa gente no se la reconozca.

 

Parece que los humoristas representan un segmento al que no se le da pelota.

Sí, ahora hubo una muestra que rescataba el tema del humor de la época de los semanarios.

 

¿Qué debes hay en la política cultural?

Si no hubiera existido la denuncia de un edil blanco de la desaparición de cuadros nunca nos hubiéramos enterado el despelote que era eso en la Intendencia. El Figari del despacho de la intendenta no apareció  y los Arotxa tampoco aparecieron. Alguien tiene que ser responsable político por lo menos, de eso. No he visto disculpas públicas ni a Arotxa ni a los familiares de Figari por eso que sucedió. O una respuesta de la Intendencia donde se diga que los buscaron y no aparecieron y los dieron por perdidos y le piden disculpas a los contribuyentes. Esas actitudes no existen. Me gustaría escuchar a Héctor Guido decir que no lograron encontrar a los Arotxa ni al Figari, se hizo la denuncia policial, pero no se logró. Importa decirlo.

 

¿Te sentís cómodo haciendo TV?

Me siento muy cómodo, muy tenso todavía pero muy cómodo. Siempre me alentó mucho en radio, Júver Salcedo porque fue mi primer entrevistado y en la parte de tele, Jorge Bolani. Igual que la gente que me alentó con las caricaturas que nunca imaginé que iba a terminar haciendo. Siempre me gustaron y este año gracias a las redes sociales han gustado y me impuesto hacer una por día y eso me ha abierto un panorama que no me imaginaba. Entonces, aprovecho las mañanas para dibujar un poco y desarrollar eso. Las caricaturas las hago porque quiero. ¡Que Arotxa nunca se vaya del país por favor!

 

¿Referentes en radio?

Néber Araújo quiero que esté en la radio. Estoy cansado de pedirle entrevistas y hago un llamado público para que me acepte. Alfredo Percovich, sin dudarlo. Tengo un recuerdo genial de él. Escucho mucha radio argentina y entonces, trato de estar muy atento. Homero Alsina Thevenet lo poco que lo traté, siempre fue un tipo muy generoso.

Mis referentes son todos de la vieja guardia. Tomás Eloy Martínez, Omar Prego con quien trabajé mucho, todo el grupo de Zeta como Pedro Silva, Jorge Milans, fue un grupo buenísimo también. Siempre trato de sacar la mejor parte de la gente con la que me rodeo. Ignacio Álvarez es un tipo con una intuición formidable. Te gustará o no lo que hace, pero negarle intuición periodística a Nacho es imposible. Me divierto con los disparates de Fablet que es un tipo muy culto. La gente compra otra cosa de Fablet y no se sabe dar cuenta lo qué da ese tipo. Todos podemos aprender cosas de todos. En estas entrevistas de Voces, seguramente discrepo con la mitad de las cosas que dicen tus entrevistados pero la nota con Toto fue una maravilla.

 

Tenés libros de poesía.

Tengo dos libros de poesía; tengo el libro de campañas políticas “Marketing político” de 2010, tengo participación en el libro “Estallido Celeste” con el Mundial de Sudáfrica y tengo el libro con Anabella Junger. Por ahora es eso.

 

¿Estás escribiendo algo?

No sé, me cuesta mucho escribir cuentos pero me gustaría hacer ficción, tengo alguna cosa escrita y alguna cosa con las caricaturas, seguramente algo pueda salir con las caricaturas.

 

 Asignatura pendiente en entrevistas, ¿quién te queda?

Creo que esto va fluyendo, es circunstancial. Ahora tengo tres o cuatro en carpeta que van a salir. El otro día conocí a Daniel Sturla y lo quiero tener. Siempre el tipo de dibujo que admiro profundamente es Sábat y lo he llamado mil veces. Entonces, lo seguiría entrevistando. Con el semanario vos has demostrado que no hay temas ni buenos ni malos en el periodismo sino que depende de cómo se traten. Entrevistados es lo mismo, capaz que entrevistando a la moza del boliche pueda salir la mejor nota de mi vida y es la persona que jamás me hubiera imaginado. Entonces, hablar de un personaje notable como entrevistado capaz que salgo de acá y lo encuentro. Una de las entrevistas más comentadas en los últimos años fue la nota contigo. Jamás pensé que iba a tener la repercusión que tuvo. Quizás fue el momento en que la hicimos. Para mí iba a ser una nota más. Entonces, prefiero no decir que quiero una nota con fulano de tal, porque capaz que en una de esas, a la vuelta de la esquina te encontrás con la mejor entrevista de tu vida.

 

Dijiste que para vos  los instrumentos en el periodismo son siempre los mismos.

Sí, para mí el periodismo es uno solo. Rigurosidad, honestidad, estudio, profesionalismo. Son las mismas herramientas para hacer periodismo agropecuario que para hacer periodismo deportivo. Para hacer periodismo cultural, tenés que asumirlo con seriedad, tenés que estudiar los temas, pero las herramientas del periodismo son exactamente las mismas para hacer cualquier tipo de periodismo, motivo por el cual no puedo descalificar a quien hace periodismo de chimentos o de espectáculos y creer que el periodismo político es más serio. Es otra materia, pero es tan periodismo como el otro. Tenemos pésimo periodismo político y pésimo periodismo de espectáculos.

Con respecto al tema cultural y para hablar de la propuesta cultural del programa, una cosa es el periodismo de espectáculos  y otra el periodismo cultural que pretende darle un poco más de contenido. Es diferente al periodismo de espectáculos que es el que abunda sobre todo en los medios escritos y en la tele. Eso es importante diferenciarlo. Es diferente de un programa de cartelera que es más informativo. Es una cosa que pretende ser más de reflexión.

 


Comments