OSCAR ANDRADE, SECRETARIO GENERAL DEL SUNCA: El peor año de la izquierda ha sido mejor para los trabajadores que el mejor año de la derecha en los últimos treinta años

publicado a la‎(s)‎ 5 may. 2014 10:29 por Semanario Voces

El SUNCA es un sindicato que constantemente aparece en las noticias, ya sea por la masiva participación de sus afiliados, por algunos aspectos que se conocen de su labor social, o últimamente por su papel en la aprobación de la Ley de Responsabilidad Penal Empresarial.

Su cabeza visible es este dirigente, proveniente de filas comunistas, con una sólida formación y de firmes convicciones, con quien siempre resulta interesante departir.

Lo siguiente es la parte medular del diálogo que sostuvimos.  

 

 

 

Te entrevistamos por primera vez en el 2009. ¿En qué ha cambiado el SUNCA en estos años?

Muchísimo. El gremio venía de una etapa fermental. El punto de partida fue desde muy abajo: la crisis nos dejó en el CTI. Y ya habíamos logrado la reducción de la jornada en el convenio de 2008, que había sido una conquista simbólica muy fuerte. En 2006 habíamos resuelto el Fondo de Cesantía y Retiro y un conjunto de medidas de seguridad social. Veníamos de una batalla política muy fuerte en el 2008, que era la Ley de Mano de Obra Local, que tiene contenidos muy importantes, porque peleaba para que un treinta y cinco por ciento de los ingresos no calificados en las obras del Estado fueran de los planes de trabajo transitorio, sobre todo del MIDES. Hoy tenemos más de dos mil y pico de mujeres que la mayoría ingresaron por ese mecanismo a la construcción. Es una seña de identidad, una forma de pensar la vida sindical que es que la acción sindical tiene que resolver para la parte del pueblo que está más embromada. Esa ley se votó sin ningún voto de la derecha ni en Diputados ni en el Senado, porque en definitiva se hace un discurso de que el pobre no quiere trabajar, que es pobre porque le gusta y tiene el deseo de ser pobre; aunque la izquierda no se enteró y no le cobró cuentas de esto a la derecha. Fue una norma que establecía un vínculo entre la inversión pública y la mano de obra que más necesitaba trabajar.

En 2008 el gremio estaba resolviendo una licencia especial para los padres que tienen hijos con discapacidad y resolviéndola con festejo. No como nos pasa hoy que es una cosa muy buena y a la vez preocupante. Muy buena, porque qué importante que el Estado uruguayo haya generado la posibilidad de políticas de atención particular para los discapacitados que están más embromados, y qué preocupante que no lo asumimos como una conquista y la celebramos y nos emocionamos, porque demuestra que hay un avance democrático desde el punto de vista de cuestiones que a todos nos tendrían que dar mucha vergüenza, y también demuestra que tenemos un callo en la cabeza a veces, de no poder lograr que eso no sea más importante para la cultura de izquierda que quién es el vice.

Veníamos profundizando ese camino en niveles que quizás no podíamos ni pensar hace cinco años atrás.

En los últimos dos años, en acuerdo con la Intendencia y la Cámara de la Construcción, han pasado ciento cuarenta clasificadores por cursos de oficios e ingresaron a trabajar en la construcción. Han pasado cientos de compañeros y compañeras (sobre todo mujeres) del Plan Juntos por cursos de oficio extendiendo el Fondo de Capacitación de la Construcción la posibilidad de generar no solo la ayuda solidaria del fin de semana sino también generar condiciones para el ingreso.

 

Lo de los pibes del INAU es un desafío loable.

Y el SUNCA es de los gremios que más ha participado en lo de los ciento ochenta gurises infractores del INAU que han enganchado a laburar. Iniciamos la experiencia de trabajadores con discapacidad empezando a trabajar en la construcción, al menos en el pañol. Se generó un convenio con el Patronato del Liberado, cuyo balance el año pasado era enorme. La tasa de reincidencia de los presos que pasaron por los cursos de oficios y vínculo laboral es sensiblemente menor al promedio de la tasa de reincidencia general, demostrando claramente la eficacia de la orientación. Generamos un conjunto de líneas sociales para atender la condición de hogares de discapacitados. El año pasado se donaron cerca de seis millones de pesos a más de veinte hogares de discapacitados, y en muchos casos atrás de la donación estuvo una brigada solidaria construyendo el hogar. Se generó lo que siempre estuvo en la historia de las sociedades de resistencia de hace ciento veinte años atrás hasta ahora, y me parece que logramos hacerlo de una manera organizada muy fuerte. Y lo de la brigada Agustín Pedroza como que concentró eso. El año pasado llegamos a los diez mil jornales. Y este año va a haber más porque calculamos llegar a esa misma cantidad de jornales pero logramos en el convenio colectivo un día de fuero cuatrimestral para la brigada, lo que va a sumarle cinco o seis mil jornales más. Tenemos una cuadrilla de compañeros que están en el seguro de paro, que está acampada en Tres Islas hace dos meses. Se dio el tornado y están acampados. Tuvieron muchas dificultades al comienzo: de relacionamiento con la intendencia, y para coordinar los laburos. Pero se están poniendo al hombro las circunstancias de un pueblo que está lejos del mundo, a ciento ochenta kilómetros de Melo.

Este mes empezamos una tarea sistemática en combinación con el MIDES de Uruguay Crece Contigo, de atender una serie de casas que son las más vulnerables, donde hay niños chicos o mujeres embarazadas previo al invierno. Vamos a concentrarnos en un mes y algo de laburo en que todo lo que haga la brigada solidaria, miércoles, sábado y domingo, se concentre en dar una mano ahí.

La línea de trabajo que podíamos empezar a consolidar en el 2009 tiene un grado de consolidación mayor. Creamos la Fundación SUNCA Solidario para ayudar a las familias de compañeros que murieron en accidentes de trabajo o quedaron discapacitados. Antes se los ayudaba, pero en la obra, haciendo una colecta puntual, y los compañeros de trabajo iban a dar una mano. Hay antecedentes para atrás de circunstancias de contribución de los trabajadores organizados a nivel de base. Ahora se generó que hay cuarenta mil compañeros que donan una hora cada vez que muere un trabajador, y hay una partida de doscientos cincuenta mil pesos mensuales que el sindicato dona para la Fundación todos los meses para ayudar a tener un rancho como la gente. Ahora se está pensando en tener un curso para los hijos, en asistencia psicológica para la familia. Y cuanto más ayudás, más claro te queda que la mejor ayuda es que el accidente no ocurra. Queremos incorporar el concepto de víctima de siniestro en vez de accidente, para ayudarnos a entender de lo que estamos hablando cuando surge por determinadas condiciones de precarización del laburo.

Me parece que el gremio en este período pasó de tener casi veinte mil afiliados en el 99 a cuarenta y dos mil. En esa época estábamos celebrando que habíamos tenido una elección de quince mil trabajadores, que era la más grande en la historia, y ahora tenemos treinta y seis mil trabajadores votando en las elecciones. No hay dudas de que el sindicato creció mucho, no solamente en cantidad de afiliados, sino también de movilizaciones y de incidencia de la sociedad.

 

Es impresionante la cantidad de cosas que enumerás y que muchas no son demasiado conocidas.

De todos los colores. Por ejemplo, empezamos con las becas para hijos de trabajadores haciendo estudios terciarios. Y lo hicimos contra fuertes prejuicios ideológicos, porque al principio era el beneficio sin beneficiario, la beca que no iba a tener becario, porque el hijo del trabajador en la Universidad podía ir a limpiar el baño, pero no a estudiar. Empezamos con dieciséis gurises en el primer semestre y el año pasado llegamos a setecientos.

 

¿Setecientos becados hijos de trabajadores del SUNCA estudiando a nivel terciario? ¿Qué les da la beca?

Sí. La beca les da por mes dos mil pesos en materiales de estudio, alimentación o boletos. Son tickets que se pueden cambiar por esas tres cosas. Es una beca modesta, pero es un enorme esfuerzo.

 

De todos modos, son un millón cuatrocientos mil pesos mensuales.

Sí, claro. El área social de la industria generó esa posibilidad. Por ejemplo, pasamos de los cursos de computación básicos gratuitos a cursos de computación para hijos de trabajadores o trabajadores que van hasta diseño gráfico gratuito. Multiplicamos los arreglos odontológicos, que eran aproximadamente para tres o cuatro mil familias al año, y ahora superamos las nueve mil familias al año. Y tenemos nuevos desafíos. Este año la intención es profundizar, en acuerdo con el BPS, Presidencia de la República y las Cámaras de la Construcción, una política para atención a la tercera edad, sobre todo para los viejos trabajadores con Alzheimer. Estamos trabajando para comprar una chacra para atención a los trabajadores o hijos de trabajadores con adicciones y generar un convenio con Salud Pública. Y estamos trabajando en un convenio con docentes para pensar en un proceso de apoyo en Secundaria, empezando con planes piloto de apoyatura para exámenes, para después tener, por ejemplo, grupos de gurises del Cerro con dificultades en matemáticas que tengan un docente que les ayude. Asumir las cuestiones de la educación como una lucha de la organización para que no se excluyan botijas de la educación, no solamente como un reclamo para que el Estado resuelva. Un poco esta ha sido la lógica en toda la línea. Hace cinco años casi no teníamos el Fondo de Vivienda funcionando y acabamos de generar cinco mil préstamos de viviendas en materiales y vamos por otros cinco mil que son subsidiados. En los préstamos que vamos a dar ahora, el trabajador termina recibiendo cuarenta mil pesos en órdenes de compra para materiales y tiene que pagar veinte mil. Tiene un subsidio importante.

Combinamos el subsidio de un treinta por ciento del Fondo de Vivienda con una devolución del IVA por parte del Ministerio de Economía que contribuyó a apoyar esta línea de trabajo.

El gremio ha intentado pensar en una cancha todavía más amplia, generando nuevas iniciativas que van generando muchos espacios de dirección. Por ejemplo, en este período reforzamos el Centro de Investigación José “Pepe” D’ Elía, que empezó a abordar hasta mil quinientos delegados por talleres por año. O sea, que empezó a generar una práctica masiva de formación sindical, y mil quinientos delegados de seguridad por la División de Seguridad e Higiene. Impulsó con una fuerza mucho mayor toda la organización. Está pensada la Comisión de Jóvenes, está pensada el Área de Seguridad Social, y eso representa el laburo de muchísimas cabezas. Yo de algunas cosas apenas me entero, sé que se hacen pero no cómo. Se entregaron treinta y cinco mil útiles escolares ahora. Fue la Dirección del Fondo Social, los compañeros que estaban en esa tarea. Lo que hay es muchos equipos laburando en muchas áreas con una dinámica que es muy positiva. Hay una dinámica de laburo que es muy importante y se refleja con claridad en la brigada y se ve con mucha claridad en las movilizaciones, pero me parece que se ha generado una lógica de protagonismo real que cuestiona el concepto de la crisis de participación en los hechos.

 

No solo cuestiona eso.

No, por ejemplo, se perdió la solidaridad. Uno puede saber que se deterioraron los tejidos sociales, los elementos de comunidad y una determinada forma de ser que la dictadura y después el neoliberalismo nos cascoteó. Ahora, te quedás a interpretar eso o como dice la tesis 11, se trata de transformarlo. Creo que tenemos un problema en el campo popular que empezamos a mirar la tesis 11 al revés. Pensamos que ahora se trata solo de interpretarlo. Interpretar la crisis de las organizaciones, la crisis de la participación, de la solidaridad y terminamos reforzando el problema, porque no hacemos una crítica superadora; es una crítica estática. En la relación gobierno-sindicato, nosotros lo que tenemos es un esquema de relación gobierno-sindicato donde a ningún trabajador de la construcción cercano al gremio se le ocurre que este período de gobierno ha sido igual al período de Batlle. Nadie se confunde ni un milímetro, ni aún en el lío más grande que hayamos tenido. Con los líos que tuvimos con la Ley de Responsabilidad Empresarial, pensar que a alguno en la movilización se le escapara ese planteo… no se escapaba ese planteo acá. Hay mucha claridad de que es un escenario distinto. También hay mucha claridad en que el sindicato es sindicato y tiene que defender a los trabajadores. Las dos cosas -que a veces parece que es imposible sintetizarlas- acá están muy claras. Ese es un acierto colectivo de una orientación sindical que ha mantenido esa definición.

 

¿Esta orientación no cuestiona la administración del Estado al tener que suplir o hacer cosas que sería el Estado el que debería de hacerlas?

Al revés. La historia de los trabajadores es esa, siempre fue esa. No existían las jubilaciones y las sociedades de resistencia hacían colectas para juntar algunas monedas para los viejos. No existían los seguros de enfermedad.

Renunciar a ese criterio es renunciar a nuestra historia toda. Por ejemplo, la mejor época del Magisterio fue cuando Julio Castro encabezaba las brigadas pedagógicas a los pueblos más jorobados del Interior -los llamaban “pueblos de ratas”- hacían procesos pedagógicos en las vacaciones. Eso era gratis, trabajo solidario. Es más, en su momento tuvo un gran consenso social, después los corrían por comunistas porque empezaron a denunciar las causas de esa situación. Ahora vamos al Plan Juntos pero estamos diciendo que se necesita más inversión en vivienda, pero también se precisa practicar la solidaridad, porque no creo que haya una izquierda que se pueda sostener si no practica la solidaridad. Uruguay tiene que ser más justo, el mundo tiene que ser más justo, América Latina tiene que ser más justa. En los 70, sobre todo las dictaduras, lograron transformarnos en la parte más desigual del mundo, con la peor distribución del mundo.

Para ser más justo hay que ser más solidario, pero también hay que construir el concepto de solidaridad. ¿Y cómo se construye? ¿Leyendo libros de solidaridad? No, se construye poniendo el hombro a aquellos que están más embromados. Si la izquierda renuncia a los merenderos, a las ollas populares, a poner el hombro para armar el cuadro de fútbol, y piensa que es el Ministerio de Deportes el que tiene que armarlo y el burócrata tal que tiene que gestionar, se va a perder la enorme posibilidad de generar conciencia nueva. Cuando generés un escalón vas a estar más arriba, pero es en medio de ese baile; no se genera por fuera de ese baile. Nosotros reclamamos atención para los discapacitados. Acá se celebró la medida del Gobierno de atención personalizada, pero también reclamamos poniendo el hombro en los hogares de atención al discapacitado. No reclamamos solo desde el discurso.

 

Pero hay falencias de un gobierno que hacen que ustedes tengan que tapar el agujero.

La vergüenza más grande que nos tiene que haber dado a los militantes populares es que acá había cuarenta mil uruguayos que estaban ciegos por ser pobres y no repartimos un volante para defender eso. No hicimos cinco minutos de paro, no colocamos una pancarta. ¡Cuarenta mil! Cualquiera de nosotros tenía un vecino que estaba en esa condición y no movimos un meñique. Esto tiene que ver con cómo nos dominan las clases dominantes. Y cómo esto estaba oculto. Como también intentaron -y creo que por mucho tiempo lo lograron- mantener ocultos a los catorce mil quinientos uruguayos que quedaron mutilados por vida o murieron víctimas de siniestros laborales desde el año 90 al 2012. Capaz que sacamos del pozo esa realidad para ponerla arriba de la mesa para que nos entre a doler más, que mueren más uruguayos víctimas de siniestro que por rapiñas. Sin embargo, lo otro no aparece o pasa desapercibido. Con el tema de la Operación Milagro nos dimos cuenta que había unos dramas brutales y que hasta eso lo pueden esconder. Acá a nadie le parecía injusto que el que no podía pagar no viera. ¡Te da una vergüenza bárbara! ¡Cómo puede ser! Hemos levantado cuanta bandera hay y esa bandera se nos pasó. Ahora estamos queriendo levantar la de los viejos con Alzheimer, porque no queremos que nos vuelva a pasar. Coloquemos arriba de la mesa este drama. Lo de los discapacitados; encontramos en Casavalle un botija de veinte y pico de años al que le faltan los dos brazos. ¿Cómo podés tener en un rancho de costaneros a un botija al que le faltan los dos brazos? ¡Es terrible! Ni siquiera había pasado por exámenes médicos para saber si podía tener prótesis. Algunas de esas cosas no nos pueden pasar.

 

¿No te acusan de dedicarse a la beneficencia?

Hemos tenido cuestionamientos por izquierda que son esos: ustedes están haciendo reformas, son como una iglesia, van a hacer la revolución con cuadros de fútbol en Casavalle, ¡qué horrible! Preguntale a los capitalistas con los que nos toca charlar si les gusta enfrentarse a este gremio con esta capacidad de acción y gestión en la gente.

Está claro que cuando das una mano no la das pensando que vas a quedar mejor parado para el capitalista porque si no perdés una referencia. La das porque tenés que darla.

La izquierda, el campo popular, es eso.

 

¿Por qué el modelo sindical del SUNCA no se ha extendido?

No sé. Estamos discutiendo con Fenapes para que se sume a este boniato que estamos armando de darnos una mano con una brigada para los gurises porque nos parece que eso le hace un bien enorme a Fenapes.

 

¿Por qué la movilización masiva no se da en otros gremios?

No tengo fino cada gremio, puedo decir las cosas que hemos hecho nosotros. El gremio sabe que somos muy cuidadosos de las medidas. El convenio colectivo se concentró en un mes. El año pasado tuvimos veintisiete horas de paro en total. Cada movilización tiene una repercusión distinta porque traemos trescientos ómnibus del Interior y otros tantos acá. Estamos convencidos que es más importante una movilización al mediodía en donde metiste veinte mil personas que cinco paros de veinticuatro horas donde no lograste que adhiriera la mitad de la gente.

Todas las tendencias tienen derecho a expresarse.

Nosotros creemos que la nuestra es la más eficaz.

 

Lograron un convenio con veintisiete horas de paro, o sea que es bastante eficaz.

Estamos convencidos que la tarea sindical no es colocar estrategias de lucha para los convencidos. El triunfo de un convenio colectivo es si parte de los que no estaban convencidos antes de empezar el convenio terminaron afiliados al gremio. Haciendo un balance, tenemos la facultad, a partir del convenio, de que cada delegado de seguridad, cuando encuentre una circunstancia de incumplimiento grave, puede clausurar la obra hasta tanto no venga una inspección del Ministerio. Eso para nosotros es más importante que la Ley de Responsabilidad Empresarial. Uno de los mayores logros es que empezamos el convenio con treinta y cinco mil afiliados y lo terminamos con cuarenta y dos mil. Consolidamos direcciones departamentales, todos los departamentos movilizaron más que en el convenio anterior. Salimos con el gremio unido. Cuando hacés un balance, no es solo lo económico; es otro el balance que importa. Sé que esto es polémico y no todos los sindicatos piensan igual.

 

Estamos hablando de sindicatos que están dirigidos por gente del mismo partido y, sin embargo, la línea sindical no es la misma.

Tenemos dos cosas ahí. Primero, no creo que ninguna corriente política tenga posibilidades de aplicar una línea a rajatabla para todas las organizaciones porque cada una tiene su historia, sus tendencias, etc. Segundo, a nivel sindical el partido no construye una línea general. Por lo menos, desde el 92 para acá, cuando entré en el sindicato, no hay una línea que diga qué hay que hacer en cada sindicato. ¿Piensan que la Ley de Responsabilidad Penal, su definición, sus medidas, lo resolvieron en el comité central? Lo resolvimos todo nosotros acá. Estoy convencido que si le preguntan a todo el Ejecutivo del Partido cuáles eran los contenidos del convenio colectivo, no saben. Está bien que no sepan, puede haber una perspectiva estratégica del tercer gobierno del Frente Amplio y las transformaciones. En la táctica, en el qué hacer acá, no se mete nadie.

 

Nos referimos a la herramienta sindical y a la visión de solidaridad del SUNCA y a que eso no se practica en otros sindicatos.

Es un problema que está en la sociedad. La pérdida de espacios de participación popular es un reflejo muy duro en el que incidió la dictadura pero sobre todo incidió el neoliberalismo. Hubo una primavera popular de participación entre el 85 y el 89, y después se acaba.

 

¿Qué pasó?

La derrota del Voto Verde, la implosión del mundo socialista, la influencia de las ideas neoliberales y el impacto económico brutal de la desregulación laboral. Varias cosas juntas que nos dejaron perplejos. Se generó un impacto brutal en el plano económico. ¿Cuánto importa en el retroceso desde el punto de vista de la acción organizada que miles de trabajadores pasen de la fábrica al desempleo, al kiosco o a la venta propia? Segundo, la derrota del Voto Verde fue un impacto muy duro. Tercero, la crisis del socialismo real que venía de muchos años, que se venía cayendo a pedazos y se derrumba sin lucha. No fue porque el imperialismo norteamericano invadió y bombardeó, no, se cayó sin lucha. Cuarto, la estrategia neoliberal en el plano de las ideas. La organización pasó a ser porquería, una cosa anacrónica que no sirve para nada. Solo servía para perder pensamiento propio y para perder libertad. Quinto, la desregulación laboral, ¿cuánto incide para la participación que pasamos de un ochenta y cinco por ciento de trabajadores que colectivamente negociaban el salario a un quince por ciento en dos años? El retroceso en términos de relaciones solidarias. La legitimación social a partir del consumo es otra estaca clavada. El que consume mucho es un crack y el que no consume nada es un desastre. Nuestros compañeros siguen siendo clase obrera pero en su cabeza estaban desesperados para ver cómo tenían cable, moto, etc. para ser triunfadores.

Venimos de una derrota muy dura que nos sacudió a todos (a nosotros más), abrió la correlación de fuerzas en el plano mundial, desató furias y, en el plano económico, condiciones de exclusión social cada vez más duras. Fue una década y media donde lo que primó fue el retroceso.

 

Ahora tenemos una década de izquierda en el gobierno y ustedes son una mosca blanca en el contexto no solo sindical sino también de lo que es la participación. ¿Dónde está la participación? ¿No hay ahí una falla del gobierno?

El balance de la izquierda es muy positivo en sus resultados económicos y sociales; no hay dudas.

 

¿Alcanza?

Es indiscutible. Haber avanzado en materia de Derechos Humanos, haber sacado de la pobreza el setenta y cinco por ciento de los uruguayos que estaban en la pobreza, haber generado la legislación laboral más avanzada del continente; tenemos el gobierno que más aumentó el salario según la CEPAL desde el 2005 al 2012 y el que más bajó el empleo informal. Esos logros indiscutibles del campo popular no los logramos traducir en organización.

Hay un debate en el campo popular porque alguien puede pensar que reconocer un avance es igual a aplaudir al jerarca que está en el área. Reconocer un avance es reconocer una perspectiva histórica de una acumulación de fuerzas, mucho más que el jerarca del área. Desconocer el avance es desconocer la lucha que hubo atrás y si la lucha no sintetiza, la resignación te envenena el alma a los cinco minutos. Ahí tenemos un problema claro de la izquierda y del campo popular.

 

¿Ustedes lo hacen?

Nosotros estamos tratando de dar esta discusión desde la práctica, pero hay una realidad que rompe bastante los ojos. En el congreso que hicimos el año pasado participaron dos mil delegados y más de un sesenta por ciento eran menores de treinta años, y en los congresos de organizaciones populares (de las que quieran), si encontrás un veinte por ciento de menores de treinta años, tenés que tirar cohetes, y en algunos casos no encontrás ni un diez por ciento. A veces nos colocamos de entrada en la hipótesis de que es imposible lograrlo y tenemos una dificultad que creo que es política. La discusión política es que hay una defensa del interés social indiscutible en la izquierda. El peor año de la izquierda ha sido mejor para los trabajadores que el mejor año de la derecha en los últimos treinta años.

 

En lo económico, pero no en lo cultural.

Lo cultural no lo va a generar el gobierno. No me van a caer las transformaciones desde el cielo. ¿Qué esperaban, que por llegar al gobierno hay que dejar de luchar?

 

¿Dónde está la lucha contra el consumismo?

Es una lucha que tenés que dar con cuidado. En cada planteo que hacemos discutimos el tema del consumismo. Tenemos un gremio muy movilizado pero cobramos el aguinaldo y sale desesperada la barra a comprar un plasma. Es un fenómeno difícil.

 

La sociedad en su conjunto lo impulsa.

Pero hacés política en la sociedad en la que vivís, lo demás es masturbarse. La sociedad tiene sus parámetros. Si vas a un debate teórico abstracto, decís: eliminemos las horas extras porque no tenés por qué hacer horas extras. Yo no conocería a mi gremio si burocráticamente decidimos eso en la Dirección de un día para el otro. Aunque, si me preguntan, les digo que me parece que sería una medida correcta pero cuando tengamos las condiciones como para tomarla. A veces, cuando discutimos en la Central, hay compañeros que plantean como que si pones mucha más, recontra redistribución, se va a redistribuir la riqueza porque la pongas en el papel. La jugada no la vas a cambiar con papelitos. La vas a cambiar con grados de organización y los grados de organización, no conozco ninguna parte del mundo donde se construya sin romperse el alma, sin militancia, organización, discusión, sin demostrarles a los compañeros que participan que son importantes. Para eso tenés que trillar. Creo que tenemos cuatro debates conceptuales y profundos con la derecha.

 

 

¿Cuáles?

Uno es el del miedo. La derecha tiene el recurso del miedo.

Con la Ley de Responsabilidad Penal Empresarial fue clarísimo: todos presos. O con los menores: son todos asesinos y si son pobres, peor. Es un debate político profundo. Un segundo debate es con la resignación. La derecha necesita la resignación. Necesita que vos creas que todo es una mierda, que toda la lucha política quiere un cargo, un lugar, para sostenerse, para joder. Nosotros, que tenemos una historia de héroes políticos gigantesca, que tenemos cientos de militantes de izquierda a los que hemos visto toda la vida desde el primer día hasta el último morirse sin pedir nada, tenemos que dejar claro que no es así, pará. Se nos puede colar alguna otra cosa, pero, en el grueso de la trayectoria militante, es así. El tercero es el de los acomodos. Ellos toda la vida estuvieron para el acomodo con el Estado. Si te querías jubilar hace veinticinco o treinta años, si querías tener teléfono, si querías tener vivienda, hacete amigo de algún político. Esta es la historia de ellos, de acomodar gente. El cuarto tema es de la promesa. Te van a prometer inglés, chino en la escuela, quinientas mil escuelas, jacuzzi. Recordemos las promesas en el 99: cien millones de dólares para los asentamientos, aumento salarial para las jubilaciones, más políticas sociales, cuatro y medio por ciento del PBI para la educación. El programa que armaron blancos y colorados en cinco minutos para ganar las elecciones.

 

¿Son los temas de la campaña electoral?

Esos cuatro componentes y mucha plata es lo que vamos a tener enfrente. La campaña nuestra es contraria en las cuatro puntas, nuestra historia de hacer política es distinta.
No apostamos al miedo; apostamos a la esperanza porque queremos al pueblo y no lo subestimamos. Le tenemos un profundo amor y ahí tenemos que dar una batalla de ideas.

Este es el pueblo que ganó el plebiscito y no lo subestimamos, no lo queremos comprar con dos chapas. Por eso hacemos un mal enorme cuando aparecen esos líos de ahora o el debate por quién va a ser el vice; a mí me da mucha vergüenza. ¡Por favor! Muchachos, ¡vamos a discutir de política! ¿Cómo generamos niveles de participación? ¿Cómo generamos relaciones humanas más solidarias para hacer sustentables las políticas sociales en la cabeza no solamente en la economía? Nosotros estamos en esa changa.

 

No tenés mucho eco en tus compañeros de izquierda.

Más o menos. Me parece que hoy se mira con mucho respeto esta experiencia. Me parece que hoy estamos dando el debate, se está consolidando la idea de que hay que mirar con más atención la jugada acá y eso no es menor.

 

¿Por qué tu partido no lleva adelante esta política de la cual vos sos vocero?

Nosotros somos del Partido también. En la construcción de  hegemonía el desarrollo es desigual. Siempre fue desigual. Toda la vida tuvimos lugares en los cuales teníamos una mejor organización y otros en que no. Hace veinte años, a la salida de la crisis, salimos con un balde en la cabeza, nos abrazamos como el náufrago a la tabla. Se nos desplomó y terminamos en un sectarismo que casi es fuera de serie. No hay duda que estamos en ese proceso de construcción y creo que hasta la propia composición del Partido debe de tener un setenta o setenta y cinco por ciento de los compañeros que son posteriores a la crisis. No es el partido que sobrevivió con los viejos que se quedaron; la inmensa mayoría de los comunistas que militan son compañeros que se han vinculado en este proceso. Es una cosa que no sé en cuántos partidos comunistas ha pasado, seguro que en muy pocos.

 

¿Por qué no crece el Partido?

Hay que ver. Creo que la incidencia que tiene en la sociedad es incomparable con la que tenía hace diez años. Electoralmente hay que ver. Vamos a ver en junio y a fin de año. ¿Por qué nos ha costado crecer? Porque salimos de la derrota que venimos y a miles de cuadros valiosísimos los maltratamos. Se generó una lógica que para recomponer eso después no es sencillo. Igual creo que hoy estamos en una condición superior a la que estuvimos en mucho tiempo. No sé si eso se va a reflejar en votos mañana, pero pasado seguro que sí.

 

¿El sindicato es corporativista? Hay un informe que dice que Uruguay triplica el promedio de costo de la vivienda en Latinoamérica.

¡Es una barbaridad! Antes de discutir el Consejo de Salarios, nosotros agarramos el mapa del costo de la construcción de Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo y llegamos a Río de Janeiro. Está cantado que no podemos discutir sin tener en cuenta eso. Ves el precio del metro cuadrado de construcción, de lo que sale una vivienda en Chile y acá, y es igual. Desconocer ese punto de partida es suicidarte. No sé de dónde habrá salido ese informe pero si salió en El Observador no le crean.

 

En El País también.

Menos. El Observador es la envidia de Pinocho. Pinocho envidia a El Observador. Yo no le hablo a ninguno de esos dos diarios hace como cinco o seis años, y he ganado en tranquilidad. Mi vida mejoró. Porque a uno lo enferma mucho que hablés con un periodista, le digas algo, y después lo pongan exactamente al revés de lo que dijiste.

 

Para el trabajador uruguayo la vivienda es una cosa inaccesible prácticamente. ¿Cuánto pesa la mejora de los salarios en el costo de la vivienda? ¿Es como dicen los empresarios?

En el 2004 ganábamos veinticinco pesos la hora, ¿era accesible la vivienda? Teníamos sueldos de hambre. Con una hora de trabajo no se pagaba un pasaje montevideano de ida y vuelta. Con un jornal no pagabas una garrafa de trece kilos. La relación salario-costo de la vivienda es un verso gigantesco, entre otras cosas, porque la industria de la construcción -el grueso de lo que se construye donde trabajamos nosotros, que tiene que ver con la zona de la costa- multiplica cuatro y cinco veces el metro cuadrado de lo que puede ser una vivienda de interés social. ¡Echarle la culpa al salario es una receta más vieja que el agujero del mate! Si Uruguay apuesta a que va a competir en términos de su producción sobre la base del salario sumado como costo y piensa que va a competir en un mundo donde hay mil trescientos millones de trabajadores, según la OIT, que cobran menos de dos dólares por día, avísenles a las cámaras empresariales que esa estrategia de competir sobre la base de salarios de miseria no camina. La única forma que puede competir el Uruguay es sobre la base de la calidad de lo que produce. Innovación en tecnología, capacitación, es ser menos bolichero y pensar más a largo plazo. Desacostumbrarse a vivir prendido a la teta del Estado. Si vas a tener trabajadores más calificados para mayor innovación tecnológica, ¿los vas a tener con salarios de hambre? No hay posibilidades. Tener una estrategia de desarrollo integral implica este concepto en un mundo donde el conocimiento es cada vez más una fuerza productiva. El otro concepto del costo es una mentalidad de la Edad Media.

 

¿Cómo solucionamos el problema de la vivienda para la población?

Hay doscientas cuarenta mil viviendas vacías, ciento veinte mil de veraneo, que no las toques porque se arma una revolución. Pero, ¿las otras ciento veinte mil? Hay un grado de especulación que es brutal. Tenemos que pensar en cargas impositivas más duras. Hay que pensar que si un tipo se murió, tenés que esperar veinticinco años para hacer uso de la casa. Ese muerto no va a volver. Acá tenemos una forma jurídica sobre la propiedad que es tremenda. Los terrenos baldíos, lo mismo. Si querés tener una cartera de tierras, vas a aplicar una política impositiva más agresiva a los baldíos para generar condiciones de otras políticas públicas. Hay que reformar porque no basta resolver, regularizando los asentamientos, que sale diez veces más caro. Hay que generar condiciones para que además la población se integre.

 

¿No estás de acuerdo en regularizar los asentamientos?

Hay que regularizar porque ya existe el asentamiento, pero no es que se multipliquen los asentamientos y vos vayas regularizándolos.

 

¿Hay riesgo de burocratización del movimiento sindical uruguayo?

Tenés el riesgo ideológico de perder la referencia siempre. Lo tenés ahora y lo tenías hace treinta años.

 

Los militantes no eran rentados.

Siempre hubo militantes rentados. Pero la discusión es otra. Nosotros, cuando militamos en la década del 90, era una epopeya. Llegabas a las siete de la tarde para un plenario y terminaba a las once y media de la noche, y llegabas a tu casa a las dos de la mañana para salir a las cinco. Cualquier militancia sindical era una prueba de fe.

Nosotros luchamos por las libertades sindicales pero te pueden generar esa dificultad. Ahora la militancia la organizás en el horario de trabajo. Sale el delegado con fuero al mediodía para participar en la tarde. Defiendo que haya libertades sindicales porque era muy complejo sin libertades sindicales. Era casi como que no tenías que tener familia. Nosotros generamos algunas vacunas. Cuando creamos las Brigadas Solidarias y pusimos a la cabeza al dirigente y al delegado, el compañero pudo estar con fuero entre semana, pero salió el miércoles, el sábado y el domingo -que tenía para descansar- a trabajar con la brigada. Eso genera una lógica que previene. Igual creo que el movimiento sindical es ejemplo de honestidad en toda América Latina y en el mundo. Siempre puede haber riesgo. Hay riesgo de que un dirigente sindical se venda a la patronal. Siempre hay riesgo, pero digo que hay una cultura muy fuerte que vincula al movimiento sindical al sacrificio y me parece que esto genera un andarivel muy fuerte por dónde ir.

 

¿Tres errores del gobierno?

Hemos tenido muchas dificultades en generar una transformación del Estado para el desarrollo productivo.

Creo que tenemos atraso para ver cómo lo transformamos en una palanca de desarrollo muy superior. Segundo, ha sido difícil una política basada en el Mercosur que plantee toda la agenda de integración regional, que también es un lineamiento estratégico. Tenemos atraso para pensar un proceso de integración, que es una vía indispensable para un país del tamaño del Uruguay. El problema principal que tiene el gobierno es que no logra la síntesis adecuada en la relación partido político-gobierno-sociedad. No tenemos un gobierno que logre pensar esa síntesis en términos teóricos para desarrollar la acumulación de fuerzas. La relación movimiento social organizado de la izquierda, la izquierda en el gobierno y la izquierda política es una de los déficits más importantes. Además, estoy convencido que además de ser lo más importante es el déficit que nos puede hacer perder la perspectiva histórica, tal vez no en esta, pero si no lo resolvemos, para adelante.

 

¿Te preocupa el tema medio ambiente?

Todas las banderas medioambientales son de izquierda, el tema es que la reivindicación en ningún plano nunca fue que la fábrica cierre. La defensa del medio ambiente es igual a controles medioambientales, igual a que el efecto sobre la salud de los trabajadores y del medio sea lo menor posible, pero no que la fábrica cierre. No podemos dejar que la bandera medioambiental sea que no haya actividad; es demencial el planteo de que la minería no exista. El capitalismo tiende al desastre medioambiental como la planta tiende al sol. No ubicar que esa es una realidad cada vez más de la primera agenda, es un error. Ahora, claro, tuvimos un Estado que fue funcional al dejar hacer en materia medioambiental, y eso no se transforma de manera sencilla. Y tuvimos una agenda sindical que no tuvo al medio ambiente como primera bandera, porque no podía tenerlo, salvo que fuera demente, mientras había un veinte por ciento de desempleo y un millón de pobres. La crítica al daño medioambiental es una crítica que los socialistas tenemos que mantener arriba de la mesa siempre los que queremos una perspectiva distinta, porque el mundo que promete el capitalismo es un mundo ambientalmente inviable. Precisás cincuenta mundos para eso. No creo que la Federación Rural tenga la bandera del medio ambiente más arriba que nosotros. Ni Bordaberry, ni Lacalle chico. Es un planteo falso. Pero tampoco puede ser que no se haga nada. Hay que tener una cultura medioambiental hasta cuando tirás un papelito a la calle, en todo, hasta cuando pensás en reciclar lo reciclable. Esa es una bandera de izquierda de toda la vida y no hay que renunciar a la misma.

 

¿Cambió la composición de clases en el Uruguay?

Creo que sí. Ni la clase obrera ni tampoco la clase capitalista es la misma de antes. Tenés una lógica internacional de la economía que ha llevado a procesos de extranjerización muy duros en toda América Latina.

No solo le ha pasado al Frente Amplio, le ha pasado a Evo, a Correa, etc. Tenemos un fenómeno económico mundial, sobre todo a partir del aumento del precio de los commodities y el desastre de la burbuja financiera, donde parte de esos flujos vinieron al Uruguay. En una condición social donde la lucha se hace más compleja y la composición del proletariado es distinta de la que pensó Marx. Las transformaciones han sido gigantescas y de un vértigo que no nos damos cuenta. No atender esas transformaciones sería un absurdo. Pensar que esas transformaciones implican renunciar a la transformación de la sociedad es un grueso error teórico. A mí esas transformaciones no me dicen que el capitalismo es bueno cuando hay novecientos millones de seres humanos que pasan hambre, ciento cincuenta millones de niños desnutridos, cinco mil gurises mueren por día de diarrea y neumonía y tenemos cincuenta millones de hambrientos en América Latina y veinte millones de esclavos. Cambio en el mundo del trabajo no es igual a que la vieja bandera de la emancipación hay que abandonarla. Hoy se demuestra más claro que hace ciento cincuenta años que la emancipación es necesaria.

 

¿El modelo a seguir?

Está claro que por lo que fue el estalinismo en la Unión Soviética no es. ¿Qué quieren? ¿Que llore toda la vida?

Tenemos que ir a construcciones populares que ubiquen una relación distinta entre gobierno, sindicato y partido, y lo estamos tratando de construir en la práctica concreta. Nos vamos a equivocar mucho.

 

¿No vas a agarrar un cargo político?

No.

 

¿Vas a hacer campaña?

Sí, a muerte.

 

¿No vas en la lista?

Voy a ir en lista en calidad de suplente para no asumir. Probablemente encabece la convención ahora. A cada lado que voy digo que no largo el sindicato, porque tengo un amor a este gremio de toda la vida. Es una decisión consciente. Punto dos, me parece que la jerarquía sindical tiene una jerarquía similar a cualquier otra trinchera. Punto tres, porque me enferma la desesperación que hay por el cargo por el lugar tal, como si el escalón para el Parlamento fuera el sumun. ¡Llegaste!  Acá en el Sunca llegué. Acá lo más importante es que haya mucho colectivo laburando. Yo soy solo la trucha que más aparece. Hay muchos que no aparecen y esto está bueno hablarlo claro, porque a veces se quiere depositar en la cara visible el conjunto de los logros.

 

Es parte de la ideología dominante.

Sí.

 

¿Por qué te quiere tanto Mujica?

Es un viejo bárbaro, yo también lo quiero en pila. Vos te vas a pelear con él  y te recibe en chancleta y todo desprolijo. Es un militante de izquierda, le duele la pobreza en serio, no para la foto.

 

 

 


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