PATRICIA SORIA Creo que el Partido Colorado necesita pedirle perdón a la gente

publicado a la‎(s)‎ 16 mar. 2017 17:04 por Semanario Voces

Es mujer, es joven, es colorada y una gran peleadora. Se ha metido en todos los temas polémicos posibles sin importarle que la acusen de cualquier cosa. No se calla nada.  Tiene un espíritu  de lucha envidiable que sería fantástico se contagiara a otros jóvenes de todo el espectro político. Acá va la charla con “Pato”, una batllista de izquierda.

 


 

Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

 

 

¿Tenés veintiocho años?

Veintiocho, estrenados ahora en diciembre.

¿Hija única?

No, tengo una hermana mayor, de cuarenta y tres años, que es una persona con discapacidad. Mi vieja tuvo problemas en el parto. Pobre, pasó por una violencia obstétrica tremenda y, cuando la llegaron a atender, mi vieja estaba con un pico de presión terrible. Mi hermana nació muerta, la revivieron y estuvo tres días en el CTI, desahuciada. Tampoco le dijeron en el momento que tenía una discapacidad, sino que se enteraron con el correr del tiempo, cuando vieron que sus comportamientos no eran los de una niña “normal”. Y ahí empezaron a tratarla con un montón de médicos para que pudiera salir adelante. Pero no ha sido fácil.

¿Qué hacen tus viejos?

Mi vieja es laburante, una luchadora absoluta. Es peluquera, pero cuando le tocó lavar un piso lo lavó, y cuando le tocó salir a cuidar enfermos también lo hizo. Y mi viejo era empleado público, trabajaba en el Banco Hipotecario, hasta que el banco estuvo en el horno y ahí pasó a la OSE, donde estuvo trabajando hasta que falleció cuando yo tenía diecinueve años.

¿Batllistas?

Bueno, sí. Mi viejo militaba con Vasconcellos. Cuando se vino la época oscura en el Partido Colorado, él se fue y arrancó con el Partido Socialista. Hasta sus últimos días se definió como socialista. Decía algo muy interesante: que antes que frenteamplista era socialista, y decía que el Frente Amplio era una herramienta pero no un fin en sí mismo. Algo muy interesante. Capaz que la historia en algún momento le da la razón sobre que el Partido Socialista tiene que escindirse.

Estás estudiando Ciencias Políticas.

Sí, las materias ya las terminé y en este momento estoy con la tesis, que pienso presentar el mes que viene. También la carrera se me alargó muchísimo con el tema de mi hermana. Es como si fuera una niña de cinco años, pero en el cuerpo de una persona de cuarenta y tres. Después se enfermó mi viejo y falleció. Ahí se me trancó horrible la carrera, tuve que salir a trabajar, y trabajé en lo que venía: en el shopping, vendiendo ropa, hasta en un cementerio privado. Nunca le hice asco al trabajo, si hay que trabajar, se trabaja.

Esta situación te lleva a ser muy sensible al proyecto del Sistema de Cuidados y su importancia.

Ni que hablar. Creo que es un tema fundamental. No es un tema que yo toque, en general, porque te ponen en un lugar de victimización o porque se puede entender que uno tiene interés en los temas porque los vive, y no necesariamente es así. También levanté la bandera del matrimonio igualitario, y no por ser gay, porque soy heterosexual. A veces uno cuando cuenta sus historias personales después se ve condicionado por la opinión de la gente. Pero si se me pregunta, sí, lo cuento.

¿De dónde surge tu interés por la política?

Mi familia es una familia muy politizada. Como la típica familia uruguaya, en realidad, porque el Uruguay es un país muy politizado, pero con la característica de que en mi familia hay de todos los colores. Mi papá venía de un origen batllista y se fue al Partido Socialista, y mi mamá se define batllista pero ha votado a todos los partidos, porque evalúa a las personas; es una mujer que no se fija mucho en los partidos y los colectivos sino en los candidatos, lo que también es un rasgo típico uruguayo, con ese voto volátil que va hacia la persona y no al colectivo.

Más ahora que antes.

Sí, sí. Después uno de mis abuelos era de la 15, a ultranza, y el otro era de la 71, que es en realidad el abuelo con el que yo más trato tenía, porque el abuelo de la 15 estaba más enfermo y, cuando empecé a madurar, ya no podía conversar mucho de política con él. Pero sí con el otro, con el que empecé a agarrar roce, y a darme cuenta que no necesariamente estaba a favor de todo lo que me planteaba.

¿Y con esa herencia herrerista, cómo agarraste para el batllismo?

Por mi viejo, que era un tipo que destilaba batllismo, y por mi otro abuelo de la 15. Después tengo una tía que era pachequista a muerte.

Tenías al arcoíris.

El arcoíris total. Y otra tía de la 609. Una locura total. Me costó definirme, es lógico. Los domingos eran un ping pong donde todos opinaban de distinta manera y yo los escuchaba y trataba de ver con quién estaba de acuerdo y con quién no, y por qué, y era un ejercicio continuo de introspección. Los libros siempre estuvieron presentes en casa.

¿Sos lectora?

Sí, sí, me gusta mucho leer. Mi viejo siempre me decía que su única herencia iba a ser los libros, y que los aprovechara. Y la verdad es que es una biblioteca preciosa. Después, cuando entré a sociales eso fue un click importante, porque me ayudó a darme cuenta qué era lo que pensaba y a fundamentarlo, y ahí fue que me definí por el Partido Colorado.

¿Es difícil ser colorada en la universidad?

Puede ser. Cualquier pertenencia es difícil, porque es como que todo el mundo te mira más. Al principio cada uno cae con su termo y con su calcomanía, y el que es colorado o blanco va a mirar de reojo al que tiene un pegotín de la CAP-L en el termo, y al revés. Sí, al principio me pasó que me saltearan en la ronda del mate (risas).

El sectarismo del mate.

Sí, esas cosas me pasaron. Después, cuando me conocían, decían que yo era colorada pero buena. “Presta los apuntes y todo.”

Porque generalmente se tiende a pensar que en la universidad pública domina la izquierda. Que es vergonzante no ser de izquierda.

Y también prejuzgar que si venís de un partido fundacional —no uso la palabra tradicional porque el Frente ya es un partido tradicional a esta altura— tenés que ser de derecha. Está eso, que obviamente es culpa de los propios partidos y su vuelco a la derecha, y de repente cuando empezás a hablar la gente se extraña. “Pensás eso y sos colorada, qué bicho raro.” Eso está presente. Pero la realidad es que uno demuestra con los hechos. Con el pasar del tiempo nos fuimos conociendo con mi generación, y me llevo amigos, compañeros y compañeras y gente con la que mantengo contacto hasta el día de hoy y con quienes nos nutrimos mutuamente.

Los jóvenes políticos, ¿tienen mayor afinidad que la que se ve entre los veteranos?

Hago el paralelismo con lo que pasó en el período negro de nuestra historia reciente, con el golpe y el terrorismo de Estado. En ese momento todas las juventudes, sin importar su procedencia partidaria, se unieron porque tenían un objetivo en común. Después, cuando logramos volver a la democracia, cada uno se fue para su casa y se terminó esa construcción colectiva. Y pasó un tiempo en que cada uno, como los caballos, cinchaba en su tienda política sin mirar para los costados. Creo que lo que empezó a pasar desde hace un tiempito es que de vuelta empezó a aparecer un proyecto en común. Empezó a pasar con la agenda de derechos, con determinados temas que, más que por partido político, dividían entre liberales y conservadores.

¿Cortaba transversalmente a los partidos?

Sí. Me pasó de militar por temas de la agenda de derechos y encontrarme con gente de todos los partidos, y notamos que la división era esa, entre liberales y conservadores. Se dio con el No a la Baja. En mi caso no pude participar del movimiento, porque tenía más que una mordaza puesta, pero lo vi desde afuera y vi que nucleó muchísimo. Y creo que todos esos mojones dejaron la puerta abierta para poder conocernos entre distintos jóvenes de los distintos partidos políticos y pensar hacia adelante en un proyecto de país. Es algo interesante que se dio.

Interesantísimo. Estás en la coordinadora por el voto en el exterior, otra cosa que también se la adjudicaron mucho a la izquierda.

Sí, es lógico. Era una bandera de la izquierda y la sigue siendo, porque en los partidos fundacionales nadie se la juega a decir públicamente que la apoya. Hay gente que me consta que está un poco a favor pero que le da un poco de chucho salir a levantar esa bandera, porque ha sido una bandera histórica del Frente. Claro, se asocia que la gente que está viviendo en el exterior es gente exiliada políticamente, y en general es gente que ha sido expulsada del país por causas económicas o porque han buscado nuevos horizontes, pero la ciudadanía no se pierde por estar fuera del país. Es una causa que apoyo porque es un derecho fundamental que hoy por hoy está siendo negado. Esa es la realidad.

Algunos ven la agenda de derechos como parches a cambios profundos. En lugar de cambiar la estructura económica, estamos planificando algunos cambios que en definitiva no modifican las estructuras. Los gays son el 10%.

Ah, no sé.

Bueno, capaz que en los colorados son más (risas).

Martínez Trueba es un closet entero, mejor ni hablar (risas).

No son cambios que vayan a problemas centrales que abarquen a toda la sociedad.

Yo creo que son problemas centrales que están súper arraigados en la matriz social y cultural del Uruguay. Lo que sucede es que cuando uno va teniendo cubiertos determinados derechos va avanzando hacia la conquista y el reconocimiento de otros. Claro, pasamos por una crisis súper fuerte en 2002 y después empezó la bonanza, y como ahora hay un nivel de vida más o menos cubierto empezaron a manifestarse otras necesidades que en realidad ya se venían manifestando. Eso del Artículo 8, de que somos todos iguales pero diferenciados por nuestros talentos y virtudes es chuco total y absoluto, es mentira que en Uruguay somos todos iguales y que todos tenemos las mismas oportunidades, es mentira. Hay todo un tema, porque quien es marxista ortodoxo te va a decir que, lógicamente, cuando superemos  las desigualdades económicas se va a superar todo, y la verdad es que no, no es así, porque hay desigualdades sociales, por relaciones de poder que se dan más allá del dinero; como, por ejemplo, las relaciones de género, donde hay una vertiente económica que es un tema muy importante, pero también si ponemos a un hombre y una mujer que ganan lo mismo en una carrera a un cargo público, seguramente va a ganar el hombre. Hay desigualdades que vienen asociadas a los roles que tenemos socialmente adjudicados, y no son solamente desigualdades de género sino de orientación sexual, porque existe el acoso, y somos un país machista, homofóbico, y también xenofóbico, y quedó súper demostrado en la discusión por los refugiados, y queda súper demostrado cuando vemos que las personas inmigrantes en Uruguay viven en guetos. La situación de las personas migrantes es súper triste en Uruguay.

¿No pasa por el corte económico? Trabajan en condiciones deplorables, ganan sueldos miserables, no tienen acceso a mejores condiciones de vida y tienen que alquilar una pieza entre ocho.

Por supuesto, estamos viviendo en capitalismo, el capitalismo es injusto y a eso no hay con qué darle. Lo que hay que tratar de hacer es trampas al solitario al capitalismo para ir sorteando las diferencias y acortando las brechas que existen. Sin duda que las diferencias parten de un tema económico.

Vos planteás esto de “ni una menos”, perfecto, pero si tuviesen igualdad de condiciones económicas como para no tener dependencia, ¿cuánto se achicaría en número de mujeres que no pueden dejar de seguir con un marido o una pareja violenta porque dependen económicamente?

Sí, y no, porque la violencia de género se da en todas las clases sociales, y eso está absolutamente comprobado, no solamente en Uruguay sino en el mundo. Las mujeres que tienen un patrimonio atrás —de repente no porque lo hayan desarrollado ellas mismas sino porque hay un respaldo de mamá y papá atrás— también sufren violencia de género. Lo que pasa es que la dominación pasa por otro lado, pasa por esa creencia que tiene el hombre acerca de que la mujer es débil, de que es una propiedad. Y pasa por la Constitución, porque la realidad es que en la Constitución pesa más la propiedad privada que el cuerpo de una mujer. Está en la Constitución, donde la propiedad privada es un bien sagrado, y hay tipos que piensan que la mujer es parte de esa propiedad privada, más allá de tener un peso o no tenerlo. Va más allá de un tema económico. Aparte, imaginate, si nos hubiéramos quedado sentadas esperando a que se corrigieran las desigualdades económicas, no votábamos. (Risas). Seguiríamos sin tener derecho al voto. Creo que el tema de las desigualdades es muy importante, y la redistribución de la riqueza es una parte importante para superar las desigualdades, pero otra pata muy fuerte es el reconocimiento de las identidades. Eso es algo importantísimo.

¿Tiene fuerza el movimiento feminista uruguayo?

Sí, yo creo que sí. Y se ve en los logros. Es por las mujeres que tenemos ley de violencia doméstica. A partir de la bancada bicameral femenina hay un diferencial imponente en materia de legislación. No todas las mujeres se reconocen como feministas, pero eso es porque también en Uruguay hay un tema de mucho miedo a las palabras.

A las etiquetas.

Así como también en el Partido Colorado hay miedo a decir que sos progresista —que es lo más que se puede llegar a decir, porque decís que sos de izquierda y ya te miran mal— hay mucho problema con la palabra feminismo, que es vista como un antónimo de machismo, cuando no es eso. Feminismo es, justamente la búsqueda de la igualdad de los géneros. Creo que en Uruguay las mujeres han tenido acciones importantes, trabajando entre todas y consiguiendo un montón de cuestiones por las que, hasta el momento, los que estaban ahí sentados ni se preocupaban. La ley de violencia doméstica que tenemos actualmente, que fue votada durante la presidencia de Jorge Batlle, fue un logro de la bancada bicameral. Las mujeres hicieron fuerza entre todas y así se consiguió. Creo que sí, que el movimiento feminista tiene un peso muy importante en Uruguay.

Sin embargo la cosificación de la mujer no se combate demasiado.

Ah, ese es un tema tremendo. Entre las vacas sagradas que da miedo tocar está, por ejemplo, la libertad de expresión. Cuando surge el tema de la ley de medios todo el mundo estaba asustadísimo diciendo que qué horrible la ley de medios, que les iba a tocar la libertad de expresión, cuando la ley de medios no toca contenidos. Y yo, por ejemplo, sí tocaría contenidos, sin duda alguna, creo que el Estado debe meter mano en lo que se emite o se deja de emitir. Una de las cosas fundamentales es terminar con la cosificación de la mujer en la televisión.

Pero eso no es una bandera del movimiento feminista.

Se habla. Se habla de todo el abuso callejero, por ejemplo. Es un gran tema, que también viene de la cosificación de la mujer, porque si salís con un short es porque salís con un short, y salís con una arpillera es porque salís con una arpillera, no importa cómo salgas a la calle, siempre vas a tener a un tipo diciéndote lo que se le pasa por la cabeza. Eso está presente. El movimiento feminista es muy diverso, también. Hay mujeres de varios lados, de la academia, del movimiento social, muchas mujeres del Frente Amplio pero también mujeres del Partido Nacional que están en contra del aborto, e igual son feministas, y yo las reconozco y las respeto como son, porque para mí no hay una sola manera de ser mujer y feminista.

Es un espectro muy variado.

Sí, sí. Hay parte del movimiento, por ejemplo, que se niega a que participen hombres. Yo pienso lo contrario, pienso que la lucha sin los hombres es imposible. Creo que si no conseguimos aliados hombres… Celebro que ayer se dio esta reunión de los varones por la igualdad, me sentí súper feliz y emocionada.

Eran cuarenta.

Pero vamo’ arriba, son cuarenta. No es fácil. Estoy súper feliz y emocionada con eso, porque me parece que va por ahí. Solas no somos nada.

¿Cómo ves el tema prostitución?

Es un gran tema. Creo que si existe hay que regularlo, y está bien que esté regulado y me parece excelente que Uruguay en eso tenga una postura activa. Ahora, si voy al fondo de la raíz, creo que los cuerpos no deben venderse, hay cosas que no se pueden vender y comprar en la vida. El cuerpo es algo que no se puede mercantilizar.

¿Vos hablabas del sistema capitalista?

Claro, estamos en un sistema capitalista. Para algunas concepciones todo se vende y todo se compra. Es como esa frase que dice que todo tiene un precio. Para mí, no. Pero bueno, entiendo que haya mujeres que vivan de vender su cuerpo, las respeto.

También hay hombres.

También, y no se habla mucho de eso.

A veces rechina eso de llamarlas trabajadoras sexuales.

Totalmente. También está eso políticamente correcto de decir que “no hables mal de la trabajadora sexual”, pero no es que yo hable mal de la trabajadora sexual, sino que lo que me indigna es que una mujer tenga que abrir las piernas para comer, realmente. Me indigna terriblemente. Pero sé que hay muchas familias que dependen de eso, es un trabajo, está regulado, y mientras la persona que lo ejerza, sea hombre o mujer, tenga garantías para poder ejercerlo…

Que no sea explotada.

Exacto. Qué vamos a hacer, es un trabajo.

De todos modos, el horizonte debiera ser cambiar este sistema social injusto, como para que no existan las condiciones…

Sí, en mi concepción ideológica el cuerpo no debería ser mercancía.

Hay movimientos feministas que son abolicionistas, que apuntan incluso a penalizar al cliente.

Me parece algo muy interesante. “Pero le estás sacando el laburo a la mujer que depende de eso”, me dicen. Sí, es cierto, pero me parece que hay que dar otras oportunidades, ofrecer otras cosas. Pasa mucho, por ejemplo, con la población trans. Muchas mujeres trans lamentablemente viven de eso, no tienen otra. ¿Por qué? Porque fueron expulsadas del sistema educativo, que es híper cruel y conservador, donde no solamente hay acoso de parte del alumnado sino también de cuerpo docente. Y la situación es complicada, porque, si no tiene otra herramienta, entonces tiene que vender el cuerpo y chau, no hay otra. Es un tema muy sensible. Creo que hay que dar herramientas, hay que empoderar a esas mujeres para que puedan tener otras opciones a considerar. Es un tema ideológico, más que nada.

¿Hay que llegar a la paridad?

Ah, yo creo que sí.

¿En todos los cargos?

Sí, me encantaría que sea en todos los cargos, y que sea en el ámbito público y en el privado. Es un ideal. Ahora, también te digo, a mí no cualquier mujer me sirve.

Es una de las cosas que se dicen en contra de la cuotificación para cargos electivos. ¿Cuáles son los remedios que te parecen mejores para ir solucionando el tema?

La paridad o la cuota son acciones afirmativas. La génesis de este tipo de acciones es que son mecanismos correctivos de determinadas injusticias e inequidades, y que son temporales, porque esto no es algo para siempre, porque, si no, te pasa como en la Argentina donde la cuota terminó siendo un techo, porque había más mujeres disponibles que cargos. Creo que es un mecanismo que ayuda.

Pero acotado en el tiempo.

Claro, es correctivo, y se corrige cuando la cultura se logra superar. Es como pasó con la universidad femenina: el batllismo tuvo que implementar la universidad femenina, porque las mujeres no se podían educar. ¿Ahora hay una universidad femenina? No, ahora estudiamos todos juntos, porque ya está.

Y son más mujeres que hombres, y se reciben más.

Y con mejores notas. ¿Y por qué ahora podemos estudiar todos juntos? Porque ya está, porque el uruguayo promedio se sacó de la cabeza eso de que la mujer no servía para estudiar y que tenía que estar en la casa porque estaba en su ADN. Creo que esto va a ser un mecanismo temporal y correctivo de esta situación. Y aparte la desigualdad está en todos lados, porque vos prendés la tele y están hablando de Venezuela y tenés a Heber, a Ope Pasquet y a Gonzalo Civila, y no te ponen a una mujer opinando sobre los temas duros de la política. Ahora, si hablan de violencia doméstica, ahí sí te llaman a Constanza, a Mónica, a Susana Montaner. Los medios también juegan un rol muy importante, porque te dan una imagen de líder que cumple determinados requisitos: que sea hombre, mayor de cincuenta años, caucásico, y por favor heterosexual, y que si es gay que no lo diga. Hay todo un tema con la construcción de quién es el líder y quién es el informante calificado. Y eso llega a la gente, y lógicamente vos después estás en una lista y tenés que tunearte, primero que nada, como le pasó a Constanza, que tuvo que pasar por un tuneo en el maquillaje y el pelo. O como le pasó a Dilma, que también se tuvo que tunear. Si sos mujer y querés ser líder, no podés ser cualquier mujer: tenés que tunearte.

Lucía no se tuneó nada.

Bueno, pero no llegó, tampoco. Quedó por el camino (risas).

En Chile, que debe ser de los países más machistas en Latinoamérica, Argentina y Brasil llegaron presidentas mujeres. En Uruguay no hay ni un futuro imaginable.

Es que somos un país muy hipócrita. Mirás las encuestas y te dicen que sí, que estaría buenísimo que haya mujeres en política y tener una presidenta mujer, pero después, al momento de cortar el bacalao, siempre lo cortan los mismos.

Mejor que por la cuotificación, ¿no sería empezar a luchar porque dejase de existir la lista sábana y que los diputados pasasen a ser electos individualmente?

¿Vos te imaginás el relajo que puede llegar a ser tocar el sistema electoral en este país conservador, donde seguimos votando con los papeles? Es una cosa arcaica que no puede más. Hablás del voto electrónico y a todos les viene un síncope. Para mí sería brillante y espectacular pasar a todo electrónico. Pero al sistema político le viene un síncope. En mi ideal, lo que sería fantástico sería poder tener listas abiertas. Como pasa con el presupuesto participativo y la votación por los concejales. Vos tenés listas abiertas y marcás al candidato o la candidata que querés. Eso sería fantástico. El tema es que también haya que asegurar que haya una igualdad de competencia entre hombres y mujeres, porque creo que solo de por sí cambiando el sistema electoral a un sistema de listas abiertas no cambiás, igualmente, porque está asociado a un tema cultural que hay por detrás. Hay un tema cultural de estereotipos de roles de género, de quién dona la guita, porque vamos a ser sinceros: acá en Uruguay, si no tenés un peso partido por la mitad, no llegás a ningún lado.

Se está abriendo el tema de la financiación de los partidos, para que sea algo mucho más democrático.

De ahí a que tenga una perspectiva de género… La realidad es que los donantes donan al que saben que va a ganar: fulanito, no fulanita. Pum, la plata va para ahí.

Pero eso no solo discrimina por género, discrimina las nuevas ideas que todavía no se han instalado.

Sí, sí, sí.

Es desesperanzador constatar que la democracia dependa del dinero.

La realidad es que yo no vi a ninguno de los candidatos o figuras políticas predominantes de ninguno de los partidos hablando de la necesidad de cambiar el sistema electoral. De lo que se está hablando es de la ley de cuotas, por ahora, y a la que están diciendo que sí porque no quieren la paridad, y en eso hay que ser absolutamente sinceros: todos los que ahora dicen que “ay, sí, la ley de cuotas”, es porque prefieren la cuota antes que la paridad, porque con la paridad hay más chances de que las mujeres entren.

La implementación de la cuota fue vergonzosa. Si te ponen tercera en una lista de un departamento donde van a elegir a uno solo, quedás afuera.

Exacto. Pero igualmente sirvió para algo. De un 14% pasamos a un 20% en el parlamento. Algo hizo.

Se trampeó.

Ni que hablar.

Los partidos la trampearon.

Y todos, porque hay partidos dentro del Frente Amplio donde la misma mujer está en todas las listas. Eso es mortal. Porque siempre se habla de la trampa del Partido Nacional con Bianchi, por ejemplo, que es la más evidente, pero si mirás otras listas…

Margarita Percovich salió diputada y edila hace muchos años y fue por el edilato, dejó la banca en el parlamento y entró un hombre, y nunca se le cuestionó como se le cuestiona a Bianchi.

Hay otras mujeres que son feministas y que defienden mucho la causa pero que aparecen en varias listas. Es complicado. Hay que tener honestidad intelectual en ese sentido, para dejar el espacio a otras compañeras.

De pronto no hay las mujeres suficientemente capaces en los partidos.

Ay, el tema de la capacidad… ¿Qué dijimos recién? Que las mujeres somos las más egresadas de las facultades, con las mejores notas. Es mortal el tema de las capacidades, ¿sabés por qué? Porque cualquier ciudadano o ciudadana puede ser representante del pueblo mientras tenga más de veinticinco años y se presente en una lista. No se precisa un curso de la NASA para estar en el parlamento. El discurso de las capacidades está obsoleto. ¿Y cuál el tribunal de las capacidades, aparte? Si los agarrás no sé cuántos pasan la prueba de las capacidades.

No pasan la prueba PISA…

(Risas).

Llegó Juan Ángel Vázquez…

Pero escuchame… Y cada partido tiene su Juan Ángel Vázquez. Ay, ay, ay, hay cada uno que… Ahí tenés el titular (risas).

¿Cómo llegás al Partido Colorado?

Por Fernando Amado.

Ese es el responsable. ¿Lo conociste en Facultad?

No, no conocí por las redes sociales. Un día me apareció en el inicio que iba a hacer una mateada, y pensé: “Una mateada en el Partido Colorado, tomá.” Y en la Plaza Líber Seregni, para colmo, que es un gran personaje, una persona que admiro mucho. Y me llamó pila la atención que un loco joven hiciera una mateada del Partido Colorado en la plaza Líber Seregni. Fui con mi mate, a ver qué onda. Lo escuché y me pareció algo súper diferente lo que estaba planteando, a lo que estaba acostumbrada a escuchar por la tele y en la radio. Cuando terminó la mateada, me acerqué a hablar con él, y hablamos como cuarenta minutos. Y después quedamos en reunirnos. Al principio dudaba, pensaba que capaz era un chanta más y no sabía si meterme o no en la militancia.


¿Y cuando confirmaste que era un chanta más?

(Risas). Nos reunimos en su despacho y conversamos pila. No podía creer que el loco me estuviera planteando pila de cosas que yo ya pensaba acerca de cómo debería ser la política, porque para mí la política no es un club de amigos, ni es ir a comer un asado y ya está. Yo quería hacer política de verdad, recorrer Montevideo y ver todas las realidades diferentes, y escuchar a la gente de primera mano y saber cuáles eran las demandas reales. Y me encontré con ese panorama, y la verdad es que me encantó.

¿Cómo te integrás a un partido que ha tenido la característica de expulsar todo lo que no sea conservador?

Es que la historia del Partido Colorado es apasionante.

Sí, la historia.

Imaginate, teniendo a Caetano de profesor de historia —que es el tipo que mejor habla de historia en Uruguay, y la verdad es que lo admiro muchísimo— yo me enamoré de la historia del Partido Colorado, con sus grises, con todos sus matices.

Pero te enamorás de Batlle y no de Viera.

Ehhh… Bueno, la verdad es que me conquistó mucho la historia del batllismo, me pareció una historia fascinante y que nos marcó como país a nivel internacional. Es cierto que el Partido Colorado tiene muchos grises y tiene negros. La historia del Partido Colorado es heavy, pero bueno, es un partido súper antiguo y que gobernó la mayor parte del tiempo, así que seguro se iba a mandar alguna macana. Y el Partido fue bueno cuando su mayoría la formaban los buenos. El problema fue cuando se dio vuelta la tortilla y la mayoría empezaron a formarla los malos, que es lo que está pasando un poco ahora.

Los malos expulsando a los otros, porque antes no los expulsaban.

Y no, porque no tenían fuerza. Si no, los habrían expulsado. A Batlle y Ordóñez lo habrían expulsado porque el lío más grande de Batlle y Ordóñez lo tenía en el propio Partido Colorado. Pasa que en ese momento no tenían la fuerza para hacerlo, y Batlle tenía la cancha libre para hacer todo lo que pudo hacer.

¿Tiene espacio hoy una visión de izquierda como la tuya en el Partido Colorado?

Es jodido, porque la verdad es que el Partido Colorado se ha encargado muy bien de expulsar todo tipo de corriente progresista o con matiz de izquierda. Hay personajes espectaculares dentro de la historia del Partido, que han sido expulsados. Esto es absolutamente por amor a la camiseta, hasta que el cuerpo aguante y hasta que el Partido lo permita.

¿Vos sentís la presión?

Sí, está clarísimo.

¿Sentís que podés cambiar eso?

Es la gran misión. Es una responsabilidad —histórica, si se quiere—, porque haya un legado, un sector, una pata, un ala, algo presente que no sea el statu quo hoy domina al Partido Colorado. También hay que decir que en el Partido Colorado somos tres gatos locos, esa es otra realidad. A veces seguimos hablando del Partido Colorado como si fuésemos gobierno, cuando la realidad es que es un partido chiquito, con tres gatos locos, donde todos nos conocemos y donde hay más sectores que personas. Es un partido que no representa a nadie. ¿A quién representa el Partido Colorado? Lo que el Partido Colorado quiere representar, hoy ya lo representa muy bien Lacalle Pou. Ahí tienen otro titular (risas).

¿No se apropió el Frente del batllismo?

Sí, claro. Obvio. El Partido Colorado dejó tirada la bandera del batllismo, la dejó tirada en la calle, y obvio, vino el Frente y la levantó. El Frente no aparece mágicamente, sino que aparece por batllistas que se van del Partido Colorado y por wilsonistas que se van del Partido Nacional porque no aguantan más el conservadurismo. Lógicamente que el Frente Amplio tiene un fuerte contenido batllista, porque nace de todos esos batllistas expulsados. Y hay unos cuantos.

Estás dando una pelea de David contra Goliat…

Sí, sí. Absolutamente.

¿Vale la pena?

Creo que sí. No me perdonaría irme para mi casa. Aparte, si me voy para mi casa, tendría que votar en blanco después, porque no hay otra opción, porque no hay hoy otra opción que me represente. Está complicado. De brazos cruzados no me puedo quedar. Soy una persona hiperactiva. No me va quedarme en mi casa a mirar el informativo y putear. Hay que salir a hacer algo.

¿No hay que hacer otras construcciones políticas entonces? Incluso aprovechando esa línea de cercanía que encontrabas entre los jóvenes.

Se puede construir una agenda en común desde todas las trincheras. Pero está claro que todos tenemos maneras diferentes de ver cómo superamos las diferentes estadías que nos toca superar. Creo que los partidos son necesarios, y cada uno con su ideología.

¿Estos partidos son necesarios?

Creo que el sistema político está pasando por una mutación. Y creo que la elección de 2019 va a ser un punto de quiebre. Vamos a ver qué pasa después. Pero todo está mutando.

Amado arranca para las ocho horas.

(Risas). Lo converso con otros compañeros y compañeras de los distintos partidos políticos y la verdad es que vemos que está todo explotando. Cada interna es un mundo y un incendio. Hay que ver qué pasa. Se está reconfigurando todo. Y además esta locura de que ahora hay otro partido. Primero fue el PI, y en facultad decíamos que Mieres estaba loco, que había salido de la Facultad, donde justamente tenía a su cargo la cátedra de Ciencias Políticas II, donde justamente estudiás el sistema de partidos. Nos preguntábamos que cómo ese hombre, sabiendo cuál es la realidad, se largaba a hacer un partido. “Está loco.” Y le fue bien, viene creciendo.

Ahora, vos te oponés a esa fermentalidad. Contra la Concertación, de la que surge el Partido de la Gente, ustedes tuvieron una lucha importante.

La Concertación fue una cosa terrible, y lamentablemente tuvimos razón y se dio todo lo que pronosticábamos. Y digo que lamentablemente porque me parece tristísimo para la política nacional que exista un partido político que lo que hace es, directamente, denigrar la actividad política. Me quedo mil veces teniendo de adversario al Partido Nacional, que es un partido serio, que tiene su ideología clara y que te la dice en la cara. Y no tener a un señor con dinero que montó todo una estructura, con un montón de carteles por todo Montevideo, cosa que no se puede hacer, porque hay un tiempo para hacer la publicidad electoral.

O compra notas en los noticieros.

También. Clippings, te manda todo editadito para que vos lo pases.

¿Qué significa nombrar solo al Partido Nacional como rival dentro del espectro? ¿Por qué no nombrás al Frente Amplio?

Porque yo sin duda alguna me siento más cerca del Frente Amplio que del Partido Nacional, por un tema ideológico. Soy una persona de izquierda y batllista, y me siento mucho más identificada con planteos del Frente Amplio que con los del Partido Nacional. Es algo que siempre digo con absoluta honestidad, y eso no significa que me vaya a ir al Frente. Significa que a la hora de escuchar una intervención en el parlamento suelo sentirme mucho más cómoda con intervenciones que realiza el Frente Amplio que con las del Partido Nacional. Eso es así.

Lo de Fernando con la banca, ¿no fue oportunista?

Pero la banca es de la persona.

Vos sabés a qué nos referimos. Él sabía que estaba rompiendo con Pedro.

Bueno, con Pedro estuvimos rompiendo siempre.

Lo lógico hubiera sido lanzarse con una lista propia en las elecciones pasadas.

Pero hasta ese momento la situación todavía era sostenible. Es como una relación de pareja: uno tiene una peleíta, tiene dos, tiene tres, hasta que llega un momento que decís: “Agarrá tus cositas y chau”. Creo que con Pedro nos pasó eso. Al principio estuvo todo bien, porque no se hablaba de política, eso es una realidad, o sea, había que hacer un invento en el Partido Colorado para romper con los liderazgos de Jorge y de Julio.

¿No se hablaba de política?

Claro, hasta que no se habló de política dura no había roces. Si vos de lo único que hablás es de hacer una alternativa, de ganarle a Jorge y a Julio, de crear un espacio nuevo, y te das manija con eso, obvio, nos damos todos manija y vamos para adelante. Ahora, cuando nos sentamos a hablar de política, ahí es cuando empiezan las diferencias.

Te preguntás para qué necesitabas ganarles a Jorge y a Julio.

Claro, exacto. Una cosa es ponerse atrás del carro, y otra es ponerse a hablar de política, y eso fue lo que nos empezó a pasar. Me pasaba que escuchaba a hablar a Pedro en el parlamento y pensaba: “Esto es el herrero-ruralismo.” Lo puse en Twitter. Parecía un representante herrerista. Y había cosas en las que estábamos a favor, pero la realidad es que en otras no. Chocábamos y chocábamos, y a Pedro tampoco le gusta mucho chocar. Esa es una realidad. Y también había muchas mociones que salían en los ejecutivos de Vamos Uruguay que eran muy graciosas, porque ya estaba todo cocinado: Pedro largaba algo y uno largaba el aplauso, y aplaudía todo el mundo, y todo se aprobaba por unanimidad y aclamación. Con la Concertación fue una de las guerras más fuertes que tuvimos, porque la verdad es que eso era invotable, porque era obvio que iba a pasar lo que está pasando ahora.  Era crear un Frankestein. Fue lo peor que pudimos hacer.

¿Pero no representa a un sector de la sociedad y es válido como tal?

¿Decís que hay un sector de la sociedad que denigra la política?

Hay un sector cada vez mayor que se convence con eso de la gestión. ¿Cuánta gente arrastró Macri porque era un empresario exitoso? ¿No hay una derrota de la política, más allá de este partido, que le da cabida y lugar a este partido?

Sí, son estrategias de marketing. Yo me quedo con la vieja usanza, no con la del caudillismo sino con la de hacer política en serio y pensando en la gente, no pensando en mis amigos. La realidad es que hay un surgimiento de este tipo de personas, que son empresarios, que tienen su club de amigos y que utilizan la política como trampolín para el beneficio suyo y de sus amigos.

Con las reglas de juego actuales, ¿se puede hacer política sin entrar en el marketing?

Creo que está muy bueno esto que plantea el Frente —que no sé en qué quedó, la verdad— sobre prohibir la propaganda política. Me parece excelente. Hacer política no es vender hamburguesas. ¿Para qué querés un cartel, una publicidad, la cara bonita y el Photoshop? No estás vendiendo hamburguesas, estás sirviendo al pueblo, y para eso no precisás publicidad. Decí lo que querés hacer, y después la gente te va a votar, si le sirve lo que planteás. En esta lógica de que todo se compra y todo se vende, creo que las ideas no se pueden comprar y vender, o no se deberían mercantilizar, por lo menos.

¿Estás de acuerdo en que haya debates?

Sí, me parece buenísimo el tema del debate, me parece una herramienta válida. Aparte nos re colgamos, porque hay un debate en cualquier país y nos colgamos, los que estamos en el microclima de la política nos sentamos a ver los debates.

Ese es el tema. ¿Los políticos no están viviendo en un microclima frente al resto de la sociedad, que los mira como algo ajeno?

Sí, siento que sí. Hay lucha política de escritorio, con la que particularmente no me siento cómoda. Creo que hay un núcleo duro que hace política de escritorio en el Palacio Legislativo y que no sale de ahí. Eso es una macana, porque lleva a que la gente no crea en los políticos, y también abre puertas a este tipo de gente que sale una vez con una camisita blanca recién sacada de la bolsita, y te recorre dos calles y se saca dos fotos y somos “el Partido de la Gente”. De la gente que come sushi (risas).

¿Estás segura que es la gente que come sushi? ¿No es la que en algún otro momento arrastró el pachequismo o Mujica?

Totalmente.

¿Tiene perspectiva el movimiento Orejanos?

Hay que ver. Las ganas y la voluntad política están. El tema es aguantar, que no te ganen por cansancio. Hasta que el Partido nos deje, hasta que la gente nos banque, porque un movimiento sin gente no existe. Fernando puede tener la mejor de las voluntades, pero solo no llega a ningún lado.

Hay una virulencia en las redes hacia Fernando. “Traidor” es lo más lindo que le dicen, y mayormente de parte de colorados. Hay una convivencia que parece difícil.

Al que no hace nada seguro no le pegan. Si salís a hacer ruido… Obviamente que está el “no hagas olas”. Salís a marcar una postura distinta de lo que es el statu quo en el Partido Colorado y obviamente que no les va a gustar. La verdad duele, y a veces decís algunas verdades de un modo no muy cariñoso, porque tampoco hay que ser complaciente. Ese es un tema: estamos muy acostumbrados a ser autocomplacientes con los colectivos a los que pertenecemos, y eso pasa en todos lados. Si hablás de frente y decís las cosas como son, duele. Esa es la realidad.

Y automáticamente te estigmatizan con que le estás haciendo el juego al enemigo o que sos traidor.

O que estás pidiendo el pase.

Es un poco la perspectiva, la ida de Fernando a hablar con Miranda es como que…

Fue como cuando se reunió con Vázquez, también pasó lo mismo. Una cosa de locos, porque la herramienta principal de la política es la palabra. Si vos no dialogás y te vas a quedar adentro de tu carpa con tu tribu y no salís a hablar con el otro, ¿qué estás haciendo? Creo que el ambiente está muy polarizado, entonces se ve que si vos te parás y vas a hablar con el que está enfrente es porque estás cocinando algo para vos, para tu gente, haciendo algo turbio, cuando en realidad lo que estás haciendo es mediando, negociando, articulando, por el bien del país.

¿Y si llega a ser el voto cincuenta, qué pasa?

El tema del voto cincuenta…  Estamos en la política del eslogan. Es tremendo. Todo es eslogan. No creo que el tema sea quién va a ser el voto cincuenta del Frente, creo que se trata acerca de quién en la oposición tiene la honestidad intelectual de darle el voto a determinadas políticas que en realidad la gente votó, para que se lleven adelante, porque la realidad de lo que está pasando ahora es que Gonzalo Mujica se abrió y ahora el Frente Amplio depende de que alguien más vote para llevar adelante lo que le prometió a la gente. Entonces, no apoyar… Hay que verlo en el momento, porque todavía no se dio, pero más o menos lo que se viene hablando… Yo sé que hay un consenso, no puede ser que no haya, no creo que nadie diga “qué horrible, no llevemos adelante el sistema de cuidados, no queremos más plata para la educación”. Creo que son cosas que todo el sistema quiere. ¿Dónde está la mezquindad? En decir: “Yo le voy a hacer trampa al Frente, como se quedaron sin un voto no los voto, así le tranco las medidas que le prometió a la gente, entonces la gente se enoja con ellos.” Es re mezquino.

Estás acusando a Gonzalo Mujica específicamente de ser un traidor mezquino.

No diría que es un traidor, eso lo dirá su propia gente. A mí no me compete catalogarlo de esa manera, porque yo no lo voté y no tengo ningún tipo de vínculo. Los que lo votaron dirán si los traicionó o no.

¿Está traicionando lo que votó la gente?

Él está jugando al ajedrez y está bien, cada uno tiene su jugada. Quienes lo votaron dirán si se sienten traicionados o no. Yo no lo voté. A mí lo que haga ni me va ni me viene. Sí me preocupa que mi partido deje a un costado la mezquindad de hacerle una zancadilla al Frente Amplio, y que no vote lo que le hace bien al país. Al Frente Amplio hay que ganarle en las urnas, no en estas zancadillas. Ahí es donde se gana.

“Al Frente Amplio hay que ganarle en las urnas.” ¿Te sentirías cómoda ganándole con esa otra mitad?

No. Por algo no apoyé la Concertación. Como decía anteriormente, me siento mucho más cómoda con las posturas ideológicas de algunos sectores del Frente Amplio que con el Partido Nacional. Al Frente Amplio se le va a ganar cuando merezcamos ganarle. No creo que hoy el Partido Colorado merezca ganarle al Frente Amplio. No lo merece. Primero que nada, el Partido Colorado tiene que pasar por una introspección importantísima, de mirar para adentro, de sincerarse, de decir todas las macanas que nos mandamos. De verdad. Hay que sincerarse en serio, no basta con hacer un mea culpa tímido. Hay que hacer una introspección seria, exhaustiva.

Sacar la foto de Pacheco del CEN, y todo eso.

El otro día me decían que se nota que hace tiempo que no paso por el CEN, porque ya no está. Es cierto, ahora dejaron solo un par de fotos. Ese tema de Pacheco es tremendo. La verdad es que no puedo creer que sigan defendiendo la gestión de Pacheco y que se escuden en que el tipo respetó la Constitución. El tipo lo que hizo fue un desborde de la Constitución. Cuando el Poder Ejecutivo pasaba por arriba del Poder Judicial para volver a instalar las medidas prontas de seguridad, cuando estamos hablando de un régimen en que había torturas, cuando estamos hablando de un régimen en que se mataron estudiantes. No podés defender un régimen de ese tipo, y no puede haber una foto del tipo ese en la casa del Partido Colorado. O sea, hay que hacer en serio un mea culpa. Y hay que pedir perdón. Yo creo que el Partido Colorado necesita pedirle perdón a la gente. Necesita reconciliarse de vuelta con la gente. Y parte de eso es reconocer los errores que están en la historia. Veo al Partido Colorado de acá a veinte años haciendo este ejercicio de terapia, para adentro y afuera, terapia de pareja con la gente, porque la verdad es que la gente nos viene cacheteando lindo y tiene razón. Hay que tener un poco de humildad en reconocer todo lo que se necesita reconocer, en pedir perdón. Y si después de todo ese proceso todavía hay partido —porque la verdad es que no sé qué puede llegar a pasar— ahí se verá si merece ganar o no. Y si hay Frente Amplio, también, porque no se sabe. Por ahora el partido más estable es el Partido Nacional, que siempre tiene su basecita del 30% y su statu quo.

Lo que está claro es que vos en un ballotage entre el Frente y el Partido Nacional, votás al Frente.

Voto en blanco, porque hay expresiones dentro del Frente Amplio que a mí no me satisfacen.

¿Cuáles?

Hay muchas con las que no coincido. En el Frente Amplio vos tenías un Ñato Huidobro que te decía que los que luchaban por los derechos humanos eran unos enfermitos. Yo obviamente que con esa persona…

Se murió, ya.

Sí, se murió, pero están sus seguidores.

Y despertó un rechazo feroz dentro de todo el Frente Amplio.

Sí, pero nadie lo sacó. Hasta que no se murió, el tipo siguió clavado ahí. Hay una hipocresía enorme dentro del Frente Amplio. Enorme. Y hay pactos enormes.

¿Pactos?

Sí, hay pactos. ¿Por qué no avanzamos en el tema de derechos humanos? ¿Qué pasa? ¿Por qué tenemos que esperar a que Italia haga un juicio y siente a los tipos ahí? Y todavía nos quejamos, porque somos fantásticos. “Ay, qué horrible que Italia no condenó a los violadores de los derechos humanos.” ¿Y nosotros qué hacemos? No hacemos nada.

Bueno, pero estás en un partido que mayoritariamente hizo todo lo posible para que no se moviera nada en ese aspecto.

No, mentira. Jorge Batlle instaló la Comisión para la paz. Fue el iniciador de eso. Luisa Cuesta lo dice, y Luisa es una persona con una honestidad intelectual impresionante, una grande. No, no es cierto. El Partido Colorado puso, y hubo muchos más avances dentro del gobierno de Jorge Batlle que después.

Y ustedes peleaban para sacar a Jorge. ¿Te das cuenta que son contradictorios?

Jorge tenía sus luces y sus sombras. De Jorge lo que siempre valoré es que es un tipo que hablaba desde el estómago, te gustara o no, el tipo te cantaba la justa, como decía su jingle. Obviamente que ideológicamente con el tipo no compartía mucho. Pero me encantaba que fuera un tipo muy honesto, que te decía lo que pensaba sin tapujos, y que iba de frente. Eso para mí en política es muy valorable.

¿Qué pensás de Lacalle Pou?

Me parece un buen adversario en el sentido de que es un tipo que me gusta tenerlo en la vereda de enfrente, más allá de las diferencias que tengamos, porque es un tipo con el que se puede debatir. Prefiero mil veces un Lacalle Pou antes que un Novick. Lo respeto y me parece muy necesario el rol que juega. Hay intereses que tienen que ser representados, y los representa muy bien. Me parece un buen adversario.

El batllismo dentro del Partido Colorado está representado por el grupo de Amorín Batlle, ¿por qué creés que no prospera?

A Pepe Amorín lo respeto muchísimo, pero tampoco creo que haya encarnado mucho el batllismo. Hay temas en que hubiera sido muy importante que él se posicionara diferente de Pedro; y, sin embargo, si te ponés a ver, el loco no se diferenció mucho. En legalización del aborto y legalización de la marihuana estaban los dos en contra, y en matrimonio igualitario Pepe votó y Pedro se fue de sala. Los dos apoyaron la baja de la edad de imputabilidad. El loco tampoco te apoya el IRPF. Me cuesta visualizarlo como un representante del batllismo a Pepe Amorín, a pesar de que lo respeto muchísimo y de que hay temas en que compartimos mucho. Pero no creo que sea un fiel representante del batllismo.

¿Y Ope Pasquet?

Es un excelente orador, es el imprescindible en la cámara para decirte lo que es constitucional y lo que no. Creo que ese es su papel.

¿Tabaré Viera?

 Es un crack, un laburante, un político de oficio. Es un tipo que ha sido todo, ha ocupado muchísimos cargos. Tengo varias similitudes, aunque igualmente su perfil no me termina de cerrar porque a mí me gusta la política un poco más guerrera, un poco más de sangre. Y no es ese el perfil de Tabaré. Es un muy buen tipo, un político sincero y de oficio, pero a mí me gusta ver un poco más de pasión.

Si fueras frentista serías de María Julia.

María Julia, ay, ay, ay. Qué personaje (risas).

Es más guerrera.

Es muy buena para acatar también, eso le sale bárbaro. Por eso está donde está.

¿Soldada de Tabaré?

Y sí, claro. Todo el gabinete son soldaditos de Tabaré. Eligió muy bien. Puso a todos los soldaditos, a los tabarecistas, a los que sabía que no le iban a decir que no. Acordate que Marita le firmó el veto del aborto a Tabaré. Es una buena soldada.

¿Qué figuras del Partido Colorado de primera línea que se han alejado de la actividad política pensás que se deberían recuperar?

Es complicado. La persona que se me viene a la mente es el Zeta, que me parece que era un tipo interesante, o Leonardo Costa, otra persona interesante. Me parece una figura muy interesante.

Pero en este momento no visualizo otras personas. Glenda Rondán es otra mujer que era muy valiosa para el Partido, una de las creadoras de las rondas de mujeres políticas, y que llevó adelante una agenda que era difícil que alguien la agarrara. Me parece una mujer valiosa. Hay todo un tema, porque vieron que, en el último tiempo, la gente que emigra del Partido Colorado al Frente la sufre. Le pasó también a Hugo Batalla, un gran personaje, que admiro muchísimo. Pero la gente se va y por algo se va. No le puedo pedir a gente que se fue que vuelva. ¿Con qué cara? ¿A qué?

Para construir, como estás intentando construir vos.

Sí, es muy utópico e idealista. Es invitarlos a que vengan al desierto a morirse de sed. Esa es la realidad. Venir a compartir la miseria y el dolor de cabeza. Porque la verdad es que alegrías te llevás muy pocas. La alegría que te llevás es cuando alguien se anima a dar el paso y cruza desde el Frente, y nos ha pasado, con gente joven que se acerca y nos dice que votaron al Frente pero que les copa más nuestro discurso, lo que decimos y planteamos. Esas son las alegrías que una se lleva, en este tiempo. Pero es difícil, porque para que alguien hoy por hoy renuncie al Frente Amplio y se anime a cruzar tiene que haber una alternativa sólida. Y estamos solos, entonces es complicado.

¿Qué expectativas tenés en lo inmediato?

Imaginate que en un partido chiquitito como en el que estoy, que está hecho pelota y que no representa a nadie —y que lo que representa no es lo que a mí me interesa representar— mucha expectativa no tengo.

¿Te gustaría ser parlamentaria?

Sí, me gustaría. Tengo una fuerte vocación legislativa. Me encanta y me cuelgo muchísimo yendo a las barras, me quedo todo el rato que puedo. Aguanto hasta las ganas de ir al baño. Me gusta mucho seguir las sesiones también por internet. No me aburro, me encanta, presto atención a todas las sesiones y a veces digo: “¡Pucha, nadie dice tal cosa, me gustaría estar ahí para decirlo!” Pero está complicado, la verdad es que no estoy en el lugar más indicado para tener algún tipo de aspiración. Así que me toca ser una atrevida más opinando por Twitter.

Prosecretaria de diversidad y género de Montevideo. ¿Qué actividad tenés ahí?

Es un trabajo honorario, no tengo ningún cargo, y conviene decirlo porque a veces se piensan que uno vive de esto, y la verdad es que no. Yo integro el comité ejecutivo departamental del partido, entonces allí es donde se discute quiénes integran y son responsables de cada prosecretaría. Yo presenté un plan de trabajo para el quinquenio, con lo que yo tenía ganas de hacer, y se presentó otra compañera más y el cuerpo votó y fui electa. Me llevé una gran sorpresa. Pensé que iban a decir: “A esta loca no la votamos para nada”. Pero bueno, me llevé una gran sorpresa, porque tuve el respaldo por amplia mayoría del cuerpo para ocupar ese cargo de responsabilidad. Y está bueno, es un espacio que me gusta muchísimo; si bien no me gusta que me releguen a hablar solo de esos temas, y ese también es un tema, que te encasillen, que digan: “que Patricia solo hable de mujeres y de gays”. No. La verdad es que me gusta hablar de muchos otros temas, como por ejemplo de política internacional, un tema de política dura del que solo hablan los hombres. Pero desde que estoy en ese espacio se han integrado muchos compañeros varones y jóvenes que empiezan a prestarle atención a la temática. Al principio entraban cuestionando, diciendo que cómo es esto de la violencia hacia la mujer, que el hombre también sufre violencia, y empezamos a hacer actividades de corte más educativo. Está bueno que las nuevas generaciones se empiecen a capacitar y a considerar este tema como un tema político importante y de trascendencia. Me siento muy cómoda en ese espacio.

País de líderes viejos. ¿Cómo se logran las nuevas incorporaciones?

Es difícil, y para mí, que soy mujer y joven, peor todavía. Es difícil, porque hay mucha gente que vive y depende de la política. Cuando tu vida, pagar el alquiler y tus gastos fijos dependen de la política, está re complicado dejar el espacio. No largan, ese es el tema. Hay muchos gurises que empezaron a laburar con la política y que no saben lo que son las ocho horas, no saben lo que es laburar. Hay una nueva generación que está aprendiendo esa mala maña de vivir de la política. Pero bueno, tengo esperanza de que se empiece a cortar el chorro a partir del ingreso de otras personas que no dependan estrictamente de la política. Está complicado.

Vamos a hablar de política internacional, como acabás de decir.

Yo me animo a hablar de cualquier cosa.

¿Cómo ves el advenimiento de Trump y lo que puede significar en cosas trascendentes, con el cambio de un montón de paradigmas?

Lo de Trump está bravísimo, porque el tipo quiere construir un muro y de lo que se habla es de quién lo va a pagar. O sea que estamos en una crisis brutal de la civilización en donde lo que importa es eso y no cómo se está polarizando la sociedad. Pero lo que tiene de bueno esto es que capaz que México se anima a darse vuelta y a mirar para la región, y puede terminar siendo positivo para América Latina y para el MERCOSUR, y que nos ayude un poco más al proceso de integración regional.

Estás reivindicando al MERCOSUR en su peor momento, en el que muchísima gente lo cuestiona.

Se lo cuestiona, pero nadie se anima a levantarse y decir que quieren cortar con el MERCOSUR. Esa es una realidad, también. Despotrican y despotrican pero nadie pone una propuesta concreta para salir del MERCOSUR. Nosotros dependemos del MERCOSUR.

Pero estamos buscando tratados con China.

Sí, ese es uno de los grandes milagros frenteamplistas, toda la vida criticaron los TLC, y ahora son los mejores amigos. Primero intentamos con Estados Unidos, ahora con China.

Lo paró el Frente Amplio.

Es una cosa increíble, lo de los TLC. O el TISA. Son esas cosas que tiene el Frente Amplio.

El Frente Amplio y los demás partidos.

Yo estaba en contra del TISA. Fue un gran debate que dimos en la interna, y al final murió.

¿Qué pensás de Venezuela?

La situación está complicada. Me cuesta decir que en Venezuela haya democracia. Tampoco me banco el circo de Leopoldo y su esposa, ni que se reunieran con Trump, entre comillas, porque mirá si Trump les va a dar bola a unos sudacas que se están matando entre ellos. La verdad es que Venezuela me duele mucho, porque fue un país que cobijó a muchos uruguayos en la época de la dictadura. Es un país hermoso, con una cultura preciosa, y me duele ver el enfrentamiento que hay entre unos y otros, la falta de garantías, que la gente no tiene medicamentos. Hay gente que la está pasando realmente mal. Y me duele muchísimo ver a Maduro hablando como habla. Es un gorila. Es penoso. Es penoso ver a un tipo que está fuera de sus cabales y que se ríe del pueblo en su cara. Ahora, en la oposición no hay nada. El futuro de Venezuela es complicado, porque no hay nada de ningún lado.

Tercera planta de pasta de celulosa.

Qué tema. Creo que tenemos que plantearnos varias cosas. Una es una política medioambiental en serio.

¿No la tenemos?

Creo que no. Y después, hasta dónde seguimos abriendo la entrada a capitales extranjeros, porque está todo bien, vienen, hacen guita, nos generan un par de puestos de trabajo y con eso nos conformamos. Es igual que la concentración y la extranjerización de la tierra. Ese es otro tema, no hablamos de él. La tierra está súper concentrada en manos de pocos, que muchas veces son extranjeros. ¿Y qué hacemos? No hacemos nada. Eso se lo olvidó el Frente Amplio, lo dejó escrito en el 71.

Estás dando palo a toda costa.

(Risas). Ustedes me dijeron que me iban a dar con un caño y yo vine preparada. Traje los fierros, me pinté a lo Rambo y vine.

¿La marihuana en farmacias?

¡Uy, qué tema! Estamos llenos de expertos en hacer leyes para que no se cumplan. Eso es una cosa increíble. Lo de la marihuana fue una lucha encarnizada, y al final aprobamos un proyecto que es cuasi fascista, porque para comprar marihuana tenés que anotarte en un librito, como si alguien se anotara para comprar un whisky. ¿Quién se anota para comprar whisky en Uruguay? Nadie. Y estoy segura que tenemos el porcentaje más grande de bebidas alcohólicas por casa per cápita, y nadie lleva una nota de esa.

Y ni hablemos en el parlamento.

Ah, sí, están los cuentos de las tazas de té. Es un tema del que no se habla, pero es tremendo, hace tres años que está la ley y todavía nada, y los turistas vienen desesperados. “Maconha, maconha”, te dicen los brasileros.

Igual los turistas no están comprendidos en la ley.

Tampoco, una cosa increíble. Somos selectivos, es para pocos.

El turismo cannábico sería un pelotazo impresionante desde el punto de vista económico.

Si vas a Holanda a un coffee shop podés fumar, ¿por qué acá no? Tenemos eso, somos re pacatos. Es igual que el tema de la interrupción voluntaria del embarazo. Es una ley recontra conservadora, tenés que pasar por un montón de negociaciones.

Acá quebrá una lanza por el Frente Amplio, que tenía un proyecto un poquito mejor y que por no tener los votos tuvo que hacer eso de las entrevistas.

La verdad es que el mejor proyecto era el de Fernando, que realmente despenalizaba, que quitaba del Código Penal el aborto. Lo quitaba. Ese era el mejor proyecto, un proyecto cortito: deja de ser delito, pumba. Ahora el aborto sigue siendo un delito, y la atención es terrible y hay departamentos en los que no tenés las garantías, que tenés que movilizarte o pedir más días de licencia o avisarle a tu patrón que vas a abortar. Es terrible la instrumentación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

¿Hay algo bueno que hayan hecho los gobiernos del Frente Amplio?

Sí, cómo no. Está el Plan Ceibal, que es muy bueno. Está le ley antitabaco de Tabaré, aunque está un poco obsesionado, porque se olvida que es presidente y piensa que sigue ejerciendo como médico. De lo único que habla es de medicina. Pero por supuesto que la calidad de la vida de la gente mejoró con el Frente Amplio. El que no lo dice es un obtuso. La gente vive mejor. También es cierto que hubo un acompañamiento de coyuntura y de bonanza, sí, lógico, eso también ayudó. Hubo políticas redistributivas que ayudaron, y también políticas de reconocimiento de identidad, que también son fundamentales. Capaz que no son las mejores, pero… Como por ejemplo la ley de cambio de sexo registral e identidad de género, las personas que se quieren cambiar su nombre, su identidad, tienen que llevar un testigo que acredite que fulano dice que es fulana y no fulano. Eso es una cosa increíble, que una persona tenga que llevar un testigo. Como con esto de la marihuana, que es increíble que haya pasado tanto tiempo y todavía estemos en veremos. La realidad es que si hoy funciona lo que funciona, es por los clubes cannábicos, porque después…

Y el autocultivo.

Que tampoco está regulado. La ley es un adorno. Sirvió para posicionarnos a nivel internacional y que se diga: “Mirá que progre Uruguay”.  Vas por ahí y te dicen: “Qué bien Uruguay, aborto, marihuana.”

¿Qué fue el contrato que tuviste en la IMM?

Lo primero para aclarar es que yo tengo una empresa por la cual hago mis aportes al Estado uruguayo y trabajo tanto para privados como para públicos. Mi relación con la IM se dio por 6 meses desde la fecha 26/07/2016 por un monto total de $155.184. Durante 6 meses recibí $25.864, a los cuales hay que descontar $4.664 de IVA y los aportes al Estado como empresa, que son $4.832. Por tanto, mis honorarios líquidos fueron de $16.368 durante 6 meses. Tengo mis cuentas al día, mis impuestos pagos y no le debo nada a nadie. En estos días me vi envuelta es un escarnio público por parte de la interna del Partido Colorado, en donde se da espacio a especulaciones irrisorias. Se ha dicho de todo. Se ha dicho desde que esta contratación fue por el voto 50 de Amado hasta que soy pareja de Fabiana Goyeneche. Es una clara opereta para desacreditarme. Por eso realicé una declaración donde prácticamente me desnudo, pero como no hay nada para esconder, puedo desvencijarme tranquila. Mi humilde recomendación a quienes andan tan preocupados por cómo me gano el pan, es que enfoquen sus energías en limpiar el desastre de Sanabria. Ahí si que da pa gritar, desconfio! Por mi parte, voy a seguir militando en el Partido Colorado le guste a quien le guste y le duela a quien le duela. Y voy a seguir trabajando para el Estado y para privados en cuanta oportunidad tenga, porque trabajar es un derecho en Uruguay. 

¿Qué debe hacer el Partido Colorado con el caso Sanabria?

En principio terminar con la tibieza. Hay que llamar las cosas por su nombre.  Así como no les tiembla el pulso para levantar el dedo acusador contra el avión presidencial, contra el falso título de Sendic, contra Pluna, contra los "colibríes" como les encanta decir, contra el procesado Bengoa, o contra el Ministro/Productor Aguerre... así, con la misma vehemencia que afirman que en otros partidos hay mentirosos, chorros y corruptos o como les gusta decir a algunos "tupas pichis"... con esa misma convicción, esperaba se calificara al (ex) Sr. Secretario General del Partido Colorado en Maldonado y Diputado (s) del Partido Colorado. No comparto el tono del comunicado que sacó el Partido Colorado. Esperaba más. No entiendo cómo se puede utilizar palabras como "acordar" renuncia. El estigma que carga el Partido Colorado en el imaginario colectivo es grande y parece que hacemos fuerza pa alimentarlo. Las formas en política son muy importantes y hay que ser muy claros a la hora de comunicarnos con el Pueblo para no dar espacio a segundas lecturas. Con el caso Sanabria las formas no estuvieron a la altura de las circunstancias... claramente.  Creo que el próximo paso es seguir los procedimientos institucionales y convocar a la Convención Nacional del Partido Colorado para poner en consideración las recomendaciones de la Comisión de Ética del Partido. Comisión que es integrada entre otros por Yamandú Fau. Batllista de ley que guarda toda mi admiración y respeto. 

 ¿Qué estás leyendo?

Si les digo lo que estoy leyendo... Qué hacer, de Lenin.

Estás un poquito atrasada.

Leí algunos capítulos en la facultad. El otro día estuve reunida con un veterano del Partido Colorado, uno de esos veteranos batllistas de la vieja guardia, y me dijo: “Patricia, hay dos libros que hay que leer siempre en política, El príncipe, de Maquiavelo, y Qué hacer, de Lenin.” “¿En serio?”, le pregunto. “Sí, sí, tenés que leerlo.” Me costó conseguirlo.

¿Y cómo te sentís en ese mundo pitufo?

Es una locura lo desinformada que está la oposición. Estamos viviendo todo a ritmo 2.0, todo a ritmo de ciento cuarenta caracteres. Se ve que alguien les mandó una foto por WhatsApp, “mirá lo que están enseñando en la escuela”, y ya salieron con el palo fácil, sin verificar nada. Así perdieron credibilidad. ¿Te preocupa la educación? Votame el 6% si te preocupa la educación. Agilitá el tema para que salga la Universidad de la Educación, si te preocupa la educación. Hay tanto para hacer, y la oposición se pierde en el chiquitaje. Es terrible.


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