PETINATTI: La política es un negocio

publicado a la‎(s)‎ 23 mar. 2017 11:29 por Semanario Voces


La idea de entrevistarlo generó polémica en la redacción y se armaron bandos a favor y en contra. Para algunos es un personaje intrascendente y aquellos lo catalogan de operador político. Otros pensaron que era buena idea porque es un tipo mediático que marca agenda. Fieles al espíritu del semanario aceptamos la opinión de la mayoría y apostamos nuevamente a darle cabida a todas las voces. Dos horas y veintiséis minutos de charla con el licenciado trucho más famoso del Uruguay. No sean mal pensados y lean la nota hasta el final.

 

 

Alfredo García / Fotos Rodrigo López

 

PERFIL:

Nació  hace 48 años en el barrio Sur. Su padre era empelado del Instituto Yavne donde, entre otras cosas, atendía la cantina con su madre. Sus abuelos maternos eran de Lituania, y los paternos de Polonia. Tiene un hermano, seis años mayor. Estudió hasta segundo año de facultad de Derecho. Fue tres años a la UTU, donde hizo dibujo publicitario. Es divorciado y tiene una hija, Amy.

 

¿Cuándo empezaste a perder el pelo?

Y no las mañas. Empecé a perder el pelo a los veintiún años, muy joven.

¿Te traumó eso?

No, no. Lo empecé a perder muy joven. Mis padres eran morochos, y mi abuelo, el que vino de Lituania, era pelirrojo, y los únicos nietos pelirrojos somos mi hermano y yo. Siempre mi abuelo me decía que ser pelirrojo no es un color de pelo, es un carácter, y tiene razón. Es una personalidad. No es fácil ser pelirrojo. No es ser fácil ser judío, e imaginate si además sos pelirrojo.

Y bolso y colorado, las cuatro cosas.

Y zurdo (risas). Soy zurdo desde que nací. Por suerte llegué en esa etapa en que ya no te castigaban ni te forzaban. Ser zurdo hoy es un defecto, pero en otro ámbito (risas).

Vos largaste la religión, bastante.

Yo me siento más cerca de la historia del pueblo judío que de la religión en sí. Me gusta le religión judía, me encanta leer las historias del pueblo judío, de la Biblia, de la Torá y de todo, pero me siento más cerca de la historia del pueblo judío que de la religión en sí. A ver, no respeto el shabat, hablo por teléfono y ando en auto.

Vas poco a la sinagoga.

Voy en casos muy puntuales. Creo que Dios está en todos lados. Estoy más cerca de Spinoza, creo que Dios es la naturaleza, las plantas, los pájaros, nosotros. Creo que la energía es lo que nos hace buenas personas. Pero creo que cuando uno es niño necesita tener cierta fortaleza espiritual, que te la da la religión, sea cual sea. Menos aquella que tiene un cinturón con explosivos.

Eso no es religión, es fanatismo.

Es fanatismo, y fanáticos hay en todos lados.

¿Es difícil ser judío en Uruguay?

Es difícil ser judío. También en Uruguay.

¿Hay antisemitismo?

Sin duda que lo hay. Mirá este mensaje: “Cerrá el orto, judío de mierda, ahora sé por qué Hitler los mató. Por culpa de gente como vos en Europa hay excedente de jabón”. Pero va más allá de las redes sociales. Hay antisemitismo, y en todos los niveles sociales y económicos. Sí, claro. Es rascar un poquito.

También hay racismo. Con los negros pasa lo mismo.

Totalmente. Pero creo que es diferente. No sé si decirte si es igual, mejor o peor. La discriminación es mala para todos lados, el racismo es malo para todos lados. Me molesta mucho hacia el judío, hacia el negro y hacia quien sea. Me pone muy enfermo la ignorancia de la gente. Es ignorancia. Y este país está viviendo un virus de ignorancia generalizada.

¿Por qué estamos retrocediendo?¿Qué es lo que ha pasado?

Perdimos valores. Esto es más que trillado y todo el mundo habla de lo mismo, pero es así. Perdimos referentes y perdimos la educación, el concepto de familia. Eso que nosotros tuvimos la suerte de vivir con nuestros padres. Se ha perdido todo, y ahora se cree que lo que está bien es lo otro, el no laburar, el que te paguen para que no labures, el que no vayas a clases porque igual te van a pasar. ¿Dónde se vio eso? Estamos muy mal.

¿Eso es culpa de la izquierda?

De nosotros mismos. No creo que sea culpa de la izquierda, pero si vamos a señalar un culpable hoy en la educación, la culpa es de la izquierda. Hoy, sí. No hay un culpable de izquierda o de derecha. La gente me dice que yo “hablo contra el gobierno”, pero yo no hablo contra el gobierno…

Muchos te dicen que sos un operador del Partido Colorado.

Primero, para ser operador me deberían pagar. Y pelotudo no soy. Segundo, ¿del Partido Colorado? No. ¿Del Partido Nacional? Tampoco. Si me preguntás de qué partido soy, no tengo partido.

Has votado diferentes opciones.

Sí, y no solamente he votado diferentes cosas, sino que no tengo a quién votar. Y esto que estoy diciendo es lo que va a pensar todo el mundo cuando lo lea en el semanario: “Yo tampoco”. ¿A quién vamos a votar?

Se viene la dinastía de los pelados en el Uruguay: Martínez, Novick  y Lacalle está perdiendo el pelo a pasos agigantados. Vos sos un pionero.

Y licenciado (risas).

¡Quiero ver el título!

Ahí tenés un ejemplo. Los que están arriba tienen que dar el ejemplo. ¿Y qué ejemplo están dando cuando le mentís a la gente que sos licenciado en genética humana con medalla de oro? A mí me enseñaron que si yo me mando una macana tengo que ser responsable y decir que me equivoqué, y hasta dar un paso al costado. Ese era el Uruguay de antes. Pero no hablo del Uruguay de los blancos y los colorados, sino del Uruguay de la ética, de la responsabilidad. No divido las cosas entre blanco, colorado y frenteamplista, a mí no me da de comer la política; y es más, quizás cuando hablo de política eso me quita un poco. Yo considero que estamos en democracia, y la libertad que tenemos hoy para expresarnos, no como comunicador sino como ciudadano, tengo legítimo derecho de usarla, de expresarme. Porque yo termino el programa y soy un ciudadano más, y de qué me sirve a mí ser un tipo exitoso y que me vaya bien en la vida si salgo de acá y hay tres tipos durmiendo en la calle. De qué me sirve ser exitoso y que me vaya bien en la vida si voy a salir a la noche y aparecen cuatro tipos encapuchados robando un restorán y quizás matándome. Y te digo más, de qué me sirve ser exitoso si me levanto a la mañana y veo que un pibe de dieciséis años se muere por defender a la madre. Acá lo que falta es ponerse en el lugar del otro. Y yo a veces hablo de más porque me pongo en el lugar de la otra persona. Generé un revuelo cuando me puse a hablar de la chica que murió en la fábrica de pastas un domingo. Yo no soy operador de nadie, tengo sentido común y soy un ser humano: un domingo a las dos de la tarde, vas a la fábrica de pastas y terminás muerta. Y lo permitimos, porque siguió pasando. En una Pasiva, en una estación de nafta, en un estacionamiento de un shopping. Sigue pasando, y todo el mundo mira para el otro lado, y la gente cacerolea cuando habla Tabaré. ¿De qué sirve? Cacerolear se caceroleaba en la dictadura, cuando no se podía hablar. Hoy yo puedo hablar. La gente no se da cuenta, todavía, que la vida es una sola y que, si esta es la que te tocó, tenés que luchar para que sea la mejor posible.

¿Qué es, es desidia? ¿Cada uno mira su ombligo y no le importa el entorno social?

No es egoísmo. Creo que este país es lento. Lento para reaccionar, para tomar decisiones, para legislar, para protestar. Nos vendieron una garra charrúa que es buenísima para el fútbol. “Mirá todos los futbolistas que sacamos, siendo un país tan chico”, dicen, y la gente aplaude. Pongo un ejemplo que domino: Israel, que tiene el tamaño del departamento de Tacuarembó, y mirá toda la tecnología que creó. Yo preferiría tener jugadores de fútbol como los que tenemos, pero que haya también una garra charrúa tecnológica, de cultura y de educación. Si la señal es Sendic o el Pato Celeste, estamos mal. A lo que voy es a cuál es el mensaje que mandamos: Sendic, Mujca, el Pato Celeste. Pobre Tabaré, que hace lo que puede, ¿no?

Tabaré tiene otro perfil.

Por lo que vi en la cadena, me parece que está muy cansado.

¿Sos de los que viste la cadena?

Vi la cadena, claro. ¿Cómo no la voy a ver, si es mi presidente?

Vos sos tradicionalista.

A pesar de todos los malos pensamientos, me considero un buen padre de familia, un tipo honesto y laburante, y creo que esas cosas hacen a la persona. Y soy tradicionalista, me gustan las fechas y los actos patrios. Amo a mi país, y por eso hablo. Yo me voy de viaje pero vuelvo al Uruguay porque es mi casa, es mi hogar, y así como uno quiere que en su casa no se rompa un calefón, o arreglás la pared cuando se rompe, así quiero que en mi país se arreglen las cosas que están rotas, y no quiero que en mi patria se manden las cagadas que se están mandando. ¿Es cierto lo de ALUR, que en vez de pagar cien mil pesos pagaron cien mil dólares?

Parece que sí.

Yo quiero la cara de esa persona. ¿Quién se equivocó? ¿Ese señor? Que dé un paso al costado. Creo que cuando pasan estas cagadas no hay que matar al pobre pelotudo al que quizás le dijeron que lo hiciera, sino al que lo mandó. Esas son las señales que tenemos que mandar. Mi país es Uruguay y hay que buscar la manera de que todo funcione bien. Cuando vengo a la radio, quiero que el operador y el productor estén en su lugar, que la consola funcione bien y que el micrófono esté probado. Y así quiero que pasen las cosas en mi país, porque por algo vivimos en una democracia. Nos representan. Pero yo quiero aún sin haberlos votado, o habiéndolos votado que nos representen de la mejor manera.

¿Cómo se cambia esta situación?

¿Cómo la cambiaría yo? Yo creo que acá lo que falta es una frase célebre: “¿No les gusta cómo estamos? Armen un partido político y ganen las elecciones”. La dijo Cristina. El tema es que hay que armar una selección de notables. ¿Quiénes son los mejores en educación, en economía, en relaciones internacionales? Más allá de los partidos políticos. Eso es un ideal que no existe, porque la política es un negocio.

En educación encontrás que los técnicos en todo el espectro político están de acuerdo en lo que hay que hacer.

Pero no les dan bola porque la política es un negocio. Estamos viviendo en el país de la viveza criolla. Ese es el problema. Vivíamos en el país del tarjetazo: tenías un amigo con una tarjeta y te conseguía algo. Todo el mundo hablaba de eso en los partidos tradicionales. Ahora es peor. Ahora no existen tarjetas, siquiera. Ni siquiera tenés una prueba física.

¿Sos antisemita si haces chistes de judíos?

Yo jodo mucho con eso, me gusta mucho hacer chistes de judíos. Lo disfruto mucho. El judío se ríe mucho de sí mismo. Sin lugar a dudas el humor ha ayudado a sobrevivir al pueblo judío a lo largo de toda su existencia. Yo hago chistes al aire con mi religión, y también me divierto cuando alguien que no es judío embroma y le digo que es antisemita. Uno se da cuenta en seguida cuando una persona es antisemita. Yo lo noto enseguida.

Sos muy perceptivo.

Sí, totalmente. Creo que el programa es una gimnasia diaria en percibir todo lo que uno va a decir o quiere decir o tiene ganas de expresar.

¿Tu programa colabora con la generación de valores que vos reclamás? ¿No hay una contradicción ahí?

No, no hay. Es un programa de entretenimiento y es un programa de radio. No es la Sorbona. No es la facultad de Ingeniería. Es un programa de radio: entretiene, juega con la ironía, con el sarcasmo, y eso es válido, porque la vida también es eso. La gente que sale al aire es adulta y sabe cuál es el papel que va a jugar, y llama para entretenerse conmigo y con el programa. Y no solamente no atenta contra los valores, sino que yo mando mensajes, y mirá que en su vida diaria este tradicionalista con el que estás hablando tiene esos valores que vos has comentado, y eso también me ayuda a trasmitir esos valores; a veces solapadamente, porque yo puedo jugar mucho con el morbo, que no está mal y que es parte de la vida, o con lo que quieras, pero es un programa de radio, que entretiene. Si no te entretiene, cambiás. Sé que hay mucha gente a la que el programa le hace ruido, y me parece válido, está muy bien, sobre todo porque es la banda sonora del Uruguay.

Me dijeron que vos te adelantaste al Facebook, con bastante antelación, porque inventaste una cosa donde la gente se muestra.

Me estás diciendo algo que me dijo un creativo publicitario hace dos semanas: que me adelanté a las redes sociales, que lo que yo logré en la radio, cuando no existían las redes sociales, fue el viralizar todo. Que yo decía: “Todos a tocar bocina”, y todos tocaban bocina. “Todos a cortar 18 de Julio”, y cortaban 18 de Julio. “Todos a la rambla”, y todos iban a la rambla. Y no soy un buen judío, porque no hice negocio de eso.

Tan mal no te fue.

Tan mal no me fue. Debería haber registrado la palabra “viralizar”(risas).

Aparte de la viralización, está el hecho de que la gente se muestra. Vos hoy ves gente mostrando lo que hace, lo que come, a dónde va, con quién. Vos en la radio lográs eso, que la gente hable de cosas de las que no todo el mundo está dispuesto a hablar. A mí no me llames para darte una mano porque yo te corto de entrada, te aviso.

Muy democrático lo tuyo. (Risas.) Creo que la radio en Uruguay hizo un clic con el programa, porque pasó lo privado a lo púbico, cuando nunca antes se había hecho eso. Hoy cualquiera se muestra con un teléfono. Antes yo salía a hacer móviles para la televisión y nadie se quería mostrar, todo el mundo tenía vergüenza, le escapaba a la cámara. El uruguayo siempre fue así, pacato: “No me muestres, no me mires”. Hoy, con las redes sociales y el teléfono, todo el mundo quiere mostrarse, salir, hablar, incluso al mundo y sin saber quién te está mirando. Una locura. El programa arrancó con eso en los años noventa, contando lo que la gente quería contarle a todo el mundo. Fue una idea que surgió sin querer.

Como todas las ideas.

Sí. Las grandes ideas del programa surgieron sin querer. Estaba haciendo el programa y una oyente me dijo: “Peti, necesito un favor. Quiero que llames a una amiga mía porque le presté un vestido para un cumpleaños de quince y no me lo devolvió. Le pedí veinte veces que por favor me lo devuelva y no me lo devolvió”. Bueno, vamos a llamarla. ¿Te das cuenta? Y ahí empezó la gente, sola: “Presté un CD y no me lo devolvieron”. Esas fueron las primeras manos. El primer día hice cinco, eran así, devolveme el CD, devolveme el vestido, cosas muy cotidianas, normales.

O sea que en definitiva no fue idea tuya, fue de un oyente.

Casi todas las ideas… No, porque después me van a venir a joder. Todas las ideas son mías (risas). Fijate lo que pasó con Operación Retorno, una de las secciones más brutales de la radio, porque surge en un momento muy jodido en el Uruguay, en el año 2002. Y en ese mismo momento recién estábamos conociéndonos con internet. Yo estaba ya con un mail al aire, pero no sabíamos muy bien hasta dónde íbamos a llegar con internet. Y me escribe un oyente desde Estados Unidos: “Peti, soy tal, estoy en Estados Unidos, te estoy escuchando, si querés confirmar que te estoy escuchando, llamame”. Era la época en que todavía tenías que pedir permiso a la dirección de la radio para ver si podías hacer una llamada internacional. No pedí permiso, y llamamos. “Hello”, me dice el tipo. “¿Peti?” “Quería confirmar que nos estás escuchando.” “Sí, te estoy escuchando.” “Bueno, chau”, y le corté. Duró diez segundos la primera llamada, y a partir de ahí empecé a recibir mails de todo Estados Unidos, de España, de Australia, Italia, Argentina, Venezuela, Colombia, una audiencia en el mundo que era una locura. Y Operación Retorno acercó a todos aquellos uruguayos que se habían ido en la época  de la crisis, de alguna manera los acercó al país, y yo estoy muy orgulloso de secciones como esa, de cosas que han ayudado a que los uruguayos se unan más allá de las distancias.

¿De dónde surge el nombre Malos Pensamientos?

Yo todavía estaba trabajando en El Dorado FM y veo un disco de una banda argentina que se llamaba Sobrecarga, una banda muy oscura, que incluso fueron teloneros de The Cure en la Argentina. Ahí decía “malos pensamientos”. Todavía me acuerdo de ese momento, en que vi el nombre y pensé que el día que tuviera un programa le iba a poner así. Y le puse. Creo que hay que soñar bien fuerte las cosas y creer en uno. Soy un convencido de eso. Eso también le falta a este país.

¿Soñar o creer?

Las dos cosas. Y estar convencido de lo que uno quiere. ¿Te pensás que yo habría triunfado si no hubiese estado convencido de mi idea de hacer el programa? No. Yo me encontré con veinte mil escollos y obstáculos. Pablo Lecueder, el director de Océano, me llegó a preguntar que si me parecía ponerle “Malos Pensamientos” a un programa de FM, que no iba a andar, que era un nombre muy fuerte y agresivo. “Yo, si paso a la FM, paso con Malos Pensamientos.” Estuvimos discutiendo dos meses. “¿A vos te parece poner personajes de humor en FM?” “Sí.” “No, no me parece, la radio es otra cosa.” Con el tiempo me reconoció que su padre, el mentor de los shopping, una vez le dijo: “Cuando veas a alguien convencido de una idea, seguilo”. Y eso es una frase que a mí me quedó para toda la vida y que trato de transmitir, y por eso te lo digo. Cuando veas a alguien convencido de una idea, hay que seguirlo. Eso te lo dan los años, también.

Sos cabezón.

Sí, si estoy convencido y creo que tengo razón, sí. Pero también sé agachar la cabeza y decir: “Tenés toda la razón, dale vos”.

¿Qué errores tuviste en tu carrera radial?

La respuesta políticamente correcta sería que ninguno, porque si no…

No me interesa lo políticamente correcto.

No, no, pero te digo que todo lo que hice, bueno o malo, fue exitoso, porque estoy en este lugar que es el lugar que…

La victoria también se hace de derrotas.

También, claro.

Mirá al Frente Amplio.

Bueno, ¿cuándo terminan las derrotas? Avisame, por favor (risas). Avisen cuándo terminan de derrotarnos a todos.

No me empieces a hablar de política, estamos hablando de radio, después hablamos de política.

Está bien. Errores en la radio...

¿Jack el Despertador?

Jack el Despertador fue un gran programa de radio, muy rupturista, a las siete de la mañana. El error fue hacerlo, porque me despertaba a las seis y media de la mañana. La gente lo recuerda como un programa que te nutría de muchas cosas en una hora sola. Me encantaba hacerlo, pero me cansaba mucho, sobre todo la garganta. A la mañana tenés que levantarte y hacer ejercicios, y no hago mucho ejercicio con la garganta.

Vos en la radio naciste con el programa de Figares, ¿no?

Sí, en El Dorado.

Es viejo Figares, si vos empezaste ahí…

Y no solo viejo (risas).

¿Qué quiere decir eso, a ver?

No, nada, pero creo que ya entendió que no tiene que seguir hablando de determinadas cosas.

¿Te pelean mucho?

Sí, me buscan.

También te peleaste con Gorzy en las redes sociales.

Dejame pensar por qué era.

¿Quién era el antisemita, ahí?

Ah, él (risas.) No, no recuerdo. Fue un 25 de agosto, que yo le tiré alguna fruta. A ver, me buscan.

Y no te callás.

Elijo mis batallas. A mí no me gusta pelearme con la gente, pero tampoco la agresión y la ofensa gratuita. A ver, si pensás diferente, expresate, que yo te voy a escuchar. Pero el buscar pelea no me parece lógico. Entiendo que el programa, por lo que es, y yo, por lo que genero con el programa… iba a decir que soy un blanco fácil, pero no soy ni blanco ni fácil.

Muy negro no sos.

No, tampoco. Pero me hubiera gustado ser negro, como cantaba Charly García. Sobre todo para cantar, me habría gustado cantar. Pero entiendo que me quieran tirar dardos de todos lados.

¿Es envidia?

Creo que es un poco de envidia, un poco de resentimiento. Está lleno de resentidos este país, lleno de envidiosos, de mala leche, al éxito o a lo que puedas generar, porque después salen y te dicen: “¿Y qué es el éxito, quién te dijo que sos exitoso?” Bueno, lo que generes. Llamale como quieras. En este país sucede que mucha gente mira para el costado en lugar de mirar para adelante. Me faltó contestarte la pregunta sobre Figares y El Dorado. Te iba a contar que El Dorado sale al aire por primera vez el 18 de marzo de 1985. El 1º de marzo había entrado la democracia. Yo estaba escuchando en un walkman gigante el ranking 100.3, que decía que mandaras tu carta a Maldonado 1611. Le dije a mi hermano: “Queda acá enfrente”. No tenía cartel ni nada, era una casa vieja. “Vení, acompañame.” Lunes de otoño, frío, mirando Decalegrón en casa. Me acuerdo que tenía un jogging gris puesto. “Acompañame, acompañame.” “No, no voy, dejate de joder. ¿Qué vas a decir en una radio, que sos el vecino?” Al final le hinché tanto las bolas que me acompañó. “Soy el vecino de acá enfrente, estaba escuchando la radio, quería conocer la radio. ¿Puedo pasar?” Era una casa vieja, no tenía nada, ni vidrio, solo un taburete. Al otro día volví. “¿Te acordás que vine ayer? ¿Puedo pasar?” Y así estuve, cruzando.

¿Qué edad tenías?

Diecisiete años. Imaginate, la adolescencia. Llega la democracia y me encuentro con la radio enfrente, con los discos. Ayer justo estaba hablando con un amigo sobre que la dictadura nos censuró una parte importante de nuestras vidas también en la música. No conocía Led Zeppelin, The Doors, Janis Joplin. Conocía la música disco, a los Bee Gees. Imaginate que yo cruzaba la calle, subía, saludaba a todos, porque ya era uno más, y era la época en que ya empezaba a hacer negociados: “Te traigo bizcochos y me grabás un casete”.

Para ese walkman gigante que tenías.

Claro. Y guardo los casetes. Soy de guardar determinadas cosas materiales, no dinero, sino este tipo de cosas. Ah, tengo un montón de casetes.

Tu hija no conoce los casetes.

Sí, ya lo sabe, le enseñé a manejar un doble casetero, no puede creer el sonido, un desastre. Para mí es muy importante contar cómo vivía.

Eso es una tradición muy judía, ¿no? Contar la historia.

Sí, pero me parece que debería ser obligatorio. Yo me siento en la obligación de contarle que en mi casa dormía en el living, que el sofá se abría y que era mi cama y mi hermano en el otro sofá. Dormíamos en el living, no teníamos dormitorio. Mi hija hoy tiene su dormitorio, con su baño. Nosotros teníamos un baño solo, y éramos cinco. Mi hija sabe todo eso. También le cuento cómo empecé en la radio.

Me estabas contando de El Dorado.

Empecé a cruzar todos los días. Y mi abuelo -con quien vivíamos­- cruzó a decirle al director de la radio que no me dejara entrar más porque estaba descuidando los estudios. Porque, aparte, era una radio, y el ambiente que debía haber ahí…

Descuidaste los estudios.

Tenía razón en todo. Descuidé los estudios por la radio. Iba a observar cómo trabajaban los demás, aprendí mirando manejar la mesa, y me dejaban a mí en la mesa porque yo era un adolescente loco por la radio y, mientras, se iban a fumar un porro al fondo. Y esa es la diferencia. Yo estaba enfocado en aprender. Me apasionó la radio. Yo no estudié radio y televisión, no existía la facultad. Después, cuando empezó la Facultad de Comunicación, me anoté dos meses y vi que no había minas como en Derecho, y que eso que estaba aprendiendo no me servía para un carajo.

No me redondeaste la historia de El Dorado.

Yo me sacaba el uniforme y cruzaba a la radio, y pasaba toda la tarde ahí. Era el que atendía el teléfono, el que compraba los bizcochos, el que alcanzaba los discos. Sin cobrar un sope. Yo estaba en las nubes, con todos los discos, mirando, no podía creer. Y me hice amigo de todos los que estaban en la radio, porque era una radio tan sui generis en el modo en que estaba puesta, que a veces necesitaban un alargue y me tocaban timbre a mí, o me pedían dos sillas porque tenían invitados para una entrevista. Era así. No te invento nada.

¿Y así empezaste con el personaje cómico?

Claro. Figares empezó en mayo del 85 con un programa que era “El Subterráneo”, musical, donde también sacaba a la gente al aire. De repente en el año 87 me dice que si no me animo a hacer un personaje al aire. “¿Qué hago?” Me dice que si nos divertíamos tanto y nos cagábamos de risa afuera del aire, que hiciéramos lo mismo. Ideamos un personaje que era un pirata de la radio, que se metía en la señal de aire y al que Figares no podía sacar. Se llamaba Petinatti. ¿Qué hacía yo? Cruzaba a mi casa, me llamaban por teléfono y yo iba al teléfono fijo y, cuando Figares estaba en el aire, yo decía: “Hola, hola, hola”, y el tipo preguntaba que quién era y yo; preguntaba que si estaba saliendo al aire en una radio, y lo volvía loco al tipo. No me acuerdo cómo le metí el verso. “No me podés sacar del aire, porque tengo un aparato. Sorteá algo que yo participo y gano.” El primer día fue eso, me acuerdo. “¿Vas a sortear algo? Yo te contesto lo que quieras.” “No, no, salga del aire.” Lo hicimos tan bien que la gente creyó que era un pirata radial, que realmente me metía en la línea del programa y que no me podían sacar. Fue un golazo desde el primer momento.

Improvisabas.

Totalmente. Nunca guioné nada. Sin querer me convertí en un personaje el primer día que salí al aire, porque nunca antes se había hecho humor en FM. Desde ese momento mi voz pasó a ser Petinatti, y a partir de allí empezó a crecer como una locura, porque todo era nuevo: la democracia, la música, la gente al aire, todo era novedad. Quizás la gente no sabe que en la dictadura no se sacaba gente al aire por teléfono.

¿De chico, hacías teatro u oratoria?

Nunca, yo era el tipo más tímido de la tierra. A mí me despertó la facultad, como te dije.

Las mujeres de Derecho.

Totalmente, y de derecha. Porque aparte era el pelirrojo. Yo no me podía mandar cagadas, siempre lo tuve claro. “¡Fue el pelirrojo!”, te gritaban si te mandabas una cagada en la calle, o en un boliche con una mina. Yo era la rectitud en un 100%, el tímido. Yo no tenía amigos en el barrio.

¿No salías a jugar al fútbol con los gurises?

No, pasaba todo el tiempo escuchando radio.

¿Qué tenías, una Spica?

Tenía una Spica y una Phillips blanca. Y tenía una radio a válvula.

¿Qué radio escuchabas en ese momento?

Yo me di cuenta con el tiempo que mi vida era la radio y también la televisión. Por ejemplo, ¿sabés lo que hacía yo? Me iba al cuarto de arriba, donde vivía mi abuelo, que tenía un televisor Zenith, blanco y negro de 24 pulgadas, y ataba un alambre a la antena de cuernitos, y subía un cable hasta la azotea. ¿Para qué? Para ver televisión argentina en verano, y agarraba televisión argentina, seguramente porque tenía la antena de Canal 10 enfrente. Con nieve y fantasmas, pero miraba. Pasaba horas mirando televisión y escuchando la radio. Me despertaba con Carve y me acostaba con El Espectador. Y siendo un niño me acuerdo de Traverso y Neber Araújo. Eso es gracias a mis viejos. La radio siempre estuvo presente. Y me pusieron una radio enfrente. Menos mal que no pusieron un quilombo. Mirá si vivía frente al Palacio Legislativo.

Ahí podrías haber hecho política. ¿No vas a hacer política nunca?

No, no. Porque soy honesto.

Te encanta la política.

No me gusta la política.

Vivís hablando de política.

Hablo de la realidad, de la actualidad, de lo que nos pasa. Si eso es política, entonces también hablo de política. Me gusta hablar de lo que nos pasa. Repito: la vida es una sola. ¿Este es el país que quiero para mi hija? ¿Este es el país que quiere el lector para sus hijos? ¿Ver gente en la calle? ¿Ver la ciudad mugrienta? Mirá lo que te voy a contar: tuve la suerte de ir a Israel con mi hija de cinco años, ¿y sabés lo que me preguntó? “¿Papá, por qué no hay basura en la calle?” No me preguntó por qué estaban limpias las calles, me preguntó que por qué no había basura. Para ella lo normal es ver basura en las calles. No me olvido más.

¿Vas seguido a Israel?

Hace tiempo que no voy, pero sí, voy. Tengo más familia allá que acá.

¿Hablás hebreo?

Sí. ¿Sabés por qué está bueno ir a Israel, además del apego, la familia, la tradición y la historia? Porque cada vez que vas ves cómo el país avanza. Un barrio nuevo, gente joven. Cómo le falta a este país gente joven.

¿Cómo se soluciona el conflicto en Israel con los palestinos?

Es muy bravo resolverlo. Porque no es un conflicto político, sino de odio. Centrate en el mapa: Israel diminuto, rodeado de países árabes. ¿Quiénes eran los palestinos? Los jordanos. O sea, ¿sabés dónde queda Palestina? En Jordania. Las banderas de Palestina y Jordania son iguales, solo le sacaron las cuatro estrellitas. Además, en Israel conviven judíos y árabes en paz. La gente quizás cree que Israel está lleno de judíos. Y sí, pero está lleno de árabes, y conviven y se apoyan. Es genial eso, y yo lo vi, no me lo contaron. El tema es que estos amigotes quieren echar a los judíos al mar. Y nosotros sabemos nadar, pero ya caminamos cuarenta años en el desierto.

El tema de fondo es que se está generando odio en los jóvenes, de ambos lados.

No estoy de acuerdo. Los jóvenes de la sociedad israelí quieren vivir en paz absoluta, y te hablo de árabes y de judíos. Quizás la gente no llega a comprender que hay muchos árabes que son israelíes. Y hay árabes israelíes dentro del parlamento y la justicia. Los jóvenes y los grandes, también quieren paz. Ya lo dijo Golda Meir: “Va a haber paz el día en que ellos amen a sus hijos tanto como odian a los nuestros”. Esa frase es genial. Y es así. Hablábamos del fanatismo, y es eso.

Yo estuve en Israel, y me encontré con colonos judíos en territorios ocupados, y que son igual de fanáticos, y que andan armados.

Fanáticos hay en todos lados. ¿Y cómo se soluciona Siria, Irán? ¿Cómo solucionamos el trato de los iraníes hacia las mujeres? El mundo es así, lamentablemente.

¿Y cómo tratan los judíos ortodoxos a las suyas?

No me consta que sea igual. Yo no me voy a meter en la casa de un ortodoxo, pero vos sabés muy bien que en Irán lapidan mujeres. Y les cortan el clítoris, por decirte algo. No tiene comparación. Vos vas a un lugar y te llenás de tecnología, mirás para el otro lado y ves cómo lapidan a una mujer. Estamos viviendo en dos eras diferentes, ese es el problema.

¿Uruguay está viviendo dos eras diferentes entre los asentamientos y la costa?

Estás hablando de algo que yo pienso muchas veces. Y te estoy hablando como si fuera un político, ¿no? A ver, tengo sentido común. ¿Sabés cuántas veces pienso que estamos en el 2017 y que hay gente que en su casa no tiene resueltas las necesidades básicas, y que no tiene saneamiento. Si yo fuera presidente, me daría vergüenza. No, no son dos eras diferentes. Pero eso hay que resolverlo ya. Voy con el auto y pienso que si yo fuera presidente —capaz que estoy mal de la cabeza en pensar así— no se podría permitir dormir en la calle. El otro día iba caminando por Bulevar Artigas y el Obelisco, y veo un tipo durmiendo en la calle. Lo primero que pensé fue que estaba muerto, y me quedé un rato hasta que se moviera. Me entré a preocupar, porque yo soy así; si no tengo problemas, me los busco. Muchas veces me pasa que yo cambio la voz y llamo al MIDES. Si vos querés definirme, es eso, no tolero la mentira y la injusticia. No sé si es algo que tiene que ver con la genética y con la educación, pero no tolero la injusticia, y que haya gente en la calle me parece una injusticia, porque repito, la vida es una sola. Si yo trato de tener una mejor calidad de vida todos los días, y no solo material sino desde todo punto de vista, tenemos que hacer algo por los que no tienen realmente las condiciones básicas. Ahí viven familias y niños. Yo leo las noticias de todo lo que sucede y me vuelo loco. Soy muy tolerante, y creo que este es otro de los problemas de nuestro país: está lleno de intolerantes y fanáticos, y las redes sociales te lo muestran.

En fútbol, en política…

En todo. ¿Sabés qué es lo peor? Lo peor no es que te puteen, que te insulten o que te defenestren de la peor manera y con la bajeza más grosera. ¿Sabés qué hago yo? Veo que me putean y quiero saber por qué me putean. Entro al perfil de la persona. Quiero saber quién es. Y veo que me putea uno que dice: “Profesor universitario de la Facultad de Medicina”; otro: “Estudiante de psicología” y otro “Catedrático.” Los que putean no son solamente aquellos que no tienen educación. Los intolerantes son los que el día de mañana van a ser los que dirijan el país. ¿Sabés cuántos tengo? Porque aparte les hago captura de pantalla a todos.

Vivís en las redes sociales.

Vivo en el mundo de hoy. Está bien, me encanta. Pero si veo que uno insulta, y es estudiante de abogacía, pienso que ese, el día de mañana, puede llegar a ser ministro en la Suprema Corte de Justicia, y me está diciendo “judío de mierda”. ¿Entendés? Estudiante de medicina: “Bolso puto, gallina, chupa…” Y este capaz que yo mañana me enfermo y me tiene que operar. Leo cosas y pienso que, si ya estamos mal con la gente que lamentablemente no tiene un buen pasar ni las necesidades básicas resueltas, aquellos que no solamente tienen resueltas las necesidades básicas y acceso a las redes sociales son peores, porque teniendo todo lo que tienen insultan como si no tuvieran educación, y son más ignorantes que los pobres ignorantes. Está jodido. Hay que sacudir y armar de nuevo.

Las raíces de los árboles, ¿no dijo?

Sí, sí.

Te das cuenta que sos casi, casi oficialista.

¿Soy muy perceptivo, decías? Yo creo que a Tabaré lo empujaron a ser presidente en esta oportunidad.

Nadie agarra esa changa si no quiere.

¿Después de Mujica, sabiendo todo lo que dejaba? A ver, un poco de “está bueno, ser el segundo presidente elegido dos veces”.Y el poder y Anchorena, pero…

¿Vos decís que lo empujaron?

Yo creo que sí. Está cansado. ¿Y tiene poder?

Tiene tanto poder como tiene un presidente.

No, él en su primer gobierno mandó, y muy bien. ¿No?

Era la prueba de fuego,  el Frente tenía que hacer buena letra.

Y más allá de errores, con viento a favor, metimos todos los goles, ¿no?

Sí, salvo que seas bolso.

Me cobran un penal. Penal para Nacional.

¿Sos tan fanático de Nacional como dicen?

No soy fanático, no me gusta el fanatismo. Me gusta divertirme en los triunfos, y bancarme las derrotas y que me carguen. La mayoría de mis amigos son hinchas de Peñarol. Y disfruto mucho con la cargada, cuando puedo cargar, y banco mucho cuando me cargan. Me gusta mucho eso, es un ida y vuelta muy divertido e interesante, con respeto.

¿Quién te hace reír?

A mí me hacen reír las cosas cotidianas. Me hace reír mucha gente, pero no una gente en particular. La televisión no me hace reír nada, porque no hay nada.

No ves televisión.

No veo televisión. Veo series en Netflix. Te voy a recomendar dos. Una es Designated Survivor, con Kiefer Sutherland, espectacular.  Y Fauda, que es israelí. También me gustó muchísimo. Es dura, pero te enseña un poco lo que es vivir esa realidad. Las recomiendo las dos, una es más Hollywood y la otra es más realista. Y, como algo entretenido y divertido, me gusta ver Juegos Mentales, con mi hija. Lo recomiendo, te enseña cómo funciona el cerebro y cómo funciona la sociedad de acuerdo a determinados cánones que uno no sabe ni por qué lo hace. Es genial.

¿Cuánto pasás con tu hija? ¿Está con la madre y contigo?

Sí, pero yo tengo una muy buena relación con la madre de mi hija, considero que eso es esencial y es otra cosa que hace a los valores, que si mi hija crece en un ambiente de padres divorciados tiene que saber que los que se divorcian son los padres y no los hijos de los padres. Tenemos una linda relación, donde nos ayudamos desde todo punto de vista. Tanto nos ayudamos que, si bien tenemos días puntuales, no son rigurosos. Si la madre necesita que Amy vaya a determinado lugar con ella, van, y si tiene que venir conmigo, viene. Tenemos una muy correcta relación.

¿Estás en pareja ahora?

No, ahora no. Largué o me largaron.

¿No te aburre hacer siempre el mismo programa?

¿Cuánto hace que Voces está saliendo?

Trece años.

¿Y no te aburre siempre lo mismo por trece años?

No, porque tengo siempre gente nueva.

Y a mí todos los días me sale gente nueva al aire.

Pero es siempre lo mismo.

No, eso es un error.

Te estuve escuchando, a ver si encontraba algo diferente, y no. Yo no escucho tu programa habitualmente, pero…

Está bien, yo no leo tu semanario (risas). Lo leí porque sabía que me ibas a hacer una entrevista.

¿Quiénes son tus referentes en radio?

Gustavo Rey, con quien laburé mucho tiempo en la misma radio. Siempre lo tuve como un tipo referente, a quien le he consultado cosas. Ligia Almitrán, que trabajó en Radio Sarandí durante muchísimo tiempo. Trabajé con ella en Radio Futura. Hoy mis referentes son las personas con quienes trabajo: el director de Azul, Beisso. Consulto mucho, mucho a quienes tienen años en la profesión y son broadcasters de verdad, no a aquellos que compran radios sino a aquellos que tienen radios de verdad. Beisso, Walter Lapachian, Sebastián Rubira, que también trabaja conmigo. Son mis referentes, la gente de consulta.

Los movimientos que hubo en la radio, ¿mueven el tablero?

Mueven el tablero pero a cierto a nivel. Creo que estos movimientos que han existido son movimientos que van a tener que resolverse entre ellos. Malos Pensamientos es históricamente el programa más escuchado en la radio en Uruguay, y hoy también, en todos los horarios. Entonces, si los de abajo se dividen, mejor para mí.

¿Seguís siendo el más escuchado?

Sí. Con puntaje de televisión en prime time, con ocho puntos, o sea, una locura. Ciento veinte mil personas, solo en hogares. Imaginate que en la calle es la banda sonora, y también en el interior del país, y eso no se cuenta. Se retransmite en todo el Uruguay, en diecisiete radios. O sea, ya senador salgo seguro.

Te veo bien discutiendo con Mujica.

No, no voy a perder el tiempo.

¿Qué opinás de Darwin?

Creo que el hombre desciende del mono, eso sí. Sobre todo cuando escucho a determinada gente en radio (risas).

¿Vas a zafar con esa respuesta? ¿Qué te parece ese personaje?

Me parece un personaje que tiene sus aciertos. Yo hago mucho zapping en la radio.

¿Sos de los que escucha radio de mañana?

Sí, sí. De mañana redes sociales y radio, sobre todo redes sociales. Twitter, sobre todo. Ahí tenés toda la información, lo que escuchás en la radio ya lo leíste en el Twitter. Sigo quinientas personas  y está bien.

¿Leés medios digitales?

Sí, claro. La prensa la leo toda. Diarios uruguayos, leo los portales de El País y El Observador, seguro todo. La Hora no la leo más (risas). Y leo Clarín, El País de Madrid, y busco noticias que tienen que ver con determinados personajes, fútbol, política, Trump.

¿Escuchaste el discurso de Trump?

No lo escuché.

Pero escuchaste el de Tabaré. ¿Escuchaste el de Lacalle?

Escuché un poquito.

¿Cuál te aburrió más?

No me aburro. Si yo escucho a Tabaré y me aburro, me pongo a ver que tiene un saco de tres botones que le queda mal, empiezo a mirar otras cosas, a pensar que cómo no tiene un asesor que le diga que ese saco no va, que va con dos botones, o que por qué no cierran un poco más el plano. Miro otras cosas, si me está aburriendo lo que dice. Cómo no le maquillaron las ojeras.

El peinado siempre está bien.

Siempre está bien, porque no tiene un dron que lo sobrevuele.

Y a Lacalle no lo escuchaste todo.

Escuché solamente un poco, y lo escuché hoy en Twitter hablando de todo lo que quería tirar.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

¿Entre Tabaré Vázquez y Lacalle Pou? Voté a Lacalle Pou, pero no por ideología, sino porque creí, y sigo creyendo, más allá de la ideología y más allá de los programas de gobierno, que Uruguay perdió la oportunidad de tener un presidente joven. Un presidente de cuarenta y pico de años. No sé qué iba a pasar, pero me parecía interesante. Y bueno, lo ves a Tabaré y lo ves cansado, tiene setenta y pico de años. No sé si Lacalle Pou iba a ser bueno o malo, pero iba a ser un tipo de cuarenta y pico de años que le iba a dar una inyección de juventud, porque también tenía un equipo de gobierno que rondaba los cuarenta y pico o cincuenta y pico. Creo que en ese momento perdimos esa oportunidad. Hizo la bandera, muy bien.

Quedó bárbaro, así le dieron, también. 

Porque este país es un país en la chiquita. Avejentado y lento. Es una característica de la gente vieja.

Si los programas exitosos tienen veinticinco años.

Veintisiete. Empiezo la temporada veintisiete. ¿Pero sabés cuál es la diferencia? Que yo saco al aire chicos de veintipico. De diecinueve a treinta y nueve es el grueso de la audiencia. Llama mucha gente de treinta y pico, sobre todo. Y me gusta, porque es el que está en el límite, el que vivió algo y lo cuenta, pero que también se nutre de lo que escuchan otras personas. El programa es rico en comunicación. Me decís que digo siempre lo mismo, pero Malos Pensamientos empezó siendo un programa de personajes de humor. Yo hacía personajes de humor, después fueron secciones de humor, después la mano. Todo eso sigue existiendo, pero le doy mucha prioridad a la comunicación, a que la gente hable, porque la gente lo que necesita hoy es hablar, expresarse, y es eso lo que quiere. Ponete a pensar cuál es el programa de radio y televisión donde vos escuchás a la gente. No hay.

Se murió Heber Pinto.

No hay. Por eso está Malos Pensamientos, para que la gente hable de lo que quiera, para que se divierta y cuente anécdotas o historias divertidas, o que pasen cosas, como me pasó. Lo del acordeón fue una locura, pero fue una cosa que surgió: un chico me manda un mail y me dice que se quiere ir para Artigas a fin de año, porque ahí vivía su mamá, y que no se iba porque se habían acabado los boletos y buscaba alguien que lo llevara. Me llamó una oyente que al otro día se iba para Artigas: “¿A qué hora salís?” “Siete y media. ¿Te sirve?” “Mañana estoy ahí con el mate.” A las tres de la tarde lo llamamos, estaba en Artigas, y hablé con la madre.

Estás haciendo economía colaborativa. Sos un pionero.

Bueno, lo del acordeón es una cosa increíble, me eriza la piel cuando me acuerdo. Una vez llamó un pibe, cuando estábamos hablando de fotos con famosos. Decía que tenía fotos con jugadores de fútbol, pero que la foto que más quería era una con Fito Páez, porque era fanático. “¿En serio sos fanático? Cantame.” Y empezó a cantar. “¿Cómo sabés tanto de Fito Páez?” “Porque mi madre me mostró los discos y me hizo escuchar su música, que ella escuchaba. No pude ir a La Trastienda cuando vino.” “¿No sabías que se suspendió?” “No, no sabía. No pude ir porque no junté el dinero. ¿Cuándo es?” “En junio.” “No te puedo creer, Peti, la alegría que me das.” “No, no, la alegría te la voy a dar ahora: vos te vas a sacar una foto con Fito Páez y vas a ir conmigo a La Trastienda.” Ese soy yo. Tengo la foto acá. ¿Cómo no le vas a dar esa alegría a la gente, si lo podés hacer? El poder del micrófono es brutal, hay que saber utilizarlo. Y este año voy a hacer mucho de responsabilidad social, porque me di cuenta que la gente también necesita eso en el programa. La gente utiliza al programa, y quiero que me utilicen. Todo lo que quisiste lograr y no pudiste, si nosotros podemos hacerlo, te lo vamos a hacer. Si siempre quisiste algo y no lo tuviste, te lo vamos a hacer.

¿Te rebota mucho la gente con La Mano?

Sí, claro. Y esto habla de lo que es la sociedad. Cuando arrancó La Mano, en el año 97, eran historias como esa del CD, y después se fue modificando hacia cosas cotidianas, de relaciones de pareja, familiares, etcétera. Hoy, antes de salir al aire, tenés que preguntar: “¿Vos querés volver con tu novia?” “Sí.” “¿Le pegaste?” “Sí.” “Chau.” Y mucha gente se acuerda de una vez en que yo le corté a un tipo al aire. Antes no pensábamos que existía la violencia doméstica, no lo teníamos presente.

No lo teníamos incorporado.

No lo teníamos incorporado, correcto. Y el loco al aire parecía un ángel que quería volver con la novia. Llamamos a la novia, nos atendió y le contamos por qué la llamábamos. “Yo con él no vuelvo, me levantó la mano, me pegó.” “Quedate ahí”, le digo a la chica. “Flaco, te pido un favor, cortá y no llames más, y no escuches más el programa, porque este programa no es para vos.” Me quedé en silencio y se escuchó que había cortado. El alivio que sentí ahí fue maravilloso, porque ahí estás dando un mensaje. Más allá de la joda, a mí me gusta dar un mensaje. Y después la mina me agradeció. Nosotros tenemos que ser muy cuidadosos de todo. El trabajo de producción del programa es maravilloso, son quienes me hacen brillar, si es que brillo.

¿No debe ser fácil elegir a la gente ahora?

Aparte de preguntarle si puede tener un problema de alcohol, este es el trabajo de producción. “¿Te gusta tomar?” “Bueno, sí.” “¿Te emborrachás?” “Sí.” “Chau.” O un privado de libertad. No. O drogas. “¿Por qué te separaste?” “¿Sabés por qué me separé? Porque se pasaba tomando merca.” “No, chau, olvídate.” Una vez me pasó que salió al aire un tipo de cincuenta y largos, que quería volver con la mujer, y la mujer contó que el tipo era alcohólico, y el tipo se me puso a llorar al aire. Todavía me acuerdo. ¿Cómo piloteás eso? Y me le pongo a hablar como si fuera un familiar, porque yo me despojo del personaje cuando pasan esas cosas. Tres psicólogos me mandaron mensajes para atenderlo gratis. “Vos tenés que ir a hacer terapia”, le dije. No sé qué pasa en el programa, que la gente se olvida que está al aire y habla conmigo como si yo fuera un familiar. Y como un familiar, cuando veo estas cosas que hacen mucho daño a las personas, yo me les pongo a hablar así. Y me enloquece que después el feedback con la audiencia es maravilloso, que me lo agradecen, porque también yo estoy dando un mensaje, y el tipo que está escuchando piensa: “Mirá a Petinatti, dejó de ser Petinatti para decirle al tipo que vaya a hacer terapia si quiere volver con la mujer.” Eso es Malos Pensamientos. No solo el quilombo, la joda, la sorna y la ironía.

Pese a todo, sos humano.

Aunque no parezca. Hay muchas cosas en que yo me pongo a charlar con los chicos de las redes y les digo que eso es para hacer otro programa. Pero yo no puedo hacer Malos Pensamientos y otro programa que no tenga nada que ver conmigo.

¿Te gusta más la radio que la tele?

A mí me gusta más la radio que la tele, pero porque la radio es magia pura. Me gusta hacer con la radio algo a lo que hoy la gente no está acostumbrada: hacer que la gente imagine. Me acuerdo de una señora que vino y me dijo: “Lo quiero saludar, porque usted hace que la gente imagine, como en las épocas de la radionovelas”. Eso es un orgullo, es el mejor piropo que un tipo de radio puede recibir. Hoy la gente cree que hacer radio es sentarse con cuatro pelotudos a hablar de lo que vieron en televisión ayer, y de lo que les pasó cuando venían caminando. Esa es una manera de hacer radio, vale, está bien. Pero la radio es magia, es imaginación, es Hércules saliendo al aire con esa voz tan finita. Yo amo esa radio, la que te hace imaginar a una persona que escuchás, la que te hace vivir una historia que estás escuchando.

La tele no te da eso.

No te lo da. Y aparte, si quiero hacer algo en la radio, porque se me ocurre en ese momento, cambio y lo hacemos. En la televisión tenés que avisarles a los cámaras, al director y al productor, tenés que hacer un simposio de gente. Y la televisión me gusta muchísimo, la disfruto muchísimo.

Pero la televisión uruguaya es mala. Vos querés volver, no vas a ser crítico.

No, soy crítico. He sido crítico. Me parece que no es mala, es lenta, como el país. Tenemos la televisión que merecemos.

A la prensa la criticaste porque dijiste que no es periodismo de investigación.

¿Viste en televisión lo que dije? ¿No tengo razón?

No tenemos plata.

Minga, mirá ANCAP. Tenemos plata. Lo que no tenemos son huevos. Yo dije que las cosas pasan en este país porque no hay un Lanata, no hay un Morales Solá,  un Leuco, un Nelson Castro.

Es un tema de recursos.

No es un tema recursos, sino de actitud. La vida es la actitud, eh.

Coincido contigo con el tema del cacerolazo.

Sí, yo no entiendo el caceroleo. Comprendo que la gente cacerolee, pero se caceroleaba en dictadura. Hay libertad de prensa. La gente dice que yo soy un facho, por ejemplo.

Sí, todo el mundo.

Pero si hay alguien que no me habla es Lacalle padre. Hice un chiste en Noche de Miércoles, que arrancaba con un monólogo de actualidad, un chiste que hacía referencia a Lacalle padre, que no le gustó, y entonces llamó al ingeniero Scheck. “¿Quién se cree que es Petinatti para decir un chiste de esa magnitud sobre mi persona?”

¿Cuál era el chiste?

Maravilloso. Lacalle padre y Ramírez estuvieron peleados durante mucho tiempo. Se reunieron en la casa del Directorio del Partido Nacional, y la tapa de los diarios era Lacalle Herrera y Ramírez dándose la mano. El chiste era que después de unos años de estar distanciados se dieron la mano en la sede del Directorio, y que Ramírez después se contó los dedos de la mano, para ver si los tenía todos. Ahí no me decían zurdito. Ahora me dicen facho. Yo siempre hice el mismo humor, con los blancos, con los colorados, con el Frente. Pero me parece que al frenteamplista le falta humor.

Te metiste con el Cambio Nelson.

Claro, pongo un tuit diciendo que el Partido Colorado necesita un cambio y que le vino el del Cambio Nelson. Ahí no me dicen zurdito, porque hay humor. No es un tema de nivel, el humor es humor, bancá el humor. Y el humor político me encanta, no soy político pero me encanta el humor político.

Censuran a las murgas, también. ¿A vos te gusta el carnaval?

No me gusta el carnaval.

¿Qué clase de uruguayo sos, que no te gusta el carnaval?

No me gusta el carnaval, no tomo mate, no sé jugar al truco y no te termino bien un asado. O sea…

Sos un polaco trucho.

Soy un polaco. Y los polacos no son tan buenos, tampoco. Son jodidos.

Polaco no aprendiste.

No, no aprendí polaco. Fui a Polonia, a la Marcha por la Vida, una marcha que se hace todos los años y a donde llegan judíos de todo el mundo, y se va desde Auschwitz hasta Auschwitz-Birkenau, caminando por las vías del tren, porque anteriormente se le llamaba “marcha de la muerte” a cuando iban los vagones con todos los judíos de un Auschwitz al otro. Y fui. Es algo que realmente te moviliza, primero como persona y obviamente como judío. Estar en los campos de concentración. Entrás a los crematorios, entrás a los lugares donde mataron a la gente. Ves las montañas de lentes, de pelos, de valijas. Me emociono, porque es una cosa que no puedo creer. Cómo el mundo permitió una cosa así. Creo que hay que hablar, desde ese lado es que me vienen ganas de hablar, de levantar la voz, como judío, sí, pero como persona. No hay que permitir atrocidades. No hay que matar a una persona para estar frente a una atrocidad, alcanza con ver una persona durmiendo en la calle. Eso ya es suficiente. Esa marcha por la vida es una cosa que no podés creer. No podés creer cómo tenían una máquina perfecta para matar y torturar.¿Y a mí me decís facho? Lavate la boca, y respetame. Aborrezco todo síntoma de violencia y de falta de libertad. El fascismo, el nazismo, el comunismo. Porque sabemos el daño y las muertes que cargan el nazismo y el fascismo, y el comunismo también, ¿o me equivoco? ¿O leí mal los libros?

¿Marihuana?

No tengo (risas). ¿Si está bien que se haya legalizado? No sé, y tampoco sé si está mal que esté prohibida. Me parece que se armó todo en la República Oriental de la Improvisación, que fue el gobierno de Mujica. A todo nivel. Y lo estamos pagando todos. No fue educación, educación y educación, fue improvisación, improvisación y otra vez improvisación. Creo que está bien, si la gente quiere fumar, que fume.

¿Vos fumás marihuana?

No, no. Yo nunca fumé cigarros.

¿Tomás alcohol?

No. Socialmente, sí. Pero ya ni tomo, porque lo peor que me puede pasar es que me agarren los inspectores y me dé positivo el examen de alcoholemia. Yo soy un blanco fácil, me llega a dar un gramito…

Y marchaste.

Yo me fui de un casamiento en el Club de Golf sin tomar. “Dale, tomá.” Club de Golf, verano, imaginate, minas, divino, piscina. No tomo. “Dale, tomá.” Bulevar Artigas y la rambla. Traje, chica, amigo, novia. “Estamos haciendo un test de alcoholemia.” “Vengo de un casamiento en el Club de Golf. ¿Qué tengo que hacer, soplar?” Cero cero. “Sople de nuevo, por favor.” Cero cero. “Si manejo, no tomo”, le digo. “Sé muy bien lo que puede pasar, no tomo. Y más siendo persona pública.” “¿Qué le parece este procedimiento?”, me pregunta el tipo. Se estaba queriendo sacar la bronca de que estuvo con Petinatti y no lo agarró. “Me parece correctísimo todo lo que le haga bien al ciudadano.” Y yo soy así, soy un tipo correcto. Puedo mandarme mis cagadas, pero soy un tipo correcto. No tomo. Tengo una hija, aparte. Vamos a dejarnos de pavadas. Vos vas a Estados Unidos y todo funciona, y nadie hace cagadas.

Hay gente durmiendo en la calle.

Son uruguayos (risas). Hay gente durmiendo en la calle, está bien. Yo fui ahora en enero y a los dos de la mañana caminé con mi mochila en Nueva York con la tranquilidad que acá no tengo.

¿Te asaltaron alguna vez, acá?

Mano a mano, no. Me entraron al apartamento, me robaron el auto, todo. Y yo hablo porque no hay que esperar a que le pase a uno. No entiendo a esa gente. Mis amigos me dicen: “No te metas, no hables, divertí a la gente”. ¿Voy a esperar a que me pase a mí para hablar? No estaría siendo una persona íntegra, porque uno es honesto para los demás, pero íntegro con uno mismo. Yo me considero honesto e íntegro, y no tengo que esperar que me pase a mí para hablar, porque si no, estaría hablando de una cosa mía, y yo no hablo de mis cosas al aire. Hablo de mis cosas, si son positivas. Vos vas a Nueva York y tenés a cuatro policías montados a caballo, y te sentís tranquilo. Y nadie dice: “¡Eh, milico!” No, es la policía que te está cuidando. Tenemos que terminar con ese preconcepto de “milicos, dictadura”. Ya pasó. ¿Duele? Sí. ¿A unos más que a otros? Por supuesto. ¿Es difícil, es duro? Sin duda. La tranquilidad no tiene precio. Y acá en Uruguay, y sobre todo en Montevideo, no podés estar tranquilo.

¿Matrimonio igualitario?

Sí. El matrimonio igualitario me parece que está bien. El amor tampoco necesita de una firma ni un formulario, pero bueno, si hay que formalizarlo en los hechos, bienvenido, viva, vivan los novios, o vivan las novias.

¿Estás de acuerdo con la cuota política para mujeres?

Bueno, un judío que te diga que no esté de acuerdo con las cuotas…

El chiste es antisemita.

Claro, si lo decís vos el chiste. Creo que estoy de acuerdo con la cuota de la mujer, pero también pónganme una cuota de judíos, otra de pelirrojos, otra de pelados, de bolsos, de zurdos y pies planos. No hay que tener una cuota de mujeres, hay que tener una cuota de notables, y “notablas” (risas). Inteligentes e “inteligentas”. Quiero a las mejores mujeres y a los mejores tipos, en todos los ámbitos. No por cuotas, quiero a los mejores.

¿A quién respetás en el Uruguay?

Estaba pensando en Alejandro Atchugarry como un ejemplo de persona noble, ahora que falleció hace poco. Me hace acordar a otro amigo que falleció hace poco, Álvaro Lamé. Un tipazo, y un metedor como este país necesita. Más allá del nombre, respeto a la gente que hace las cosas con el corazón, bien, y con ganas de salir adelante. ¿Sabés por qué? Porque eso me pasó a mí. Yo tuve suerte, yo sé, pero la busqué. Vengo de una familia de laburantes, no teníamos auto, mis vacaciones de niño eran sacar la silla a la vereda con la radio. A mí no me tienen que contar nada. No sufrí nada, no me faltaba nada, pero sé de dónde vengo. Soy muy autoreferencial, pero es válido.

¿Qué futuro querés para tu hija?

Siempre se lo digo, quiero que sea feliz siempre. Yo le hablo como a una niña grande. Quiero que busque su camino. A ella le encanta muchísimo el baile, la mamá es profesora de danza y ballet, y creo que va a ir para ese lado. Le gusta tener un papá que se dedique a los medios y que sea conocido, lo disfruta mucho. Le gusta el canto. Si esa es su felicidad, que se dedique a eso.

¿La vas a mandar a Israel?

Sí, claro. Un año.

El riesgo es que vaya y se quede.

Sí. ¿Porque vea un país mejor? Le puede pasar en cualquier lado. En Estados Unidos, en Argentina. Y sí. Y me iré.

¡Nos libramos de Petinatti!

¡Hijo de puta! Por eso querías hacer la nota, para decírmelo en la cara (risas). Me preguntás si la voy a mandar a Israel. Creo que debería ser obligatorio, para todos los chicos cuando cumplen dieciocho años, no sé si el Estado debería pagárselo pero debería ser obligatorio que viajen. A cualquier lado. No, no me digás a Florianópolis.

¿Disney?

No, Disney también. El mundo debería ser Disney, el mundo debería funcionar como funciona Disney. Vos entrás a Disney y el mundo te sonríe, te dice “perdón”, “hola”, “buenas tardes”, “gracias”. El mundo debería funcionar así.

Es todo de plástico. No seas malo.

Pero estamos todos contentos. Acá todo es plástico, también. Y cada vez más. Pero creo que serían una buena experiencia esos viajes, que la gente se dé cuenta que sale a la calle y no ve basura. Que sale a la calle y que hay policías y seguridad.

Depende, si los mandás a Siria… En el ranking mundial tan jodidos no estamos.

Bueno, ese es un pensamiento uruguayo, el compararte con los peores. Ah, sí, claro, pero yo no me fijo en los peores, me fijo en los mejores.

¿Sos optimista con respecto al futuro?

Soy optimista. No es una pose. Soy optimista siempre. Y acepto lo que la vida me da, siempre, con optimismo. Hace dos días me lesioné el tórax, haciendo ejercicio. Me podría haber pasado algo mucho peor. Yo soy así, biológicamente optimista. Y nunca doy un partido perdido…

Ni aún perdido.

Hasta que terminé. Yo soy hincha de Macabi. Yo iba a ver básquetbol con mi hermano, y si Macabi iba perdiendo mi hermano me decía que nos fuéramos, pero yo no me iba hasta que terminara el partido. Era así yo, siempre. “Pero estamos perdiendo cuarenta a doce, vámonos.” “No me voy.” Y me volvía solo, caminando, para sacarme la bronca.

¿Cuánto se apropió de vos el personaje? Todo el mundo te dice Peti. ¿Quién te dice Freddy?

Y, mis amigos de la niñez. Sí, yo soy Peti. Lo que pasa es que crecí con el personaje. No me salteé ningún escalón en esta carrera laboral, fui creciendo, y no te olvides que cuando empecé al aire tenía diecinueve años, y ahí ya era Petinatti, Peti. Y crecí siendo Peti para la gente. Menos mal, porque si me dicen Nieuchowicz no terminan más.

¿Es verdad que aprendiste tu apellido a los ocho años?

Sí, a los seis años, creo. Pero fui abanderado en la escuela.

Si le llevabas bizcochos al de la radio, algo le llevarías a la maestra para que te eligiera.

Te estás olvidando de un dato importante: mis padres trabajaban en la cantina de la escuela. Fui abanderado de la de los Treinta y Tres. Era un buen alumno, me fui descarrilando con la conducta. En cuarto de escuela ya empecé a sentarme en los últimos bancos. Era bárbaro, porque hacía las jodas y nadie se enteraba.

¿Cómo te definís ideológicamente?

No soy un tipo de izquierda, no soy un tipo de derecha. Soy un liberal, porque respeto y escucho las opiniones de los demás, porque acepto que alguien pueda pensar distinto a mí, y porque aborrezco el pensamiento único. Por eso hablo. Soy una persona de ideas, y que acepta las ideas de los demás, esté a favor o no. Pero sí, soy un liberal. Yo, que crecí en dictadura, valoro la libertad y la democracia de una manera hasta sanguínea.

El otro día escribiste que nadie mencionó los treinta y dos años de democracia.

Es increíble. Nadie lo mencionó. ¡Hacete un informe en la televisión! Sacá a los principales dirigentes políticos y no políticos hablando de lo que se vivió ese día, llamá al organizador de los eventos. Todavía me acuerdo cómo se respiraba la libertad. Yo tenía diecisiete años. Imaginate un adolescente viendo a Charly García, Nito Mestre, Los Abuelos de la Nada, Perales. De todo me acuerdo. En la Plaza Fabini. Después estaba Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, la Trova Cubana, Canciones para no dormir la siesta, Larbanois y Carrero, y Los Olimareños, en la Intendencia. Yo era del palo rockero. Yo viví treinta años en Maldonado y  Minas. Me iba a bolichear a 18 de Julio, y volvía caminando desde 18 y Río Negro a cualquier hora de la noche. No tenía miedo. Algo mal hicimos, porque si después de treinta y dos años no somos capaces. Hoy sería imposible armar un evento multitudinario y gratuito en el centro de Montevideo, y con todas las banderas políticas juntas. No escuchabas “¡Colorado puto!”, “¡Bolche de mierda!”, era democracia, todos juntos, sonrisas, alegrías, juventud. Hoy es imposible hacer eso. Yo lo viví. Algo mal hicimos.


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