WASHINGTON CORALLO, PRESIDENTE DE LA CÁMARA DE INDUSTRIAS Gracias a Dios, todavía nos queda el MERCOSUR

publicado a la‎(s)‎ 9 abr. 2017 17:11 por Semanario Voces


La Cámara de Industrias es un protagonista relevante en la vida económica del país y nos pareció bueno recabar su opinión sobre la situación actual.  Su presidente, de larga trayectoria empresarial y gremial, es muy locuaz y no tiene miedo a expresar sus opiniones.  Controversial y frontal no duda en catalogar al sindicalismo uruguayo como anclado en los años 70, y cuestiona la visión de hacer prevalecer la distribución de la riqueza antes de su creación. Valora la innovación de muchos empresarios uruguayos y dice que su tarea no tiene nada que envidiar a la de muchos países desarrollados.  El hombre es como su empresa: cristalino.

 

PERFIL: Nació en Montevideo, en 1953. Tiene una hermana mayor, cuatro hijos y tres nietos. Estudió administración de empresas en la Fundación Getulio Vargas, en Brasil, del año 71 al 74, y en paralelo hizo un curso de Análisis e Inversión de Proyectos Económicos, en el mismo lugar.

Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

¿Es muy absorbente presidir la Cámara?

Esta actividad es como estar casado con otra mujer. Desde que tenía treinta años me gusta el gremialismo, en el sentido de tratar de devolver a la sociedad, y yo entendí que podía hacerlo trabajando en las gremiales, que promueven el trabajo y la industrialización del país. Lógicamente que al ser un industrial mi lugar estaba en la Cámara de Industrias. Es una tarea muy absorbente pero, gracias a Dios, tenemos un capital humano muy importante. Lo que hace el presidente de la Cámara es tratar de centralizar esas actividades y delegar las tareas. De forma indirecta, hace casi treinta años que estoy en la Cámara y veinticinco de forma directa. Dos años y medio atrás me propusieron ser presidente de esta institución, sobre todo en base a la experiencia que tenía y agarré este desafío. La industria es una parte muy importante del quehacer nacional; agro, industria, comercio y servicios forman el entramado del país, y ese entramado hay que cuidarlo, porque es la fuente que da trabajo a todos los uruguayos y que a su vez nutre a los servicios del Estado.

Aparte, tenés tu propia empresa.

Tengo mi propia empresa, que, como curiosidad, cumple cien años este año.

La fundó tu abuelo.

Claro. Lo que cumple cien años es la fundación de mi abuelo, Don Augusto Corallo, a quien trajo mi bisabuelo junto con sus dos hermanos, Federico y Alejandro. Vinieron de Italia en 1912, y mi abuelo tenía catorce años. Vivió cinco años en Argentina, hizo de todo, desde mozo en un restorán de La Boca hasta aguatero en la Pampa. Y un día cruzó el charco y le gustó Montevideo, porque era más chico que Buenos Aires y él estaba acostumbrado al interior de Italia. Se quedó, y conoció a una señorita que después se transformó en mi abuela. Ahí empezó a trabajar en una fábrica puliendo medallitas.

¿Cómo empezó con el vidrio?

 Mi abuelo tenía muy buena manualidad, y ya había empezado la guerra, entonces, las lámparas venían sin el vidrio porque las fábricas de vidrio europeas estaban dedicadas al esfuerzo bélico. “Augusto, ¿usted se anima a pulirme los caireles?”, le dicen un día. “Nunca lo hice. ¿Cómo se hace?” “Se hace así.” Entonces mi abuelo se fue al Banco República y le dieron el primer crédito por cincuenta pesos, y con esos cincuenta pesos se fue a Ernesto Quincke, donde se compró un motor, y a una antigua marmolería que se llamaba Laviere Vitacca, donde compró un rodillito de granito y, en 1917, se puso a pulir caireles. Como dato curioso, en 1921 ya tenía veinticinco personas trabajando para él, y acabada la guerra volvió a Italia y aprendió a hacer vitrales y luego volvió a Uruguay, donde fue uno de los principales vitralistas, con obras importantes como el Palacio Legislativo, el Hospital de Clínicas y otros edificios clave. En la década del treinta fundó Vidrierías Unidas pero en el año 54 creó Vicri, que quiere decir “Vidrios y cristales”. Ahí nos instalamos donde estamos hoy, en la calle Pantaleón Pérez, para fabricar vidrio en Uruguay. Yo soy la tercera generación, y lamentablemente no va a haber una cuarta, porque mis cuatro hijos están cada cual en su actividad.

¿Es difícil ser empresario en Uruguay?

Hoy es difícil. Lamentablemente, vemos que cierran las empresas familiares que se instalaron entre las décadas de treinta y del sesenta, como las grandes textiles. Lógicamente, hay cambios tecnológicos. Algunos dicen que la economía es una ciencia. No, la economía es un arte: lo que hoy está bien no sirve mañana, y la receta que se aplica en un país no se aplica en el otro. El mundo vio cómo Uruguay logró aprovechar la circunstancias de las guerras, con la carne, la leche, la lana, el corned beef, pero creo que cometimos el error de sentirnos mucho la Suiza de América y no generamos a tiempo los cambios que en el mundo se veían venir, y eso hizo que muchas empresas empezaran a enfrentar problemas, sumado a una creciente industrialización en el mundo moderno y a un creciente uso de la tecnología. Uruguay es un país que se abrió en la década del noventa a la libre importación y a la tecnología, y que, si bien es hoy un país que tiene una buena ley de promoción de inversiones, como la COMAP, a veces, por razones internas, no logra generar esa empatía suficiente para mantener esos puestos de trabajo. A nivel del mundo vimos cómo las empresas se empezaron a unir cada vez más y se formaron colosos mundiales; por ejemplo, en el rubro de la farmacéutica, o de la alimentación, como es el grupo Nestlé. Ahora se juntaron Citroën, General Motors y Peugeot. Vimos cómo en Estados Unidos la industria automotriz quedó prácticamente concentrada en Chrysler, General Motos y Chevrolet. Japón y Alemania supieron aprovechar las posguerras para generar una cultura del trabajo apta, que hizo que esos países y economías se desarrollaran. En Uruguay, en muchos aspectos, mucha gente sí innovó, y son los que están adelante, pero mucha gente, frente a los problemas que se venían venir, fue vendiendo las empresas.

En el imaginario popular se dice que en Uruguay no hay cultura empresarial, faltan empresarios innovadores que quieran invertir.

No descarto ninguna teoría, pero no comparto eso. Hoy, en 2017, Uruguay tiene casi siete puntos del PBI, en activos de última tecnología. No voy a afirmar que Uruguay esté a la par de Alemania, con trescientos treinta robots cada diez mil funcionarios, o de Corea con trescientos quince, o Japón con trescientos veintiocho, o de Estados Unidos con trescientos dieciocho. O sea, los países van invirtiendo. Pero en Uruguay —he tenido la oportunidad de recorrer muchas industrias— veo que hay una apuesta fuerte a promover el desarrollo industrial.

¿Qué pasa?

Una cosa es la voluntad del empresario por hacer las cosas bien, y otra es lo que sucede. Acá hay dos claves grandes, una es el MERCOSUR, que se nos vendió como un mercado ampliado a doscientos cuarenta millones, pero no fue así. Muchos productos están en la lista nacional de ALADI, muchos pasaron al MERCOSUR, y Brasil puso algunas trabas no arancelarias, del mismo modo que sufrimos cuatro años atrás los problemas con el gobierno de Kirchner, que lamentablemente trancó a los productos uruguayos. Eso hizo que mucha empresa se desalentara. Lo positivo es que hoy hay un parque tecnológico importante en Uruguay. Y si no estamos mejor, hay dos palabras clave: una es competitividad, porque Uruguay ha ido perdiendo competitividad a lo largo de estos años, y hoy no somos un país competitivo, y la otra es el concepto de productividad, si tomamos países claves en productividad, como podrían ser Alemania, Holanda, Finlandia y Suecia, para compararnos. En América Latina Uruguay está en el puesto treinta y cinco. ¿Qué quiere decir eso? Que cuando un alemán hace cien, un uruguayo hace treinta y cinco.

¿Eso es solo desde lo humano, o el obrero alemán lo hace con los trescientos treinta robots?

En Uruguay también hay empresas robotizadas, y hemos tenido el ejemplo de empresas chinas que se vinieron a instalar acá con tecnología y que decían que en China producían cuarenta unidades por día mientras que acá producían quince. Hoy estaba leyendo en el diario que ANCAP, que está parada, tendría que estar con el 25% del trabajo hecho y está nada más que con el 4%, en la refinería, y decían que es porque hay coyunturas laborales que no están claras. A ver, entiendo que todavía en Uruguay nos falta una cultura de trabajo adecuada, porque perdimos la cultura de trabajo que tenía mi abuelo y la gente que trabajaba con él, que no tenían hora para trabajar, que trabajan catorce a dieciséis horas y que no estaban todo el día pensando en marcar la tarjeta o en ir al ministerio a hacer un reclamo si no les gustaba la cara del que los miraba. Creo que se perdió esa cultura del trabajo, y se ha fomentado algo que para mí es malo, que es la desunión del Uruguay. Creo que el Uruguay tiene que tener un gran pacto, tenemos que estar unidos en lo que son empresa, gobierno y recursos humanos.

¿Cómo definís la cultura de trabajo?

Entiendo que tenemos que crear hábitos de trabajo, prácticas productivas y valores en el mundo laboral, para que todos sean conscientes de los derechos pero también de los deberes. Siempre se habla de derechos y hoy en día se está hablando de deberes, derechos y obligaciones. En la Cumbre Iberoamericana en Cartagena de Indias, en la que estuvimos el año pasado y a la que asistió todo el empresariado de América Latina, más Portugal y España, se hablaba de que hoy en día hay que fomentar derechos y obligaciones a nivel de las escuelas y que esto permite que se logre mayor nivel de estabilidad y competitividad en las empresas, permitiendo elevar los niveles de vida de los trabajadores. Somos conscientes que la industria es la que paga los mejores sueldos, la que capacita mejor y la que da la chance de prepararse. Nos duele que preparemos una persona que está en un cargo bueno, ganando, por ejemplo, cincuenta mil pesos, si la empresa tiene problemas y cierra, esa persona se queda sin trabajo, y consigue otro como guardia de seguridad y con un salario que solo le permite sobrevivir.           El fundamento que determina el valor del trabajo es, en primer lugar, la dignidad de la persona. Es clave para nosotros que el trabajo humano tiene un valor ético y trascendente, además del valor económico. El trabajo es el medio por excelencia para que una persona y su familia se sostengan. Y también tiene que ser un medio para que las empresas se desarrollen. No hay trabajo sin empresarios, no hay empresas sin trabajo. El trabajo es fuente de derechos y obligaciones. Es la empresa el lugar donde confluyen trabajadores, directivos e inversionistas para poder elevar el nivel de vida de nuestra sociedad, y para eso son necesarias la productividad y la competitividad, lo cual debe permitir, lógicamente, una mejor remuneración. Soy de la teoría de que hay que fijar metas y objetivos y, como en todas partes del mundo, un buen capitalista—como decía Keynes— es aquel que quiere que haya pleno empleo para que lo que produce un trabajador lo pueda comprar otro trabajador y que así tengamos una economía funcionando.

¿Es viable?

Eso es en la teoría, en la práctica después entran los otros agentes imponderables de la economía en el mundo. La cultura laboral en Uruguay debería ser para nosotros el sustento fundamental del diálogo ente los sectores productivos, concertando y uniendo los esfuerzos de las organizaciones sindicales y empresariales, la academia y toda la sociedad. Hay que entender que en la sociedad el efecto derrame se logra cuando hay trabajo, porque cuando cerramos una empresa no solo se deja de aportar al BPS, al IRAE y al IVA sino que además, como estamos viendo ahora en FANAPEL —una fábrica de ciento veinte años—, el Estado tiene que hacer un esfuerzo monetario para el seguro de paro. A mí lo que me preocupa es cuando dejamos que el paciente se nos muera y después le damos a la viuda una compensación. No: vamos a agarrar al paciente, que es la industria, y vamos a buscar medidas —como lo dijimos en la reunión que tuvimos con el ministro Astori, una semana atrás—, medidas eventuales, no de corte permanente, que permitan una solución, como en todos los países del mundo.

¿Qué medidas?

 Alemania salió de la crisis, porque estuvo siete años sin aumentar los sueldos, y hemos estado charlando con dirigentes alemanes y nos dijeron que durante esos siete años los alemanes no hicieron huelga, porque el objetivo, primero, era desarrollar y consolidar su país y su trabajo para, después, una vez que estuvieran consolidados, sí, pedir. Ellos crearon primero el productivismo para después poder hacer el distributismo, y acá en Uruguay queremos hacer el distributismo pensando que el dinero o los bienes se descuelgan de los árboles o que son mágicos. Y no, no hay nada más escaso en la economía que el dinero o el capital, entonces hay que saber cuidarlo y preservarlo.

Competitividad y productividad. Muchas veces la competitividad está afectada por la propia empresa; y otras, el gobierno les quita posibilidades de ser competitivas, mediante tarifas e impuestos.

Exacto. Cuatro claves: los costos que pasa el Estado —tarifas, servicios públicos, carga impositiva—, que son totalmente no transables, porque el empresario, sea agro, industria o comercio, tiene que tomar los bienes y servicios a los precios a que los brinda un Estado monopólico en esos servicios, y tiene que tomar los impuestos que le brinda el Estado de forma monopólica. Después tenemos el segundo rubro principal, que son los salarios, que en la mayoría de los casos son por un consejo de salarios, al cual no hay más remedio que acatar. Recordemos que el 84% del entramado industrial de la Cámara de Industrias son pequeñas y medianas empresas.

¿De qué número de empleados hablamos?

Veinte a cuarenta, en el cual el patrón o dueño es contador, abogado, escribano, cadete y hace todas las tareas.

Sigamos con las otras dos claves.

El tercer gran rubro es la compra de materias primas; yo soy comprador de materias primas en el exterior o en el país y si mañana la materia prima sube a cien, la voy a tener que comprar a cien, pero por lo menos ahí tengo cierta transabilidad, porque si le sube a uno, les sube a todos.                                        Y el cuarto rubro son las relaciones laborales. Uruguay está en el puesto ciento veintiocho de rigidez laboral. ¿Puede haber empresas malas? Sí, no hay duda. Hay empresas malas y hay empresas buenas. Hay médicos o abogados buenos, regulares y malos. Nada en la vida existe al 100%. Hay opiniones a favor de un gobierno y en contra, y a favor y en contra de la industria. Creo que lo importante acá es el esfuerzo que tiene que darse entre todos los actores para desarrollar el aparato productivo del Uruguay, y pensar cuál es el mundo que les estamos dejando a nuestros hijos. Tenemos que pensar que cada empresa que se cierra son oportunidades que se están perdiendo, porque qué ganamos con educar a la gente si vemos que el 60% de los chicos que están con formación alta piensan emigrar del país. ¿Por qué se nos tienen que ir? Porque vemos que Uruguay no les está dando las condiciones necesarias. Y Uruguay es un país que debería adoptar ciertas medidas proactivas, tendríamos que estudiar una “regla fiscal”, y estudiar los gastos, pero claro, para estudiar eso tenemos que tener un déficit controlado, y Uruguay hoy tiene un déficit alto, y tiene una ventaja que es tener grado inversor. Es un juego de equilibrios, como dijo el economista Bergara: “Los platillos están girando”. Pero cuidado, no dejemos solo girar los platillos sin pensar que esos platillos giran alimentados en base a la actividad económica del país.

¿Cuáles son las trabas más grandes a nivel de competitividad? ¿Salarios y energía, por ejemplo?

Los salarios se pueden manejar justamente en base a conceptos de productividad y motivación de la gente. La cadena —agro, industria y comercio— se basa toda en camiones y Uruguay no tiene una red ferroviaria moderna, ni tiene una red fluvial como tienen otros países, salvo el Río Uruguay. Todo el transporte lo tenemos que hacer mayoritariamente por camiones, y ahí tenemos un costo de los combustibles que podría haber bajado. Somos conscientes que el gobierno hizo caja, pero del mismo modo entiendo —y esto es una opinión personal— que ya que el gobierno tiene grado inversor podría haber pensado en una medida paliativa en lugar de cargarles a los usuarios los quinientos u ochocientos millones de dólares de déficit de ANCAP por un manejo que no fue el adecuado para una empresa pública. Podría haber emitido un bono de quinientos millones de dólares a cinco años, con una tasa de interés razonable con lo cual ese bono se habría usado para capitalizar ANCAP, y se hubieran cargado nada más que los intereses de esa deuda en el precio del combustible. Hablando el otro día con el ministro, decíamos que un poquito que logremos ganar con los combustibles, otro poco que peleemos con las tarifas eléctricas. Tratar de alguna manera de seguir trabajando las tarifas de pequeños, medianos y grandes consumidores. Algunos dicen que no es mucho, pero no podemos recuperar en un día la competitividad perdida en diez años. La regla dice que la competitividad que perdimos en diez años podemos demorar otros diez en recuperarla, pero tenemos que dar el ejemplo. Nosotros entendemos que las empresas públicas, en el futuro y como en otras partes del mundo, deberían ser de capital abierto, tener balance cada tres o seis meses y mostrarlos, y tener la posibilidad de que un porcentaje de sus acciones se les entregue a los funcionarios cuando se jubilen, por logros obtenidos.

¿Qué quiere decir “logros obtenidos”?

El principio de una empresa pública es que tiene que brindar a los ciudadanos, que son los que pagan los impuestos, el mejor servicio posible con el menor costo posible y la mayor eficiencia posible. Tener, por ejemplo, una ANCAP o una UTE que se fijaran una meta, por ejemplo, plantearse ganar quinientos millones de dólares y ganar quinientos cincuenta, y esos quinientos usarlos para reinvertir y fabricar mejores y más productos, pero los cincuenta restantes repartirlos entre los funcionarios que fueron buenos por coeficiente de productividad y competitividad, y que vayan asegurando su futuro de manera tal que el día que ese funcionario se jubile tenga unas acciones en las cuales después el surplus que tenga esa empresa del Estado, en forma pactada, sea pagado en forma de dividendo. Entonces todo el mundo va a querer que a las empresas públicas les vaya bien y que ganen plata, porque también van a poder acceder empresas del mundo a comprar esas acciones. Me imagino una empresa del Estado —una UTE, una ANCAP— trabajando bien, y la cantidad de dinero que podría venir, y no solo de Uruguay sino de otros lados, con lo cual generaríamos un movimiento impresionante, lo que daría un dinamismo tremendo en la economía. No es fácil, porque lógicamente eso requiere competitividad y productividad y, como dijimos, la rigidez laboral de muchos sectores hace que esos cambios tan necesarios se vean demorados.

La productividad tiene mucho que ver con los recursos humanos, con los trabajadores.

Creo que sí. Para nosotros en muchas empresas los recursos humanos pueden ser el 50, 60 o 70% del valor de la empresa, y por eso el industrial bueno es aquel que permanentemente está capacitando, entrenando y motivando a sus funcionarios para que no sean una simple parte del engranaje.                       De acuerdo con algunos pensadores del libre mercado, en los últimos años se dice que las relaciones interpersonales son tan importantes en la cultura laboral que es necesario analizarlas tomando en cuenta cuatro factores: la persona y la tarea, la sensibilidad emocional, la etiqueta y el ambiente laboral, y a partir de esta perspectiva debemos analizar todos estos procesos. Hay cuatro criterios básicos que modifican la concepción del trabajo y dan su aporte a esta nueva estructura laboral de 2017: el reconocimiento de que el trabajo, el empresario y los recursos humanos más que simples palabras son claves para el desarrollo de un país y de sus recursos humanos como personas dignas. El trabajo más que una mercancía es el medio para transformar la realidad social, educativa y cultural del país. Fomentar el trabajo nos evita tener que sacar a gente de ambientes de cantegril. Las organizaciones empresariales más que campos de batalla son comunidades de desarrollo compartido y participativo. Todos tenemos que dialogar, y dentro de ese diálogo está la posibilidad de buscar hoy o mañana en el Uruguay la chance de que las empresas tengan programas de apoyo e incentivos del Estado, justamente para trabajar en conjunto entre los recursos humanos y los directivos de la empresa. La productividad —y aquí vamos a viejos conceptos de Marx— más que una forma de explotación o plusvalía es un resultado que surge del enriquecimiento de las capacidades del trabajador, por eso la Cámara de Industria apoya fuertemente lo que es, por ejemplo, el INEFOP, porque es importante capacitar y preparar. La apuesta de la empresa es un resultado del enriquecimiento del trabajador, y en el entorno propicio que debe crear el país en el que vivimos, esto es, ser competitivos y proactivos. No estamos inventando nada, pero creo que es clave para que el Uruguay entienda cuál es el camino para desarrollarnos y seguir.

Es habitual escuchar a los empresarios de cualquier área decir lo tortuoso que es conseguir personal, y que se van al poco tiempo, y que pese a haber salarios buenos ni siquiera se ven tentados. ¿Cómo lo viven ustedes?

Ahí hay otro concepto, que es el de los millennials, los chicos de veintipico de años. Siempre se decía que en los recursos humanos lo importante es saber atraer, después seleccionar, y después entrenar, mantener y promover a la persona. Esto suena muy lindo. No todos los empresarios pueden pensar así, y tampoco todos los sindicalistas piensan igual. Creo que a las empresas a las que les va bien son aquellas que apuestan por sus funcionarios, aquellas que tienen un diálogo permanente. El otro día el presidente de la Cámara de Comercio me decía que una gran superficie se instaló en Uruguay y que puso un aviso pidiendo cuatrocientas personas con secundaria completa, pero que como se presentaron ocho tuvo que bajar el requisito a primaria completa y ahí sí consiguió la gente. Tanto que hablamos de educación, también es importante saber en qué educamos. No digo de ir a aparatos como los de otros países, dentro de la propia ex Unión Soviética, donde puede haber trescientos ingenieros y doscientos abogados. A veces vemos que en Uruguay todo el mundo quiere hacer carreras humanísticas y que nos falta gente científica. Otro problema es que formamos un buen ingeniero pero si después no le damos las condiciones de trabajo en el Uruguay,  ese ingeniero se nos va a ir. No es fácil, es un tema de saber integrar el aparato productivo, la academia y el Estado. Hay que formar los técnicos que realmente necesita el país. Uruguay precisó técnicos en lechería, y hace cuatro años atrás fue la tecnicatura que más egresados tuvo, y también fue en la que más gente perdimos.

¿Por qué se perdieron?

Me preguntaron en una entrevista en la radio qué pasa con los lácteos. Gracias a Dios, la exportación de lácteos subió y mejoraron los precios, pero ahora las empresas que procesan la leche se dan cuenta que los que les vendían la leche, por las razones económicas eventuales de no conservar el ganado madre, se sacrificaron vacas Holando para abasto, tambos cerraron por doquier, técnicos en lechería que estaban ganando buen dinero fueron a trabajar en actividades para las que no estaban capacitados, porque no nos dimos cuenta que no podíamos dejar cerrar los tambos, y que había que haber tomado una medida excepcional; sí, había que haber tomado una medida eventual, había que haber exonerado momentáneamente a los tambos, y no solo a los tambos, sino a cualquier sector. Me dicen que a Juan Lacaze se le da un seguro de paro de un año, perfecto, pero también tenemos empresas con problemas en Las Piedras, en La Paz, en Tacuarembó, en Montevideo.

 

¿Qué hay que hacer?

Tendría que haber un gran pacto, un gran compromiso entre todos los sectores para no pedir lo que no se puede dar y saber que lo que hoy damos a uno implica tirar de la sábana para dejar los pies al aire en otro lado, y saber que, si forzamos a una empresa a dar lo que no puede dar, esa empresa va a cerrar. Preservar los puestos de trabajo y después sí, exigir a todos: “Miren, estamos preservando los puestos de trabajo, hicimos un esfuerzo, no vamos a aumentar los sueldos por un año, muy bien, usted agarre la valijita y salga a vender, y nosotros, gobierno, vamos a buscar países para acceder, vamos a darles las tarifas por un año para que usted se pueda desarrollar. Señor, ¿usted desarrolló? Bárbaro, usted tiene un beneficio.” Creo que la mayoría del empresariado uruguayo hoy, más del 70%, está capacitada para saber dirigir una empresa en un entorno tan competitivo como es el mundo moderno.

¿Y los millennials?

Son chicos que de repente están preparados, y lo veo a nivel de grandes empresas de servicios, chicos que están ganando tal cantidad de plata y se van si en otro lado les ofrecen dos mil pesos más. En Japón, si uno se iba de una empresa, era una mancha, y el buen japonés es aquel que trabajaba cuarenta años en una misma empresa y se sentía orgulloso. Y a veces hay una rotación, porque la juventud es distinta, estoy de acuerdo. Lo veo con mis propios hijos, que no trabajan conmigo y que también han rotado en trabajos. Y no es solamente por un tema económico, es que también ellos evalúan las posibilidades de ascenso, el ambiente laboral de la empresa, entonces ahí vamos de vuelta al mismo tema: en las empresas del día de hoy no alcanza con pagar un buen salario para retener una mano de obra calificada. Hay que hacer un estudio con asesores especiales de modo de ver dónde estás las fortalezas y debilidades en el concepto de mano de obra de esa empresa.

¿Hay mucha rigidez por parte del gobierno a la hora de contemplar situaciones como la que planteabas de los tambos?

Sí, lamentablemente creo que ha habido una rigidez. En la Cámara de Industria debo reconocer que el ministerio realmente nos está apoyando en lo que puede, pero lógicamente el Ministerio de Industria depende del de Economía. Creo que dependemos mucho de Economía y de la OPP. Creemos que sí, que al gobierno a veces le decimos la realidad, y somos conscientes de que tiene un problema de caja, pero si no ayuda a mantener las empresas cada vez el problema de caja va a ser mayor. Lo que estamos haciendo es achicar la espiral: cada vez va a haber menos actividad. Vuelvo a repetir: hablo por la industria. En 1917, un economista ruso-judío, Simón Kuznets, inventó lo que es el PBI. En 1936, explicó que el crecimiento del producto bruto de Estados Unidos había sido muy importante, pero que ese efecto no se había visto en derrame en toda la población. En 1965, Kuznets volvió a hablar en el parlamento americano y también decía que no se podía tomar solo el PBI como una medida de riqueza del pueblo americano. En 1986, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, volvió a repetir lo mismo y puso como ejemplo un país que producía petróleo, con diez millones de habitantes, y dijo que ese país tenía un PBI de cien mil millones de dólares, y eso da que tiene un alto PBI por habitante, pero la realidad es que hay nueve millones y medio que comen arena. Muchas veces usamos el PBI, para decir que en Uruguay estamos bárbaro, como una medida de riqueza. No, no es una medida de riqueza. Hoy en día hay algunos economistas que están manejando el BEL, Bienestar Económico Líquido, que no es la cantidad de dinero que ganás sino a qué tenés acceso con el dinero que ganás. Porque de repente la vivienda, los vehículos y la energía son caros; y, si bien Uruguay tiene un PBI alto, no es esa la realidad de lo que se gasta. Entonces, no es bueno hacerse trampa al solitario. La mejor medida de la riqueza de un país es cuando toda la gente de un país está ganando en forma buena, razonable y coherente, y donde no existen esas diferencias y asimetrías tan grandes que vemos.

¿Cuánto pesa la industria en lo que es la producción de valor en Uruguay, y cuánto implica de mano de obra?

Antes del MERCOSUR, la industria llegó a ser casi el 18% del PBI del Uruguay, y llegamos a tener casi trescientas mil personas trabajando. Cuando se firmó el MERCOSUR, el Uruguay pagó un alto costo, y lo hemos dicho: se cerraron muchas empresas que lógicamente no eran eficientes o no tenían condiciones de competencia. Nosotros buscamos un aterrizaje suave para permitir que aquellas empresas se pudieran reconvertir, o cambiar de rubro o cerrar de manera de no generar un problema a la sociedad. Hoy, el PBI industrial está más o menos entre el 11 o el 12%.

Bajó un 6%. ¿Esto es tomando en cuenta ANCAP?

No, nosotros siempre hablamos excluyendo ANCAP, las papeleras y la zona franca de Pepsi. Estamos hablando del núcleo duro industrial nuestro. Puede variar entre un 11 y un 12%, y algunos hablan de un 10%. Y en mano de obra hace cinco años éramos doscientas veinte mil personas y hoy estamos en ciento noventa.

Se perdieron treinta mil cargos.

Se perdieron. No necesariamente significa que esa gente se quedó sin trabajo —capaz están haciendo otra tarea. Perdimos puestos de trabajo pero no cayó en porcentaje porque la tecnificación que vivió la industria a través de la ley de promoción de inversiones y a través de la venida de capitales extranjeros hizo que Uruguay ganara en productividad por la incorporación de tecnología. Es bueno saber que el Uruguay tiene un aparato productivo instalado tal que, si las condiciones de competitividad son buenas, comprando materia prima y tomando recursos humanos, podemos salir a producir más. Desde que llevamos registros históricos, el nivel o el índice de la capacidad instalada estuvo rondando, cuatro años atrás, cerca del 69%, y no es un mal índice.

Es espectacular.

Es espectacular, porque pensemos que las máquinas no trabajan al 100%, y lo vemos en la refinería, que para, hay sábados, domingos, mantenimientos. Hace tres meses atrás, llegamos al 60%. Los más bajos valores de la historia desde que llevamos registros. Hoy estamos en el 61%. Hace cinco meses atrás, siempre históricamente tuvimos del arbolito de producción, por decirlo así, 30 o 32% del grupo de las ramas industriales de la Cámara de Industria creciendo. Cuando digo creciendo, hablo por encima del 2, 3 o 4%. 30% de las ramas de la industria estables, del 2 al 0%, o sea, creciendo un poquito. Y un 30% de industrias que estaban bajando.

 

 

Hoy subimos 7% el porcentaje de las ramas industriales que están mejorando. ¿Es positivo? Nosotros tratamos de ser optimistas, porque por principio el empresariado uruguayo tiene que ser optimista.

¿Qué industrias tienen futuro en el Uruguay? La textil hoy por hoy…

Es difícil, pero no imposible.

Había setenta mil personas hace treinta años.

Lamentablemente, hace poco hubo importación de calzado y de ropa que se podría hacer acá. Nosotros estamos pidiendo que en las compras públicas se le dé prioridad a la producción nacional. Sé que hay cosas que no podemos hacer, pero otras sí las podemos hacer. Obviamente que en todo lo que es agroindustria Uruguay está capacitado, y en todo lo que tenga que ver con alimentos y bebidas. ¿Cómo puede ser que en las góndolas veamos galletitas de Polonia?

Y más baratas que las uruguayas.

Porque hay un costo país que nos está matando. Hoy, Montevideo es la ciudad más cara del MERCOSUR, y no podemos ser los más caros. No pretendo ir con el dólar a sesenta, como piden algunos.                  Los índices que elabora la Cámara de Industrias muestran que estamos entre un 14 y un 16% de diferencia de deslizamiento en el tipo de cambio. Hablando con industriales, me han dicho: “Corallo, yo podría estar exportando si tuviera un 10 o 12% más de competitividad.” O sea, no estamos pidiendo lo imposible. Con alguna serie de medidas podemos recuperar la competitividad, no solo para el mercado externo sino para las empresas que compiten en el mercado uruguayo, que en enero vieron subir 8% sus sueldos, sus tarifas, y que vieron subir sus necesidades fiscales y sus ajustes impositivos por parte del gobierno, y que vieron subir sus requisitos laborales, y sin embargo tienen que competir contra un importador que sigue pagando el dólar a veintiocho, si bien ese importador también tiene un costo país que tomar en la parte salarial, el costo principal normalmente es el producto que se importa. Creo que tiene que haber libre importación, pero vamos a darles a los uruguayos que apuestan al país las mismas condiciones de competitividad que al que trae del exterior. Preparamos a la gente en UTU en carreras técnicas como mecánica y electrónica, y después no tenemos la empresa para dar el trabajo.

El hecho de tener grado inversor y de las prebendas que se les dan a las empresas internacionales hace que se instalen empresas como UPM. Eso no se les da a las empresas locales, muchas veces.

Ya se han levantado voces dentro de la propia Cámara de Industria. En teoría, un inversor uruguayo tiene prácticamente el mismo acceso a los beneficios que puede tener UPM, pero esto es como David y Goliat. Nosotros estamos bregando para que la planta de UPM se instale por el efecto derrame que eso va a tener en la economía, sobre todo en el medio del país.

No va a dejar mucho trabajo después.

No va a dejar mucho trabajo, pero está el camionero que va, está el que corta el árbol, hay trabajo, pero a mí me gustaría que en lugar de estar solo UPM con cuatro mil millones de dólares de inversión, hubiera cuarenta empresas con cuarenta millones de dólares de inversión. Muchos dicen que por qué UPM tiene todos los beneficios siendo un monstruo y una potencia como es, mientras que el pobre uruguayo que está trabajando acá no tiene los mismos beneficios. Bueno, para eso está la teoría de los parques industriales. Les doy un dato: los parques industriales, en teoría, para las empresas que se instalan, tienen exonerados por un tiempo los aportes patronales, o un porcentaje de ellos, y sin embargo en la práctica hay empresas que nos están mandando notas porque todavía el BPS no se puso de acuerdo en cómo les va a devolver el dinero. Entonces, una vez que generamos una ley tenemos que ser aptos. Para mí no hay peor impuesto que el impuesto al patrimonio. Es un impuesto que grava a las industrias que tienen una inversión y que, sin embargo, cuando están paradas, están pagando por algo que no está generando ningún rédito a la empresa. Bueno, buscar que la alícuota de la contribución inmobiliaria y de otros impuestos fijos también se pueda prorratear en los meses en que la empresa no está trabajando. Esto suena muy lindo en la teoría, después hay que llevarlo a la práctica, y eso implica un cambio de mentalidad radical. Hay gente del gobierno que sí lo entiende, pero a veces la realidad hace que cuando nosotros vemos que se cierran las empresas pensemos que por qué no tomamos las medidas antes, que por qué dejamos que muera para ahora hacerle un entierro de lujo, dándole un año de exoneraciones. ¿Por qué no se lo dimos antes? ¿Por qué no le dimos medidas a todo el espectro del país?

Se habla de un TLC con China, cuando nos invaden productos chinos que han matado muchas industrias uruguayas.

Estoy de acuerdo.

Por otro lado, viene Trump y habla de proteccionismo. ¿Cuál es el punto en que tendría que estar Uruguay?

Es lo que estábamos hablando hoy. En economía no hay leyes, hay tendencias. El mundo pasó de la etapa de la sustitución de importaciones a través de la industrialización, en las décadas del cincuenta y sesenta, a una apertura. En la Cámara de Industrias apoyamos los convenios pero no queremos que se desindustrialice el país. Hay mecanismos a través de la OMC en los cuales el 80% de la exportación uruguaya está concentrado en cuatro o cinco artículos básicos, como podrían ser la soja o la carne, o arroz y lácteos, y podrían permitir un mecanismo para tener un acuerdo comercial con China, pero nosotros no queremos ningún acuerdo comercial, especialmente con China, que tiene costos menores que Uruguay, con la Unión Europea podría ser distinto porque normalmente ellos no regalan nada. Pero también hay que estudiarlo, con cláusulas de salvaguardia. Creo que todos los convenios tienen que ser analizados y bien entendidos. “Mire, vamos a hacer un acuerdo con China.” Muy bien, perfecto, ¿es decisión inexorable?” “Sí.” “Deme diez años para permitirles a las industrias uruguayas que la desgravación sea parcial, o lo que quieran hacer, de manera tal que esas empresas se preparen y se capaciten para enfrentar a China y a otras partes del mundo”.

¿Al dumping chino?

Al dumping chino. Deme tarifas y deme competitividad en Uruguay para que yo pueda pelear en el futuro… Y si no, yo por lo menos veo en diez años si cierro la empresa o le cambio el giro, pero no podemos enfrentarnos directamente al dragón chino, o a cualquier país. Gracias a Dios, por ahora el proteccionismo de Trump no ha tocado ningún producto, pero puede pasar, y eso puede tener un efecto búmeran malo. Por ejemplo, si México tiene un producto que está exportando a Estados Unidos y  Estados Unidos le cierra la frontera y tiene que salir a otros países, puede venir a Uruguay con productos abajo del costo. Y eso es un tema. Otros dicen que también podemos tener ventajas porque podemos acceder a nichos de mercado que capaz que Estados Unidos le prohibió a México pero se los permite a Uruguay. Esto hay que ponerlo en la balanza e ir viendo. Lo importante es que los tiempos industriales y políticos no son iguales. Y nosotros entendemos que cualquier buen gobierno que se precie tiene que poner los mismos tiempos políticos e industriales, porque si a una medida proteccionista o cualquier medida que pueda tomar un país vecino nuestro esperamos un año o dos para reaccionar, cuando reaccionamos vamos al sepelio y entierro de las industrias a las que no les dimos el tiempo para poder reaccionar con la misma velocidad.

Este mismo tipo de comentarios también se hace sobre el MERCOSUR.

Gracias a Dios, todavía nos queda el MERCOSUR. Pensemos en qué paradoja se nos podría dar. Cuanta más mano de obra Uruguay pone en un producto con valor agregado, menos competitivos somos. Vuelvo a repetir: el 70% de la manufactura de origen industrial va para estos países como Brasil y Argentina. Ahora, si tenemos que competir en China, Europa y otros países con 40, 50 o 60% de mano de obra, ya la capacidad para acceder de nuestros productos se va a ver dificultada por competitividad y productividad, y por la rigidez laboral que tiene Uruguay. Entonces, en la medida en que logremos cambiar un poco esa mentalidad, para nosotros el MERCOSUR es clave. Acá hay muchas industrias uruguayas que, si no tienen el MERCOSUR, cerrarían. Y tengo fe en que Argentina está mostrando leves signos de mejoría, está creciendo. Brasil es una potencia, nos guste o no nos guste, es la novena economía del mundo. Se va a recuperar, Brasil no tiene un problema industrial o económico, tiene un problema de confianza en las instituciones. Brasil está políticamente inestable.

Recuperar la confianza después de lo que ha pasado…

En el momento en que el inversor y el brasilero recuperen la confianza en las instituciones, creo que Brasil… Son doscientos cuatro millones de habitantes. Tiene todo, tiene petróleo, riqueza, agro, ganadería. Es un país que podría ser buen demandante de productos uruguayos, y también nosotros recibimos productos brasileros, pero podría haber un intercambio. En Europa uno carga un camión y cruza la frontera entre España y Francia y está dentro de la Comunidad Europea.

Y le derraman el vino.

Eso se lo hacían a mis parientes en Italia, que todavía tienen la bodega. Siempre estaban calientes con los franceses, porque, cuando cruzaban la frontera con el vino hecho en la bodega de ciento cincuenta años que tenía mi bisabuelo, los franceses les daban vuelta el camión. Pero está bien, hoy en día eso ya cambió, en Europa uno hoy cruza…

A los españoles los tienen locos con el vino.

Bueno, pusimos el ejemplo del vino pero también hay otros productos que cruzan. En un MERCOSUR que funcionara bien yo tendría que cargar un camión del lado uruguayo e ir a Rivera y descargar cualquier mercadería del otro lado, sin ningún problema, y tendríamos que tener un arancel único externo de manera tal que el producto que pagó el arancel pueda entrar a Brasil como si fuera uruguayo. Así debería funcionar el MERCOSUR. Bueno, algunos le llaman zona de libre comercio perfeccionada. Pero precisamos el MERCOSUR, y precisamos también otros países, dada la escasez del mercado nuestro.

¿Qué cantidad de industrias tiene hoy el Uruguay?

Entendimos que en aquella década llegamos a tener cerca de treinta mil industrias. Hoy creemos que estamos en el orden de las doce o catorce mil. No todas son socias de la Cámara.

¿Qué cantidad de socios tiene la Cámara?

La Cámara tiene más o menos mil doscientos socios. Hay mucha industria chiquita y del interior que no está afiliada pero que sí está afiliada a las instituciones locales como Cámara de Comercio o cámaras mercantiles o de apoyo. El interior tiene mucha industria, también.

Ustedes impulsaron el tema de la confederación de cámaras empresariales.

Sí, la Cámara de Industria apoyó ese proyecto. Está en todas partes del mundo. Entendemos que hay que dar un marco supra. Yo puedo hablar de la industria y no hablo más que de la industria, pero creo que cuando hay problemas que son claves para el país, que son educación, seguridad y competitividad, y la competitividad no solo le pega a la industria sino que le pega al agro, al comercio, a los servicios. Hay temas que tienen que estar por encima y en los cuales todo el Uruguay tiene que estar involucrado, porque son de bien común. Por eso existe la confederación en Chile, en Colombia, en México, en España. Son cámaras empresariales que reúnen a todas las cámaras en una cumbre. El año pasado estuvimos en Italia. En Italia y en España, para empezar, es obligatorio que cualquier empresa esté afiliada a una cámara. Me llamó la atención que en Italia hay cuatro millones de núcleos empresariales, hay empresitas de dos o tres personas, y prácticamente no hay persona que no esté afiliada a alguna cámara. Y en España hay tres millones.

Fue raro que la Cámara de Comercio no se integrara, ¿no?

Bueno, no está la Cámara de Comercio, la Unión de Exportadores y creo que la Cámara Mercantil, no necesariamente todas las cámaras, pero esto es un trabajo. Si el 80% de las cámaras se afiliaron, bueno, la idea es trabajar. Es como cuando uno abre una empresa de servicios de enfermería y tenés cien socios. ¿Nada más que cien socios? Bueno, recién abrí. Al otro mes tendré ciento veinte, en la medida en que la gente va conociendo. Las empresas no nacen con diez mil clientes de golpe. Las empresas se arman, buscan un cliente, dos, tres y empiezan a buscar mantener y fidelizar a sus clientes, y promover el desarrollo para ofrecer su producto y que el comprador, en este caso la Cámara, les ofrezca entrar en la confederación. Está bueno, porque toca temas que van más allá de las propias cámaras.

¿Por qué Uruguay no tiene desarrollo ni siquiera en los rubros con ventajas comparativas por recursos naturales? Al revés, ha tenido una involución, en la curtiembre con el cuero, en la textil con la lana. ¿A qué obedece eso?

Es una buena pregunta. Tenemos, por ejemplo, a Perú, que tiene una industria textil importante. La propia Inglaterra tiene una industria textil importante, por más que sufre los embates de China. La tiene Italia, a pesar de China o de India. Creo que acá hay una conjunción de factores muy grande, que va más allá de los gobiernos. Creo que ha habido políticas que no estuvieron acertadas del todo. No tengo duda que puede haber gente que se durmió en los laureles. Pero también nos jugamos mucho al mercado interno y a los productos locales, y creo que tendríamos que haber salido. La prueba está en que en los cueros Uruguay sigue siendo un actor importante en la exportación. Tenemos curtiembres uruguayas y alemanas que están trabajando muy bien. Creo que Uruguay en cueros todavía mantiene…

Pero no industrializado, como fue en su momento.

Claro, hoy en día vendemos el cuero semiindustrializado, y creo que eso también va un poco de acuerdo a los propios mercados. Siempre digo que no hay que hacer nada que uno no pueda hacer o que no pueda hacer mejor que otros. Creo que Uruguay podría hacer de vuelta textiles de calidad, con la lana nuestra. Creo que podría hacerlo, si justamente hubiera en el futuro un esquema de promoción de inversiones, con alguna herramienta extra que permita manejar la competitividad. Uruguay podría producir textiles, tal vez no ropa terminada pero sí productos que otra vez fueran a competir en el mundo, como cuando uno se compraba un casimir en Inglaterra y decía “Made in Uruguay”. Pero en muchas empresas los dueños, que eran los que trabajaban, se fueron o fallecieron y los hijos decidieron no seguir, y hubo problemas de competitividad, y los problemas que ya sabemos que tuvo Uruguay en las décadas del setenta y ochenta, con un país alterado políticamente, con gobiernos militares. Creo que todo eso influyó para que muchos sectores básicos disminuyeran. Esta no es mi especialidad, obviamente, no soy experto en el rubro textil, pero creo que a pesar de todo Uruguay podría estar haciendo…

Un zapato de calidad.

Creo que zapatos podríamos estar haciendo, pero claro, cuando vemos que un zapato viene de China a un dólar el par…

Tampoco se apostó al diseño. No podemos competir con cantidad.

Exacto, nosotros tenemos que competir con calidad e innovación. En eso la Cámara de Industrias tiene un montón de departamentos vinculados al emprendedurismo, hay un montón de beneficios que se están dando para los departamentos innovadores y las incubadoras de ideas. Hay un montón de herramientas que existen en la Cámara de Industrias y en el propio gobierno, que creo que se están empezando a aprovechar. Vuelvo a repetir que veo algunos pastitos verdes, hemos tenido acá entregas de premios a través del programa de emprendedores, y vemos rubros que uno nunca soñaba que estuvieran en Uruguay. Hoy Uruguay tiene una industria que, si bien no es directa nuestra, tenemos a la CUTI, en tecnología del software, Uruguay está apostando fuerte, es un sector donde no hay desempleo, prácticamente con desempleo cero y una demanda insatisfecha de cerca de doscientos por año.

La industria farmacéutica se desarrolló mucho acá.

La industria farmacéutica y agrofarmacéutica se desarrollaron mucho, y es una industria que paga bien. Tal vez hoy o mañana pudiéramos captar dentro de ese programa alguna empresa que quisiera aprovechar las ventajas de los productos uruguayos. Pero también Uruguay vende la lana a granel, porque no son negocio las grandes industrias como había en otra época. A ver, como dijimos hoy, todo va, y todo viene, y quién nos dice que dentro de diez años no estemos de vuelta produciendo textiles u otro productos que no pensamos que Uruguay podría llegar a producir. Tal vez tengamos de vuelta una fábrica de papel abierta produciendo resmas de papel, o tener un Estado que compre los productos uruguayos que tengan calidad, o que los productos que vienen del exterior cumplan las mismas normas de calidad y los requisitos que se les piden a los productos uruguayos, de manera tal de ponernos en las mismas condiciones.

¿Cómo sería a grandes rasgos el funcionamiento económico del Uruguay ideal?

Un país innovador, competitivo, con costos razonables, formando gente, no expulsando gente del país, y teniendo el pensamiento de que academia, gobierno, empresarios y recursos humanos tienen que trabajar juntos y mancomunados. En todas partes del mundo existen buzoneras de sugerencias, existe la posibilidad de aportes de los recursos humanos para ideas que se puedan ayudar. Bueno, acá también habría que generar incubadoras de ideas dentro de las propias empresas, que se reciban ideas, que se reciban sugerencias para hacer mejor las cosas y ahorrarles plata a las empresas. Eso no se da. Se dice que, si ahorra plata, se la guarda para él, y no es así. Creo que en la medida en que todo el mundo entienda que el efecto distributivo es genérico para todo el país y no para un solo actor, podemos mejorar un Uruguay donde no tenemos grandes accidentes geográficos. En mi época no había, pero hoy tenemos ciclones y tornados, pero no tenemos terremotos ni tsunamis, ni tenemos problemas de comunicación en el país. Hay comunicación, si mejoráramos la infraestructura vial, Uruguay podría ser de vuelta la Suiza de América. Ojalá lo llegue a ver.

¿Cuánto pesa el sindicalismo?

Mucho.

¿No es razonable el sindicalismo uruguayo?

No. Hoy no es razonable. Nosotros hace dos años entendimos que había una madurez sindical, pero hoy vemos que estamos con los sindicatos de la década del setenta. El mundo cambió, señores. A los que estén leyendo esto, les digo que el mundo cambió. Hay que abandonar la rigidez laboral, hay que ir a una relación donde se entienda que nosotros no somos los enemigos sino que somos los que aportamos el capital. Ya dije, y salió en un diario, que Uruguay no puede ser un gran FONDES. Hay un millón cuatrocientas mil personas que trabajan. No vamos a bancar a toda esa gente cobrando del República. No hay. Si no hay gente que esté dispuesta a invertir… Es como que me digan: “Y bueno, el campeonato de fútbol uruguayo es parejo, va a salir campeón Nacional, Peñarol, Rampla, River Plate, Huracán Buceo y todos”. No, va a salir uno campeón, y los otros tienen que esmerarse. “Todos vamos a ganar lo mismo.” No, yo discrepo. ¿A igual tarea, igual remuneración? Discrepo. Si hay un tornero que hace mejor las cosas, tiene que ganar más que el que las hace peor. Hay que fijar los mínimos y el resto dejarlo a la facultad de las empresas para que en base al desarrollo… Sí fijar el mínimo, para que la gente no tenga condiciones infrahumanas de trabajo, pero también está el tipo que sabe hacer algo y le pagan uno y ve que al que está al lado, que falta en todas las huelgas y es sindicalista, también le pagan uno. Ese no se va a esmerar. Hay que fomentar la cultura de producir más, de ser más ágiles y productivos. En la medida en que no tengamos esa mentalidad moderna… Yo entiendo que el sindicalismo en Uruguay está mal, y me duele, porque yo salgo y defiendo a ultranza cuando veo los convenios, cuando viajamos y viene gente de Finlandia y gente de China, gente que habla en diferentes idiomas, en italiano, inglés o español y preguntan que cómo son las relaciones laborales en Uruguay, y nosotros, lamentablemente, tenemos que ser honestos: “Mire, no son una maravilla, pero creemos que conversando…” Es duro cuando la persona viene, invierte y después dice que lo engañamos. No, no lo engañamos. Las reglas del  juego tienen que ser claras, no podemos tener empresas que vienen, como fue el caso de un fabricante de autopartes que se instaló como textil, porque lo que hace es coser; y, como el producto que se cose va dentro de un auto, ya lo metieron de prepo en el sector metalúrgico. No es así. Porque este clavo o este tornillo sirven para esta puerta o para un auto, y un cuero sirve para este asiento o sirve para un auto, y un plástico sirve para el almanaque aquel o sirve para hacer un farol de un auto... Lo que se fija es la actividad primaria, y la actividad primaria es coser bolsas.

¿El gobierno se volcó mucho a favor del sindicalismo?

A mi manera de ver, la balanza siempre debería estar estable y pareja. Derechos y obligaciones para cada una de las partes. Entendemos que sí, que en muchos aspectos se ha volcado al sindicalismo. El ejemplo más claro es que la OIT hace una serie de recomendaciones para la ley de negociación colectiva uruguaya y durante más de ocho años no se toma. Nosotros asumimos la Cámara de Industria y vino el ministro Murro a pedirnos un plazo. Le dijimos que le íbamos a dar un plazo. En todos los gobiernos se dan los famosos cien días. Nosotros no le dimos cien días: le dimos setecientos veinte días, en los cuales estuvimos charlando con el ministro y con el gobierno, fuimos a la OIT, hablamos con los sectores sindicales y presentamos tres propuestas, la última en diciembre. El gobierno trató de apoyar, esbozando dos propuestas, y los sindicalistas no apoyaron ninguna. Hoy entendemos que la responsabilidad de sacar ese diferendo que tiene Uruguay es del gobierno.

Hay un sindicalismo como el de la Federación de la Bebida, por ejemplo, que entre otras cosas logra mayor productividad y menor carga horaria, y que tiene un buen relacionamiento con la empresa.

Tengo un buen respeto por Richard Read. Creo que el señor Read es uno de los sindicalistas más aggiornados y más modernos. Habla de la cultura del trabajo, me gusta cómo habla. Puedo discrepar en muchas cosas, por ejemplo, discrepo con que es una fábrica monopólica, es un grupo mundial que tiene miles de millones de dólares atrás, entonces no necesariamente todo el Uruguay puede trabajar seis horas, porque todavía con los problemas de competitividad que tenemos hoy, si vamos a eso no vamos al cierre de las empresas sino al cierre del país.

¿Es viable el tema de las seis horas?

Hoy, con como está planteado el país, no es viable. Lisa y llanamente, por todo lo que expusimos anteriormente. Lo cual no quiere decir que en el futuro, eventualmente, algunos sectores pudieran empezar a conversarlo. Pero hoy, con los índices de productividad que tenemos, realmente es peor que un TLC con China, y destruimos el resto del aparato productivo del Uruguay. Creo que sí es viable fijar pautas y objetivos y en base a eso fijar, justamente remuneraciones variables como se fijan en todas partes del mundo.

¿Cómo se llevan en tu fábrica con el sindicato?

Impecable, jamás vas a escuchar hablar de ningún problema.

¿Qué sindicato tiene?

SUNCA. Es un sindicato complicado.

Son duros.

Porque nosotros razonamos. Razonamos como se debe razonar, lo cual no quiere decir que en algún paro nacional no haya paro. Pero yo trato de no hablar, mi empresa no figura. Nuestro relacionamiento ha sido siempre correcto. Cuando tenemos que decir las cosas, las decimos. Y, gracias a Dios, cuando hemos tenido que prescindir de gente, lo hemos hablado clarito con los funcionarios. “Señores, así no podemos caminar, vamos a tener que prescindir de veinte personas, mandamos a diez al seguro por cuatro meses y, cuando vuelvan, se paga el despido que corresponde y pactamos sobre cómo se puede pagar.” Conversando. Creo que en los sectores nuestros tenemos un sindicalismo muy maduro, pero en otras partes el sindicalismo no es maduro. No es porque esté yo, es simplemente porque se habla con claridad; y, cuando se habla con claridad, las cosas se entienden.

Es difícil en un país en donde se presentan ocho para cargos en una gran superficie, por no tener secundaria, mientras que se presentan cincuenta mil para un concurso en el Banco República o en el Parlamento.

Es triste. Todos quieren ser o jugador de fútbol o empleado público. Es triste que solamente se quiera la actividad pública, “porque, si falto, no pasa nada”. Si digo esto me van a caer los empleados públicos, pero creo que deberían tener las mismas reglas del juego que tienen los empleados privados: un sistema de estudio, de prima, de bonificaciones; y que, si alguien hace algo mal, también se tomen las medidas correspondientes, porque los funcionarios públicos viven de los salarios que se les pagan a través de lo que generan los privados. Hay funcionarios públicos buenos, pero también sabemos que hay malos.

¿Tiene lógica la prima por presentismo?

Tiene cierta lógica. Creo que, bien usada, es una herramienta razonable.

¿Pero no es la confesión del fracaso del sistema?

En otras partes del mundo también se usa la prima por presentismo. Creo que, bien aplicada, está bien. Si una persona no se enfermó nunca y otra se enfermó un día, a ese que no se enfermó hay que reconocerle ese esfuerzo. También la prima puede ser usada de mala manera. Pero las primas por presentismo y por antigüedad creo que son herramientas que, bien usadas y dependiendo de los sectores, son buenas. Pagarles quinientos pesos a los estudiantes que vayan a estudiar no es prima por presentismo. Prima por presentismo es el tipo que a las cinco de la mañana, llueva o diluvie, va a trabajar mientras otro se queda en casa porque no tiene ganas de ir. De eso se trata, de premiar a aquel que, aun en condiciones adversas, reconoció su esfuerzo y su derecho de ir a trabajar.

Dos aciertos y dos errores de los gobiernos de izquierda con respecto a la industria uruguaya.

La ley de promoción de inversiones y la posibilidad de que existan parques industriales nos parece muy bien. No nos parece correcto que las tarifas públicas que van a la industria se fijen solamente en la necesidad de los recursos del Estado y no en las necesidades de la sociedad, y no nos parece correcto que en el ámbito laboral la balanza se incline solamente del lado de los trabajadores y que no se saque de una vez por todas el tema de la OIT.

¿Cómo hay que financiar al Estado, si le quitamos todos esos ingresos que recaen en la industria?

Por mayor eficiencia del propio Estado, que es el que tiene que tener la capacidad de ahorrar lo suficiente para no tener que volcar al aparato productivo sus necesidades extras de caja.

¿Cómo te definís ideológicamente?

Liberal.

¿Qué otras virtudes tenés, aparte de ser hincha de Peñarol?

Prefiero no hablar mucho de mis virtudes. Soy liberal, he votado a blancos y a colorados. No tengo ningún empacho en decirlo. Lamentablemente soy un workaholic. 

O sea que hobby, ninguno.

Sí, me gusta pescar. Me encanta ir a pescar.

¿Te invitaron a Anchorena alguna vez?

No. No, pero tuve el placer de pescar en varios lugares de América Latina. La pesca es un buen hobby, desestresa. Me gusta también jugar al tenis. Me gusta estar con mis nietos, disfrutarlos, es la parte en la que, por el trabajo, no pude disfrutar a mis hijos como ahora estoy disfrutando a mis nietos.

¿Qué pasó con Cristalerías?

Gran industria uruguaya que también lamentablemente cerró. Como corolario, en el año 77 había casi trece hornos principales fundiendo vidrio en Uruguay. Vicri, Biplan, Fábrica Nacional de Vidrio, Coter, Codarvi, Cristalerías, Candijelas, General Electric. Hoy, lamentablemente, solo queda Envidrio. Y yo tuve el placer, y lo digo sin ningún empacho, en el año 97, estaba el American Glass Testing, AGT, dependiente del American Glass Research, y cuando me presenté me preguntaron si yo era Corallo de Uruguay. “Usted tiene uno de los mejores vidrieros de vidrio hueco en el mundo.” El concepto que había en Estados Unidos era que era una maravilla cómo Cristalerías podía hacer las cosas, en un mercado tan chico como el nuestro. Cuando alguien elogia a un uruguayo en el exterior, así como nos elogian a los técnicos de software, o a Suárez, yo creo importante que Uruguay trate de tener ese tipo de valoración.

O al Pepe Mujica.

Bueno, yo puedo tener mis discrepancias con Mujica, pero sí reconozco que lo apoyan.


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